NO PODIA MAS
Enviado por Rita esclava de pepe el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969
 

NO PODIA MÁS No podía más y justo cuando colocó la pinza en el botoncito me corrí como una loca, gritando y jadeando mientras todo mi cuerpo se convulsionaba.

Estaba apunto de correrme y el amo no me dejaba. Jadeaba y supliqué muchas veces, hasta que me escuchó y obtuve el permiso. Me corrí como la perra que soy, casi aullando de placer, él también lo hizo porque noté como su leche me llenaba el coño y al sacar la polla de él salía por mi agujerito.

Quedé muy relajadita, como siempre, tumbada en la cama. “Cierra los ojos, sierva”, seguía acariciándome los pechos y la barriga con la punta de los dedos y volvía a provocar mi excitación. “Si amo”. Noté como mis pezones volvían a endurecerse buscando su boca, pero no fue así.

Me tensó los brazos y sentí como me amarraba. La cuerda estaba fría y notaba cada vuelta que daba alrededor de mis muñecas. Volvía a excitarme, mi coño de nuevo segregaba, y comencé a estremecerme. Con un fuerte tirón quedé sujeta a la cama, con los brazos y las piernas abiertas. “Ssssssssss, ¿Te gusta zorra? ¿Mi perra está caliente?”. “Si amo”

Así me quedé, el amo se alejó de mí, y salió de la habitación. Caí en una especie de ensoñamiento. Debí estar así bastante tiempo porque cuando desperté tenía entumecidos los brazos y las manos, y las ataduras de las muñecas me palpitaban. Además, la habitación se había quedado a oscuras, y por lo que podía ver parecía de noche.

Opté por no moverme, el amo llegaría pronto, seguro, y volvería a jugar con su muñequita de trapo. Así andaba divagando en que podría tener preparado mi amo cuando escuché la puerta de la entrada. Ya estaba allí. Tardó un poco en llegar a la habitación. “Hola zorra, descansarías, por tu propio bien” “Si amo”. Entró completamente desnudo y con una bolsa en la mano. “Fui a hacer la compra” y se rió. Colocó la bolsa sobre la mesa que había frente a la cama y comenzó a sacar cosas, no podía verlas desde mi posición. “Uuummm, traigo cosas para mi perrita” Se acercó y me lamió la cara mientras me sobaba una teta. Comencé a mojarme. Lo sentía. Mi coño iba mojándose de nuevo, como cada vez que se acercaba a mí.

Me sobaba duramente, con la mano abierta recogiendo todo mi seno, lo apretaba fuerte y movía los dedos. Yo seguía mojándome y me movía despacio al compás de sus apretones. Para acabar cogió mi pezón y lo retorció de igual forma, fuerte.

El amo sabe lo que me gusta que juegue con mis tetas, que les haga de todo. Hizo lo mismo con la otra, la magreó y apretó mientras me estremecía. “Zorra, ¿Mira que te gusta?, ¿Ya veremos cuanto te gusta que use tus tetas? Para terminar metió un dedo en mi coño, comprobó como estaba.

Cada poro de mi piel empezó a reaccionar. La voz del amo era seria y su miembro comenzaba a crecer y endurecerse. Una especie de sudor me invadió, no era miedo, era excitación. Deseaba ser usada, ver a mi amo disfrutar de mi cuerpo, gozar con cada centímetro de mi piel.

“Zorra, empezaremos con tus pezones” Llevó a la cama una gran cantidad de pinzas de la ropa, había de madera y de esas de plástico de colores. También otras más pequeñas. Su cara lo decía todo, estaba disfrutando y yo me sentía halagada. Para empezar pellizcó el pezón y colocó una en cada uno, de lado, aquel dolor era delicioso. “¿Te gusta puta?”, “Si amo”. Movía mi cuerpo despacio, intentando rozar mi botoncito con las piernas. Siguió con la aureola, colocando pinzas alrededor, dos, tres, cuatro. “Esto también”, “Si amo” . Estaba muy caliente, cada una de las pinzas que colocaba acrecentaba mi calentura.

Su polla estaba enorme, la acercó a mi boca y saqué la lengua. ¡Como la deseaba! La lamí e intenté atraparla, pero no me dejaba. “Aún no, perra”.

Cogió el rollo de cuerda que había dejado en la mesita y comenzó a enroscar mis tetas. Le dio varias vueltas fuertes a cada una. Fue muy meticuloso. Cada minuto que pasaba me hacía estar más caliente, más deseosa, necesitaba que me chupara


o lamiera o me follara. Cuando terminó volvió a acercar su polla a mi boca. Me deshacía buscándola. La lamí e hice verdaderos esfuerzos para recogerla, pero no podía llegar. “¿La quieres, puta?”, “Si amo”. Entonces se acerco más y pude tragármela. ¡Como me gusta! Ya estaba babeando y sorbí aquellas babitas que me vuelven loca. Mi coño seguía chorreando y empezó a palpitar. “Estás muy caliente”, “Si amo”, balbucee con la polla aún dentro de mi boca. La comía con ansia. Se separó y volvió a meter un dedo en el coño, salió pringado, y comprobó lo dispuesta que estaba. “¿Debemos continuar, no zorra?” “Si amo, como usted desee”.

Cogió otra pinza y la pasó por mi barriga, despacio, yo levantaba la pelvis excitadísima. Bajó por la ingle y la metió en mi coño. Mi agujero estaba muy dilatado y hurgó en él con aquella pinza de plástico de color azul que me había enseñado antes de empezar. Separó los labios y la enganchó en uno de ellos a lo que yo respondí con un pequeño respingo. Volvió al grupito y cogió otra de color amarillo. Siguió los mismos pasos hasta colocarla en el otro labio. Mis piernas se empezaban a mojar, mis líquidos salían corriendo por ellas.

“¿Qué tal puta? Te veo muy mojada”, “Si amo”. Su polla parecía reventar, las venas que la recorren estaban hinchadas, como mis tetas que iban volviéndose de un tono azul amoratado. Me la acercó y la chupé. La apreté fuerte con los labios y notécomo se estremecía. Necesitaba algo más, mi botoncito palpitaba y estaba a punto de correrme. “Tranquila zorra”. Me la sacó de la boca y volvió al fondo de la cama. Llevaba otra pinza en la mano, “Ahora roja”. Sabía donde la iba a poner, y que en el momento en que lo hiciera me correría, “Amo por favor, le suplico que deje que me corra, se lo suplico”, “No zorra”, “Amo se lo suplico, no puedo más, por favor”. Seguía metiéndola en mi agujero, sin rozar ni tan siquiera mi clítoris, pero no era necesario, estaba a punto de estallar. “Amo….” “Ni se te ocurra”. No paraba de meterla y sacarla, “Amo se lo suplico” “Sssssssshhh”. No podía más y justo cuando la colocó en el botoncito me corrí como una loca, gritando y jadeando mientras todo mi cuerpo se convulsionaba. Fue un orgasmo profundo, de esos que te recorren desde muy adentro a cada una de las terminaciones nerviosas de la piel. Mientras seguía retorciéndome, unos calambres nacían del coño que me hacían no parar de moverme.

El amo frente a mi miraba el espectáculo sonriendo y moviendo su dedo y su polla de un lado a otro “Nooo, zorra. Eso no está bien desobedeciste al amo. La puta se corrió sin permiso. Que perra mas mala”. Paseó de un lado a otro de la habitación, “¿Cómo te castigaré? ¿Cómo pagarás tu desobediencia?” “Lo siento amo, merezco ser castigada. Haga conmigo lo que desee”Continuará…

Autor: Rita esclava de pepe
 

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