Calentón en el centro comercial
Enviado por prime el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Quedamos prontito a la tarde para estar más tiempo juntos y decidimos pasarnos por el centro comercial para mirar cosas nuevas. El día está soleado, veraniego, y vamos ligeros de ropa. Lo digo porque cuando la fresca brisa se introduce en mi vestimenta, puedes notar cómo mis pezoncillos se erizan y se marcan bajo mi camiseta. Además, los tuyos se marcan también, y de forma alarmante, por lo que deduzco que no llevas sujetador, y eso hace que piense "mu malamente, mi niña…".

Hablamos alegremente, comentando lo que nos ha pasado desde la última vez que nos vimos. Adoro tus verdes ojos brillando al reflejarse la luz en ellos. Son tan llamativos, tan grandes… Tu pelo castaño se mueve al son del aire acondicionado del centro y de tus carnosos labios brotan sílabas que se convierten en una dulce música que escucho embelesado. Cubre tus piernas una falda de tela fina y larga, que ondea siguiendo tu caminar, hasta tus pies, guardados por unas sandalias de tacón comodísimas, para tu gusto…

Subimos las plantas del edificio por las escaleras mecánicas. Hay bastante gente delante y detrás de nosotros, así que me pego a ti desde atrás y te agarro de la cintura. Bajo mis manos hasta tus caderas, pero en ningún momento noto el hilo que, se supone, llevan tus tangas, y que rodea tu cintura. Masajeo tus nalgas buscando evidencias de que lleves algún tipo de lencería, pero no las hallo. Comienzo a fantasear con la idea de que hayas venido sin nada y, disimuladamente, te rodeo con mis brazos bajando mis manos a tu pubis para comprobar mis sospechas. Tampoco.

Gracias, nena.- te digo.

¿Por qué dices eso? –preguntas pícaramente.

No contesto. Mientras subimos por la escalera, masajeo tu entrepierna y tú me lo agradeces comiéndote suavemente mis labios.

Una vez hemos llegado a la planta de caballeros, retiro mis manos de tu vestido y cogidos de la mano comenzamos a dar vueltas para ver algo interesante para mí. Sin embargo, yo ya he visto (¿o debería de decir "sentido"?) algo muy interesante para mí y solo pienso en eso. Aprovecho que te paras delante de unas chaquetas e intento convencerte de que te dejes guiar por mí hasta los probadores, con la excusa de que voy a probarme una chaqueta.

Entramos los dos en el probador. Cuelgo la chaqueta y hago que te pongas de espaldas a mí. Vuelvo a posar mis manos en tu falda a la altura de tu culo y comienzo a subirla. Subes tu brazo por mi cuello y envuelves mis labios entre los tuyos. Efectivamente, compruebo que no llevas nada, puesto que tus nalgas y tu Monte de Venus aparecen desnudos en el espejo.

Por esto te doy las gracias. –te confirmo.

Desabrocho tu falda y hago que te sientes en el banco que hay pegado al espejo. El frío del mueble hace que tu piel se erice desde tu trasero hasta tus brazos, pasando por tus pezones, los cuales se ponen como escarpias. Te digo que te tranquilices, que no nos va a ver nadie. Y tú, poniendo cara de viciosa, te quitas la camiseta dejándome comprobar que tampoco llevas sostén.

Pretendes besarme, pero te respondo con un piquito y voy directamente a comerte las tetas, que tienen un tamaño perfecto para abarcarlas con mis manos y mamarlas. Me deleito lamiéndote las areolas, haciendo círculos alrededor de tus botoncillos y apretándolos de vez en cuando con mis labios. Empujo tus pechos para que te apoyes sobre el espejo mientras bajo mis labios por tu estómago hacia tus otros labios, pero te niegas a ello. Dices que quieres verte en el espejo disfrutando mientras te doy placer, así que accedo a tus peticiones y pongo tu falda en el suelo. Te sientas y abres las piernas, indicándome que me dirija hacia el centro de tu gozo.

Así lo hago. Me arrodillo ante ti. Te apoyas con las manos en el suelo y yo te sostengo las piernas a la vez que lamo y relamo el interior de tus muslos y tus labios bajos. Tus suspiros y risitas me incitan a apartar de mi camino tus labios, abrir tu coñito ya enrojecido y comenzar a succionar la entrada a tu vagina. Te excitas cada vez más con lo que ves en el espejo, y te mueves en contra de mis vaivenes, para conseguir más placer. Ahora te tumbas boca arriba en el suelo, y haces que pose mis manos en tus pechos para sobártelos. Meto mi lengua en tu orificio y tú, de vez en cuando, metes uno de mis dedos en tu boca, simulando mi trabajo en tus partes bajas. Introduzco un par de dedos en tu coñete, lamiendo y chupando tu clítoris a la vez que trato de buscar tu punto G. Por suerte, ambos sabemos dónde lo tienes, y eso me llena de felicidad, porque te veo disfrutar y yo también disfruto.

Cada vez que las yemas de mis dedos rozan tu parte más sensible te provoco espasmos, y levantas tus caderas para que me coma tu clítoris y te sacie de gusto. Continuamos así hasta que me dices que no puedes más, a lo que yo respondo estimulándote ambos centros de placer y provocando que te vuelvas loca haciendo emanar tus fluidos de tu fuente, indicando un orgasmo perfecto.

Retiro mis dedos de tu sexo y lo beso con dulzura. Sigo con mi labor besucona por tu tripita, tus pechos, tu cuello y, finalmente, tu boca. Tu piel está húmeda debido al sudor que ha brotado fruto de tu placer, pero eso no me impide pegarme a ti y dejar que te apoyes en mí para relajarte.

Tus manos desean apoderarse de mi cuerpo, pero te sugiero al oído que eso sea más tarde, para fomentar tu creatividad. Asientes, así que te ayudo a levantarte y vestirte y vamos a tomarnos un café.

Ahora toca ir a la planta de mujeres. Pongo cara de salido y bromeo sugiriéndote que te compres un biquini llamativo para disfrutar de tus hermosas vistas en la piscina o en la playa, a lo que respondes que yo estaría más guapo con un tanga de leopardo. Graciosilla…

Volvemos a las escaleras, pero esta vez eres tú la que se pone detrás de mí, y cuando vas a dibujar la curva que describiría la dichosa prenda en mi figura, notas, al igual que yo antes, que tampoco llevo ropa interior. Me sobas el trasero y el pubis para comprobarlo y, por supuesto, mi miembro erecto me delata.

Una vez en la planta, no te lo piensas dos veces y me llevas de la mano a los probadores. Me dices que para evitar más calentones de los necesarios te vas a quedar en "topless", y me quitas tú solita la ropa. Agarras con fuerza mi polla, estiras el prepucio y pones la puntita de tu deliciosa lengua en mi frenillo, mientras me la meneas. Haces que tiemble de gusto, así que me siento en el banco mientras tú, de rodillas, te encargas de envolver con tu boca mis huevos, dándoles lametones. Acto seguido absorbes mi polla de abajo a arriba dando vueltas con tu lengua alrededor de mi glande. Alternas movimientos rápidos con otros lentos. Introduces mi verga en tu boca hasta lo más profundo que tu garganta te permite y la sacas. Repites varias veces la operación y luego, mientras me la machacas, mordisqueas mi escroto, haciéndome saltar de gusto por los calambres que me provocas.

Te empeñas, como yo antes contigo, en dejarme al borde del orgasmo en varias ocasiones, y es sólo cuando ves que voy a reventar, cuando te comes mi polla subiendo y bajando rápidamente sobre ella. Te aviso de mi inminente corrida y te apartas para ver hasta dónde alcanza la fuerza de mi eyaculación, la cual se estampa contra la tela que tapa el probador y se entremezcla con su tejido dando lugar a una masa viscosa que se endurece con el tiempo. Tras ello, me haces una limpieza de sable exquisita, te beso dándote las gracias y me arrodillo a tu lado para abrazarte y sentir de nuevo tus tetas pegadas a mí. Acabamos uniendo y separando nuestros labios.

Pero no todo acaba aquí, puesto que al besarnos tan apasionadamente las ganas vuelven a surgir. Decidimos dejar el folleteo para otra ocasión y probamos a masturbarnos mutuamente.

Subes tus caderas para que eleve tu falda por encima de tu cintura. La imagen que me regalas, tumbada de lado mirando hacia mí con tus pechos apuntándome y con la posibilidad de sobar tu culo o tu sexo y poder acariciar tus piernas, hace que mi varita vuelva a erguirse. Aprovechas para pegarte a mí haciendo rozar tus pezones con mi piel. Me acaricias los huevos y la cosa, a la vez que yo cojo tu pierna, la acaricio, la pongo encima de mí, rodeándome, y estiro mi mano para sobarte el trasero.

Ambos sonreímos entre beso y beso. Con el paso del tiempo y lo caliente de la situación, el cuerpo me pide un 69 y te lo sugiero. No hemos conseguido nunca llegar a la vez al orgasmo y nos cansamos siempre, porque es difícil dar y recibir a la vez, pero accedes y vamos a por la enésima vez, a ver si sale.

Me vuelvo para ejecutar la postura. Mi polla apunta recta hacia tu boca y esta casi se la mete entera de un bocado. Respiro hondo para aguantar la oleada de placer que me recorre el cuerpo y voy directo a lamerte la almeja. Ambos nos empleamos a fondo: noto cómo mis huevos se mueven al son de tu mamada mientras mi lengua se mueve rítmicamente sobre tu clítoris. Una vez más, nos dejamos llevar por nuestros instintos y nos es imposible llegar a la vez, puesto que yo dejo de chuparte para follar tu boca y luego tú dejas de mamarme para rozarte con la mía. Sin embargo, eso no quita para que primero tú y luego yo, alcancemos nuestros respectivos clímax gracias a las destrezas del otro.

Te vuelves hacia mí. Te veo feliz y contenta, tal y como lo estoy yo. Esta ha sido una tarde estupenda y te sugiero volverla a repetir más a menudo, cosa a la que accedes gustosa. Beso y acaricio tu preciosa cara. Tras ello, y dado nuestro grado de cansancio, permanecemos tumbados en el suelo unos minutos más para relajarnos, nos vestimos y nos vamos a cenar al chino más cercano. Al final, no hemos comprado nada, pero por lo menos salimos satisfechos del centro comercial.

FIN

 

 

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