De boca en boca
Enviado por Carle el día Viernes 23 de Junio de 2006
 

De boca en boca, querida, va tu culo por el pueblo ¿lo sabías, verdad? Si lo niegas mentirás como una bellaca, como una mala zorra, como una puta de cuidado… que, a fin de cuentas, es lo que eres.

Esos andares de cerda, esos remeneos de hembra salida, esas falditas ajustadas que te ciñen el alma, el coño y el culo. Blusas bien descotadas, con el dije de tu marido colgando entre tus senos rebosantes. Pero…¡qué digo "senos"! ¡lo tuyo son tetas, ubres, melones, cualquier cosa menos senos! Tetas que brincan a cada paso que das, a cada gesto que haces. Blancura encalada, tinajas desmesuradas en cuyas cúspides brotan, con perfume a pecado, los geranios de tus pezones.

¿Luto? ¿Para qué cojones llevas luto, digo yo? ¿En memoria del que ya no está? ¿Del hombre que consumiste hasta los huesos? ¡Zorra más que zorra! ¡Mujer sin escrúpulos! ¡Gata viciosa, gozosa de levantar rabos ajenos, de maullar en la noche caliente buscando quienes te lengüeteen la panocha! ¿Crees que no lo se, que no lo saben en todas las casas del pueblo? ¡Viuda de uno y esposa de todos!

Si , te lo digo yo : ¡Vas de boca en boca! Porque tus ojos desnudan a los hombres, sin importarte cuando o donde sea. Porque tu lengua (sucia lengua de hembra emputecida) se relame con gula de ramera. Quieres verga y la buscas allá por donde sea. Y orinas por los rincones más oscuros, con las bragas en las corvas y el culo en pompa, blanca carne, blanco hilo, blancas canas bordeando ya tu higo, dejando tu señal, tu marca, tu alarido.

Asomas tu jeta por ventanas y cocinas, por porches y terrazas, por sillas y lechos que crujen a tu paso…Y la novia, enfadada, aparta al novio encandilado, dejando al aire libre la verga en su bragueta. Y la esposa, con rabia, hurta su sexo al ciruelo del esposo ya ofuscado, que se atreve a decir ¡tu nombre! Con su cuerpo ya saciado.

Y tus ancas recrean los andares de musas italianas, de españolas, de latinas de nalgas opulentas. Altos tacones que repican en la acera, que llaman a rebato, que laten como pollas en la noche…Y los chicos se hacen pajas a tu paso, y los viejos rememoran batallitas maldiciendo sus badajos, ya inservibles.

Buscas al tonto. Lo se. Todos lo saben.

¿Crees que no habla porque es mudo? ¿Crees que no ve porque es ciego? ¡Idiota más que idiota! Te huele en la distancia. Sus manos te esperan temblorosas, agitadas de deseo, recorridas de calambres por el ansia de tocarte. Como todos, aunque, solo él, es el elegido.

Aúlla en la noche, allá por el ribazo. Y el pulso del pueblo para en seco, se detiene, espera y desespera, atisbando, afinando el oído, queriendo atravesar los ladrillos y las piedras.

Para su paja el chico adolescente. Detiene su bombeo la pija del esposo. Queda en el aire la lengua del que lame…El tonto aulló y tú estás con él. Enrollada la falda en tu cintura, notando su pecho en tu columna, apretando, con tus manos, las suyas en tus tetas. Te huele. Muerde tu cuello blanco con mordiscos mesurados. Lame tu cogote, te lo besa y lo acaricia. Buscas en tu espalda, entre sus piernas, la enorme desmesura. Mamporrera de ti misma. Yegua salida que hierve por sus partes. Latidos de coño que anhela un buen vergajo. Y lo encuentras, lo aprisionas y diriges. Y te entra suavemente, patinando con tu flujo. Y el tonto llora, levantando sus ojos (tan blancos) a la luna que no existe. Y su voz se encasquilla, y no sale por su boca. Y tú te abres más y más, apoyada en el ribazo. Y aguantas sus envites, transmutada en vaina perfecta para su gran sable curvo. Tan largo.

Ahora viene lo bueno. Es el postre que deseas. El final del festín. Lo sabemos todos. El mudo nos lo cuenta cada día.

Nos cuenta que lo tumbas en la huerta, que te sientas, sobre él, hasta ensartarte. Pero no por la vía natural ¡maldita gorrina, ciudadana de Sodoma! ¡No! Él sabe que lo acoges por el culo, que recibes su visita por el callejón oscuro. Y que entonces, de verdad, es cuando gozas. Al sentir la verga reptando por tu ano. Al doblarte, como espiga, mordiéndole la boca. Restregando tus mamas por su cara de invidente. Y saltas como muelle ensartada hasta la boca, deslizando su cucaña por el ojo de tu ano, notando las venas de la verga en tu intestino. ¡Sí! ¡Como una perra enganchada con su macho! Con el nudo de sus huevos rozando tu trasero. Abierta en canal, queriendo morir empalada como bruja.

¡Bruja! Eso es lo que eres. Bruja codiciosa, avara de los goces. ¡Zorra, cerda, perra, vaca de pezones supurantes! Asesina de esposos. Vaciadora de testículos, ladrona de vergas que te añoran. Hembra caníbal, devoradora de hombres que te siguen como perros.

 

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