Sábado noche con Susana
Enviado por Maria el día Miércoles 30 de Agosto de 2006
 

El sábado por la mañana vi a Susana en el super (la verdad es que la vi salir de su edificio con el carrito y aproveché para ir yo también a comprar unas cosas) y me dije aquí te pillo aquí te invito..., así que me acerqué a ella, que no me vio llegar hasta que estuve a su lado y se sonrojó un poco, la saludé con un par de besos muy cercanos a las comisuras de sus labios, le dije nos lo pasamos bien la otra noche, verdad?, y respondió que sí casi susurrando y sin atreverse a mirarme fijamente a los ojos, aún sonrojada, así que le hablé muy cariñosamente para que tomase más confianza. Le dije oye, Susana, si quieres vente esta noche a casa conmigo y José y nos tomamos unas copitas, te apetece? Respondió con un "bueenoo" muy débil, muy tímido, pero en sus ojos huidizos había un gran deseo. Le dije el piso, acordamos la hora y le di mi teléfono por si le surgía algo que me lo dijese para no esperarla.

Pero a las diez y media tocaron al interfono y era ella. Estábamos ella y nosotros solitos, porque a los niños ya me los llevé por la tarde a casa de sus abuelos, qué sería de nosotros sin ellos, aunque no me gusta abusar porque yo quiero estar siempre con los niños, pero de vez en vez nos viene bien tener a los abuelos para que se queden con sus nietos alguna noche.

Salimos los dos a recibirla. Aprovechando el calor que hacía José iba solo con un pantalón de deporte y sin camiseta, y yo en bikini con un pareo. Susana vino muy arreglada, con unos vaqueros, una camisa blanca que le transparentaba el sujetador y unas sandalias de cuero rojas muy bonitas. Pasamos al salón, nos servimos unas copas, charlamos sobre nuestras cosas para ir conociéndonos un poquito: estudia en la universidad, tiene 18 añitos... A los quince minutos yo ya no podía con mi excitación, me puse de pie, salí al balcón, llamé a José y a Susana, y cuando estábamos los tres en el balcón no sé como explicarlo pero se creó otra atmósfera, como si todo se hiciese más compacto. Lo pasamos muy bien, verdad Susana? le pregunté mientras le acariciaba la mejilla. Ella respondió afirmando lentamente con la cabeza, y con los labios entreabiertos, y no pude contenerme ya más y me lancé a besarla mientras tocaba su cuerpo con mis manos, y mientras José se situaba detrás de Susana, también la acariciaba. Susana tocaba mi cuerpo pero sin decisión, como si aún no supiese lo que estaba haciendo, así que puse mis manos sobre las suyas y las guié en su camino por mi cuerpo. No sé el tiempo que estuve besándola, luego giramos y la besó José mientras yo dirigía las manos de Susana por el cuerpo de mi marido hasta llevarlas a la entrepierna, donde ya estaba crecidita su polla, y allí le dejé las manos porque parecía que Susana ya las movía con decisión, así que me puse detrás de ella y empecé a desabrocharle la camisa mientras le besaba por la nuca y el cuello sintiendo la respiración y los jadeos de ella y de José. Le desabroché la camisa y el sujetador, le acaricié los pechos, unos pechos pequeños pero firmes de pezones grandes, descendí a sus braguitas, le metí la mano dentro y noté su sexo quemando... Dije de irnos al dormitorio y allí nos dirigimos como estábamos, sin soltarnos, abrazados los tres, besándonos, metiéndonos mano.

Cuando llegamos Susana nos dijo que estaba muy nerviosa, que era la primera vez que hacía esto... Nos sentamos las dos en el borde de la cama, le puse un dedo en los labios y le dije muy dulcemente que lo íbamos a pasar genial, que se relajase y se dejase llevar, y que si había algo que no quisiera hacer que lo dijese, que estábamos ahí para disfrutar... y me lancé a besarla suavemente, caímos en la cama, me puse encima de ella y José se dedicó a besar mi espalda y mi cuello mientras me iba quitando el bikini, yo fui despojando a Susana de su ropa, los vaqueros con ayuda de José porque parecía que los llevaba a presión, muy ajustados, y todo eso sin dejar de besarla. De pronto Susana me apartó y con la cara un poco descompuesta nos dijo que estaba algo mareada y que seguía muy nerviosa. Le pregunté si estaba segura de que quería hacer esto y dijo que sí, que tenía ganas de probar porque le excitaba mucho y nosotros le gustábamos mucho, tanto José como yo.

La cogí de la mano y le dije que me acompañara, y a José que esperase en la cama. Me la llevé al aseo y me metí con ella en la ducha. Tú relájate a ver si se te pasa el mareo, le dije, y con el teléfono de la ducha colgado en lo alto, me dediqué a masajear su cuerpo con las manos llenas de gel: su espalda, su pecho, su vientre, sus nalgas, sus muslos, sus pies, su sexo..., todo con mucha suavidad y dulzura. Cuando acabé de darle el masaje en la ducha y una vez que la sequé le dije, cielo, ahora ve al dormitorio y fóllate a José. Y tú no vienes?, preguntó. Yo iré después, así coges más confianza con él porque conmigo ya la tienes, no?, le dije, y le di otro morreo, y con una palmada en el culito la dirigí hacia el dormitorio, y se fui riéndose bajito, menos nerviosa y sin mareo.

Yo también me fui hacia el dormitorio, pero me quedé en la puerta, mirando. José y Susana se revolcaban por la cama besándose y tocándose, hasta que se pusieron en posición de 69 con Susana debajo, y ahí yo ya no me pude aguantar, entré y me uní a la boca de José para comernos los dos el coño de Susana, un coño precioso, pequeño, con poco pelo. Luego les dije que cambiasen de lugar, José se puso abajo y me uní a Susana para comernos la polla de José entre las dos. Al cabo de un rato le susurré a Susana si quería follárselo, pero no esperé respuesta, saqué un condón del cajón de la mesita de noche, se lo puse a José y le dije a Susana súbete y fóllatelo, cariño, y mientras follaban no pude evitar masturbarme, me puse de pie y le puse a Susana el coño en la cara para que me lo comiera, pero era incapaz de coordinar los movimientos de la follada y los que necesitaba para que me comiese el coño, así que opté por poner mi coño encima de la boca de mi José, que me lo comió como él sabe, me quedé de frente a Susana, le lamí los pezones, le acaricié el clítoris con mis dedos bien llenos de saliva, pero como la posición no me resultaba cómoda para satisfacer a Susana pedí un cambio de postura: puse a Susana a cuatro patas, José la follaba como a una perra y yo me metí debajo en posición de 69 y ahora sí que pudo Susana comerme el coño mientras yo me comía el suyo sintiendo como entraba y salía la polla de mi José.

Susana, su coño penetrado por la polla de José y comido por mi boca, no tardó en correrse y en caer sobre mí extasiada y diciendo muy bajito dios, dios, dios... Susana, le dije, levántate que ahora me tienen que follar a mí... Le quité el condón a José, me puse a cuatro patas y me folló como una locomotora mientras con su mano derecha acariciaba mi clítoris, y mientras yo besaba y acariciaba a Susana, que se había quedado incapaz de moverse. ¿Qué hago? me preguntó Susana. ¿Quieres hacer que me corra?, le dije. Claro, respondió. Pues hazme lo que yo te he hecho, cariño. Y eso es lo que hizo. José quitó su mano de mi coño para dejarle el lugar a la boca de Susana, que lamió y comió con pasión, agarró la polla de José, la sacó de mi coño, la chupó, me la volvió a meter y siguió comiéndomelo mientras acariciaba con sus deditos mis labios y los huevos de José... Empecé enseguida a correrme y José se vino dentro de mí.

Nos quedamos tumbados en la cama los tres, Susana en medio, acariciándonos. Nos dijo Susana que en media hora tenía que estar en su casa porque sus padres no le dejan llegar después de las tres... Le dije si quería ducharse pero respondió que ni pensarlo! Jajajaja, que quería quedarse con los olores toda la noche y que ya se ducharía por la mañana. Sólo nos pidió si nos podíamos fumar un cigarro cuando ella llegase a su cuarto, y eso me resultó hasta entrañable aish... Cuando se fue nos salimos al balcón, la vimos cruzar la calle, entrar en su edificio, a los pocos minutos se encendió la luz de su habitación y allí estaba Susana, que se desnudó con la luz encendida y como si estuviera haciendo un striptease para nosotros dos, que aún estábamos desnudos, me excitó ver a Susana allí otra vez y le dije a José que venga... pero justo cuando iba a empezar a follarme sonó el teléfono y se me fue todo porque por la hora que era pensé que algo había pasado. Fui corriendo, lo cogí y... ¡era Susana! uffff Qué susto me has dado, hija... Llamaba para decirnos otra vez que se lo había pasado muy bien, que le gustamos mucho y que muchas gracias. Nada, Susana, ahora míranos que José me va a follar...

 

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