Mi esposa es una guapa trigueña, tiene unos ojos encantadores y un cuerpo que sin exagerar detiene a la gente en la calle. Ella está muy conciente de su potencial y lo utiliza siempre que lo necesita, por ejemplo cuando ha tenido necesidad de buscar empleo utliza minifaldas o pantalones ajustados. Aunque en realidad casi toda la ropa de ella es de ese tipo, faldas cortas, blusas que se ajustan al cuerpo, creo que de alguna manera influye mucho el clima del estado donde vivimos, ya que aquí es extremadamente caluroso en cualquier época del año. Como les decía ella tiene un cuerpo muy bien dotado, es delgada y tiene unas curvas sensacionales, sus senos son redondos, ni muy grandes ni muy chicos, del tamaño justo. Pero lo que más me gusta de ella son sus nalgas, tiene un trasero formidable, y ella lo sabe. Sus piernas son largas y blancas como su piel. Bueno, creo que ya se habrán dado una idea de como es físicamente, ella es muy cachonda, le gustan los juegos sexuales, pero solamente una vez ha tenido contacto sexual con otra persona que no sea yo, o por lo menos eso creo. Les contaré. Fue hace como cuatro o cinco años, yo tenía un buen amigo que se llama Ernesto, lo conocía desde la escuela y nos frecuentábamos mucho. Cierto día fuimos a tomar una copa a un conocido bar de la ciudad. Mi esposa se puso un vestido de algodón que le quedaba ceñido al cuerpo. Estuvimos charlando un buen rato mientras nos tomabamos unas cubas. Mi esposa se tomó un par de copas, ya que ella no toma casi nada de alcohol. Cuando salimos del bar invité a mi amigo a continuar la juerga en mi casa, nos fuimos los tres. Llegando a casa mi esposa me dijo que se iba a dormir, yo estaba algo tomado y subí con ella a la recámara y le pedí que no se durmiera, mientras le acariciaba el cuerpo le propuse que iniciaramos un juego. Yo quería que excitara a mi amigo y que hicieramos como que yo no me daba cuenta de nada. Regresamos juntos a la sala, donde nos esperaba mi amigo que ya me tenía preparada otra copa. Puse algo de música y nos sentamos a seguir conversando. Mi esposa se sentó junto a mi, y quedamos los dos de frente a mi amigo. Como habíamos quedado, ella empezo a jugar con mi amigo, se sentaba con las piernas un poco abiertas y como no tenía ropa interior creo que mi amigo alcanzaba a ver parte del sexo de mi esposa. En esas estabamos cuando se nos terminó la botella que estábamos tomando, mi amigo se ofreció a ir a comprar otra. Mientras él salió de la casa mi esposa me dijo que se sentia muy excitada, me abrió el pantalón y saco mi verga que estaba durísima, la introdujo en su boca y comenzo a chuparla, yo estaba a punto de venirme pero lo dije que se detuviera, que quería que continuaramos jugando. Así que cuando regresó Ernesto mi esposa se estaba haciendo la dormida junto a mi. Recostada en el sillón con su cabeza apoyada en mis piernas. Mi amigo sirvió otras copas y seguimos con la charla. Mientras esto sucedía, mi mano derecha empezo a acariciar todo el cuerpo de mi esposa, no me importaba mucho que Ernesto se diera cuenta, más bien, creo que lo hacía para que él se diera cuenta. Mi mano se puso en el trasero de mi esposa, ella hacía pequeños movimientos con la cadera en señal de que le gustaba lo que estaba haciendo. Mi amigo conversaba conmigo pero no podía evitar ver el movimiento de mi mano. Le dije a mi amigo que tenía que ir al baño, que me disculpara un momento, me levanté y me metí al baño a orinar. Cuando regresé los encontré besándose en los labios apasionadamente. Eso me puso a mi más excitado de lo que ya estaba. Me hice el disimulado y entré como si nada estuviera ocurriendo. Me volví a sentar junto a mi esposa y empece a decirle a Ernesto que mi esposa me gustaba mucho, que tenia un cuerpo muy rico y que hacía el amor como una ramera. El no sabía qué decir, solo sonreía y asentía con la cabeza. Yo le pregunté que si tenía razón, el dijo que eso solo lo podía saber yo, entonces le dije que se acercara un poco, que viera que lindas piernas tenía mi esposa, él se acercó mientras yo le levantaba el vestido a mi esposa hasta llegar al culo. El me dijo que era cierto, que ella tenía unas piernas hermosas. Yo empecé a acariciarle las piernas a mi esposa y le dije a Ernesto que era una piel muy suave, lo invité a que la acariciara. El no dudo ni un momento y puso su mano sobre las piernas de mi esposa que seguía acostada en el sillón haciéndose la dormida. Después levanté todo el vestido para descubrir el trasero de ella. El estaba asombrado, no sabía si mirarme o mirarla a ella, yo le acariciaba las nalgas a mi esposa. Como te dije antes ella no tenía ropa interior, asi que le abrí las nalgas y le enseñé a mi amigo el culo y el coño de mi esposa, y le pregunté si se le antojaba, el asintió con la cabeza e inmediatamente se puso a mamarlo. Mi esposa abrió ampliamente las piernas, para dejar que entrara la cabeza de mi amigo. Yo me senté junto a ellos y me saqué la verga del pantalón, se la puse en la cara a mi esposa y ella inmediatamente empezó a mamarla mientras levantaba la cadera para facilitarle el acceso a mi amigo y me veía con esos ojos de fuego que tiene. Después de un buen rato en esa posición mi amigo se levantó y se bajó el pantalón, tenía su herramienta bien rígida, la puso en la entrada del coño de mi esposa y la introdujo hasta el fondo. Ella estaba feliz, gemía como una loca, movía todo su cuerpo recibiendo la verga de mi amigo mientras con su boca me daba placer. Después, ella misma se sacó el miembro de Ernesto, se sentó en mi verga y empezó a brincar encima de mi, ella sabe que esa es la posición que mas me gusta. Mi amigo se puso de pie y le acercó el miembro a la boca de mi esposa, ella lo tomó con las manos lo acarició y se lo metió en la boca. Como te podrás imaginar yo estaba extaciado con todo esto y exploté adentro de ella. Creo que es la venida más larga que he tenido en la vida. Ella empezó a tener su orgasmo mientras mi amigo se venía y le llenaba todos los senos de sémen. Inmediatamente después, mi esposa se levantó y se fue corriendo a la cama, yo le pedí a mi amigo que se fuera, le dije que esto nunca había pasado, que había sido una locura. Ya saben que el sexo es como una droga, pero una vez que viene el orgásmo vuelve uno a la realidad. El se fue y no lo he vuelto a ver desde aquella noche. Mi esposa y yo hemos platicado de eso, y ella asegura que esta arrepentida de lo que pasó. A mi me gustó mucho, lo disfruté, y aún después de los años algunas veces me masturbo pensando en eso.