COMO LE HICE EL BOOKETE A GISELLE
Enviado por Julian Sanuttini el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

COMO LE HICE EL BOOKETE A GISELLE Manejaba su culo con maestría, me llevó al límite, presintiendo

por los latidos del miembro, me invitaba al gran banquete, el salón estaba dispuesto para el

caballero invitado

 

Este relato contiene una de la muchas historias de mi actividad como fotógrafo, entre gran

variedad de trabajos realizados hay algunos que se destacan por diversos motivos, este un claro

ejemplo de lo que afirmo.

Argentina como en casi todas las partes del mundo también tiene travestis, que se ganan la vida

como quieren, pueden o la sociedad tan discriminatoria les permite, como es el ejercicio de

vender su cuerpo y alquilar sus caricias como forma de sobrevivir un día más en este ¿paraíso?

No conozco demasiado como para opinar, ni tampoco lo pretendo, solo entiendo que cada uno tiene

derecho a usar su cuerpo como le plazca, la libertad no está solo en la declamación de leyes y

ordenanzas morales, sino dentro de cada uno y ejercerla como desee sin perjudicar a los ajenos.

Los travestis también integran en algunos medios, especialmente hoteles y lugares de divertimento

los registros de acompañantes para quienes recurren a ese medio para que los acompañen a

compartir un momento de entretenimiento y placer, a tal efecto pasan a ser parte del book donde

elegir acompañante. Por tal motivo Giselle se acercó a mi estudio para que le tomara las fotos

que luego llevaría para incorporarse a varios books del circuito turístico y fiestero de esta

ciudad.

Giselle, vino recomendada por una colega, me buscó para hacerle el book, no era la primera, pero

esta fue distinta y sucedió lo que paso a detallar para solaz de los consecuentes lectores de

esta página.

Se presentó para adecuar lugar, condiciones y costo para la tarea gráfica. Veinte años, poco

creíbles, estimo que eran uno o dos menos, altas, formas esbeltas, pechos recién hechos de

interesante medida, piel tersa y cremosa como ninguna, cola estupenda que desearían más de una

fémina. El dinero del "señor amigo" fue bien empleado logrando una envidiable figura bien

femenina. Giselle es de él desde los catorce, el señor la inició y la hizo descubrirse como

mujer, fue su pigmalión y amo exclusivo, el tipo le permite intentar ingresar en el mundo del

espectáculo, al menos eso dijo era el motivo de las tomas fotográficas.

El lugar elegido para realizar las tomas es un apart hotel de mi conocimiento, vino con otra

"chica", igual de joven y condición. Las "chicas" dispuestas a poner toda lo necesario para

concretar su propósito, costaba saber que no eran lo que parecían, el "atributo" nacido con

"ellas" lo portaban escondido y disimulado en la tanga. Ataviadas con tanga, soutién y

portaligas, piel súper tersa, piling de excelente factura, sin sombra de vello. Sería necesario

ser de "fierro" para no excitarse, no pude evitarlo: me excité, la risita de ellas confirmó que

no pasé desapercibido, lo hacían al mejor estilo de la colegiala que se regodea viendo como el

profesor se excita con su juego de gatita mimosa sentada en la primera fila de la clase.

El trabajo primero, todo de una y excelente, las pibas tenían gracia, condiciones naturales de

sensualidad y exhibicionismo para envidia de más de una modelo. Poses jugadas, buen gusto,

seducción y sex a peal desplegado por ambas jóvenes hicieron del trabajo una placentera

experiencia.

El ambiente cargado de sexo, para las tomas porno, Lía, la amiga de Giselle, propuso que yo

aportara el "elemento" masculino necesario para "empomar" la cola de Giselle mientras corría la

cinta de la cassette.

- ¡Es nada más que una pose! Edu, vení, ayudala, yo atiendo la cámara o dejala instalada.

Hice de partenaire, Lía me hizo entrar en cuadro, arrodillada delante de mí me desnuda de cintura

hacia abajo, descubre y masajea con clase, no pudo con su genio, lamió la cabeza de la verga, me

oprime entre sus tetas, la metió en la boca. ¡Qué bien chupa la puta! me robó un gemido,

espontánea forma de agradecer tan placentera caricia bucal, el calor húmedo de su cavidad me hizo

erectar al máximo, la lengua se apropió del intruso y agradeció lamiendo el glande.

- Giselle, ¡lo tengo a punto! - Dijo mientras me tiene asido y moviendo la mano a ritmo de paja

para conservarla en su mejor condición.

Me llevó contra el culito de Giselle que se había colocado como perrita, apartó el hilito de la

tanga que sostenía con su mano apoyada en la nalga de la amiga, expuso el marrón totalmente

encremado, sostuvo el glande en contacto con el hoyo. El cálido esfínter abre y cierra a

voluntad, maneja como si estuviera combatiendo al invasor que asedia su entrada, pero es nada más

que un coqueteo, sutil masaje para hacerme desearlo.

Me calenté sin darme cuenta estaba que volaba de excitación, agarrado a sus ingles y empujé, me

dejé deslizar por ese pasadizo a la gloria, voltea, sonríe y me anima, de todos modos estimé que

las tomas estaban bien logradas, el objetivo de penetración conseguido.

- ¡A la cama! - Lía ordenaba, con algo de bronca por la separación momentánea, no quedó más

opción que seguir las directivas del maestro de escena, nos empujó sobre la cama king size. En

ese momento no existía nada más que ese trasero magnífico que deseaba poseer a como diera lugar,

nada me impediría que fuera mío.

Juntas y revueltas se "abocaron" sobre mi aparato, saborean el miembro como si fuera helado, me

llevaban al cielo cuando me tenían dentro de la boca, en el cambio caía al vacío para volver al

cielo con la otra, jugaban con mi calentura, les divertía la alternancia del subibaja de mi

placer. Lía colocó a Giselle como perrita, la colita bien alta, sobre una almohada, una segunda

para aumentar el ángulo ofrecido, guió el choto (pene) en la aproximación final, sostuvo justo en

el aro que latía caliente y ansioso. Acompañó con su mano el lento movimiento de entrar en ella.

- ¡Dale Edu! ¡Empujá! - Siguió sosteniendo la carne urgente. - Dale más Edu, esta se aguantó la

de mi hermano, que la tiene como burro, se la hizo cuatro veces en una noche como si nada.

Era como una concha, estrecha, sentía lubricado el conducto, una delicia, primer agujero de esta

calidad, ni de pendejo había probado, ahora le estaba tomando el gusto, gozando a morir.
Sabía manejar su objeto de placer más que una mujer, controlaba a su antojo los tiempos del

placer, no cesa de repetir que fuera más bruto, más salvaje, nos enredamos en una lucha de poder,

gustaba ser dominada por el macho posesivo que la tenía entre sus manos, disfrutaba mi debut.

No me alcanzaban las manos para agarrarla, de los pechos manoseados y exprimidos como para jugo,

para terminar traccionada la cadera para incrustarnos hasta formar un solo cuerpo.

En medio de esta vorágine de sexo salvaje, Elly se introdujo como pudo hasta llegarle al atributo

de Giselle para darle el mejor tratamiento bucal. Era más que obvio que no era la primera vez de

ambas en este juego.

Ninguna de las dos ejercía de prostituta, Giselle solo con el señor, ahora mal atendida, Elly

sólo con el hermano de ésta que le hacía el "service" para mantenerla en forma y no tener que

buscar en la calle. Giselle manejaba su esfínter con maestría, me llevó al punto límite, como

presintiendo por los latidos del miembro que estaba próximo a venirme, apuró sus movimientos de

retroceso, me estaba invitando al gran banquete, el salón estaba dispuesto para el caballero

invitado. Elly la estaba llevando a su propio agasajo, quería un final a toda orquesta, todo

presto para el acorde final, sacudía su cuerpo a ritmo febril, una máquina descontrolada,

acelerada, pedía y daba todo de sí.

Gritó: - ¡Dale, venite dentro! - grito o súplica, al cabo que importa, lo único que cuenta es el

placer que está por llegarnos.

- ¡Me voy, te acabooooo!!! - ¡Venite, veniteeeee!!! - Me mandé con furia, enloquecido de placer,

perdí la noción, los oídos me zumbaban como la primera vez, los músculos tensos, manos y brazos

como tenazas aferrados a ese cuerpo sometido, a merced de la fuerza de mi lanza que pretende

llegar hasta el confín de su cuerpo, herir sus entrañas con el chorro caliente de esperma que

dejo en varios y sucesivos chorros. El último me sale como llevándose una parte de mí, me sustrae

la energía vital. Quedé rendido y gozoso, ensartado en ella disfruté un sexo sensacional.

Como dos geishas, me atendían a cuerpo de rey. Terminado el trabajo, jugamos en la cama,

siguieron las amabilidades, Giselle en las atenciones bucales, concentrada me sacó el segundo

polvo, pudo hacerse un buche de semen. La tarea de sexo y fotos duró como cinco horas, se pasaron

volando y cogiendo.

Tan conforme quedó que cuando vino a retirarlo, como propina hizo una mamada que me dejó hecho una seda.

Desde ese día el travesti dejó de ser un tabú.

Autor: Julian Sanuttini

 

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