Que Vecinas!!!
Enviado por Carlos el día Lunes 2 de Enero de 2006
 
Tendría unos once años de edad aproximadamente y andaba deambulando por el barrio sin rumbo fijo; como era época veraniega estaba vestido (como de costumbre) con un diminuto y ajustadísimo pantalón cortito (el cual obviamente no podía contener en su totalidad a mis carnosos "cachetes") y una remera.
Al pasar frente a una casa vecina, dos chicas adolescentes en aquel entonces y que estaban sentadas en el cerco, me silvaron primero y me hicieron señas para que me acercase a ellas después; yo crucé la calle y después de saludar a las niñas, estas empezaron a hacerme comentarios con respecto a mi "parte trasera" y posteriormente me preguntaron:
¿Qué vas a hacer hoy a la tarde?
Les respondí que no tenía nada programado y me dijeron entonces:
¿Querés venir a casa? Vamos a estar solas y no queremos aburrirnos.
y agregaron:
Así jugamos a algo, no se, a cualquier cosa, lo que sea.
Yo acepté inmediatamente la invitación y esa tarde aparecí nuevamente en casa de las chicas, a quienes entre paréntesis ya conocía al igual que al resto de su familia (sobre todo a su hermanastro, un chico un par de años mayor que yo).
Apenas traspuse la puerta, las chicas comenzaron a hacer nuevamente comentarios acerca de mi "parte trasera", produciéndose una especie de debate en ellas sobre si yo´, por el cuerpito que tenía, podría usar indistintamente ropa de varón y de mujer.
Obviamente no lo dijeron con esas palabras, ya que el vocabulario promiscuo que tenía no lo permitía y simplemente me dijeron:
Con ese culo que tenés y esas piernas bien podrías usar bombachas y polleras o vestidos.
E inmediatamente me preguntaron:
¿Alguna vez te vestiste de mujer?
Yo no tuve más remedio que responder afirmativamente, ya que dos de mis primas, adolescentes también, habían tomado por costumbre durante las reuniones familiares como cumpleados, fiestas de fin de años o simples visitas, el vestirme de "nena" e inclusive pintarme labios, uñas y maquillarme los ojos y como ello además era "vox populi" en el barrio, hubiese sido inútil de mi parte el negarlo.
Mis vecinas, después de mirarse la una a la otra, me dijeron a duo:
¿Querés que te vistamos de mujer? Tenemos ropa de cuando éramos más chicas.
Yo accedí simplemente porque aquello no me disgustaba para nada sino que por el contrario, me agradaba y mucho.
Las chicas entonces me llevaron a su habitación y después de pedirme que me desnudase por completo (algo que yo hacía naturalmente y delante de cualquiera a causa de mi total y absoluta falta de pudor y de vergüenza), me dieron una bombachita, la cual me calzaba a la perfección; enseguida me hiceron poner un vestidito bien cortito y por último comenzaron a pintarme y a maquillarme.
Ya está, mirate en el espejo y decime si te gusta.
Me dijeron siempre a duo; yo entonces me paré frente a un gra espejo y la imágen que vi reflejada me gustó aunque era muy distinta a la que veía cuando mis primas me vestían de esa forma.
Lo que pasa es que no te vestirmos de nena, te vestitmos y te pintamos como una puta, de esas que se cogen a los tipos.
Dijo esta vez una sola de las chicas y me preguntó:
¿Te gustaría que algún chico te cogiera así vestido?
Yo le respondí en forma afirmativa con un leve movimiento de cabeza e inmediatamente la otra de las chicas llamó a su hermanastro (compartían el mismo padre pero no la misma madre) quien se encontraba en la habitación contigua.
Enseguida me di cuenta que todo lo había planeada de ante mano, ya que en el barrio tenían fama de perversas, promiscuas, mal habladas, etc.
Las chicas se sentaron ambas sobre una cama y desde allí comenzaron a dirigir lo que ellas denominaron "juego".
Levantate el vestido y mostrale la bombacha a Daniel (tal el nombre de su hermanastro).
Me dijeron en tono imperativo.
Yo accedí y las chicas, dirigiéndose a su hermanastro le dijeron:
Manoseale el culo con la bombacha puesta y después bajásela.
Daniel, quien entre paréntesis ya me había cogido en otras ocasiones, me toqueteó la cola pero fui yo quien comenzó a bajarse la bombacha.
Al chico le encantaba mi cola porque era muy similar en tamaño y forma a la de las chicas y mientras él me toqueteaba mis vecinas no paraban de reirse, "cuchichear" y hacer comentarios entre ellas.
Ahora ponete adelante y chupale las tetas.
Le volvieron a decir a Daniel quien se asombró en principio al igual que yo porque nunca él me había chupado las tetas (las tetillas en realidad) y a mí tampoco ninguno de los chicos que me había cogido, me las había chupado.
Los tipos siempre les chupan las tetas a las putas.
Exclamaron las chicas y entonces su hermanastro, se paró frente a mí y yo me bajé el vestido para que pudiese lamerme las tetitas.
Yo no sentí nada pero igual me gustó que Daniel me chupase las tetillas y cuando aún me las estaba lamiendo, las chicas me dijeron:
Ahora bajale el pantalón a Daniel y chupale el pico.
Eso sí yo ya lo había hecho aunque no en este caso a este chico en particular, pero rápidamente le descubrí la entrepierna y después de meterme el fláccido "pico" en la boca empecé a chupárselo.
A esto las chicas en ningún momento intentaron siquiera tocarme ni nada por el estilo, sino que lo suyo era solamente dirigir desde la cama en la que estaban sentadas y reirse ya a carcajadas.
Bueno, ahora sacate toda la ropa así Daniel te coje.
Volvieron a decirme y yo raudamente me desvestí por completo; me subí a la otra de las camas y el chico se ubicó detrás de mí; primero se acomodó para que su "pico" quedase en medio de mis "cachetes" y después comenzó con el típico movimiento de pelvis.
Obviamente no podía haber penetración porque aún ninguno de los dos tenía erecciones, sino que simplemente a veces se nos paraba el "pito" pero no para eyacular.
Daniel me estaba cogiendo de muy buena manera, pero las chicas, no conformes aún, comenzaron a decirle:
Hablale, decile que es una linda puta, que te gusta mucho su culo y te gusta como se deja coger.
Una y otra vez repetimos el "juego" y no solo esa tarde sino que en otras ocasiones (cada vez que las chicas y su hermanastro se quedaban solas en su casa).
Nunca entendí bien cual era la satisfacción de las chicas pero lo cierto era que ellas disfrutaban y se reian a carcajadas haciendo coger a su hermanastro conmigo vestido de puta; cada vez le agregaban algún aditamento nuevo y yo, que quieren que diga, me gustaba y vaya si me gustaba.
 

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