Sailor Moon Un futuro diferente (II)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Esa mañana los rayos del sol iluminaron magistralmente la belleza de
"..El lago encantado. Las aguas cristalinas, agitadas por el viento, emitían
pequeños destellos que le daban el aspecto de un espejo de plata. Los árboles
se mecían suavemente al compás de la brisa matutina y el canto de los pájaros
daba una atmósfera de paz y tranquilidad. Aunque en el interior del hotel esas
dos cosas estuvieran ausentes. La razón era la desesperación de Serena por
encontrar algo que ponerse para su cita con la misteriosa mujer llamada Ángel.
Simplemente la poca ropa que llevaba, tomando en cuenta que solo iba con su
familia de fin de semana, le parecía de pésimo gusto.


-¿Porqué traje esta ropa?- pensaba una y otra vez parada frente al espejo
de la habitación.


 ..


En tan solo unos minutos intento todas las combinaciones posibles con su
ropa. Pero ninguna la dejo satisfecha. Al fin se decidió por una falda plisada
en color azul pastel, una blusa blanca de manga corta y unas calcetas cortas.
Para su calzado escogió unos zapatos tenis también en color pastel. Cuando se
miro al espejo adopto varias poses, como una modelo tratando de encontrar su
mejor lado, pero tampoco quedo del todo convencida. Por fin tuvo que resignarse
a que no podría hallar una combinación mejor, sobre todo tomando en cuenta que
no llevaba más ropa.


Nerviosa tomo asiento en la cama y espero, el tiempo parecía especialmente
lento aquella mañana, luego se levanto y camino de un lado a otro del cuarto.
En ese momento una voz la saco de sus pensamientos. -Serena.- era mamá Ikuko
quien la miraba desde la entrada.- Vamos a desayunar.- la joven princesa la miro
fijamente mientras trataba de encontrar una excusa para no ir con ellos. En ese
momento el teléfono sonó. Serena prácticamente se lanzo sobre el aparato para
contestar. -Bueno.- dijo dándole la espalda a su madre.


-Hola pequeña.- la subyugante voz de Ángel la hizo estremecer.- Nos vemos
en el lobby.- sin más colgó. Serena se volvió hacia su madre, quien la miraba
extrañada.


-Lo siento mamá, la señorita Ángel me invito a desayunar.- antes de que
Ikuko pudiera decir algo Serena salió de la habitación. La mujer sintió una
rara inquietud, algo malo estaba pasando. Serena llego al lobby del hotel y
busco con la mirada a Ángel, pero no la encontró.. en su lugar se encontraba la
chofer, vestida con su recio uniforme oscuro. Al ver a la joven la chofer se le
acercó, sus ojos parecían los de una fiera, y le hablo con tono áspero.


-Soy Jessi, chofer de la señorita Ángel. Te llevare con ella.- fue todo.
Sin esperar respuesta echo a caminar rumbo a la salida. Serena se sintió un
poco desconcertada pero termino por ir detrás de ella. Afuera del hotel los
aguardaba la poderosa limosina negra. Marcialmente Jessi se colocó a un lado de
la puerta trasera y la abrió para que Serena entrara. No bien la joven lo hizo,
Jessi cerró de un solo golpe. Luego tomo su lugar su la limosina emprendió la
marcha. Serena se sentía cada vez más nerviosa, sobre todo cuando el hotel se
perdió de vista, se sentía vulnerable y eso la asustaba. Por un momento
considero la posibilidad de pedirle a Jessi que la regresara, pero el solo
pensar en Ángel la impulsaba a continuar.


Por suerte la limosina bajo la velocidad y finalmente se detuvo. La puerta se
abrió y Serena se apeó del vehículo. Antes de que pudiera hacer alguna
pregunta Jessi le señalo un conjunto de cabañas que se veían a unos 100
metros. Serena supo entonces que se encontraba al otro lado del lago, en la
sección de cabañas privadas, eso la tranquilizo y sin esperar más echo a
andar. Al llegar a las cabañas noto que casi todas estaban cerradas y vacías,
sin duda por la temporada baja, pero al final llego hasta una de las más
grandes, provista de dos plantas, y ahí encontró a su misteriosa anfitriona, cómodamente
sentada y tomando el sol matutino en una terraza.


-Hola Serena.- dijo llamándola por su nombre por primera vez.


-Hola.- respondió la princesa.


-Pasa y sube. El sol esta delicioso.- La chica obedeció y entro en la cabaña,
el lugar era de lo más confortable, provisto de chimenea, con un mobiliario en
acabado rustico que daba un aspecto viejo a la cabaña, algunas esculturas y
tapetes decoraban a estancia. Al fondo había unas escaleras de pino, temerosa
de parecer mal educada Serena ascendió lentamente, evitando taconear, hasta que
llego a la planta alta. Ahí descubrió que la casa tenía al menos tres
habitaciones, pero lo que le importaba en realidad era llegar a la terraza. Así
paso sin mirar detenidamente hacia los cuartos. Al llegar a la terraza la joven
miro a su anfitriona tendida cómodamente en una silla plegable de tela,
vistiendo un diminuto traje de baño que apenas la cubría. Serena se ruborizó
y pudorosa desvió la vista.


Ángel la miro de reojo, admirando a candor, y sonriente se incorporo para
acercarse a ella. Serena se estremeció al sentir el cuerpo de Ángel junto al
suyo, lentamente volvió la cara y se encontró de frente con ella. Era aún más
hermosa que el día anterior. Sin embargo, esta vez, Ángel solo le dio un beso
rápido en la mejilla. Serena se sintió extrañamente rechazada. Ángel se puso
de pie y camino hasta una pequeña mesa, provista de una gran sombrilla, donde
tomo asiento. Con un suave ademán le indico a Serena que fuera a su lado cosa
que la joven hizo de inmediato. No bien lo había hecho la joven vio entrar a
Jessi llevando una gran charola plateada, provista de campana, misma que
deposito con sumo cuidado sobre la mesa.


-¿Me acompañas a desayunar Serena?- la princesa respondió moviendo a
afirmativamente la cabeza. Jessi retiro la campaña y dejo al descubierto el
contenido de la charola. Frutas, néctares y agua era todo. Serena se sintió un
tanto desilusionada dado su natural apetito, pero no queriendo parecer
impertinente se limito a sonreír mientras tomaba una manzana. Ángel también
sonrió y juntas dieron cuenta de todo. Al final Ángel hizo una señal y Jessi
se marcho llevándose la charola.


Ángel la vio desaparecer dentro de la casa, luego miro a su invitada.. Serena
aún daba cuenta de una sabrosa pera. -Bueno pequeña.- dijo tomando una bata y
un sombrero de ala ancha echo de mimbre.- Creo que es hora de ir a tomar fotos.-


-¡Vamos!- dijo Serena entusiasmada. Ambas salieron de la cabaña y caminaron
por la rivera del lago. Durante varias horas no ocurrió nada extraordinario,
solo tomaron unas cuantas fotos aquí y allá, luego Ángel se detuvo en un
hermoso lugar, una pequeña playa donde los rayos del sol hacían resplandecer
el agua, a su alrededor no había sino altos árboles que daban sombra. Con toda
calma Ángel se despojó de su bata y del sombrero, colocando las dos cosas al
lado de un frondoso árbol. Serena comprendió lo que su amiga se proponía, de
hecho ella también tenía ganas de nadar un rato después de caminar bajo el
sol de la mañana, pero de pronto se dio cuenta de que no llevaba traje de baño.


-Soy una tonta.- pensó enojada consigo misma por aquel olvido. Ángel terminó
de acomodar sus cosas junto al árbol y sin esperar más se lanzo en una carrera
corta hasta el agua. Serena la miro entrar al agua y sumergirse por unos
segundos.- Aaaahhhhh.- exclamo Ángel cuando salió del agua fresca. Sonriendo
miro a Serena, de pie junto a sus cosas, y extendiendo los brazos hacia el cielo
llamo a la joven.


-¡Vamos Serena! ¡El agua esta deliciosa!- Serena miro como el agua escurría
por el bello cuerpo de Ángel. Su negros pezones resaltaban como nunca bajo la
tela mojada, su cabello húmedo se estiro hacia atrás resaltando su frente
amplia.


-¿Qué pasa?.-pregunto un tanto molesta por que Serena no se movía. Esta la
miro avergonzada.


-No traje mi bañador.- dijo quedamente. Ángel sonrió con malicia mientras
salía del agua. - ¿Eso es todo?- dijo burlona. - Yo tengo la solución.- las
manos de la mujer desajustaron las delgadas correas de su bañador y este cayo
al suelo. Serena tuvo que recargarse en el árbol para no caer.


-¿Lo vez? Ahora estamos iguales.- una gran sonrisa apareció en el rostro de
Ángel, como no dándole importancia al hecho de descubrir su cuerpo frente a la
chica japonesa. Serena admiraba aquel cuerpo desnudo, de piel blanca y suave
como la de una paloma, de senos medianos y decorados con grandes aréolas
rosadas y pezones como botones de flor. El vientre perfecto, sin una molécula
de grasa, y las caderas delicadamente trazadas, las piernas largas y bien
torneadas. En verdad parecía un ángel emergiendo de las tibias aguas del lago.
Los grandes ojos dorados de Ángel estaba fijos en Serena, la cual seguía
paralizada, nerviosa y asustada, recargada contra la áspera corteza del árbol.
Ángel se acerco lentamente a la princesa y, sonriendo maliciosamente, comenzó
a desabotonar la blusa de Serena. La joven se puso roja como un tomate pero no
hizo nada por impedir que la mujer extranjera cumpliera su cometido. Sin prisa
Ángel termino de abrir la blusa y, rodeando el torso de Serena con ambos
brazos, dejo que sus dedos desajustaran el sostén blanco de la chica. Serena
bajo la cara y contemplo sus pechos, lucían pequeños y sin atractivo
comparados con las maduras esferas de su acompañante. Ángel tomo con una mano
uno de aquellos pechos juveniles y sonriendo comprobó que cabían perfectamente
en su mano.


-Que bella eres Serena.- dijo mientras juntaba sus pezones con los de la
joven. Ambas experimentaron un agradable cosquilleo que poco a poco se fue
transformando en una corriente pasional. Serena miro al fin los grandes ojos
dorados y sintió que caía dentro de ellos, no supo cuando Ángel unió sus
labios a los suyos, solo sentía su cuerpo derritiéndose bajo los rayos del
sol. Al cabo de un rato la extrajera rompió el beso para caer de rodillas ante
la joven japonesa, sus manos repitieron la operación que habían efectuado
antes y pronto la falda y las bragas de Serena cayeron por tierra. La princesa
de la luna estaba rendida a la voluntad de Ángel y ella lo sabía. Suavemente
Ángel deposito un beso en la vulva de su amante, la cual se estremeció
sintiendo como su intimidad se abría como una flor ante el amanecer, al tiempo
que una fuente desconocida comenzaba a derramarse dentro de ella. Dueña de la
situación Ángel hizo que Serena se volviera presentando sus bellos glúteos
ante sus ojos.


El fuerte sonido de una nalgada se dejo escuchar en el silencio del bosque. -¡Aaaaahhh!.-
gimió Serena sorprendida. Mientras un segundo golpe estallaba contra su piel
blanca. - ¡Quieta pequeña zorra!.- ordenó la mujer. -¡Deja que yo te enseñe!.-
mientras hablaba Ángel comenzó a establecer un cierto ritmo, golpeando
alternativamente con cada una de sus manos, como su tocara un tambor viviente.
Mientras Serena no salía de su asombro é increíblemente se preguntaba que había
hecho para merecer aquel castigo. Pero no se movía. Había algo
indescriptiblemente erótico en ser castigada como una niña, aunque la verdad
sus padre habían empleado poco ó mejor dicho nada ese sistema en ella,
sintiendo como nacía aquel calor que se iba extendiendo por su cuerpo, incluso
su vulva se sentía cada vez más cálida y húmeda con cada golpe que Ángel le
daba. Inesperadamente la mujer de los ojos dorados le abrió las nalgas y sin
pensarlo le hundió la punta de la lengua en el ojos del culo. Serena dio un
respingo ante esa caricia, nueva y malévola, que le revelo que esa parte de su
cuerpo también podía darle un goce prohibido.


-¡Aaaaaahhhhh!.... ¡Aaaaayyyyy!.... ¡Sigue por favor!.... Sigue...-
suplicaba la joven aferrada al tronco del árbol, Ángel sonrió y clavo más su
lengua en el trasero de su joven amante, inyectándole saliva para luego
succionarla y repetir el proceso de nueva cuenta. Serena no pudo resistir mucho
tiempo y su cuerpo no tardo en estremecerse presa de un orgasmo feroz. -¡Aaaaaaaahhhhhhh!.-
grito al tiempo que la fuente de su intimidad dejaba escapar un abundante caudal
de líquidos que escurrían por los labios trémulos de su coño. La princesa de
la luna se derrumbo y quedo de rodillas frente al árbol que se había
convertido en el altar de su entrega. Con firmeza Ángel la hizo levantar, tomándola
por los pecho adolescentes, para atraerla hacia sí. Sus caras quedaron frente a
frente y no tardaron en besarse de nuevo.


-Vamos a nadar.- dijo la mujer rompiendo el encanto de aquel momento. Sin
esperar nada tomo a Serena del brazo y la hizo emprender el corto trecho hasta
el agua. Por un momento ambas nadaron felizmente, ejecutando un singlar baile
bajo el agua resplandeciente. De pronto Serena se sumergió en el agua y, con un
rápido movimiento salió detrás de Ángel abrazándose a sus espaldas mientras
sus manos acariciaban los grandes pechos de la extrajera. Esta reacciono de
forma inesperada liberándose violentamente y, dándose la vuelta, deposito una
fuerte bofetada en el rostro de Serena. La joven miro a Ángel desconcertada y
temerosa, incapaz de comprender lo que había pasado, viendo como esos ojos
dorados la miraba ahora con furia y rencor, como se mira a un ser malagradecido.
Con gran dignidad Ángel salió del agua y comenzó a vestirse de nuevo,
ignorando a Serena que la miraba aún en el agua. Al terminar emprendió el
camino de regreso a su cabaña.


Cuando se fue Serena reacciono al fin y saliendo del agua se vistió también
a toda velocidad y salió detrás de ella, su mejilla estaba roja por el fuerte
golpe recibido pero no le dio importancia. -¡Espera!... -grito al ver las
espaldas de Ángel.- ¡No te comprendo!... ¡Que hice mal!... ¡Por favor dime
que paso!... ¡Por favor!...- Ángel se detuvo y volvió la cara, su rostro era
severo y casi cruel, su voz antes dulce sonó ahora como el chasquido de un látigo.-¡¿Qué
has hecho?!... ¡¿QUÉ HAS HECHO?! ... ¡ME TOCASTE SIN MI PERMISO! ¡ESO ES LO
QUE HAS HECHO!...-


-¿Qué?.- dijo Serena incrédula. ¿Cómo podía decir eso si ella misma la
había tocado sin pedirle su opinión?. -Pero tú...- murmuro la princesa.


-¡NO ES LO MISMO!.- replico Ángel sin darle tiempo a terminar.- ¡Yo tomo
lo que quiero!... ¡Pero nadie puede tomarme si no lo deseo!.-


-Lo siento.- dijo Serena casi sin darse cuenta.


-Será mejor que te vayas. Ya no estoy interesada en ti.- sin decir más Ángel
se dio la media vuelta y siguió su camino. Serena la miro desaparecer entre los
árboles. No lograba entender a esa extraña mujer que tan abruptamente había
entrado en su vida. Su respiración se fue haciendo más fuerte, conforme una
repentina vuelta de su dignidad se presentaba en su pecho, y con infantil alarde
grito a los cuatro vientos.


-¡TU TAMPOCO ME INTERESAS!... ¡YO SOY UNA PRINCESA!... ¡¿ME OÍSTE?!...
¡UNA PRINCESA!... ¡NO QUIERO VOLVER A VERTE NUNCA!... ¡NUNCA!.- conteniendo
las lagrimas de sus ojos Serena se alejo dando pisotones a cada paso, imaginando
que aplastaba a una pequeña Ángel cada vez que bajaba el pie. Ajena estaba que
no lejos de ahí, escondida tras un árbol, Ángel la miraba alejarse. En su
rostro estaba plasmada una expresión de burla y lastima malsana.


 ..


-Yo se quien eres mi pequeña princesa. Lastima que tu no sepas quien soy
yo.- un intensa luz negra envolvió el cuerpo de la mujer, pero solo por un
momento, luego se alejo dejando un árbol moribundo detrás de ella.


 ..


Continuara...


 ..


AUTOR: "..EL MONJE"...

Dudas quejas y sugerencias a: raguiler@data.net.mx



 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap