Sailor Moon Un futuro diferente (I)
Enviado por Anonimo el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969
 



NOTA DEL AUTOR: Dos de mis personajes favoritos son Sailor Moon, que sin duda
a entrado en la lista de clásicos de la animación japonesa, y Batman, un icono
del cómic norteamericano.


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Aquella noche Serena Tzukino miro de frente a su nueva enemiga, una que no
podía ser destruida ni con 100 cristales de plata, una que atormentaba a muchas
personas y que ahora la había escogido a ella como su víctima. Esa enemiga era
la soledad. Si por irónico que parezca ella que tenía la facultad de hacer
feliz a las personas, que había luchado desesperadamente como Sailor Moon por
salvar al mundo varias veces, ahora se había encerrado en si misma sin poder
compartir sus sentimientos con nadie.


La razón era el abandono de sus seres queridos. Ami, Lita y Mina ocupaban
cada minuto de su tiempo en perseguir sus sueños, cada una a su manera:
estudiando después de clases, haciendo audiciones para casas disqueras ó
tomando cursos de cocina internacional. Por desgracia ello implicaba que ya no
se reunieran con ella tan seguido como antes. En ocasiones pasaban varios días
sin que supiera nada de ellas. Darién el hombre que amaba se encontraba en
Estados Unidos, había partido poco después de la lucha con Sailor Galaxia,
esforzando por alcanzar un titulo universitario. Finalmente estaba Rey quien,
por consejo de su abuelo, había decidido hacer un viaje para poner en orden sus
ideas sobre su futuro, hacía un mes que se había ido sin que nadie supiera
cuando volvería.


La soledad llevo a Serena a meditar sobre su propio futuro, ser la reina de
Tokio de Cristal y regir el nuevo milenio de plata, ¿ porque tenía que ser así?,
ella nunca había deseado ninguna de esas cosas. Su gran sueño era casarse,
formar una familia y vivir en paz el resto de sus días. Recordó que en una
ocasión Luna le había dicho "..es tu destino y no podrás cambiarlo"..,
esas palabras le sonaban ahora como una sentencia. La frustración la hizo
incorporarse sobre su cama, sus brazos rodearon sus piernas de modo que su
barbilla pudiera apoyarse en sus rodillas. Sus ojos miraron a su alrededor, la
luz de la luna iluminaba pálidamente su habitación. Por primera vez en su vida
se sentía perdida. Dando un suspiro resolvió acostarse de nuevo, intentaría
dormir una vez más.. sus ojos se posaron en el reloj a un lado de su cama,
marcaba las 3 de la mañana, -Otra noche sin dormir-, pensó. Sus ojos se
cerraron y un último pensamiento cruzo por su mente - Me gustaría que el
futuro fuera diferente, aunque solo fuera un poco-. Un viejo refrán dice
"..ten cuidado con lo que deseas, podría hacerse realidad"...


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Al día siguiente Serena enfrento una vez más la rutina en que su vida se
había convertido, levantarse, ir a la escuela, estar un momento con sus amigas,
o al menos intentarlo, para después verlas marcharse y regresar sola a su casa.
Sin embargo, esa noche algo rompió la rutina. Su padre se puso de pie durante
la cena é hizo un anuncio.


-Chicos con motivo del próximo cumpleaños de su madre he decidido que
pasemos el fin de semana en el balneario del lago encantado.- Todos los presente
se sorprendieron.


-¿El lago encantado?- repitió Sammy con incredulidad.- Pero papá ¿ no
recuerdas lo que paso la vez que fuimos ahí?.- Por un momento todos guardaron
silencio, Serena recordó como Darién, dominado por el Negaverso, había
liberado a un demonio preso en el lago y como este estuvo a punto de matarla a
ella y a su familia. Por fortuna sus amigas llegaron a tiempo y juntas acabaron
con la amenaza.


-Vamos hijo.- dijo el señor Tzukino sonriendo tontamente.- No creó que esta
vez ocurra nada parecido. ¿ Tú que dices Serena?.- Antes de que la joven
pudiera contestar sintió el roce de unas afiladas garras en su pierna, eso la
hizo mirar hacia abajo y descubrió a Luna que con un movimiento de cabeza la
instaba a aceptar.


-¿ Serena?.-


-¿Eh?... Seguro vamos.- Sammy se cruzo de brazos y mamá Ikuko aplaudió
alegremente.


- ¡ Muy bien! Mañana partiremos muy temprano. Así que será mejor que nos
vallamos a dormir.- La familia termino de cenar y cada uno se retiro a su
habitación a preparar sus maletas de viaje. Al entrar en su cuarto Serena miro
a Luna, que la esperaba sentada en la cama, llena de extrañeza.


-¿ Por qué quieres que valla a ese viaje Luna?.-


- Creó que un viaje es lo que necesitas para resolver tu problema.-


-¿Cual problema?.- La princesa se sintió incomoda al darse cuenta de que
Luna se había percatado de su malestar. La gata bajo la cabeza y respondió con
tristeza. - No lo se. Hace mucho que no me hablas de tus inquietudes y yo....
bueno creó que necesitas tiempo para arreglar lo que sea que este mal.- Serena
se sintió un tanto culpable, así como sus amigas "..la habían
abandonado".., ella también se había alejado de la amiga que había estado
con ella en las buenas y en las malas.


-Luna... yo.... lo siento.- Serena se acerco a su amiga felina, con mano cariñosa
comenzó a rascar su cabeza, al tiempo que se sentaba a su lado. - Perdóname. Tú
siempre te preocupas por mi y yo te he estado ignorando todo este tiempo.- Luna
levanto la cara, sus ojos estaban húmedos pero una chispa de alegría los
iluminaba ahora, con una de sus patas se limpio los ojos y sonriente animo a la
joven princesa a empacar su ropa. Largo rato estuvieron dedicadas a esa labor
hasta que la maleta estuvo llena. Entonces Luna bajo de la cama y se dispuso a
salir de la habitación.


-¿ A donde vas?-


-Necesito comunicarme con Artemis. Le avisara que pasaremos juntos el fin de
semana.-


- ¿Una cita romántica?- Inquirió maliciosa la princesa. Luna se sonrojo y
se volvió molesta hacia ella.


-¿De que diablos estas hablando?. Es solo que no quiero quedarme encerrada
como la última vez que se fueron de paseo.- Serena miro pícaramente a su
felina amiga.


-Bueno yo solo pensé... tú sabes... Diana es una gatita muy linda.- La gata
negra pelo los dientes, su lomo se erizo, sus ojos eran los de tigre furioso,
pero al fin solo levanto la cabeza en señal de desprecio y con gran dignidad
salió del cuarto. A sus espaldas la risa de Serena de dejo escuchar, y eso la
hizo reír también.


Al día siguiente, tal como lo había planeado el señor Tzukino, todos
estaban ya listos para salir, o casi todos.-¿Donde esta Sammy?- Pregunto
molesto mientras consultaba la hora en su reloj.


- No se.- Fue la respuesta que tanto mamá Ikuko como la joven princesa le
dieron. - Serena, ¿podrías ir a ver que lo esta deteniendo?- La princesa, que
ya había tomado asiento en de coche, se levanto refunfuñando y entro a la casa
en busca de su hermano. De inmediato subió a las habitaciones y sin llamar a la
puerta penetro en la de Sammy. El no estaba ahí. La mirada de Serena recorrió
la habitación, ahora lucia un poco diferente a la última vez que ella estuvo
ahí, las paredes decoradas con cromos de artistas ó deportistas, nipones ó
americanos, los viejos juguetes habían desaparecido y en su lugar se
encontraban discos compactos, cartuchos de videojuegos y revistas. Poco a poco
aquel lugar se transformaba en el cuarto de un muchacho. Su natural curiosidad
femenina la orillo a entrar y mirar de cerca. Así empezó a husmear por entre
las cosas de su hermano hasta que algo familiar llamo su atención. Se trataba
de una pequeña muñeca de porcelana, hecha a mano, con la figura de Sailor Moon.
En su mente vino la imagen de aquella pequeña escultora que por algún tiempo
fue novia de su hermano.


-Así que conservas un recuerdo de ella. ¿Eh? Sammy.- La joven se sintió un
tanto conmovida y, colocando la muñeca en su lugar, se dispuso a salir de ahí.
Pero algo volvió a llamar su atención. Esta vez se trataba de un grueso
cuaderno abierto sobre el pequeño escritorio con que contaba la habitación. La
pagina expuesta mostraba los primeros trazos de alguna obra inconclusa. Soltando
un risilla picara se deslizo junto al escritorio y comenzó a pasar las hojas
frente a sus ojos. Estos se abrieron como platos al tiempo que su cara se ponía
roja como un tomate, en cada un de las hojas aparecía la imagen de Sailor Moon
desnuda chupando la polla a un hombre, cuyo rostro era el de Sammy, En otra el
mismo hombre se la estaba follando y así sucesivamente. Serena estaba trabada
de coraje y no acertaba a hacer nada hasta que una voz sonó a sus espaldas.


-¡Qué estas haciendo en mi cuarto!.- Lentamente se volvió y miro a su
hermano parado en el umbral. El chico descubrió su cuaderno en manos de su
hermana, su rostro se puso pálido como la cera, con un movimiento rápido se
acercó a ella y se lo arrebato de un manotazo.


-¡DAME ESO!- Serena reacciono por fin dándole un fuerte golpe en la cabeza.


-¡PERVERTIDO! ¡SINVERGÜENZA! ¡COMO TE ATREVES A DIBUJARME DE ESE MODO!-
Sammy la miro perplejo y disgustado.


-¡ ¿DE QUE ESTAS HABLANDO?! ¡YO SOLO DIBUJO A SAILOR MOON!- Aquella
respuesta obligo a Serena a callar. Era verdad que nadie en su familia conocía
su secreto, por lo tanto para Sammy Sailor Moon era una chica ajena a él.


-¡PUES NO CREO QUE A "..ELLA".. LE GUSTARIA SER PLASMADA EN ESA
FORMA!-


-¡¿TU QUE SABES?!-


-¡TE VOY A ACUSAR CON PAPÁ!- Sammy palideció aún más al escuchar aquella
amenaza.


-¡Oye no es para tanto!. Dijo mientras reía nerviosamente. Serena callo por
un momento, luego lo miro fijamente al tiempo de sentenciar.


-Escucha Sammy no quiero arruinar el viaje de papá y mamá así que por
ahora no les voy a decir nada.- Sammy suspiro aliviado.- Pero cuando regresemos,
tú y yo vamos a tener una conversación.- Sin decir más la princesa salió del
cuarto. A Sammy le pareció una tontería tener que hablar con ella sobre sus
"..asuntos".. pero él tampoco quería arruinar el viaje de sus padres. La
voz de Serena lo saco de sus pensamientos.


-¡BAJA DE UNA VEZ ENANO!- Cuando el chico bajo era obvio que algo no andaba
bien por lo que su padre los interrogo.


-¿Pasa algo chicos?.- Los dos hermanos intercambiaron una mirada para después
contestar a coro.- ¡Nada papá!.-


El señor Tzukino se encogió de hombros y los hizo subir al coche. Minutos
después la familia emprendía el camino. Sentada en el tejado de la casa Luna
los miro alejarse y, sin motivo alguno, se arrepintió de no haber buscado la
forma de ir con ellos.


El viaje resulto un poco tenso, pues Sammy y Serena no se hablaron todo el
camino, pero ni Ikuko ni su esposo se preocuparon por eso. Casi era de noche
cuando llegaron al "..lago encantado".. un balneario natural provisto de
manantiales de agua caliente. Todos se alegraron de poder estirar las piernas
después del largo viaje. Sammy y su padre cargaron con las maletas y se
dirigieron a la administración a registrarse, era taponada baja por lo cual el
lugar estaba casi vacío de clientes y los precios eran un poco más bajos. Mamá
Ikuko se dirigió directamente al restaurante del hotel para ordenar una cena
familiar. Por su parte Serena se quedo un momento a solas en el patio del hotel,
desde ahí podía ver el magnifico lago, brillando bajo los últimos rayos del
sol, los árboles se agitaban con una suave brisa, lo mismo que las largar colas
de rubio cabello de la princesa de la luna, dándole a la atmósfera un toque de
paz.


Mentalmente Serena agradeció a Luna el haberla animado a asistir a aquel
lugar. Dando un profundo suspiro la joven se dispuso a entrar al hotel. En ese
momento noto que otro vehículo se parqueaba frente al viejo edificio. Se
trataba de una poderosa limosina negra, cuya bien pulida carrocería reflejaba
su imagen como un espejo. Curiosa la joven se quedo observando. La puerta de
adelante se abrió y de ella se apeo una mujer portando un elegante uniforme de
chofer que le daba un cierto aire militar, pero lo que realmente sorprendió a
Serena fue el hecho de que su piel era negra, hasta ese momento solo había
visto gente de color en los noticieros y en la películas, las facciones de su
rostro era algo toscas, sus labios gruesos y sus ojos verdes como los de una
pantera tenían algo amenazante. Con pasos largos y veloces rodeo la limosina
para abrir la puerta trasera. Por un momento Serena solo pudo ver un elegante
sombrero de ala ancha, adornado con listones, moverse al otro lado del coche.


Llena de curiosidad la joven camino despacio hacia la limosina y casi
temerosamente paso a su lado, deteniéndose como al descuido, para mirar a la
persona que se había apeado hacia un momento. Era una mujer alta de cuerpo
esbelto, adornado por delicados pechos y caderas breves, vestía un elegante
vestido negro, provisto de un pequeño saco, que se pegaba a su cuerpo como una
segunda piel, sus zapatos eran de altos tacones de aguja, que la hacían parecer
aún más alta. Serena no podía ver su rostro pues estaba de espaldas a ella
con los brazos cruzados, mirando a su chofer descargar su equipaje, pero por
debajo del sombrero pudo ver una larga cabellera negra, la más negra que
hubiera visto en su vida, que le llegaba casi a la cintura. Por alguna razón
Serena no se atrevía a moverse mientras miraba a aquella mujer que no se daba
cuenta de su presencia. De pronto el sonido del cofre al cerrarse casi la hizo
saltar. Ambas mujeres intercambiaron una palabras en ingles, según creyó, y
comenzaron a caminar hacia el interior del hotel.


La princesa de la luna no podía apartar los ojos de aquella grácil figura
que parecía flotar más que caminar. De pronto la mujer se detuvo y con
lentitud volvió la cabeza, el corazón de la joven salto con tal fuerza que
creyó desmayarse, su respiración se torno agitada, su boca se quedo seca de un
golpe. Mientras sus ojos se perdían contemplando el rostro de la desconocida,
un rostro de delicados rasgos, nariz pequeña y levemente respingaba, labios
carnosos pero delgados, teñidos con un carmín rojo. Pero lo más atrayente
eran sus grandes ojos color miel, semejante a oro liquido, hermosos y ...
temibles a la vez. La piel era blanca como la leche, dándole un aspecto casi
sobrenatural. Parecía que emitía su propia luz. Serena sintió que todo se
desvanecía a su alrededor, el hotel, el lago, su familia, estaba sola frente a
ella. Sus propias emociones la avergonzaron y desvió la mirada, pero no pudo
moverse, de hecho creyó que estaba a punto de caer al suelo.


Para su fortuna la chofer llamo a su señora y esta reanudo la marcha
entrando en el edificio dejando a la princesa sumida en un mar de confusión.-


-¿Qué fue eso?- Una suave brisa fue su única respuesta.


-¡Serena!- La voz de su madre, quien la miraba desde la entrada, termino de
romper el ensueño que la había atrapado.- ¡Ya vamos a cenar!.- Con pasos
vacilantes entro al edificio. No tenía apetito. Más tarde, mientras se
preparaba para dormir, Serena no dejaba de pensar en su extraño encuentro. En
su mente la imagen de aquella mujer persistía a pesar de todos sus esfuerzos.
¿Quién era? A juzgar por su ropa y su auto era una mujer rica. ¿De donde venía?.
Sus rasgos sugerían que era europea ó acaso americana.


Desesperada sacudió la cabeza, como intentando arrojar fuera de su mente
aquella imagen. Finalmente se quedo dormida, pensando en ella.


Al día siguiente Serena se levanto tarde y descubrió que su familia ya había
ido a disfrutar del lugar, ordeno un desayuno a su habitación y rato después
fue a chapotear a uno de los manantiales. El incidente de la noche anterior le
parecía un sueño a la luz del día.


-Buenos días dormilona.- La saludo su madre cuando ambas se encontraron.


-¿Donde están papá y Sammy?.-


-Fueron de pesca.- Dijo señalando hacia el lago.- ¿Qué te perece si nos
damos un baño de agua caliente?.- Serena acepto la invitación y por el resto
de la mañana estuvo muy contenta al lado de su madre. Era cerca de la 1pm
cuando mamá Ikuko le comunico su deseo de dormir una siesta antes de comer.
Cosa que no entusiasmo a la joven. Así se separaron, Ikuko regreso al hotel
mientras Serena comenzaba un paseo por las orillas del lago. Por un rato su
mente estuvo ocupada en sus asuntos, sus amigas, Darién, su futuro, pero al
final solo consiguió un dolor de cabeza. Al fin se detuvo al pie de las viejas
estatuas de piedra que en recuerdo a dos enamorados, cuya leyenda daba nombre al
lago, y las miro por largos minutos. -Tal vez estoy siendo egoísta- Pensó
mientras los recuerdos de sus seres queridos desfilaban por su memoria. ¿Acaso
sus amigas no tenían derecho a perseguir sus propios sueños? Con eso en mente
resolvió volver al hotel. En ese momento escucho el sonido inconfundible de una
cámara fotográfica a sus espaldas. Volviendo la cara descubrió a la mujer
misteriosa, envuelta en una gran bata negra, en el momento en que realizaba un
nuevo disparo sobre los monolíticos amantes. Serena se sintió cohibida, aunque
la extraña parecía no darse cuenta de que estaba ahí, las piernas le
temblaban y al mismo tiempo sentía un primitivo impulso por escapar... pero ¿escapar
de qué?.


Torpemente la princesa inició su camino, pero apenas había avanzado unos
pasos un voz armoniosa la detuvo.


-Disculpa.- Serena se quedo pasmada al escuchar aquellas palabras en un
perfecto japonés. Temblando como una hoja la joven volvió la cabeza y miro el
semblante sonriente de la mujer. - ¿Podrías tomarme una foto?-


-¿Una foto?- Repitió como si fuera la primera vez que escuchaba tal
palabra. La desconocida se acercó a ella. A cada paso Serena sentó que la
temperatura de su cuerpo se elevaba, que todo su ser estaba derritiéndose
frente a esos ojos dorados. Por un momento temió que su bata no pudiera ocultar
las reacciones de su cuerpo. Cerró los ojos, confundida y asustada de lo que le
estaba pasando, pero la oscuridad solo hizo que su corazón latiera más aprisa
y que su cuerpo "..sintiera".. más intensamente la aproximación de la
extraña. Cuando esta llego a su lado Serena abrió los ojos y levanto la
cabeza, su cara quedaba justo a la altura de los grandes pechos que los pliegues
de la bata apenas y podían contener, cuando sus miradas se encontraron Serena
tuvo la certeza de que ella podía ver su alma desnuda.


Sin mediar palabra la mujer le dio su cámara y se colocó frente a las
estatuas de piedra. Serena, como una autómata, enfoco la cámara y busco un ángulo
para tomar la foto. La mujer adopto una coqueta pose levantando los brazos por
detrás de su cabeza y lanzando una de sus piernas hacia el frente. Serena la
miraba extasiada, sus manos temblaban tanto que por un momento la cámara
amenazo con caer al suelo. Al fin accionó el disparador. La mujer abandono su
pose y acercándose a la joven intento tomar su cámara.


-Gracias pequeña.- La mujer se extraño al descubrir que Sarena no soltaba
la cámara, solo la miraba con la cara ruborosa. Impaciente la mujer tomo la cámara
con firmeza.- ¿Me la devuelves?.- Serena pareció salir de un sueño y
avergonzada soltó la cámara. -Perdón.- Dijo al tiempo que hacia un sin fin de
caravanas. La mujer la miro extrañada y se dispuso a marcharse. Serena sintió
que estaba perdiendo una gran oportunidad, pero, ¿qué podía decirle?


- Disculpe.- La desconocida, que ya se había alejado algunos pasos, se volvió
hacia la princesa. -¿Si?-


-Me llamo Serena.- Fue lo único que se le ocurrió decir.- Serena Tzukino.-


-Es un bonito nombre.- Comento la mujer volviendo sobre sus pasos.- Yo soy Ángel
Beckford.-


-Habla usted muy bien el japonés.-


-No. Lo hablo muy despacio.- Serena ya no sabía que más podía decirle para
retenerla a su lado. Ángel la miro detenidamente y un sonrisa ilumino su rostro
pálido.- ¿Conoces este lugar Serena?.-


-Si- Respondió casi gritando.


-Estoy buscando un lugar para tomar una foto del lago. ¿Sabes de alguno?.-


La mente de Serena trabajo velozmente y recordó un lugar que podía servir.
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- Creó que si.-


-¿Me llevas?.- Con diligencia Serena le mostró el camino. Mientras
caminaban Ángel le dijo que era alemana, que estaba de vacaciones en Japón ya
que admiraba mucho la cultura del país. Eso fue todo lo que Serena pudo
entender, no porque Ángel no le hablara claramente en su lengua, sino porque no
le importaba nada de lo que le decía, solo quería escuchar el sonido de su voz
que en sus oídos sonaba como el canto de las sirenas. Además no podía dejar
de contemplar la belleza de la mujer, las delicadas líneas de su cuerpo, los
finos rasgos de su cara, la larga cabellera negra que el viento del lago hacia
danzar caprichosamente. El lugar era una pequeña colina cerca del bosque que
rodeaba el lago. Al llegar Ángel estudio el lugar y una sonrisa de aprobación
apareció en su cara.


-¡Es perfecto!- Exclamo mientras preparaba la cámara para tomar más
fotografías. Serena la miraba encantada de haber podido servirle. De pronto la
mujer se volvió y acercándose a ella estrecho contra su pecho. Un aroma dulce
le hirió la nariz. -Muchas gracias.- Le susurro al oído. Serena sintió que
sus ojos se humedecían, que su corazón se quemaba víctima de un fuego extraño.
El mundo entero dejo de existir en ese momento, solo importaba el calor de
aquellos brazos que la envolvían, el contacto de sus pechos adolescentes contra
los pechos maduros de Ángel. Con voluntad propia los brazos de Serena
respondieron al abrazo con fuerza, casi con desesperación. Fue entonces cuando
la princesa noto que una de las manos de Ángel se deslizaban lentamente por su
espalda hasta llegar a sus nalgas. Ahí comenzó a tocar, acariciando y
oprimiendo la carne por encima de la bata. Mientras la otra mano descubría el
hombro de la joven, que solo acertaba a permanecer quieta, los labios de la
mujer cayeron sobre la delicada piel. Serena sintió que estaba al borde del
desmayo. Pero desde algún lugar en su alma la imagen de Darién emergió como
un huracán.


-¡Noooo!.- Grito al tiempo que rompía el abrazo. Sus ojos estaban llenos de
lagrimas de frustración. Instintivamente quiso echar a correr pero Ángel la
sujeto por el brazo y la jalo de regreso a sus brazos. Serena bajo la cara sintiéndose
atrapada, Ángel la tomo por la barbilla con sus largos dedos y ella, obediente
al silenciosos mandato, levanto el rostro. Las voces de sus amigas se escuchaban
en su mente.- ¡No lo hagas Serena!... ¡Serena detente!... ¡Para!...¡Para!...-
Pero nada podían hacer contra esos ojos dorados que subyugaban a la princesa.
Lentamente Ángel se fue acercando hasta que sus labios rojos se unieron a los
de Serena. Un gozoso abandono invadió a la joven, al tiempo que una oleada de cálida
humedad escurría por sus muslos, cerrando los ojos se dejo cautivar. La lengua
de Ángel se abrió camino entre los temblorosos labios hasta tocar la a su
similar dentro de la boca de la princesa. Suavemente, como si la despertara de
un sueño, toco a la tímida habitante de aquel lugar hasta que consiguió que
esta se trenzara con ella en una danza de placer. El tiempo pareció detenerse.
Al fin la mujer se separo de su presa y aflojo la presión de sus brazos. Al
verse libre Serena fue presa de una culpa infinita y sin decir una palabra hecho
a correr, la mujer la miro alejarse con un sonrisa en iluminando su rostro pálido.


Al llegar al hotel Serena fue directamente a su habitación, por suerte
estaba vacía, y dejándose caer sobre la cama comenzó a llorar. Rato después
su padre y Sammy regresaron, no pescaron nada pero se habían divertido. Eran
cerca de las 8pm cuando su madre decidió que era tiempo de bajar al comedor y
cenar algo. En un principio Serena se mostró renuente pero la insistencia de su
familia, y su falta de una excusa, la obligaron a bajar. En el comedor del hotel
había poca gente. Por lo cual fueron atendidos con prontitud. Cada uno ordeno a
su gusto mientras un mesero tomaba nota de sus deseos. Apenas el empleado se
hubo retirado, una silueta se coloco a un lado de la mesa y sin dudar saludo a
la familia.


-Buenas noches.- Todos voltearon a ver a aquella mujer, elegantemente
ataviada con un traje de noche y altos tacones, que los saludaba tan
cordialmente. Excepto Serena, ella sentía que que el frío de la muerte corría
por su espalda. Esa voz... esa voz suave y delicada había estado a punto de
hacerla caer de la silla.


-Buenas noches.- Respondieron los demás. Un tanto extrañados. Sin inmutarse
la mujer fijo su atención en la joven rubia que permanecía silenciosa en su
lugar.


-Hola Serena.- La princesa volvió la cara, su semblante pálido como la
cera, y levantado la vista confirmo de quien se trataba.- Hola.- Dijo con una
voz apenas audible.


-Serena ¿Tú conoces a esta señorita?.- Interrogo su padre mirando las
extrañas reacciones de su hija. Antes de que la joven pudiera decir nada la
recién llegada se presento.


-Mi nombre es Ángel Beckford. Su hija me hizo el favor de enseñarme un
lugar maravilloso para tomar fotografías del lago esta mañana. -


-Si.- Dijo la princesa casi gritando.- Así fue.-


-Por favor. Tome asiento.- Dijo mamá Ikuko apenada por la descortesía de su
esposo y de su hija. La mujer tomo asiento junto a Serena quien comenzó a sudar
como una condenada a muerte. -¿Nos acompaña a cenar?.-


-Con mucho gusto.- Aquella fue la primera vez que Serena la vio reír. Su
risa era la más encantadora que ella hubiera visto nunca, tanto que todos se
sintieron motivados para sonreír también. Aunque sus miradas no se cruzaron
Serena tuvo la certeza de que la estaba mirando. Todo a su alrededor se torno
lejano y hueco, veía a sus padres y a su hermano moviendo la boca pero no
entendía nada de lo que decían y sus risas le sonaban huecas. Solo la voz de
Ángel le resultaba viva, llena de una música que la hechizaba, y su risa era
como un cantar del paraíso.


Finalmente la cena termino, Serena apenas comió, Ángel se levanto y con una
gran reverencia se despidió de la familia Tzukino. Serena la miro alejarse y
por un momento tuvo el deseo de ir detrás ella. La voz de su padre la devolvió
a la realidad.


-Es una dama muy distinguida. Espero que aprendas algo de ella hija.- La
joven asintió con la cabeza.


-Yo no creó que Serena pueda aprender nada papá.- Dijo Sammy burlonamente.
La princesa lo miro furiosa. -¡Qué dijiste enano!- Serena y su hermano se
pusieron de pie, listos para pelear. Sus padres los miraban avergonzados. En eso
mamá Ikuko hizo una observación.


-Oigan. ¿Qué es eso?.- Todos miraron a la mesa. Ahí se encontraba un pequeño
objeto, negro y brillante, que despedía una diminuta luz en color verde.


-Es un teléfono celular.- Dijo el señor Tzukino tomándolo de la mesa. - Tu
amiga debe haberlo olvidado Serena.- Serena miro el teléfono y sin darle tiempo
a nada se lo arrebato a su padre. -¡Yo se lo entregare!- La joven se alejo
corriendo sin que nadie pudiera decir nada.


La joven fue directamente a la administración y pregunto por Ángel. Pero el
encargado le informo que la mujer había salido y no sabían cuando volvería.
Serena dio las gracias y lentamente volvió a su habitación. Al entrar se
encontró con sus padres. -¿Pudiste devolver el teléfono hija?.-


-Si- Mintió sin saber porque. Rato después toda la familia dormía. O mejor
dicho todos excepto Serena que no dejaba de sujetar el teléfono entre sus
manos, como si temiera que de alguna forma se desvaneciera. El tiempo paso.
Serena empezaba a caer en un leve sopor cuando sintió que el aparato vibraba
entre sus manos. Serena se asusto pero no soltó el teléfono. Entonces el agudo
sonido de un timbre se dejo escuchar en la habitación. Serena comenzó a
maniobrar el aparato desesperadamente tratando de hacer callar aquel ruido antes
de que su familia despertara. Al fin logro abrirlo y lo pego a su oído.


-Diga.- Su voz era apenas un susurro. Sus ojos miraban a la cama vecina,
donde Sammy se revolvía bajo las sabanas inquieto por el ruido del teléfono.
Por suerte volvió a quedarse quieto. - Hola pequeña.- Serena reconoció la voz
de Ángel al otro lado de la línea.


- Hola Ángel.- Respondió maquinalmente.


- ¿Aún estas despierta?.- La voz sonaba dulce y acariciante.


-Si.-


- Eso no esta bien.- Dijo severamente.- Tendremos que hacer algo al respecto.
¿Estas acostada?.-


-Si.- Serena comenzó a temblar.


- ¿Estas sola?.-


- No. Mi hermano duerme en la cama de junto.-


-Olvídate de eso. No importa.-


- Yo... mañana le devolveré el teléfono.-


-Te lo regalo querida.- Serena no supo que debía decir.- Tócate.- Ordeno la
voz en el teléfono con firmeza. La princesa se quedo quieta, sin creer lo que
acababa de oír.


-¿ Cómo?.- Su voz sonaba temblorosa, asustada.


-Dije que que te toques.- Ratifico sin titubeos la voz.


- No... no se como.- Dijo tímidamente. Temerosa de provocar el disgusto de
su interlocutora.


- Abre tu pijama.- Dijo la voz. Las manos de la princesa obedecieron antes de
que ella misma se diera cuenta. -¿Llevas sostén?.-


- S.. si.-


-Quítatelo.- Serena estaba asustada. Aquello era una locura. ¿Porqué sentía
el impulso de obedecer a aquella mujer que apenas conocía?. ¿Porqué su cuerpo
se estremecía con el solo sonido de su voz?. No tenía respuesta. Simplemente
dejo que sus dedos temblorosos desajustaran el broche de su sostén. -Son
hermosos.-


La joven sintió que su cara se encendía. Era como si ella la mirara desde
la oscuridad de la habitación. -Tócalos suavemente con tus dedos. Imagina que
son mis manos.- Serena comenzó a pasar sus dedos por sus pechos adolescentes.
Ella sabía que eran pequeños. Pero esa noche le parecían grandes y sexys. Con
la punta de sus dedos recorrió toda la extensión de sus tetas, era como
hacerlo pro primera vez, al fin se apodero de sus pezones y los oprimió
delicadamente, un delicioso cosquilleo invadió todo su cuerpo.


-Uuuuuummmmm.- Gimió al tiempo que colocaba el teléfono en su hombro para
oprimirlo con la cabeza. Así pudo liberar su otra mano para apretar su otro
seno. - Despacio.- Ordeno la voz.- Hazlo despacio. Deja que se pongan duros.-
Serena lucho por controlarse y oprimir sus pechos con menor rapidez. Un calor
intenso se fue apoderando de su cuerpo. De hecho sintió que sus pantaletas se
humedecían a causa de los líquidos que escurrían de su coño.


-Quítate los pantalones y las pantaletas.- Fue la siguiente orden. Serena
volvió a sorprenderse de que Ángel supiera tan acertadamente la ropa que
portaba. Obediente levanto las caderas y se despojo de las prendas. Sus ojos
miraron hacía la cama vecina. Si Sammy despertaba se armaría un lío. Pero
este seguía hundido entre las sabanas. -¿Puedes ver tu coño?.- La princesa se
ruborizo más aún y miro por sobre su vientre.


- Si.- Dijo con voz temblorosa.


-Anda. Tócalo.- Lentamente Serena acerco sus dedos hasta su coño. Lo
primero que advirtió fue una cálida humedad que, como rocío, cubría su vello
púbico. Luego sintió los delicados labios de su coño, los encontró hincados
y palpitantes, como una herida en medio de sus piernas. Suavemente los abrió é
introdujo un de sus dedos, casi al instante se tropezó con su clítoris. Este
se sentía duro como un roca pequeña. Cuando la princesa comenzó a frotarlo
una oleada de lujuria sacudió todo su ser, sus nervios se tensaron como cuerdas
de violín, sin pensarlo comenzó a introducir un dedo tras otro hasta que todos
estuvieron dentro de ella. Solo la presencia de himen impedía que se lanzara más
a fondo. Aún así se frotaba con intensidad disfrutando el escozor que le
provocaba el tallar su sexo. Su otra mano se mantenía ocupada oprimiendo y
pellizcando sus pechos, a veces lo hacia violentamente hundiendo las uñas en su
carne hasta casi hacerla sangrar. Su mirada estaba fija en aquella mano, su
mano, entrando y saliendo de su coño, mojada en sus líquidos íntimos, cada
vez más rápido.


- Aaaaaahhhhh.... Aaaaahhhhhh....- Gemía la princesa apretando los dientes
para no hacer más ruido.


- Piensa en mi pequeña... piensa en mi...- La voz sonaba excitada. Serena
cerro los ojos y comenzó a recordar aquel beso prohibido en la colina. El calor
de aquel cuerpo femenino apretándose contra el suyo. Poco a poco su imaginación
la hizo creer que eran las manos de Ángel las que recorrían su cuerpo. Que
esos labios besaban y mordían a su antojo sobre su piel. - Si... si... soy yo
quien te toca... son mis manos.... Ooooohhhhh... que bellos pechos, que coño
hermoso... voy a chupar tu coño... estoy chapándolo.... ¿me sientes
verdad?... ¿lo sientes?..- Aquello era un sueño o una pesadilla, cada palabra
era dicha en el momento justo, como si realmente Ángel la estuviera mirando
desde algún lugar entre las sombras. Las caderas rotaban desesperadamente.
Repentinamente un hormigueo estallo en su clítoris, seguido por un torrente de
ardientes líquidos.


-¡Oooooohhhhh!....- Serena sintió que moría al tiempo que aquella cascada
de calor intimo.


-¡Hermoso pequeña!... ¡Hermoso!- La voz de Ángel sonaba pastosa y
desesperada. - Sigue...¡Sigue!...- El caudal que emanaba de Serena pareció
escuchar los deseos de una diosa, pues en vez de disminuir continuo con mayor
intensidad. -¡Aaaaaaaahhhhhhhh!.- Esta vez Serena no pudo impedir que su gemido
escara de sus labios con toda su fuerza. Las sabanas de la cama vecina se
movieron. La luz del cuarto de sus padres se encendió. En cualquier momento la
puerta se abriría, Sammy saldría de entre las sabanas, todos la mirarían.
Todos verían su coño escurriendo líquidos, todos mirarían su mano entrando y
saliendo de sus entrañas. Pero no podía detenerse, sus manos seguían
trabajando intensamente. Era como si no fueran suyas, como si una fuerza le
impidiera detenerse. Lo único que logro fue girar sobre su costado.


Su corazón latía fuertemente. Esperando escuchar la voz de su madre o de su
hermano en cualquier momento. Pero nada ocurrió. Jadeando se incorporo y miro
hacía la entrada del cuarto, la luz había desaparecido. Sammy seguía oculto
entra las sabanas. Era como si todo hubiera sido un sueño húmedo. Excepto por
que estaba semi desnuda, con el coño húmedo y los dedos impregnados en sus
propios jugos.


-No vemos mañana en la colina pequeña. Buenas noches.- Un Clip y luego un
largo y agudo zumbido. Serena cerro el aparato y se cubrió con las sabanas. El
sueño llego tan rápido que fue como si se hubiera desmayado.


En una habitación vecina Ángel colgaba el teléfono. Recostada en su cama,
solo cubierta con un delicado baby doll en color negro, a sus pies dos figuras
la miraban expectantes. Una era su chofer. Estaba totalmente desnuda luciendo
toda la belleza de su cuerpo de ébano. La otra era una chica ataviada con un
ajustado traje de cuerpo negro. Su rostro estaba oculto detrás de una mascara
del mismo material.


-¿En verdad le interesa esa mocosa ama?. Interrogo la chofer.


-¿Celosa Jessi?.- Dijo Ángel con un gesto de burla en su hermoso rostro.


- Si.- Respondió la mujer bajando la cabeza. Sabía que sus sentimientos no
eran algo que le interesara a su señora.


-¿Tú también estas celosa?.- Ángel miró a la enmascarada. Esta solo movió
la cabeza en señal afirmativa. - ¡Ooooohhhh! Lo siento.- Ángel sonrío
cruelmente.- Olvide que aún sigues castigada.- Cariñosamente acaricio la fría
mascara de cuero.- Me siento muy bien esta noche. Tal vez mañana te levante el
castigo.- La enmascarada apoyo la frente contra el delicado pie. Agradeciendo el
gesto de su dueña.


Ángel sonrió y miro hacia la ventana. La luna reinaba en el cielo pero una
nube oscura la atrapo.


 ..


CONTINUARA....


 ..


AUTOR: "..EL MONJE"...

Dudas quejas y sugerencias a: raguiler@data.net.mx



 

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