La guerra del diablo (IV)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Capitulo IV (Los fabricantes de sueños)


El presente: Tokio Japón:


-Señoritas hagan el favor de acompañarme.-dijo cortésmente una edecán de
la agencia de modelos Aldebarán a las chicas que se encontraban reunidas en
aquella sala de espera. Entre ellas estaba la Mina Aino, Sailor Venus, quien
como todas las presentes estaba ansiosa por tomar parte en la segunda fase de
aquel concurso que prometía llevarlas al estrellato. Todas siguieron a su guía
través del pasillo hasta un pequeño auditorio donde todas tomaron asiento. En
cuanto todas estuvieron en sus lugares hizo su entrada el señor Takechi Kayoe,
todas las chicas se quedaron sorprendidas al ver a ese hombre, alto y
extremadamente corpulento, tanto que a más de una le vino a la mente la imagen
de un luchador de Sumo. Su andar era lento y pesado. Sus brazos daban la impresión
de ser demasiado cortos para un cuerpo como el suyo, y su rostro parecía el de
un bebe regordete a causa de sus abultadas mejillas, y al total falta de cabello
en su cabeza.


Portaba un traje, hecho a la medida, de corte europeo en color gris y unos
zapatos impecablemente lustrados. Lentamente el hombre subió a una pequeña
tarima colocada sobre el escenario, todas las presentes jurarían que escucharon
el crujir de la madera, algunas incluso cerraron los ojos para no ver cuando
aquel gigante obeso cayera por tierra. Pero no ocurrió nada de eso. El hombre
se mantuvo incólume, moviendo lentamente la cabeza de un extremo a otro del
pequeño auditorio.


-Sean bienvenidas.-dijo con una voz tan grave y metálica que sorprendió a
todas chicas presentes.-Si están aquí significa que han sido elegidas para
participar en la segunda parte de nuestro concurso "..Soy una Estrella"...
Pero antes de empezar debo hacerles una advertencia.-el hombre hizo una pausa
dramática, gozando con la expectación que sus palabras provocaban.-A la
agencia de modelos Aldebarán no le interesan estrellitas que se
"..apaguen".. en unos meses. Nosotros queremos crear una gran estrella
cuyo resplandor se extienda por mucho tiempo. ¡Muchos años!.-las palabras del
hombre comenzaron a enardecer los deseos de gloria de fama de las presentes,
incluso Mina sintió que su sangre se calentaba en sus venas, mientras su corazón
latía cada vez con más fuerza. Al mismo tiempo la imagen de aquel empresario
cambio ante los ojos de las chicas, ahora veían en el a un genio, a un ser
superior que podía hacer sus sueños realidad. Sin embargo, cuando él continuo
su discurso sus palabras ya no fueron tan alentadoras.


-Es por eso que para esta segunda fase seremos mucho más
exigentes.-sentencio.-Observaremos a cada una de ustedes durante los siguientes
dos meses, calificaremos su rendimiento en los cursos que hemos diseñado y al
final escogeremos a una. ¡No habrá segundos lugares!. ¡Ni premios de
consolación! ¡Solo una de ustedes pisara el escenario!-todas las presentes
guardaron silencio mientras se miraban unas a otras. Algunas sentían deseos de
salir corriendo de aquel lugar, otras sentían un corriente de adrenalina corriéndoles
por todo el cuerpo y desafiantes levantaron la cara listas para "..entrar en
batalla"... Por su parte Mina reflexionaba profundamente. Recordando el
tiempo que estuvo junto a sus amigos del grupo Three Lights, como los vio
soportar largas horas de ensayos, repitiendo una o otra vez sus rutinas de canto
y baile hasta alcanzar la perfección, en ocasiones más allá de la madrugada.
Aquella experiencia la había hecho consiente de que la fama tenía un precio,
trabajo y sacrificios. La profunda voz del señor Takechi la saco de sus
pensamientos.


-Si alguna de ustedes no esta conforme puede retirarse en este momento. Las
demás anótense en el horario de su conveniencia para tomar los cursos de
selección. Les deseo suerte.-mientras el robusto empresario bajaba de la tarima
dos edecanes se apresuraron a colocarse a ambos lados de la plataforma.-¡Por
favor!.-dijo una de ellas sacando una libreta.-¡Las que quieran turno matutino
de este lado.!-


-¡Turno vespertino de este lado!-grito la otra chica. Naturalmente Mina
escogió el turno de la tarde, por el colegio, después de inscribirse la edecán
le entrego una boleta donde estaban anotados una dirección y el horario en el
que debía presentarse. Más tarde cuando volvió a casa fue directo a su cuarto
y recostándose sobre la cama se quedo pensativa hasta que la voz de Artemis la
sacó de sus reflexiones.


-¿Cómo te fue Mina?.-pregunto el gato blanco desde el piso. Mina se sentó
en la cama y lo miro profundamente.


-Bueno... creo que bien.-Dijo la chica rubia no muy convencida. Luego fijo su
atención en su amigo felino.-Artemis. ¿Puedo hacerte una pregunta?-


-Si. Claro.-


-¿Crees que tengo las cualidades para ser una estrella?.-el gato de la luna
miro desconcertado a su joven amiga.


-¿Porque me preguntas eso?.-


-Hoy en la agencia nos dijeron que la segunda fase será muy dura y que al
final solo habrá una elegida. ¿Qué pasara si esa no soy yo?.-el rostro de
Mina mostraba una gran preocupación y una profunda inseguridad. Artemis guardo
silencio un momento y luego habló.


-Si no eres tu... entonces es que no lo merecías.-Mina miro a su gato con
asombro, no era esa la respuesta que esperaba. Furiosa tomo al gato por los
sobacos y lo levanto para colocarlo frente a su cara.


-¡¿Qué quieres decir con eso?!.-Una gruesa gota de sudor apareció en la
cabeza del gato. Pero tras un momento de vacilación mantuvo su postura.


-¡Quiero decir que ese premio debe ser para una persona que este dispuesta a
ganarlo! ¡De una persona que no se deje vencer por el miedo!...-Artemis hizo
una pausa, dejando que sus palabras penetraran en la mente de su amiga.-Mina, yo
creó que tu puedes ganar ese concurso. Pero lo importante es que hagas tu mejor
esfuerzo y no pierdas la fe en ti misma.-


-¿Y si no logro ganar?.-insistió Mina.


-Entonces tendré que renunciar a mi sueño de convertirme en una famosa
mascota del jet set que hace comerciales de comida enlatada-Ambos se miraron por
un momento antes de que una sonrisa iluminara el rostro de Mina. La chica atrajo
hacia su regazo a su fiel amigo y lo abrazo con ternura.


-Gracias Artemis.-


Al día siguiente, después de clases, Mina se presento en la dirección que
le habían dado. El lugar era un estudio de danza y canto alquilado por la
agencia. Al entrar, ya vestida con un leotardo como indicaba la nota, Mina se
dio cuenta de que solo unas cuantas habían acudido a la cita. Ahora eran solo
10 chicas las que esperaban. Todas realizaban alguna rutina de ejercicios leves
para estar listas antes de la lección. Mina decidió hacer lo mismo y comenzó
a realizar una breve rutina de calistenia. Al cabo de unos minutos la puerta del
estudio se abrió y por ella entro el voluminoso señor Takechi, seguido por una
figura totalmente contrastante. Se trataba de una mujer de edad incierta, aunque
no debía tener más de 30 años, cuyo cuerpo esbelto y firme era sin duda el de
una bailarina profesional. Sus largas piernas estaba perfectamente torneadas lo
mismo que sus brazos, su pecho era casi plano dándole un curioso aspecto andrógino.
Pero lo que más llamo la atención de las presente fue el color de su piel,
oscura como el ébano, que resaltaba debido al color blanco de su leotardo. Sus
rasgos era algo toscos, con una nariz un tanto achatada, frente muy amplia,
labios gruesos y una mandíbula un poco salida, que de perfil le daba el aspecto
de un pez. Mismo que se veía resaltado por el hecho de traer el cabello sujeto
detrás de la cabeza.


En contraste sus ojos eran grandes y de un verde intenso, cuyo brillo era
capas de fascinar a cualquiera. Ambos personajes se detuvieron frente al grupo y
esperaron a que las chicas se reunieran.-Señoritas.-dijo el empresario con su
voz metálica.-Les presento a su instructora. La Señorita Evelyn Marsh.- la
aludida hizo una cortes reverencia que fue correspondida por las presentes.-La
señorita Marsh es una instructora americana de alto nivel y ha sido contratada
por la agencia para esta fase del concurso.-dijo Takechi al tiempo que emprendía
la retirada.-Las dejo en sus manos señorita Marsh.-


Al quedarse a solas la mujer recorrió con la mirada a las chicas y sin preámbulos
les dio la espalda adoptando una pose de baile.-¡Atención!.-le dijo con toda
firmeza.-Quiero que observen cuidadosamente la coreografía que voy a
ejecutar.-una extraña música se dejo escuchar en el estudio, era algo que
ninguna de las presentes había oído jamás, era algo así como un sonido
salvaje, una tonada arcaica que los hombres habían olvidado. Mientras la música
sonaba la señorita Marsh ejecutaba un baile sin igual, moviendo su cuerpo con
una cadencia extraordinaria que enardecía los sentidos. Derrochando sensualidad
en cada paso, en cada salto y cabriola que ejecutaba. Todas las miradas quedaron
fijas en ella, ninguna quería perder de vista un solo detalle, hechizadas por
la fuerza de esa mujer de piel oscura.


Cuando termino las chicas no pudieron dejar de aplaudirle con entusiasmo.
Ella solo les dedico una leve sonrisa de agradecimiento.-Su turno.-dijo señalando
la duela.-Hagan su mejor esfuerzo.-la música empezó de nuevo y las chicas
intentaron reproducir la danza de su instructora, pero ninguna lo logro, todas
lucían torpes y vanas, sosas y sin sentido del baile. Al terminar la señorita
Marsh las miro con evidente decepción.


-¡Otra vez desde el principio!.-ordenó asumiendo su pose de baile.-¡3,4,5!.-los
minutos se fueron acumulando hasta volverse horas. Finalmente, cerca de las 7pm,
la instructora detuvo la música. Sus alumnas estaba bañadas en sudor, los
leotardos se pegaban a sus cuerpo de manera total dejando ver las juveniles
formas de sus cuerpos. Algunas incluso cruzaban los brazos sobre el pecho para
ocultar sus pezones erectos por la tensión. Todas respiraban por la boca y sentían
las piernas temblorosas. Evelyn Marsh las miro severamente y sin la menor
condescendencia ordeno de nuevo.


-¡Desde el principio!.-todas las chicas se sintieron desmayar, estaban
cansadas y hambrientas, además tenían escuela al día siguiente. De modo que
las protestas no se hicieron esperar.-Es suficiente.-dijo una de ellas.


-Si. Por favor ya basta.-dijo otra que se derrumbo sobre el piso del estudio.


-Por favor.-la instructora observo molesta aquel acto de rebeldía. Mientras
tanto, Mina permaneció en silencio, no estaba en mejores condiciones que sus
compañeras pero su carácter valiente y decidido la mantenían firme.
Finalmente la mujer americana se encogió de hombros y señalando la puerta dijo
secamente.


-Pueden irse.-todas comenzaron a abandonar el salón de clase seguidas por la
dura mirada de esos ojos verdes. Pero hubo una que permaneció en su lugar.-¿Qué
esperas para irte?.-dijo la instructora a la chica de larga cabellera rubia que
permanecía con ella en el estudio. Por toda respuesta la chica adopto la pose
inicial de la danza y esperó. Evelyn se le acercó observando su pose. Mirando
como las piernas le temblaban y el sudor le corría por el rostro. Al llegar
frente a ella se cruzó de brazos y le dijo casi con burla.


-¿Acaso tratas de impresionarme chica?.-


-No.-respondió con voz temblorosa, semi-ahogada por la fatiga.-Toda mi vida
he soñado con ser una estrella... Por eso estoy dispuesta a hacer cualquier
sacrificio que sea necesario para lograrlo...-la instructora miro con más
atención a la chica rubia y relajando un poco el tono de su voz le hablo de
nuevo.


-¿Cuál es tu nombre?.-


-Mina... Mina Aino.-


-De acuerdo señorita Aino.-dijo Evelyn colocándose delante de Mina y
adoptando la pose inicial.-¡Desde el principio!.-Por casi una hora más la
princesa de Venus ejecuto aquel baile, o mejor dicho lo intento, ya que nunca
logro dominar ni el paso más sencillo. Aún así se sintió satisfecha con ella
misma. Al terminar Evelyn la miro fijamente, acaso admirando su porfía, pero no
hizo ningún comentario.-Termino la clase.-fue todo lo que dijo antes de
marcharse. Mina permaneció un momento más en el salón, recobrando el aliento,
antes de salir detrás de ella. Como era de esperarse las demás chicas se habían
marchado y Mina se encontró sola en los vestidores. El lugar le pareció
curiosamente frío, pero pensó que se debía a su ropa impregnada de sudor. Con
cierta prisa se despojo del leotardo y tomando una toalla se dispuso a tomar un
baño. El cuerpo empezaba a dolerle y su andar se hizo un poco lento. Los baños
del estudio estaban divididos en pequeños cubículos, uno por regadera,
provistos de unas semitransparentes cortinas plásticas. Mina tomo uno y comenzó
a asearse, disfrutando el calor del agua sobre su cuerpo.


El lugar estaba solo y únicamente el sonido del agua rompía el silencio.
Sin embargo, otro sonido empezó a escucharse, una especie de canto, suave y
pausado, que se deslizaba por encima del ruido de la regadera. Mina no lo noto,
su mente estaba demasiado ocupada pensando en su futuro y su sueño.


Pero al cabo de unos instantes sintió un cosquilleo corriéndole por la
espalda, era algo muy agradable. De pronto se dio cuenta de que sus pechos se
ponían duros bajo el roce del agua caliente, produciéndole agradables
sensaciones cada vez que pasaba el estropajo por encima de su piel.


-Que raro.- pensó. Mientras sus manos seguían tocando tímidamente sus
preciosas esferas que de pronto le perecían curiosamente extrañas. Era como si
mirara su cuerpo por primera vez, como si toda su belleza se desbordara ante sus
propios ojos.-En verdad son hermosos.- se dijo a si misma mientras acariciaba
los erectos pezones con la yema de su dedo.- Tan grandes y firmes... creó que
son más grandes que los de Lita ó los de Serena...- sus manos estrujaban
suavemente esos pechos duros que le enviaban extrañas y desconocidas
sensaciones que la hacían temblar.


-¡¿PERO QUE ESTOY HACIENDO?!- se grito de pronto a si misma apartando las
manos de su cuerpo. Por un momento se sintió desconcertada y al mismo tiempo
furiosa por su imprudente comportamiento. Nerviosamente continuo con su baño,
tenía que llegar lo antes posible a su casa para hacer sus deberes y descansar
para el día siguiente. Mas cuando comenzó a tallarse las piernas sintió
nuevamente una extraña sensación, algo así como una comezón que crecía en
su entrepierna cuando su mano con el estropajo pasaba por la parte interna de
sus muslos. Mina se sintió perturbada y temerosa de aquellas emociones que la
asaltaban de repente, pero sacudiendo la cabeza se negó a sucumbir ante ellas y
continuo su limpieza. Pero lo hizo lentamente, casi con miedo, siguió tallando
sus muslos. Eran tersos y de piel sedosa, pero al mismo tiempo fuertes y bien
trabajados, por fin Mina, dudando, llego inevitablemente al sitio secreto entre
sus piernas.


-¡Tonterías!.- se dijo a si misma mientras tallaba con fuerza esa parte de
su cuerpo, era como si desafiara a alguna cosa dentro de ella que amenazaba con
liberarse, el resultado fue peor de lo que hubiera esperado. Su vulva se cimbro
al contacto áspero del estropajo, provocándole una extraña irritación que lo
hizo tallar más fuerte, así sin darse cuenta cayo en un círculo vicioso,
entre las tallaba más ardor y entre más ardor más tallaba. Con sorpresa Mina
noto que sus pezones se endurecían más y más a cada roce del estropajo,
provocándole una dolorosa sensación que se transformaba rápidamente en
excitación. Sin poderlo evitar dejo que sus manos se posaran de nuevo en sus
pechos acariciando su propia carne, deseando obtener todo el placer que es
cuerpo pudiera darle. Entonces dejo que una de sus manos bajara por su vientre y
llegara hasta su vulva húmeda, mientras la otra mano acaricia alternativamente
uno y otro seno, pellizcándolos suavemente mientras sus dedos entran y exploran
su vulva.


Sus dedos penetraron entre los delicados labios de su flor íntima y pronto
hallaron el delicado botón, que se torno duro y palpitante bajo el contacto de
las yemas de sus dedos. Incapaz de soportarlo Mina se dejo caer de rodillas en
el frío piso del baño, pero ni ese contacto helado pudo enfriar la pasión que
había despertado en su cuerpo, muy al contrario la gélida caricia del azulejo
sobre sus pechos hinchados le resulto deliciosa, ansiosa doblo las rodillas para
que su grupa se levantara al máximo a fin de que su mano siguiera excavando sin
control en sus entrañas.


-¡Aaaaaahhhhh!.... ¡Aaaaahhhhhh!...- gemía sintiendo la cercanía de un clímax
mayor a cualquiera que hubiera sentido nunca. Mina sentía estar en medio de un
torbellino, el mundo giraba a su alrededor y todo se volvía negro para luego
estallar en un sin fin de extrañas luces. -¡Huuummmmm!... ¡Huuuummmmm!...-la
princesa de Venus tuvo que tapar su propia boca para su grito de placer no
resonara por todo el estudio. Así quedo derrumbada por varios minutos,
estremeciéndose bajo la fuerza del orgasmo que la había sacudido. Solo
entonces, por un momento, creyó escuchar el suave canto de una voz dulce y onírica
que se iba acallando poco a poco.


-¿Hay alguien ahí?.-pregunto al tiempo que se incorporaba y cubría su
cuerpo con una toalla. Cautelosamente Mina salió fuera de su apartado y miro
atentamente a su alrededor. Pero no había nadie más en aquel lugar.
Apresuradamente salió de ahí y, tras vestirse a toda prisa, abandono el
estudio. No alcanzaba a comprender que era lo que le había pasado. Mientras
tanto, desde una ventana colocada en la parte alta del edificio, unos ojos
verdes seguían los pasos de la chica hasta que se perdió en la noche.


-Será perfecta.-dijo sin mirar al hombre que permanecía inmóvil detrás de
ella.


-Una gran estrella.-dijo al fin una voz grave y metálica.


 ..


Ciudad Gótica.


 ..


El "..Hotel Imperial".. era uno de los más prestigiados, no solo de
Ciudad Gótica, sino de todo el país. Sus grandes y lujosas habitaciones habían
alojado a toda clase de personajes, desde reyes y príncipes hasta importantes
políticos y hombres de negocios. Quizá esa era la razón por la cual Leo
Ruffin se sentía incomodo, sentado como un idiota en el vestíbulo, mientras
esperaba que su "..socia".. le permitiera ascender hasta su costosa suite.
Por fin uno de los figurines que se movían detrás de recibidor le hizo señas
de que acercara.


-La señorita Kouyo lo recibirá.-fue todo lo que le dijo mientras hacia
sonar una diminuta campaña. Tras esperar un momento un chico vestido de botones
se acerco a la recepción.


-Ordene usted señor.-dijo marcialmente.


-Acompañe al caballero a la suite 350.-dijo el encargado. El chico hizo una
indicación a Ruffin y este le siguió hasta uno de los ascensores. Luego,
mientras subían, el ejecutivo hecho una mirada a su acompañante. Era el típico
botones, de unos 18 años, alto y atlético, acaso jugador de alguna cosa en su
escuela. De cabello rubio y ojos azules. Seguramente más de uno de los huéspedes
le daría una propina por "..servicios al cuarto".., ese pensamiento le
hizo reír. Al llegar al piso indicado el botones lo condujo hasta la puerta de
la suite y toco a la puerta.


De inmediato una camarera le abrió y haciéndose a un lado permitió el paso
de Ruffin. El cual lanzo un leve silbido al ver el lujo de aquella habitación,
adornada con finas estatuas de marfil y cuadros auténticos dignos de una galería
de arte. Pero lo que más lo impacto fue la visión de la bella ejecutiva Akiko
Kouyo, desnuda y recostada sobre una cómoda camilla mientras una chica de
rasgos hindúes le daba un masaje. Akiko se incorporo un poco, dejando que sus
grandes pechos, blancos como leche, fueran vistos por los ojos lúbricos del
hombre occidental. Este sonrió complacido, interpretando aquello como un
coqueteo hacia su persona. Sin embargo, el tono en la voz de la ejecutiva no era
tan cordial como él esperaba.-¿Qué se le ofrece señor Ruffin?.-dijo fríamente
mientras se incorporaba. La chica hindú se apresuro a darle una bata para
cubrir su desnudes. Akiko la acepto pero no la cerro tanto que el valle entre
sus senos no quedara a la vista.


-¿Creí que teníamos una cita?.-dijo el empresario embelesado por la
belleza de su "..socia"...


-Y yo creí que teníamos un trato.-respondió la mujer tomando asiento en un
acolchonado sillón. Ruffin comenzó a sudar. Sabía lo que venía.


-No he recibido ninguna confirmación de compra por parte de las empresas
Wayne. ¿Dónde esta esa influencia que dijo tener en su directiva "..señor
Ruffin?.-la voz de Akiko había adquirido un tono por demás áspero y hostil.


-Bueno..-dijo Ruffin nerviosamente.-Tu sabes... hay que convencer a los
viejos... Pero Wayne esta muy interesado.-Akiko miro con dureza a Leo, con un
brillo de rabia contenida que lo hizo temblar.


-Buenas tardes señor Ruffin.-dijo señalando la puerta de la habitación.


-Pero linda....-tartamudeo el ejecutivo antes de que ella lo fulminara con la
mirada.-Te llamo después.-dijo antes de salir huyendo de la habitación.


-Es un estúpido.-comento una suave voz apenas la puerta se hubo cerrado.
Akiko miro a la dueña de la voz mientras esta, despojándose de su propia bata,
ocupaba su lugar en la cómoda camilla de masaje. Se trataba de una chica de 17
años, también japonesa, de larga y sedosa cabellera plateada. Su cuerpo lucía
exquisitamente tentador, pese a no tener "..los encantos maduros".. de
Akiko, sus ojos grises miraban fijamente a su anfitriona mientras esta caminaba
hacia ella.


.-Lo se.- dijo Akiko mientras contemplaba la núbil belleza de Yoshira Daimon.-
Me divierte hacerlo creer que tiene entre manos la oportunidad de su vida.- la
ejecutiva colocó sus manos temblorosas sobre la delicada piel, casi infantil,
de su invitada.. cuyo aroma y calor la hacían estremecer.


-Pues será mejor que dejes de divertirte.-dijo la chica en forma casi
amenazante.-Mi padre espera resultados lo antes posible.-


-¿Por eso estas aquí?... ¿para vigilarme?-interrogo la ejecutiva retirando
sus manos de Yoshira. Esta la miro sonriente.


-No.-contesto.-Mi padre me mando a hacer contacto con un viejo amigo suyo.
Mientras él hace una nueva alianza.- Akiko miro a la joven intrigada. ¿Qué
clase de alianza era esa? Y ¿por qué mandar a una... niña a hacer ese
trabajo?.-¿Puedo ayudarte en algo?.-dijo deseosa de obtener alguna información.-Ni
pensarlo.-respondió la chica rubia.-Tu ocúpate de cerrar este negocio. Yo de
los asuntos de mi padre.-. En ese momento alguien llamo de nuevo a la puerta.


-¿Quién podrá ser?.-dijo Akiko molesta por la nueva interrupción.


-Me tome la libertad de ordenar un "..servicio especial".. para
nosotras.-contesto Yoshira sonriendo como una niña en una dulcería.


-Nunca cambiaras.-dijo Akiko moviendo la cabeza de lado a lado en señal de
desaprobación.-¡Adelante!.-grito ante la insistencia del llamado. Cuando la
puerta se abrió ambas vieron aparecer a un joven botones, el mismo que había
llevado a Leo, quien las miro interesado. Ambas féminas lo examinaron de pies a
cabeza. Era joven y atlético, rubio y tez blanca, un perfecto ejemplar del
chico americano. Por su parte el botones admiraba la belleza oriental de
aquellas huéspedes, Akiko era una amazona espléndida con sus grandes pechos,
firmes y desafiantes, con su caderas generosas y sus piernas largas y fuertes,
su rostro era muy hermoso con facciones delicadas y muy femeninas. Su larga
cabellera dorada, libre en ese momento, le daba un aspecto salvajemente
excitante. Yoshira por su parte poseía un cuerpo esbelto y grácil, propio de
una chica de edad, pero no por eso menos deseable que el de su compañera.. sus
pechos eran medianos y firmes, su cintura era tan estrecha como la de una
avispa, sus caderas eran breves y sus nalgas y piernas bien torneadas. Sus
rasgos eran delicados, como los de una muñeca de porcelana, y cargados de una
malicia que la asemejaban a una ninfa de los bosques orientales.


-¿Cómo te llamas chico?-interrogo Akiko con desdén.


-Jerry.-respondió el botones.-Y estoy aquí para servirlas.-mientras hablaba
el chico acaricio el bulto entre sus piernas, dejando que "..las señoras"..
advirtieran sus dotes. Ellas se miraron entre si y dieron su aprobación riendo
alegremente. Akiko despidió a la masajista y al quedarse solas con el joven
Jerry ambas se le acercaron como gatas en celo. Por un momento el chico miro con
desconfianza a Yoshira, era demasiado joven, pero al final se encogió de
hombros y decidió aprovechar la oportunidad.


Ansiosamente las dos mujeres desabotonaron el traje de Jerry dejándolo
desnudo en cosa de unos instantes. Akiko fue la primera en tomar en su mano el
grueso y duro instrumento del joven botones, sus dedos acariciaron la cálida
piel comprobando la veracidad de los alardes varoniles, al tiempo que una
exclamación entusiasta brotaba de sus labios rojos.


-En verdad estas bien dotado Jerry.-dijo Akiko mientras su mano meneaba la
verga semi flácida, que rápidamente respondió a sus demandas aumentando de
tamaño y grosor. Mientras tanto las manos del botones no permanecían quietas y
se paseaban libremente por las carnosas nalgas de su cliente, lo mismo que sus
tersos muslos y sus erguidos pechos de areolas rozadas. Ardiendo de deseo Akiko
se despojo de su bata quedando completamente desnuda ante su mercenario amante,
quien se sintió dichoso de haber sido el elegido para tomar a esa diosa
oriental. La empresaria se arrodillo ante el joven americano y dejo que sus
labios besaran la roja cabeza del falo, para luego acariciarlo en toda su
extensión con su lengua húmeda y caliente.


Lentamente Jerry se dejo caer sobre la gruesa alfombra y ahí busco
acomodarse al reverso de su amante, de modo que su cabeza quedo hundida entre
los muslos de alabastro de Akiko, donde sin perdida de tiempo ataco la húmeda
fuente de venus. Yoshira contemplaba la escena sin perder detalle, admirando
como la gruesa verga del chico americano desaparecía entre de la boca de su
amiga, y como Jerry hundía su lengua entre los carnosos labios de la vulva para
sorber los jugos de Akiko. Al fin los amantes se separaron por un momento, lo
necesario para que el joven botones se acomodara entre las piernas de la
empresaria japonesa y colocara su erecta virilidad frente a la entrada de
aquella gruta que lo esperaba ardiendo en deseos. Con un solo empuje Jerry
penetro hasta el fondo, sintiendo como los pliegues del coño le aprisionaban
como una trampa de fuego. Por su parte Akiko, al sentirse llena por la magnifica
barra del joven, haciendo un alarde de agilidad levanto las piernas y las colocó
sobre los hombros de Jerry, permitiendo así que su amante mercenario llegara
hasta lo más hondo dentro de su cuerpo.


-¡Aaaggggg!.-gimió Akiko cuando el chico empezó a moverse, sacando y
hundiendo su verga cada vez con más fuerza.-¡¿Te gusta follarme pequeño
hombrecito?!... ¡Anda chulo barato dame más verga!... ¡Gánate tu paga
aprendiz de gigoló!...-Jerry respondía a cada palabra de Akiko con una briosa
embestida de cadera, conocía bien su oficio de amante de alquiler, concentrándose
en disfrutar las convulsiones internas de la mujer, mamando como loco los
grandes pechos, hasta que esta estallo en una inundación de licor femenino,
cosa que lo motivo para dejarse ir a fondo y lanzar su propio chorro de semen


-¡Me corrooooo!.-gritaron al unísono antes de quedar inmóviles sobre la
alfombra persa. Al cabo de un momento Akiko se recobro del orgasmo y mirando al
joven americano le dijo dulcemente.-En verdad eres bueno Jerry.-el joven se
recostó a su lado admiro la belleza de aquella mujer. Pero una voz lo saco de
su embeleso.-Si... si... muy bueno.... pero espero que no hayas olvidado que
somos dos, amigo.- Jerry levanto la cara y miro a la joven Yoshira quien había
tomado asiento en uno de los sillones para contemplar su faena amorosa. La joven
se levanto y con pasos cadenciosos se acerco a los amantes. Sin decir nada la
chiquilla se acomodo entre las piernas de Akiko, cuyos muslos se abrieron de
inmediato para dejarla pasar, y hundió su rostro de porcelana entre los vellos
rubios de la vulva.. procediendo a lamer y juguetear con el erguido clítoris de
la empresaria. La cual reaccionó lanzando un profundo gemido, al tiempo que sus
manos se cerraban sobre sus propios pechos para oprimirlos con fuerza.


Pese a su larga experiencia en ligues de hotel Jerry quedo sorprendido viendo
a esa fierecilla de cabellos plateados abrir los abultados labios de la vulva
para devorar la exótica mezcla de sus jugos y los de la mujer. -¡Aaaahhhhh!...-gemía
la ejecutiva sin dejar se acariciar sus senos, al tiempo que abría las piernas
al máximo.-¡Oooooohhhh!... ¡Yoshira!... ¡pequeño demonio!... ¡Dame más!....-sin
embargo la chica tenía otra idea y abandonado su labor se dirigió al chico
rubio.


-¡¿Qué esperas chulito barato?!. ¡A trabajar!.-hasta ese momento Jerry se
percato de la brutal erección que tenía entre las piernas, y colocándose de
nuevo entre esas columnas de carne volvió a hundir su lanza amorosa en aquellas
entrañas calientes como las llamas del infierno. Mientras Yoshira se incorporo
un momento para luego sentarse a horcajadas sobre el rostro de Akiko, la cual no
dudo en recibirla con la lengua de fuera, ansiosa por lamer, acariciar y hurgar
en aquella vulva cubierta apenas por una suave mata de vellos de plata.


Con la agilidad de una bailarina de balett Yoshira abrió totalmente las
piernas y comenzó a mover sus caderas juveniles sobre le rostro de Akiko, quien
ataco con furia mordiendo la carne de los muslos, besando y lamiendo el húmedo
coño adolescente, como si su lengua fuera un pequeño falo.


Así, mientras Jerry embestía el coño de Akiko, esta hacia lo propio con el
de Yoshira. Quien no dejaba de dar muestras de gusto por la maestría que su
anfitriona tenía en las artes lesbicas.-¡Oh querida!.-jadeaba.-¡Méteme más
la lengua!... ¡Follame con la lengua!... ¡Oooohhh!... ¡Aaaaggggg!.-De pronto
el joven botones miro como un abundante hilo de líquidos transparentes escurrían
de la vulva de la chica para ir a dar a la hambrienta boca de la ejecutiva, que
los devoro como una fiera embravecida. Aquel espectáculo lo hizo sentir que
estaba a punto de correrse de nuevo pero la chica lo detuvo con una orden enérgica.


-¡DETENTE!...¡No te corras aún!.-el joven detuvo sus embestidas y respiro
profundamente, tratando de controlar las sensaciones que su verga recibía
dentro de la vulva de Akiko. Desconcertado, espero a descubrir que se proponía
ahora esa ninfa plateada, cuyos ojos grises lo miraban fijamente llenándolo de
una rara sensación de... miedo. Entonces, lentamente, la chica comenzó a
tenderse sobre el cuerpo de su compañera, dejando que sus nalgas frotaran los
erguidos pechos de Akiko para luego bajar por su firme abdomen hasta quedar
totalmente recostada sobre ella. Entonces levanto las piernas y ofreció su
vulva a la vista de Jerry que la miraba hechizado.


-Es mi turno.-dijo fríamente.-Y no te preocupes... no soy ninguna
virgen.-Alentado por esas palabras Jerry saco su falo del coño de Akiko y lo
enfilo hacia la gruta de Yoshira. Con firmeza se apoyo en las caderas de la
chica y empujo con fuerza.


-¡Aaaaahhhhhh!...-gimió el botones al sentir el calor y la suavidad de
aquella vulva. Pero también sintió como los pliegues se cerraban en torno a su
verga, oprimiéndola como una boca sin dientes hasta hacerlo sentir dolor..
instintivamente quiso sacar su miembro. Pero entonces Yoshira y Akiko, en
perfecta sincronía, lo sujetaron con sus piernas y brazos. Jerry sentía como
cuatro manos le clavaban las uñas en la espalda, como dos pares de piernas lo
tenían bien sujeto de las caderas, mientras su falo era consumido por ese extraño
calor que lo atormentaba. Además se dio cuenta de que las caderas de Yoshira se
movían hacia atrás y hacia adelante, al tiempo que los músculos de su vulva
soltaban ó jalaban su miembro. Era como su esa chiquilla lo estuviera
devorando, por un momento tuvo miedo de que su verga fuera arrancada por aquella
maquina en que ambas mujeres se habían convertido, pero al mismo tiempo algo
estallaba dentro de su cerebro cada vez que su carne era succionada de esa
manera cruel y despiadada.


-¿Te gusta chulito?.-decía una voz que no podía identificar.-¿Te gusta
como te follamos?... Anda.... a eso viniste ¿no?... ¡A follar!.-incapaz de
hacer otra cosa Jerry comenzó a moverse tanto como se lo permitían sus
opresoras. Sus manos acariciaban los cuerpos de ambas, pero su boca solo podía
morder los pechos de la joven Yoshira. Finalmente el chico no pudo soportar más
y dando un alarido comenzó a correrse dentro de la joven japonesa.


-¡Aaaaahhhhhhhhhh!.-por un momento todo quedo en silencio. El cuerpo de
Jerry se convulsionaba sobre ambas mujeres. Cuando al fin lo soltaron el chico
cayo pesadamente a un lado de sus clientas. Yoshira seguía recostada sobre el
cuerpo de Akiko, sin que esta diera muestras de cansancio.


-Acabaste con él.-dijo la empresaria mirando al joven inmóvil sobre la
alfombra.


-No es mi culpa que sea solo un fanfarrón.-contesto la chica del cabello
plateado mientras se bajaba de la humanidad de Akiko.-Además no hemos
terminado.-Yoshira estaba a punto de tomar en sus manos el miembro flácido de
Jerry pero Akiko la detuvo.


-¡Es suficiente!.-la ninfa se volvió furiosa hacia la ejecutiva.


-¿Con qué derecho me das ordenes Akiko?.-dijo retadora. La ejecutiva tembló
por un momento pero luego respondió con firmeza.


-Recuerda que yo debo quedarme algún tiempo más. No quiero distraerme
ocultando una de tus "..travesuras"... Yoshira la miro profundamente
mientras se apartaba del chico americano. Al fin una sonrisa maliciosa le
ilumino el rostro.


-De acuerdo.-suspiro.- Déjalo que se largue.-la chica camino hasta Akiko y
con un rápido movimiento atrapo en su mano uno de sus grandes pechos, para
oprimirlo con fuerza, la mujer ahogó un grito de dolor.. mientras la chica la
miraba amenazante.-Pero yo aún no estoy satisfecha. Así que te espero en la
recamara. Veremos quien da las ordenes aquí.-la joven soltó el seno de su
anfitriona y con pasos lentos desapareció en el interior del cuarto. Akiko la
miro y luego, tras ponerse la bata, fue hacia el pequeño bar de la suite donde
sirvió un vaso de vino. Los gemidos de Jerry le indicaron que el chico estaba
recuperándose de su desmayo. Sin prisa la ejecutiva fue hasta un sillón, donde
estaba su bolso, y saco algunos billetes de doscientos dólares. Cuando Jerry se
levanto Akiko le extendió el dinero y le ordeno con toda indiferencia.


-Márchate. Te llamare si te necesito.-el botones estaba adolorido y
desconcertado. Pero conociendo lo volubles que podían ser sus clientes tomo el
dinero y se vistió tan rápido como pudo para marcharse. Cuando salió, Akiko
termino su trago y emprendió el camino hacia la recamara.-Oh Jerry.-pensó al
llegar frente a la puerta.-Cuando me vaya vas a pagar por esto.-Al entrar
descubrió que Yoshira había deshecho un gancho de ropa, para formar con el una
delgada vara misma que golpeaba rítmicamente contra la palma de su mano.


-Adelante querida.-dijo la joven relamiéndose los labios.-Adelante.-la
puerta se cerro detrás de la ejecutiva.


 ..


Mientras tanto, en la mansión Wayne, el fiel Alfred bajaba los escalones que
lo conducían hasta el lugar que muchos llamaban la Baticueva: En sus manos
llevaba una charola con varios platillos en espera de que su patrón, Bruce
Wayne, tuviera lago de apetito. En verdad le preocupaban las heridas que su
amigo había sacado por entrar al "..Templo del Lobo".., así como la
identidad de sus atacantes. ¿Quién o que podían haber desgarrado un forro
anti balas usando solo las manos?. Al llegar a su destino el viejo mayordomo vio
a su señor ocupado en revisar aquellos viejos manuscritos, la única cosa que
pudo sacar de aquella tienda de magia.


-¿Leyendo algo interesante?.-dijo Alfred mientras colocaba los alimentos
sobre una de las mesas de trabajo.


-A decir verdad es algo extraño.-respondió Batman sin volver la cara.-Según
estos documentos, la estatua que el nieto de Legrassi le vendió a Donnan fue
confiscada en Nueva Orleáns a un secta muy extraña, temida por sus ritos
extremadamente sangrientos, pero que no estaba realmente relacionada con el Vudú.
Sino con un culto mucho más antiguo... tal vez más viejo que el hombre.


-Pero señor. ¿Acaso eso es posible?.-dijo el viejo mayordomo con
incredulidad.


-No lo se.-dijo Batman mientras cotejaba lo que acababa de leer el manuscrito
de Legrassi con el otro titulado "..El culto a Cthulhu"...-Según he
averiguado el profesor Anguell era un académico experto en epigrafía, serio y
respetado por la comunidad científica de su época. Con notables trabajos que aún
hoy son reconocidos por la Sociedad Americana de Arqueología. No es extraño
que sus herederos no quisieran que este, su último trabajo, saliera ala luz pública.
Parece tan... extravagante, casi como un delirio senil. Y, sin embargo....-


-¿Sin embargo qué señor?.- interrogo Alferd interesado en el curioso
debate intelectual de su patrón.


-Su investigación esta totalmente fundamentada.-comento Batman.-Cada hecho
fue cuidadosamente estudiado y analizado. Además la existencia de la estatua
confirma al menos una parte de su historia.-El hombre murciélago se levanto
trabajosamente, sus costillas le dolían a causa de la batalla, y caminando
hasta la computadora marco un número clave para hacer una llamada.


-Aquí Oráculo.-fue la respuesta inmediata.


-Necesito que averigües todo lo relacionado con el Profesor George Gammell
Anguell de la universidad Brown, durante la década de los 20s.-Mientras hablaba
el detective insertó una hoja de papel en su maquina de fax y procedió a
enviarlo a su interlocutora.-También quiero que revises los archivos de los
científicos de esta lista. Busca cualquier vinculo con las investigaciones de
Anguell o con el nombre Cthulhu.-


-¿Algo más señor?.-dijo sarcástica Bárbara Gordón al otro lado de la línea.


-Eso es todo. Comunícate en cuanto puedas.-contesto lacónico el hombre
murciélago dando por terminada la comunicación. Alferd lo vio caminar hacia él
y servicialmente levanto la tapa de la charola para ofrecer los alimentos que
había llevado. Pero el enmascarado paso de largo, su objetivo era el batimóvil.-


-¿No pensara salir con esas heridas?.-dijo cubriendo la charola.


-Necesito hablar con alguien.-fue toda la información que el caballero negro
le brindo antes de abordar su poderoso corcel de acero y partir hacia la
oscuridad. El fiel mayordomo meneo la cabeza, le esperaba otra noche de
preocupación, pero sabía que ese era el camino que el destino había trazado
para Bruce Wayne, solo Dios sabía porque. Resignadamente tomo la charola y se
dispuso a subir de nuevo hacia la mansión. Pero apenas hubo ascendido algunos
escalones algo lo impulso a mirar por encima de su hombro. Pero sus ojos no
descubrieron nada fuera de lo normal.


-Necesito vacaciones.-se dijo en voz alta, mientras sus ojos recorrían la
desierta base de operaciones, para luego seguir su camino. Cuando sus pasos se
perdieron en la distancia, una sombra salió de la oscuridad y se deslizo hasta
la mesa de trabajo donde Batman había dejado los manuscritos, con dedos
temblorosos toco las amarillentas cubierta. Mientras una sonrisa triunfal
iluminaba su cara.


-Descansen en paz mis amigos. Sabiendo que sus esfuerzos darán frutos de
salvación-murmuro. Luego volvió a las sombras y solo los murciélagos supieron
de su visita.


 ..


Tokio Japón. Hace dos meses.


 ..


Ami Mizuno estaba ocupada aquella mañana preparando el mejor desayuno de su
repertorio. Se sentía ligera como una pluma y alegre como una alondra. Y no era
para menos teniendo en cuenta que su padre había vuelto a casa. Después de
tanto años su familia estaba completa una vez más. Por un momento, la duda
sobre cuanto tiempo iba a durar la entristeció, pero haciendo a una lado su
temor decidió disfrutar del momento. En eso una voz varonil sonó a sus
espaldas.


-Buenos días Ami.-


-Buenos días papá.-respondió dándose la vuelta para lucir su mejor
sonrisa ante su padre. Sin embargo, su sonrisa se borro como por arte de magia y
fue reemplazada por una oleada de rubor al ver a su progenitor, sentándose cómodamente
a la mesa, con el torso desnudo. Pudorosa Ami bajo la mirada, aunque no sin
antes admirar los músculos de su padre, que para un hombre de su edad lucían
en perfectas condiciones.


-¿Ocurre algo Ami?.-pregunto Akira, su padre, al advertir la incomodidad de
su hija. Esta se quedo callada, sin saber como decirle que se cubriera. Por
suerte, tras unos instantes, el hombre comprendió y poniéndose de pie salió
de la cocina. Para volver llevando la casaca de la pijama.-Disculpa hija.-dijo
riendo tontamente-He vivido solo tanto tiempo que he olvidado mis modales.-


-No hay problema papá.-dijo Ami riendo también. El hombre volvió a tomar
asiento y Ami le sirvió de inmediato unos Hot Cakes calientes acompañados de
mermelada. Unos huevos fritos con tocino y una tasa de café caliente. El hombre
miro sorprendido aquel banquete, en realidad él solo acostumbra pan tostado y Té
por las mañanas, pero al ver los ojos tiernos de Ami esperando su aprobación
no tuvo más remedio que comer. Aunque es justo decir que todo estaba delicioso.


-¿Tú no comes?.-dijo al notar que Ami no hacia sino mirarlo.


-Ya desayune.-respondió Ami.-Pero puedo acompañarte con un café.-dijo la
princesa de Mercurio levantándose para servirse una taza. Cuando Akira termino
de comer Ami recogió los platos y los lavo eficientemente. Mientras lo hacía
noto que ahora era su padre quien no le quitaba la vista de encima. Al grado de
que la hizo sonrojar de nuevo.


-¿Qué pasa papá?.-dijo incomoda.


-Nada.-respondió Akira levantándose de su silla para ir al lado de su hija.
Con dulzura coloco las manos sobre los frágiles hombros de Ami, la cual se
sonrojo aún más, para admirarla de cerca.-Pensaba que la última vez que te vi
necesitabas subirte en un banco para ayudar en la cocina.-dijo melancólico.-En
cambio ahora eres toda una mujercita. Hermosa é inteligente como tu madre.-Ami
no pudo evitar, ni deseaba hacerlo, abrazar de nuevo a aquel hombre, con los
ojos húmedos por el llanto.


-Gracias papá.-dijo apartándose un poco de él.


-Déjame agradecerte por el desayuno.-dijo Akira tomando entre sus manos el
bello rostro de la princesa de Mercurio. Esta adivino sus intenciones y ladeo un
poco la cara para ofrecer su mejilla a los labios paternos, pero las manos del
hombre la hicieron ver al frente y antes de que se diera cuenta sus labios y los
de su padre se unieron, aunque solo fue por unos segundos. Ami sintió que una
descarga eléctrica le corría por todo el cuerpo. Algo en su interior le grito
que estaba en peligro. Pero antes de que pudiera tomar alguna acción su padre
se aparto de ella y, con toda naturalidad.. como si nada hubiera ocurrido, le señalo
el reloj de la pared.


-¿No debes ir a clases?.-dijo sonriente. Ami reaccionó instintivamente, y
mirando el reloj se dio cuenta de lo tarde que era.


-¡Voy a llegar tarde!.-grito antes de salir corriendo hacia su recamara,
para tomar sus cosas y partir.-Hasta luego.-grito la chica al salir a toda
prisa. En ese momento Yukari salió de su recamara, ya vestida y con su bata de
medico, y entrando a la cocina miro con reproche a su esposo.


-¿Cómo te atreves?-grito al verlo.-¡No voy a permitir que hagas esto!.-El
hombre la miro fríamente y sin prisa se acerco a ella. Yukari retrocedió,
temblando como una niña asustada, hasta que su espalda dio con la pared. Él la
miró profundamente, mientras pasaba su dedo por entre sus labios. Yukari nunca
supo en que momento la golpeo, solo sintió el dolor estallando en su mejilla
con tal violencia que casi la derribo.


-¡Tu no harás nada!-grito el sujetándola por los hombros. Sus ojos habían
perdido todo rasgo de humanidad, transformándose en pozos llenos de un odio frío
y espantoso que paralizo a la doctora Mizuno.-¡Deberías arrodillarte y
agradecerme por dejar que seas parte de esto!.-un nuevo revez sacudió a Yukari.
La cual solo acertó a llorar ante su cruel verdugo. Este la miro fijamente y
tras meditar un momento tomo un decisión.


-No me dejas otro camino.-dijo tomando por el cabello a su esposa para
obligarla a unir su boca a la suya. Pero aquello no era un beso, sino un
tormento innombrable, Yukari sintió que algo se deslizaba dentro de su boca,
algo vivo y nauseabundo que culebreaba para adentrarse en su ser.
Desesperadamente trato de zafarse pero su marido era demasiado fuerte y sus
esfuerzos resultaron en vano. Al fin él mismo la soltó, Yukari quedo de pie en
su sitio, como una estatua, hasta que abrió los ojos.. unos ojos tan fríos é
inhumanos como los de su esposo. Satisfecho Togo salió de la cocina y se
dispuso a tomar un baño. Yukari se acomodo la ropa y tras retocar su
maquillaje, salió rumbo al hospital. Ahora todo era claro. Nada era más
importante que su misión.


 ..


CONTINUARA...


 ..


Nota del autor: Si eres un admirador de Sailor Moon estarás enterado de que
solo los miembros de la familia de Serena cuentan con nombres propios. Mientras
que los familiares de las otras sailors no los tienen, debido a que no aparecen
ni en el manga ni en la serie de T.V.(con excepción del abuelo de Rei, pero
tampoco a él se le dio nombre), por lo cual me vi obligado a
"..bautizar".. a estos personajes para hacer más ágil el relato.


 ..


AUTOR: "..EL MONJE"...



 

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