Sky is broken, apartamento de Scully
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



7:37 a.m.


-Oh! mierda- farfullaba Scully mientras intentaba quitarse la ropa empapada y
llena de barro. -No me lo puedo creer, de veras que no. Como vuelva a llamarme a
las tres de la mañana para ir en busca de sus marcianitos verdes... le cojo y
le estampo contra la pared.


Se fue quitando poco a poco la ropa, levantando su ceja cada vez que
encontraba más y más barro en lugares que hacia mucho tiempo que no llegaba
nadie. Eran las siete y media de la mañana de un frío sábado invernal y
estaba calada hasta los huesos. Una vez que estuvo desnuda se metió en la bañera
y empezó a ducharse con el agua tan caliente que su piel empezaba a
enrojecerse. Protestó de nuevo cuando encontró más barro en su pelo.


Ya sabía que no sería buena idea perseguir a una nave extraterrestre en
pleno invierno y a las cinco de la mañana, pero como Mulder se lo había
pedido, pues tenía que ir. No es que en realidad la molestase, en el fondo le
gustaba, pero aquel día estaba realmente cansada. Justo una hora antes de que
le llamase su querido compañero, había estado vomitando la cena, el estómago
seguía doliéndole a rabiar, y la pastilla parecía no querer hacer efecto
sobre ella. Sus buenos modales y las horas semanales de yoga no parecían
hacerle efecto en días malos como ese. Se exaltaba con todo, y la pagaba con
quien no debía.


Acabó de ducharse y se envolvió en su caliente albornoz. Fue a la cocina
para tomarse un zumo de naranja. Por la ventana ya entraban los primeros rayos
de luz. Había estado más de media hora bajo la ducha. Estaba realmente
cansada, así que después de lavar el vaso que acababa de utilizar, y acordarse
por milésima vez de Mulder, al pensar que él dejaría el vaso a merced de todo
bicho viviente.. se fue a la habitación.


-¡Dios! Ahora no tengo sueño- Se oyó decir a sí misma en cuanto vio la
cama. Entristecida, se acabó de quitar el albornoz y se puso una camiseta
ancha. Por unos minutos se agradeció a sí misma el haber rechazado la oferta
de su madre de irse a vivir con ella para que no se sintiera tan sola.. pues
entonces no podría estar así como estaba ahora. Con una camiseta. Solo eso.


A pesar de saber que no iba a pegar ojo en todo el día, se tumbó sobre la
cama y dejó caer sus párpados. Se sentía extraña. Bueno, no exactamente
extraña, más bien excitada. El estar corriendo toda la noche, el cansarse y
sentir la respiración agitada, no sólo la enfurecía como se podía apreciar,
sino que extrañamente la excitaba. Encima aquel día Mulder había prestado su
lado más caballeroso quitándose su cazadora de cuero y dándosela a ella para
que no cogiese frío. Aún recordaba su olor característico y su tacto...


Una de sus manos se introdujo discretamente bajo su camiseta, acariciando su
estómago, y deseando secretamente que fuesen las manos de Mulder las que le
acariciasen. Alargó la mano que le quedaba libre y abriendo un cajón de su
mesita de noche, sacó una foto de Mulder. Aún recordaba cuando él se la dio.
Un día estando en su casa, la vio tumbada en la estantería. Él le contó una
rara historia de su última borrachera y de una sesión de fotos... el caso es
que salía guapísimo, y él se la regaló.


Se quedó mirando la foto por más de un minuto, mientras se seguía
acariciando lenta pero habilidosamente por todo el cuerpo. Volvió a cerrar los
ojos y pensó en él. En cómo le gustaría acariciar todo su cuerpo, besar
aquellos labios hechos para el deseo y quedarse abrazada a él cuando hubiese
terminado de hacerle el amor... tres o cuatro veces. Sonrió ante tal
pensamiento.


Ya se habían acercado más en dos ocasiones.. la primera en el pasillo del
apartamento de Mulder, cuando ella fue trasladada a Salt Lake City. Sólo una
abeja la separó de lo que había deseado en mucho tiempo. Y la segunda en año
nuevo, no hacía mucho en realidad. Aún podía notar los carnosos labios de
Mulder sobre los suyos. No es que hubiese sido un gran beso, pero para ella había
significado mucho. Había sido dulce, un beso lleno de amor. Pudo ver el miedo
en los ojos de Mulder esperando la reacción que ella tendría, pero al ver la
sonrisa de tonta enamorada que no pudo evitar Scully, se tranquilizó.


-Ay !- Suspiró ella mientras seguía tocándose y pensando en él. Recorrió
con su mano la parte interior de sus muslos, mientras no dejaba de repetir
"..Mulder, Mulder, Muldeer..."..


Soltó el cuadro, y se llevó esa misma mano a la boca, se lamió los dedos y
los condujo lenta pero segura, a su sexo. Jugueteó con los dedos, introduciéndolos
y esparciendo sus líquidos por su vórtice del placer.


Ya se había acostumbrado a ese ritual. Después de una noche de "..cacería"..,
llegaba a casa, se daba una buena ducha, o un buen baño y se tumbaba en la cama
pensando en Mulder mientras se masturbaba...


- Muu..l..derrr...- Volvió a suspirar.


A veces pensaba en lo que haría su compañero. Si quizás él también se
masturbaba pensando en ella, o por el contrario, solo fantaseaba con las mujeres
de las películas que tiene guardadas en el cajón... En cómo sería si
estuviesen juntos, en la cama, sacando el máximo placer posible de sus
cuerpos... Y el hecho era que ese simple pensamiento la hacía ruborizar. A
veces también se imaginaba que él la espiaba a oscuras, como aquella vez,
escondido en las sombras de su habitación...


Su mano subió hasta sus pechos, acariciando sus pezones y mojándose los
labios con la punta de su lengua. Deseaba que fuesen las manos de Mulder y no
las suyas las que estuviesen haciendo aquello, pero por otra parte, no quería
arriesgar lo que tenían. Y un pensamiento no dejaba de repetirse en su cabeza.
"..¿Por qué debe ser todo tan complicado? ¿Por que no simplemente me puedo
acostar con él sin ningún compromiso?".. Sonrió. Las monjas de su escuela
dirían que ese era un pensamiento pecaminoso y carnal, predispuesto para los
hombres, y no para una señorita. Por una vez les dio la razón. Por más que
pensase en el sexo sin compromiso, sabía que sería ella la primera en querer a
tener a Mulder en su cama para siempre, y no por capricho de una noche.


Poco a poco la respiración de Scully fue más y más deprisa, al igual que
sus manos, moviéndose alocadamente por su sexo. Y en un momento ella estaba
acabando, mientras gritaba "..Mulder".. como una súplica. Le deseaba
tanto...


Scully se lamió los dedos, y con una sonrisa tonta en la cara se acercó a
la ventana para tomar un poco el aire. La abrió y sacó la cabeza por ella. La
lluvia que había cesado una hora antes, había empezado a caer con más fuerza.
Le daba igual. Era en esos momentos cuando se sentía realmente libre, cuando
dejaba su racionalidad, su escepticismo... dejaba volar su mente y se entregaba
por completo a ese cúmulo de sensaciones: después de tener un orgasmo, con
medio cuerpo fuera de la ventana, y la lluvia empapándola por completo.


Al cabo de un rato, volvió a la calidez de su cuarto. Se quitó la camiseta
mojada, se pasó una toalla por el pelo y se puso esta vez una camiseta de
tirantes. No había conseguido quitar todo la humedad del pelo, y algunas gotas
caían incesantes sobre sus hombros. La sensación de su ardiente cuerpo, con
las frías gotas... se reprochó a sí misma el estar excitándose de nuevo.


-Por Dios Scully, controla esas hormonas- ¿Scully? Rió. Ya ni siquiera ella
misma se llamaba Dana. Ahora le parecía mucho más cálido su apellido que su
propio nombre. Había cambiado tanto en ella aquel hombre... Y no se arrepentía
de nada. Se asombró de lo poderoso que puede llegar a ser el amor.


Al momento sacudió su cabeza. Necesitaba descansar. Volvió a su cómoda
cama, y tapándose un poco con la manta, durmió plácidamente todo el resto del
día. Soñando.


FIN



 

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