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Mi alumna favorita (I). |
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Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Esta historia empezó cuando me trasladé por razones de trabajo a la ciudad en la que había vivido mi esposa toda su juventud y donde estaban sus padres. La había conocido cuando ella estudiaba en la cuidad donde yo vivía. Era una chica hermosa de 19 años, su pelo obscuro contrastaba con sus claros ojos verdes y su cola perfecta era el comentario de todo el club donde yo trabajaba dando clases de tenis junto a mi padre. Yo tenia 24 años en esa época e inmediatamente me anote en las clases de natación a las que ella concurría. Así nos conocimos y después de un largo noviazgo, cuando ella termino su carrera, nos casamos y fuimos a vivir a la ciudad de donde era ella. Allí construimos un par de canchas de tenis y empece a dar mis clases al poco tiempo. En un principio los alumnos eran todos pequeños, de entre 6 y 10 años, ya que los mayores tenían su profesor y lugar al que estaban acostumbrados, así que todos mis esfuerzos eran por captar a los pequeños. Pasaron los años tranquilamente hasta que un año se organizo un torneo en una cuidad vecina, al que concurrí con un grupo de chicos y chicas, entre ellos había un par de compañeros que habiéndose conocido en mis clases eran novios, el se llamaba José y ella Leticia. A Leticia la conocía desde muy chica, ya que concurría desde que tenia 9 años y en ese momento tenia 14 años, en cambio José había empezado un año antes y tenia 15 años. Sinceramente Leticia era la más linda del grupo, tal vez la palabra correcta seria sexy o atractiva, ya que su belleza era algo normal, pelo castaño ojos marrones y cara de nena, pero lo que no era nada común era su físico privilegiado, que nunca pasaba desapercibido a causa de su atrevida vestimenta y sus comentarios llenos de dobles sentidos. Así que no me causo ninguna sorpresa que José me pidiera que los ubique juntos en una habitación, yo en un principio me negué, no podía arriesgarme a hacer algo así, si alguno de los padres se enteraba de eso me mataban en el estricto sentido de la palabra. Pero algo cambio, le explique a José que no podía hacer lo que me había pedido y el respetuosamente acepto mi decisión. Un par de días después, Leticia llego unos minutos antes, vestida tan provocativa como siempre y eso despertó mi morbo, sus redondos pechos escapando por el escote de su remera me volvían loco. Así que le pregunte si José le había consultado sobre el pedido que me había hecho, ella me contesto que si, que había sido idea de ella, que era la ocasión que estaba esperando y tímidamente me confeso que era virgen y que quería dejar de serlo. Inmediatamente cambie las reservaciones del hotel y los coloque juntos en una habitación contigua a la que ocuparía yo…Al otro día compre una cámara de vídeo casera.
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