CAPITULO 1 – MI INICIACIÓN COMO NENITO-NENA
Enviado por Nadya el día Miércoles 7 de Febrero de 2007
 
            Yo nací nene (o sea en cuerpito equivocado), pero desde chiquita (siempre hablo de mí como mujercita porque me siento así) me atraían los pibes y me las arreglaba en el colegio para verles las pijas cuando meaban, al mirárselas sentía algo raro pero que me gustaba, y eso me pasaba ya cuando tendría unos 7 años o menos.

Se las miraba sobre todo a los que eran más grandes que yo, y después sacaba la mía a escondidas y la comparaba, yo la tenía chiquitita, pero a veces se me paraba bien dura, y me gustaba agarrármela con la mano, pero no tenía ni idea de para qué servía aparte de mear, sólo me daba un placer raro amasármela, hasta que me la tenía que soltar porque me hacía doler.

Cuento esto porque me parece que va a interesar cómo me volví nenita tan chica, antes de los 12 años.

Yo siempre fui chiquitita de cuerpo y con carita de nena, eso creo que me ayudó a volverme nena, porque aún ahora resulto muy excitante por eso, no sé de ninguna otra nena con manijita que sea tan pequeñita como yo, y muchos me han dicho que cojerme es como cojerse a una nenita y eso les despierta todo lo degenerado y perverso, y a mí me gusta provocar eso...

Pero vuelvo a mi preadolescencia.  Los pibes me miraban raro a veces porque yo era muy suavecito como chico y a veces me cargaban pero yo ni entendía de eso todavía.

No crecí mucho y tenía un cuerpito finito y moreno, igual que ahora, y me acuerdo que cuando tenía como 10 años ya algunos tipos me miraban mucho, sobre todo algunos grandes, pero entonces yo no sabía por qué, después algunos me dijeron que desde chiquito me veían como un putito lindo pero nadie se animaba a decirme cosas ni a tocarme.

Fue antes de cumplir los 11 años que una tarde se me había parado sola mi pijita y me producía una sensación rara, así que me la empecé a apretar y sobar y descubrí que si tiraba fuerte del pellejito, me salía un poquito de la cabeza afuera y me gustaba más.  Seguí haciéndomelo hasta que conseguí que me quedara afuera casi toda esa ciruelita rosada, pero me hacía doler al mismo tiempo que me aumentaba ese placer raro.  Seguí y seguí amasándomela hasta que por dentro de la pijita sentí un ardor fuerte que casi me dolía, pero estaba medio desnuda y sentirme y verme el cuerpo me excitaba más, así que seguí haciéndomelo hasta que de pronto sentí que algo me salía de adentro, mi primera acabadita, me ardió como la puta madre, fue una acabadita de mierda, unas gotitas de leche nada más, pero después que se me pasó ese ardor que dolía, me gustó.

Esa misma tarde me la volví a agarrar y conseguí sacarme la cabecita de la pijita casi toda entera afuera, me amasé mi pijita fuerte y conseguí otra acabadita que me empastó la mano, ni sabía para qué era ese engrudito blanco, pero lo relacioné con cuerpos desnudos y tuve unas ganas tremendas de frotarme contra otro pibe desnudo como yo, quería sentir otra piel y echarle encima esa pastita espesa que me había salido.  No pensé en una piba sino en otro como yo, uno con la pijita bien dura, como la mía, y me volvía loca el deseo de estar así desnudita y con la pijita dura con otro... las pibas no me interesaban.

Después de ese día me volví una pajerita insaciable, me la hacía hasta cuatro veces al día, era verano y era fácil desnudarme, pero lo hacía a escondidas porque aunque nadie me había explicado nada de sexo, estaba segura que eso estaba mal, era feo y no lo debía decir ni mostrar.  Me la hacía de noche en la cama y quedaba el pegotito de mi leche en la sábana, así que me levantaba y traía un trapo mojado y lo frotaba para que mi mamá no se diera cuenta, hasta que después me empezó a salir más acabada y tuve que hacérmelas de día para poderme limpiar y no ensuciar nada.

Me la estiraba hasta que me salía toda la ciruelita afuera, pero tenía un frenillo duro abajo que me ponía la cabecita como partida al medio, después cuento cómo me lo corté, o mejor dicho, me lo cortaron.

Cada acabada me hacía gozar tremendamente, después quedaba agotada, pero al rato volvía a sentir ganas y me la endurecía de nuevo, se me paraba refácil, y me hacía otra pajita.  Tenía unas ganas tremendas de frotarme contra otro pendejito desnudo como yo, refregarme contra él hasta que me saltara la lechita, pero no me animaba, hasta que la ocasión me llegó sola, yo no la busqué.

Estaba pasando unos días en el campo de una familia amiga y lejos de la casa había una laguna.  Como era un verano de calor, yo en la siesta me iba a la laguna esa y me metía desnuda en el agua, me excitaba tremendamente sentir mi cuerpo en bolitas en el agua tibia y la pijita se me ponía al repalo, y metida hasta el cuello me  hacía la paja abajo del agua, hasta tres veces, veía el pegotito de mi acabada deshacerse en el agua y después me tiraba desnuda en la orilla al sol a descansar, porque me mataba con esas pajas laguneras.

Hasta que una tarde de esas, tirada en bolitas, con los ojos cerrados al sol, ni me di cuenta que habían venido dos pibes de unos 17 años.  Por lo que me dijeron otros pibes que me cojieron después, yo era lindo como una pendejita, tenía unas tetitas apenas puntuditas y los pezones marrones y bastante abultados y excitaban mucho.  No tenía pelitos en la pija ni en el cuerpo, siempre fui casi lampiñita, y tenía unos huevitos redondos preciosos y duritos.

De repente sentí que me agarraban de las tetitas y de las piernas, abrí los ojos y los vi a los dos pibes en bolas, con las pijas duras, y ahí nomás me metieron en la laguna entre los dos.  Sentí una mezcla de miedo y al mismo tiempo de gusto, yo había hasta soñado con estar desnuda con otro pibe y que él me pasara la pija dura por el cuerpo y yo tirarle mi acabadita encima, así que a pesar del susto no hice nada, ni protesté ni grité ni nada.  Me dejé llevar alzada al agua entre los dos.

Y ahí me “desvirgaron”.  Uno me agarró por atrás con los brazos por debajo de los míos apretándome las tetitas y el otro por adelante me puso la pija en la cara, dura y grande y supe que iba a tener lo que siempre deseaba, estar pegadita a un pibe pijudo, y eran dos en vez de uno, mejor todavía, aunque ni idea tenía de que mi colita era la destinada a recibir esas pijas esa misma tarde.

Los pibes eran del campo, buen lomo, y me gustó verlos desnudos y sentir contra mi cuerpo esas pijas reduras.  El que me agarraba desde atrás se sentó en el fondo de la laguna, me tenía agarrada encima de él, le sentía la pija dura en mis muslitos, y el otro me chupó las tetitas y después me CHUPÖ MI PIJITA, que ya se me había parado.

Y ahí perdí, con esa chupadita divina me dieron tantas ganas de que me apretaran, me la chuparan, me hicieran de todo, que me puse blandita, cerré los ojos y gocé el contacto con ellos y me entregué.  Creo que hasta murmuré “seguí!”

El de adelante me la chupaba y el otro me levantó, soy livianita, y me abrió las nalgas y sentí que la pija de él se me ponía entre los cachetes del culito.  Casi no hablaron, el de atrás dijo “ayudame a levantarlo que me lo cojo”, y ahí recién empecé a entender la cosa, querían metérmela por la cola.  Me asustó eso, era raro para mí, que nunca se me había ocurrido que una pija se podía meter en el agujerito trasero, el “marroncito”, pero aunque me traté de zafar, ya no tenía escapatoria.  Entre los dos me sujetaron fuerte y el de atrás me encontró el agujerito del culo y empezó a empujármela por ahí, el otro se me prendió de la boca con un chupón de ventosa que no me dejaba ni respirar, me metió toda la lengua dentro de la boca y no me dejaban ni moverme.  Yo claro, todavía no era Nadya, pero mi nombre de chico no lo voy a decir porque hace mucho que lo borré, ahora soy siempre Nadya, la Putita o como me quieran llamar.

Ellos me llamaban “pendejita” y me parecía raro, pero me hicieron sentir nena y me ENCANTÓ, que me llamaran NENA y PENDEJITA.

Así que la nueva “pendejita” sintió que le abrían la colita y le entraban pija, me redolió, ahí si grité como una marranita pero nadie me oía.  El pibe me ensartaba y me decía “dale, sos una putita linda, dejame que te coja, que te la clave”, y me la metió entera, le costó abrirme, yo tratando de gritar a pesar de que el de adelante me chuponeaba la boca, y luchando porque me partía el culito esa pija, era como fuego que me ardía, pero no pude evitarlo.  Sentí que me invadía, me llenaba como con una brasa ardiendo, me redolía la cola, era como que me metieran un palo, pero me la metió igual, aunque te aseguro que chillé como una cerdita, hasta que me apretó muchísimo y lo sentí que me movía fuerte hasta que al final me soltó, me había echado una acabada bien adentro y me dejó las tripitas ardiendo, y grité cuando me la sacó, porque duele más que cuando la entierran...

Yo estaba agotada por la lucha por no dejarme clavar, pero la cosa no había terminado, cambiaron lugares y el otro me la metió de una, yo ya tenía la colita abierta y untada con leche así que me la enterró más fácil y ya no me dolió tanto.

Después de ser cojida así, me dejaron metida en al agua, yo reponiéndome del esfuerzo y me pasaba la mano por la cola de la que me salía leche, porque realmente me la dejaron hecha mierda y llena de acabadas, y se fueron.  Había recibido la pastita lechuda del pibe, lo que yo había estado deseando lo había recibido, por fin.  No como yo había imaginado, me había hecho gritar de dolor, pero había conocido lo que era tener una pija adentro mío.  Nadya ya era nena, y me quedé ahí como dos horas pensando, recordando y esperando que se me pasara un poco el dolor del culito antes de vestirme y volver a la casa.  Me metí en el baño y todavía me salía acabada de la colita, la tenía ardiendo y me puse una crema para la cara que había en el baño y me fui a mi cama.  Esa noche ni fui a comer, diciendo que estaba muy cansada y me dolía el estómago, y por suerte me dejaron tranquila lamerme mi herida de guerra: la colita partida.  Pero había probado pija por primera vez, lo que tanto deseaba me había llegado, aunque no en la forma que yo me lo había imaginado.  Pero me había gustado, y el precio del dolor no me importaba, me gustaba...

Al otro día no sabía si ir de nuevo a la laguna, pensando que a lo mejor los pibes volvían, me excitaba la idea de que me hicieran lo mismo otra vez, pero al mismo tiempo tenía cagazo porque me habían hecho doler mucho.

Hasta que al final me decidí a ir, y esa decisión me hizo ser lo que soy ahora.

 

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