Los placeres de este mundo están hechos para disfrutarlos. Precisamente los
seres humanos nos diferenciamos de los animales en que no comemos para
sobrevivir, sino que podemos comer simplemente por placer. No utilizamos el sexo
únicamente para reproducirnos, sino que podemos practicarlo por placer. Y así
con todas las cosas de esta vida. Hay que comer equilibradamente, pero a nadie
le amarga un dulce de vez en cuando. Sin embargo, si abusamos de cualquiera de
los placeres de esta vida y llega a convertirse en obsesión, puede resultar
funesto. De eso es de lo que trata de advertir este artículo. Tomaré como
ejemplo la bulimia, pero es perfectamente aplicable al sexo, a la afición por
los chats, a los videojuegos,.... a cualquier cosa.
Se puede disfrutar enormemente con una sana afición a la gastronomía. El
problema comienza cuando comes compulsivamente, cuando comes para calmar la
ansiedad. Si utilizas la comida para calmar la ansiedad (en lugar de utilizar la
racionalización y la relajación, que son precisamente para eso), entonces muy
pronto empezarás a asociar una cosa con la otra y, cada vez que tengas
ansiedad, sentirás deseos de comer (aunque no haga ni cinco minutos que te has
pegado el atracón) y recurrirás a ello para calmarla. En efecto, te calma la
ansiedad. Es una forma cómoda, rápida y efectiva de calmar la ansiedad...
momentáneamente. Pero en realidad lo que hace es crearte más ansiedad, ya que
de alguna manera relacionas la ansiedad con el placer de comer. Entonces ya
cualquier cosa será suficientemente una excusa como para crearte ansiedad y te
apresurarás a calmarla con un buen trozo de tocino o de jamón.
Además, cuando piensas que ya has comido bastante, que ya está bien por
hoy, o que tienes otras cosas mucho más importantes que hacer en vez de
hincharte a comer y no puedes perder el tiempo en eso, o que, simplemente,
aunque quieras comer, ahora mismo estás en un lugar o en un momento en el que
no puedes, entonces eso te creará su propia ansiedad, sin necesidad de que haya
otra cosa que te la provoque. Y como en este momento no puedes o no debes
calmarla, no hace otra cosa que incrementarse y aumentar en ti el deseo de
comer.
Terminarás doblegándote a ese deseo y te pondrás a comer cuando menos
debes. Será más importante la comida que, por ejemplo, un examen. Las demás
cosas tendrán mucha menos importancia. Todo te dará igual.
Preferirás refugiarte en tu obsesión por comer antes que prestarle atención
al mundo real, que te parecerá feo y sin ningún interés para ti. Te sumirás
en un estado de apatía que lo único que hará será darte aún más ansiedad y
hacer que comas cada vez más compulsivamente y más ansiosamente....
Habiendo otras formas de calmar la ansiedad (relajación, reflexión,
deporte,... ), no parece que sea muy buena idea calmarla con una bandeja de
dulces, ni con el tabaco, ni con el alcohol, ni con videojuegos, ni con nada que
se pueda convertir en una obsesión.
También hay otra forma de entrar en ese círculo vicioso de la ansiedad que
incita al vicio y el vicio que genera ansiedad: La simple búsqueda del placer.
Puede que no comas para calmar la ansiedad. Puede que no comas para evadirte
momentáneamente del mundo. Puede que comas, además de para alimentarte, para
obtener el deleite que supone comerse unos buenos lomos de ternera en salsa.
Bueno, no está mal aprender a apreciar las buenas cosas que te brinda la vida.
Pero también hay que llevar cuidado: Hay que llevar cuidado de no obsesionarse
ni con eso ni con nada. Hay que asegurarse de que no se le da más importancia
que la que tiene, de que no deja de ser un simple placer PRESCINDIBLE.
Tienes que asegurarte de que si el médico te prohibiera comer tal o cual
cosa, eso no te supondría ningún trauma y seguirías siendo totalmente feliz.
No tiene que convertirse en una parte esencial de tu vida. No debes dejar que tu
vida se simplifique, que dependas de una sola cosa, que tu felicidad dependa de
que puedas satisfacer o no tal o cual "..necesidad"... Esto es algo que
hay que tener muy claro: Por exquisito y placentero que sea, ningún placer es
para tanto, ningún placer merece tanto la pena, ningún placer debe convertirse
en algo imprescindible para ser feliz.
Ya, pero, una vez metido en él,
¿CÓMO SALIR DEL CIRCULO VICIOSO?
No es fácil, pero tienes que comprender que se puede ser perfectamente feliz
siendo un adicto en plena rehabilitación. Es más: ES IMPRESCINDIBLE EMPEZAR A
SER FELIZ para poder salir del atolladero.
Lo primero es darte cuenta de tu situación y querer salir. Después tienes
que ir comiendo terreno con decisión. Es decir: No pegarse la gran hartada bajo
ningún concepto. Tomar el mando de la situación y no dejarle respiro a la
adicción: No dar marcha atrás, no dejar de mejorar.
Por ejemplo: Supongamos que somos adictos a los dulces. Entonces tenemos que
llevar la cuenta en una libreta de todos los dulces que comamos a lo largo del día.
Cada día hay que comer la menor cantidad de dulces que nos sea posible. (Si
podemos no comer, mejor que mejor). Y debe notarse una gran diferencia entre el
número de dulces que comemos una semana con el número de dulces que comemos la
semana siguiente. El objetivo es conseguir la situación opuesta a la que
tenemos. Es decir: Llegar a asumir que un dulce es, por definición, algo que NO
SE COME.
Sólo mucho tiempo después, MUCHO TIEMPO DESPUES de sentirte totalmente
curado, puedes abandonar la rigidez y comenzar de nuevo a disfrutar con la
gastronomía, eso sí: sin pasarse. Pero esto no es ninguna condena: Hay mucha
gente que pasa años y años sin probar un dulce y que es muy feliz.
Si, en cambio, somos adictos a algo de lo que no podemos prescindir
totalmente, como por ejemplo al sexo, entonces lo que debemos hacer es fijar una
cuota semanal de orgasmos (con un cierto margen de flexibilidad) que nos parezca
normal e intentar adecuarnos a ella. También prescindir de las prácticas
sexuales demasiado excéntricas y, por supuesto, de las que sean delictivas.
Pero para que podamos conseguir salir del círculo vicioso no basta con
atacarle por un lado (no basta con intentar comer cada vez menos), sino que hay
que atacarle también por el lado de la ansiedad: Hay que reducir la ansiedad.
¿Cómo? Hay muchas formas: Hacer deporte, relajarse, obligarnos a ver la vida
con ilusión, esperanza y optimismo, ... Debemos de sentirnos felices. Por
ejemplo, tenemos que sentirnos felices por que vamos a quitarnos de encima la
adicción, vamos a cambiar de vida, vamos a nacer de nuevo, vamos a ser cada día
mejores que el día anterior, nuestra vida será cada día mejor. Si pensamos
eso, le tenemos la partida ganada a la ansiedad y, por tanto, a la adicción.
También hay diversos grados de adicción. Por ejemplo: uno puede estar
empezando a aficionarse demasiado a los videojuegos, o a los dulces, o a lo que
sea, sin que haya llegado a ser una adicción todavía. En ese caso, en cuanto
nos demos cuenta de que nos está absorbiendo y que empieza a mandar sobre
nosotros, lo mejor es que demos marcha atrás del todo.
Eliminarlo drásticamente, convenciéndonos de que no es para tanto y que no
lo necesitamos en absoluto. Si tiempo después se nos presenta una ocasión
especial de volver a jugar a ese videojuego, no hay por qué no jugar, pero no
merece la pena volverse a aficionar. Las aficiones que no nos aportan nada, que
son simplemente para pasarlo bien, es mejor usarlas con mucha moderación y casi
con desprecio. No merece la pena malgastar nuestro tiempo en ellas.
Os agradezco cualquier tipo de crítica o comentario, que me podéis enviar
a:
j_salas@teleline.es