Estimados amigos de "..Gemidos".., Quiero felicitarles por el excelemnte material que tienen y aprovecho para mandarles mis experiencias matrimoniales que espero sean publicadas. Hasta pronto y suerte!!! Desde que nos conocimos, mantuvimos con mi esposa una excelente relacion en todos los aspectos y especialmente en lo que al sexo se refiere. Ya casados, dimos rienda suelta a nuestra pasion, practicando todoas las variantes del sexo e incorporando todos los días actitudes o conductos que nos exitaban y nos permitía disfrutar más del sexo. Un día cualquiera en que salimos, ella me sorprendió vistiéndose muy sensual y formal. Camino hacia un restaurante en el que cenaríamos, acaricié sus piernas llegando a su vagina y la descubrí desnuda, sin bombacha, lo que me produjo una excitación especial. Mientras cenábamos, la acariciaba por debajo de la mesa rodeados de gente y ese juego comenzó a gustarnos de tal forma que lo incorporamos a nuestros hábitos, aunque era ella la que me sorprendía. Esa noche hicimos el amor dentro del auto, estacionados en la colectora de la autopista hacia Ezeiza y lo disfrutamos muchísimo. En algunas oportunidades, ella me esperaba en casa a mi regreso del trabajo, vestida muy formal, pero sin nada debajo y hacíamos el amor de pie contra el marco de la puerta de la cocina, terminando en espectaculares noches amor y pasión. Ese era nuestro juego secreto y lo practicabamos cada vez que podíamos hacerlo. Nuestro avance audaz fue una noche en la que recibimos a tres amigos a cenar en casa. Ella los recibió con un vestido negro muy sexy, que resaltaba sus cabellos rubios y su piel clara tostada por el sol. Acaricié sus cuerpo en forma disimulada y sentí el tacto de su tanga diminuta, apenas marcada. Terminamos de cenar, preparó el café en la cocina y lo sirvió mientras nosotros la esperábamos sentados en el living. Se puso de pie al lado mío y apoyó su cuerpo contra mi hombro, rozándome sensualmente. Con la mano izquierda acaricié sus piernas desde abajo hacia arriba y al llegar a su entrepierna pude sentir los suaves vellos de su concha, desnuda y libre. Sus ojos le brillaban de placer y suavemente, acaricié su clítoris con disimulo por debajo de su ropa, sintiéndola mojada y excitada. Se sentó junto a nosotros y pude apreciar el brillo de los vellos de su vagina, que ella me mostraba en foma cómplice pero que no era percibido por nuestros invitados. Cuando terminamos el café, fuimos juntos a la cocina y la besé apasionadamente, mientras metía mis dedos en su vagina y la acariciaba rápidamente, con desesperación. Apoyada de espaldas en la mesada, ella me pedía que la penetrara pero eso no pudo ser porque estábamos a escaso metros de nuestros amigos. Regresamos junto a ellos y al cabo de un rato de charla y juegos por nuestra parte, se retiraron, dejándonos inmersos en una excitación que nos proporcionó una noche espectacular. Nuestro próximo avance audaz fue una noche en la que recibimos en casa a un antiguo companero de facultad de ella, quien también había sido su novio. En un momento de la cena, fue a la cocina y al regresar se ubicó al lado mio, tomándome de la mano por debajo de la mesa. Llevo mi mano hacia su entrepierna y pude sentir sus suaves sus vellos pubicos, excitándome en forma inmediata. Nos miramos a los ojos y gozabamos del momento, especialmente por la cercania de este amigo nuestro. Debo aclarar que ya habíamos usado artefactos para penetrarla por el ano y la vagina simultáneamente y que habiamos fantaseado con hacerle el amor entre dos hombres, pensando en este amigo como el hombre que la hiciera el amor junto conmigo. Cuando fué a la cocina a preparar café, la segui para ayudarla. Apenas estuvimos solos, la besé apasionadamente mientras la acariciaba, notando su gran excitación. Le pregunté si estaba preparada para hacerlo y me contestó que dejara que la situacion se desarrollara sin condicionamientos. Excitados, regresamos al comedor y nos ubicamos en el living a tomar café.Ella se ubicó frente a nosotros y pude ver ( y supongo que nuestro amigo también), el brillo de los vellos rubios de su concha mostrada generosamente. Moviéndose con naturalidad, ella nos servía el café dibujando su cuerpo desnudo a trasluz. Bajé la densidad de la luz y quedamos casi en penumbras. Se sentó sobre el pasamanos de mi sillón y comencé a acariciarle la concha sin disimulo, mientras ella abría levemente sus piernas y disfrutaba. Con mi mano metida debajo de su pollera, sentí su concha inundada y caliente. Nuestro amigo fue al baño y aproveche para abrir mi pantalón y sentándola sobre mis piernas de espaldas hacia mí, la penetré hasta el fondo. Nuestra excitación había avanzado demasiado. Cuando él se acercó, continuamos unidos, besándonos. La mire a los ojos para buscar una decision de su parte y ella asintió con la mirada. Estirando sus manos, buscó las suyas y lo acercó hacia nosotros, dejándolo de pie frente a ella con el pene a la altura de su cara. Abrió el cierre del pantalón y tomó su pene con las manos, comenzando a succionarlo. Desde atrás y por debajo de la blusa, yo le acariciaba las tetas con pasión y por un largo rato, gozamos juntos los tres en silencio. Ella jadeaba de placer y recibia mi pija dentro suyo estremeciéndose mientras succionaba con fuerza. Luego de un momento, ella propuso cambiar de posición, ubicandólo a él en un pequeño asiento sin respaldo, montándolo de frente con su pene penetrado en su concha. Lentamente, lo empujó de espaldas y levantando la cola me ofreció su ano con placer. Comencé a besar su cola hasta meter mi lengua en su dilatado ano y mojándolo, jugué con mis dedos mojados de semen para lubricarla. Dejé su cola al descubierto y le apoyé la cabeza de mi pene en su orificio, empujando despacio. Una vez que estuvo dentro suyo, ella comenzó a moverse tratando de armonizar los dos penes dentro suyo, hasta que le empujé todo mi pedazo dentro de su cola y senti el contacto del otro pene penetrado por la concha. Esa noche fue inolvidable. Ella nos ubicaba a su criterio, sin hablar y fuimos turnándonos para gozar de sus chupadas, su vagina y su dilatado ano, hasta que agotados, despedimos a nuestro amigo y quedamos solos. Esa noche descubrimos que el placer de incorporar a un tercero nos fascinó y nos dió placeres hasta ese día desconocidos, pero no repetimos la experiencia con frecuencia para no gastarla. Luego de bañarnos juntos, hicimos el amor una vez más y acordamos repetir esa experiencia cada vez que sea posible, con la mayor discreción.