Me descubrieron vestido de mujer.
Nunca pude evitar que el contacto de las medias de nylon me excitara de un
modo desmedido.
Así, de niño, cada vez que podía esconderme le sacaba a mi mamá un par de
medias de su cajón y me las ponía sin nada debajo. El paso siguiente era
acariciarme las piernas bien lentamente, subiendo las manos por las
pantorrillas hasta los muslos y luego acariciarme la cola, siempre por
arriba de las medias. Sentía un cosquilleo por todo el cuerpo que me
provocaba una erección, y cuando masajeaba mi pene por sobre las medias era
casi inevitable que terminara sacando el miembro y eyaculando. La sensación
tan placentera de las medias me hizo pensar en que debería probarme otras
prendas íntimas femeninas, y así lo hice. De a poco fui poniendome, tangas,
bodys, corpiños, etc. para masturbarme con el máximo de placer.
Ya en mi crecida adolescencia aprovechaba que estaba solo por las tardes en
mi casa para vestirme completamente de mujer, poniéndome toda la ropa
interior que encontrara, un vestido, sandalias y desde luego me maquillaba.
En esas condiciones empezaban mis caricias por todo el cuerpo y me
introducía el mango de un cepillo en el ano, lo untaba con crema o lo
chupaba para lubricarlo y me agachaba, levantaba mis faldas por la parte de
atras, me bajaba la ropa interior hasta la mitad de las piernas, como si un
hombre me lo estuviera haciendo, y me penetraba gimiendo y jadeando,
masturbandome hasta que acababa.
Hoy ya soy un hombre crecido, vivo solo después de mi divorcio y tengo mis
propias ropas de mujer guardadas en mi casa. Cuando me siento excitado
comienza mi ritual de vestimenta, tengo un vibrador con base de ventosa para
dejarlo fijo en la pared, el piso, o algún mueble y me masturbo y me cojo
vestido de mujer. Si bien he tenido relaciones con hombres nunca me travestí
para ellos.
Por razones de trabajo he tenido que viajar a diferentes lugares del país a
dictar cursos de informática. Nunca llevé mi ropa de mujer en estos viajes
pero una vez caminando por un centro comercial de Córdoba ví unos conjuntos
de lencería que me sedujeron, los compré y completé la compra con un
conjunto de falda y top de seda, me compré maquillaje y me fui a mi
habitación del hotel a travestirme. Completamente echa una mujer, empecé a
tocarme para calentarme cuando, no se como, uno de mis alumnos abrió la
puerta de la habitación, tenía que traerme una documentación del curso y en
lugar de golpear la puerta, abrió y entró, no sé como yo la había dejado
abierta pero definitivamente sucedió. Cuando me vió en esas condiciones, no
podía creer lo que veía. Le pedí que por favor no comentara nada de esto y a
cambio me pidió que lo satisfaciera sexualmente. No me costó decidirme, lo
tomé de la mano y lo llevé hasta la cama. Lo senté en ella y comencé a
besarlo mientras le masajeaba su pene, no tenía un instrumento importante
pero sí muy erecto, le desabroché su pantalon y me introduje su miembro en
la boca, lo chupé con dedicación, lentamente, haciendo gozar a este hombre
que me había descubierto vestido de mujer. Comenzó a acariciarme y buscó mi
cola, me bajó la ropa y me introdujo un dedo en el ano, yo movía mi cola en
forma circular mientras seguía chupando su miembro, le puse un preservativo
y me subí a la cama y me puse en cuatro, con la ropa interior bajada hasta
la mitad de la piernas me enterró su pequeño pene hasta los testículos, gemí
por la fuerza con que lo hizo y comenzó a entrar y salir, yo me metía las
manos por debajo del corpiño y me masajeaba mis tetillas, me gustaba, no
tenía una pija grande pero si dura y la movía con brutal intensidad.
Apretaba mi esfínter para sentir bien su miembro, y seguí sus movimientos
hasta que en un grito ahogado acabó sosteniendo mis caderas con sus dos
manos. Yo no conseguí acabar. Le pregunté si estaba satisfecho y le dije que
lo podíamos repetir hasta que volviera a Buenos Aires,todos los días si
quería. Aceptó y así lo hicimos.
Sigo con el hábito de vestirme de mujer, pero me aseguro de cerrar bien la
puerta.