¡Uy, uy, uy! Algo muy extraño está pasando con nuestras heroínas. Es algo
tan malo, tan perverso, retorcido, depravado y vicioso que yo diría que tiene
algo que ver con... Oh, no, no quiero pensarlo. ¡No! ¡Agh! ¡Es él! ¡Es...!
"..Ese".. contemplaba la tierna escena en su televisor maligno. Sus
carcajadas diabólicas resonaban por toda su glamorosa mansión, pues su plan
iba sobre ruedas. Cactus había sido la primera en sucumbir a los placeres de la
carne.
Después de ella, Pétalo, y después, por fin, Burbuja. Las tres supernenas
perderían sus superpoderes, a la vez que su dulce virginidad. Y entonces...
- ¡DOMINARÉ EL MUNDO! ¡JAAAAA JA JA JA! ¡PERO QUÉ MALO SOY!
"..Ese".. el malo más malo de todos los malos habidos y por haber, ese
malo mezcla de demonio y drac-queen, correteó por toda su mansión, deleitado
por su próximo triunfo.
Por fin, iba a dominar el mundo. Y todo se lo debía al sexo, al dulce y
sencillo sexo, el sexo seductor, sin frenos, el sexo sucio y desesperado entre
tiernas mujercitas.
Temblando de placer, se sentó en su sofá con un bol de palomitas, dispuesto
a contemplar el espectáculo final.
Quedaba su favorita, la más tierna e inocente de las tres hermanitas...
 ..
Cactus obligó a Pétalo a no llevar ropa interior. La amenazó con que, si la
veía usar bragas o sujetador, le confesaría al profesor las guarradas que habían
hecho juntas. Pétalo avergonzada, caminaba por la casa sin ropa interior. No
obstante, era algo delicioso sentir su conchita libre entre sus piernas, al
aire, y sus pechos sin más atadura que el vestido rojo, contra el cual se
adivinaban a veces sus pezones.
Cactus se divertía con la vergüenza de su hermana, no podía creer que
ella, la más lista de las tres, la "..jefa".., por llamarla de alguna
manera, fuera tan mojigata. De vez en cuando, para divertirse, le daba un
cachete en el culo o rozaba uno de sus pechos como sin querer, y se echaba a reír
oyendo las protestas de Pétalo. Aquel juego era muy divertido.
Aquella tarde el profesor volvió de jugar al golf, y Burbuja de su cita. Pétalo
sudó mares, temiendo que el profesor se diera cuenta de su falta de ropa íntima.
El profesor dieron la bienvenida a Cactus, que se había marchado de casa hacía
tanto tiempo para vivir su vida.
¡Qué guapa estaba Burbuja! Siempre había sido la más bonita de las tres,
y ahora tenía el principio de un verdadero cuerpo de mujer. Bajo su vestidito
azul ocultaba una silueta estilizada, una cinturita delicada, un culito gracioso
y unos pechos apetitosos que nunca antes había tenido. A pesar de que las tres
habían sido creadas en el mismo momento y tenían por tanto la misma edad,
Burbuja conservaba aun cierta ternura en su cuerpo. En parte a eso contribuían
sus perpetuas coletas rubias y sus risueños ojos azul claro.
Por su boquita torcida, Burbuja no parecía muy satisfecha con la cita de
aquella mañana. Cactus insistió en que se lo contara todo, como una buena
hermana. Subieron juntas las escaleras hacia el cuarto. Antes de desaparecer en
el piso de arriba, le guiñó un ojo a Pétalo, señalando al profesor. Quería
que se deshiciese de él.
- Esto... Profesor... -comenzó a improvisar.
- ¿Sí, Pétalo? -dijo el profesor Utonium, que estaba viendo un documental en
la tele.
- ¡Ah, sí! Que llamó la señorita Bellum y dejó un mensaje para usted.
- ¿La-la-la-la Señorita Bellum? -tartamudeó el profesor- ¿Para mí?
- Sí. Dice que... que... Que le necesita desesperadamente. Que quiere que vaya
ahora mismo al ayuntamiento. El alcalde no está, está sola. ¡Fíjese que no
me ha dicho de qué se trataba!
- Ca-ca-ca-caray, entonces supongo-supongo que tendré que ir ahora mismo como
buen caballero que soy. Me voy, Pétalo, cuida de tus hermanas.
- Adiós profesor.
En catorce segundos con ocho décimas, el profesor Utonium se afeitó, se echó
colonia, se puso un traje elegante con corbata, y salió de la casa corriendo, más
encendido que el dedo de E.T.
Pétalo comenzó a subir las escaleras, pensando con tristeza que algo muy
grave iba a pasar en aquellas horas siguientes.
- Cuéntale a tu hermana lo que te ha pasado con ese chico -decía Cactus a
Burbuja, sentadas en la cama redonda-. Me huelo que nada bueno.
- Bueno, pues no. ¡Ese chico se ha pasado!
- ¿A qué te refieres?
- ¡Se ha pasado conmigo! Estoy harta de los chicos. Son unos animales que sólo
piensan todos en lo mismo. ¡Oh, Cactus, estoy tan triste! ¡Todos los chicos
quieren tocarme demasiado, y eso no me gusta! ¡No se qué me pasa!
- Oh... cariño, no llores...
Cactus dejó que Burbuja llorara sobre su hombro. Se excitó cuando notó sus
lágrimas humedeciendo el tirante de su camiseta. Sólo tenía un pensamiento en
la cabeza, y no podía demorarlo mucho más. Le dio palmaditas cariñosas en la
espalda, intentando consolarla.
- No te preocupes -le dijo-. Tú no tienes la culpa de nada. Eres una chica
buena, simpática y preciosa. Le gustas a todo el mundo. Y no hay que perder la
esperanza en el amor. Es sólo que...
- Oh, Cactus que buena eres conmigo.
- Es sólo que tengo comprobado que los tíos son todos unos cerdos. Piénsalo
bien, ¿quién necesita a los hombres?
- ¿Qué quieres decir? -dijo Burbuja, mirándola con sus enormes ojos azules
llorosos.
Las dos hermanas estaban abrazadas, sus rostros cálidamente cercanos entre sí.
La respiración de Cactus se aceleraba.
- Quiero decir que -siguió Cactus- quizá hayas buscado en el lado
equivocado.
Quizá no sea un hombre lo que necesites. Si yo pudiera...
- ¿Qué? ¿Qué te pasa, Cactus?
- Oh, Cactus, eres tan linda...
Cactus no pudo aguantar más y la besó. Comprimió sus rojos labios contra
los de su asustada hermana. Durante unos segundos permanecieron soldadas por la
boca, pero luego Burbuja se separó violentamente.
Cactus gruñó.
- ¿Por qué te retiras? -le preguntó- ¡Quiero besarte otra vez, ha sido
maravilloso!
- ¡Cactus! ¡Ha sido tan...! No sé... -gimoteó Burbuja.
- No seas tonta. Yo soy una chica. Sé lo que necesita una chica. Sé como besar
a una chica.
- ¿De... de veras?
- Déjame demostrarte.
Pétalo entró justo en la habitación para ver el beso entre sus dos
hermanas. Se besaban tiernamente al principio, luego era un beso que se movía,
que se humedecía, que se enlazaba.
Durante uno de esos instantes eternos, Cactus abrió sus ojos y miró
directamente a Pétalo. Ella notó el calor naciendo en su cuerpo, los pelos de
punta, la piel de gallina, mientras Cactus besaba apasionadamente a Burbuja.
Cactus recorrió los labios de Burbuja, los besó individualmente, los lamió
hasta dejarlos brillantes, y luego abrió mucho la boca para atraparlos en su
interior.
Burbuja dio un brinco al abrir los ojos y ver a la turbada Pétalo de pie
ante ellas.
- No te preocupes -dijo Cactus-. Pétalo hace todo lo que yo le ordeno. ¿No
es cierto? - Sí, señora -refunfuñó Pétalo.
- Es mi esclava personal. Para empezar le he ordenado que no lleve ropa
interior. ¿Quieres verlo?
- ¿No lleva? -rió Burbuja.
Cactus agarró el borde del vestido rojo de Pétalo y lo fue subiendo
lentamente por sus piernas, hasta descubrir un coñito pulcramente depilado. El
coño que ella misma había desvirgado hacía unas horas.
Dejó que Burbuja observara bien el coño de su hermana. Le invitó a tocarlo.
Vacilante, Burbuja adelantó una delicada mano. Uno de sus delgados dedos,
con la uña pintada de azul, acarició su vello.
Pétalo gimió.
Burbuja exploró aquella menuda mata de pelo con sus deditos curiosos. La
entrepierna comenzaba a humedecerse con los flujos lubricantes. Los deditos
acariciaron el monte de Venus. Pétalo se retorció cuando llegaron a su raja.
La inocente Burbuja estaba pasando sus dedos entre los labios exteriores, no tenía
ni idea del placer que le estaba proporcionando.
Los dedos encontraron un punto muy especial que estaba surgiendo entre
aquella carne que se abría en flor. Al acariciarlo y apretarlo, su hermana gemía,
lloraba, y perdía el control de los movimientos de sus caderas, que bailaban
hacia atrás y hacia alante.
- ¡Ya basta! -cortó cruelmente Cactus- Tenemos todo el tiempo que queramos,
hermanitas. Y tú, Burbuja... Mmmh, qué rápido aprendes...
Y recompensó a Burbuja con un húmedo beso en los labios.
Pétalo temblaba de vergüenza, no podía mirar a los ojos a su hermanita.
Cactus la zarandeó bruscamente para despertarla de su pudor. Se miraron
fijamente, y la besó. Sintió su libidinosa lengua retorcerse dentro de su
boca.
- Ahora vas a ir a mi macuto -le susurró al oído-. Vas a encontrar dos
juguetitos iguales. Mientras yo le doy placer a nuestra hermana, quiero que tú
te pongas uno. Eres una niña muy lista, seguro que sabes cómo se usa.
Con su mirada de gata perversa, le ordenó que cumpliera la orden, mientras
ella y Burbuja se tendían tan ricamente en la enorme cama tricolor. Mientras se
dedicaban besos aun más profundos y ansiosos, acariciaba su delicado cuerpo
sobre el vestido. Apretujó sus pechos, recorrió su espalda con las manos.
Burbuja, a medias gemía, a medias reía.
Pétalo casi se echa a llorar cuando encontró los juguetes en la bolsa.
¡Definitivamente depravada! Extrajo uno de los cinturones de cuero negro.
Tenía sujeto un pene de goma de enormes proporciones, dotado incluso con sus
respectivos testículos. En la parte interior del cinturón, sobresalía otro apéndice.
Muerta de arrepentimiento, pero cumpliendo las órdenes de su nueva jefa, se
puso el cinturón, encajando el apéndice interior en su vagina. Mientras
hiciera el amor a otra persona, aquel pene estaría penetrándola a su vez, en
un demencial juego de dar y recibir.
Se acercó a su hermanas con aquel enorme pene sobresaliendo de su cintura.
Cactus soltó la teta de Burbuja entre sus dientes para contemplar la divina
aparición. Se relamió.
- ¿No es una preciosidad? -dijo con voz melíflua.
- ¡Qué grande! -dijo Burbuja.
- ¡Es una monstruosidad! -protestó Pétalo.
- Esclava, ven a la cama, ¡vamos, a la cama! Quiero que le hagas el amor a esta
preciosa chica.
- ¿Esa soy yo? -rió Burbuja- Oh, Cactus, es muy grande, y yo nunca...
- Tranquila, puedes empezar por hacerle una buena mamada a tu hermanita la
pelirroja. ¡Vamos! ¡Quiero que le chupes la polla! ¡Obedece!
Burbuja acercó su boquita al gran falo de su hermana. El primer beso en la
punta hizo mover el instrumento en la cavidad vaginal de Pétalo, que se revolvió
de gusto, aun sin quererlo.
- ¡Venga, chupa, esclava, chupa bien! ¡Métetela toda, hasta los huevos!
Burbuja tuvo que dejarse de besos y engullir el pene directamente, para
satisfacer a su ama. Era demasiado grande, y sólo le cabía la mitad en la
boca.
Pero Cactus no estaba satisfecha. Sujetó su cabecita rubia y la obligó a
bajar y bajar, hasta que la verga desapareció dentro de su boca, tocando los
testículos con los labios, hasta que la verga le llegó a la garganta.
Burbuja gruñó: la sensación fue angustiosa. Consiguió zafarse rápidamente
y soltar la verga. Un hilillo de saliva colgó de sus labios, enlazándolos aún
con el pene artificial. La estampa era maravillosamente viscosa.
- Muy bien -dijo Cactus-. Parece que ya sabes cómo chupar una buena polla.
Ahora pasemos a algo mejor. ¿Sabes? -dijo, dedicándole una mirada de cómplice
a Pétalo- Creo que el desfloramiento, el que de verdad nos interesa, podremos
dejarlo para después...
- ¿Des-qué? –gimoteó Burbuja -¡Oh, chicas, eso no suena nada bien!
Vamos a dejar ya el juego, ¿vale? ¡Por favor...!
- ¡Calla! –ordenó la inflexible Cactus- Pétalo, quiero que desvirgues su
culo.
- ¡No lo haré! –repuso Pétalo- ¡Ella no lo soportaría! ¡Es demasiado
grande!
- Mmmh... Claro que podrás, cariño. Sólo tienes que hacerlo con un poquito de
dulzura. Estoy segura de que lo harás muy bien. Y tú Burbuja... –dijo,
volteando a su hermanita rubia sobre la cama, alzando su suave culito ante Pétalo-
Estoy seguro de que lo aguantarás hasta el final. Eres una chica muy fuerte. ¿Vale?
Ahora yo voy a ponerme una cosita, y enseguida vuelvo con vosotras. ¡Vamos,
quiero que le desvirgues el culo! ¡Venga!
Cactus se retiró de la cama.
Pétalo y Burbuja se miraban fijamente. Burbuja adivinó el miedo de su
hermana.
Se acercó a sus labios... y le dio un piquito.
- No te preocupes por mí –dijo-, soy una tía dura, ¿sabes? –qué linda
era, incluso en esos momentos de abuso y bestialismo- Quiero que me hagas el
amor...
Burbuja se inclinó y Pétalo ya no dudó más. Apartó las castas braguitas
de su hermana, y comenzó a ensalivarle bien el ano con la lengua, para que
aquel primer desfloramiento fuera lo menos doloroso posible. Con cada movimiento
de su lengua, Burbuja se contraía y suspiraba. Cuando ya estuvo bien brillante,
Pétalo comenzó a rondar el ano con su verga. Le daba golpes y suaves empujones
para que fuera habituándose. Cuando creyó que ya estaba listo, cerró los ojos
con fuerza, y empujó, empujó, resbaló hacia su interior, hasta que la polla
entró totalmente en su retaguardia. Burbuja soltó un grito animal, no se sabía
si de infantil sufrimiento o de satisfacción plena al ser encajada de aquella
manera rotunda.
Una vez abierto el camino, Pétalo entró y salió, entró y salió. El
culito de Burbuja la acompañaba en sus movimientos, pidiendo más maltrato,
queriendo retenerla dentro.
- ¡Oooh, nena! -dijo Pétalo- ¡Al final –uh- te ha cabido toda -ah- toda
dentro -mmmh! ¡Eres una niña buena!
- ¡Oh! ¡Oh! ¡Mh, sí! ¡Oh!
- ¡Muévete! -gritó Pétalo, sintiendo el aparato moverse en su interior al
ritmo de sus propias acometidas- ¡Mueve el culito, sí! ¡Qué bien –ungh- mi
niña!
- ¡Métemela más al fondo!
- ¡No puedo, no puedo más! ¡Es todo lo que tengoooooh-aaaaaah!
- ¡Síiiii!
Detrás de ellas sonó la voz de Cactus.
- Seguid unidas, chicas, no os separéis ni un segundo, ya estoy con
vosotras...
No tenían ninguna intención de separarse. Mientras Pétalo follaba a su
hermana sin cesar en su ritmo, Cactus se le acercó. Al ver cómo sonreía,
exhibiendo entre sus piernas un nuevo miembro, adivinó sus perversas
intenciones, pero el placer era tal que no pudo parar para hacer nada.
Con la habilidad de una serpiente sinuosa, Cactus se deslizó bajo Burbuja.
Se agarró a su espalda, y con agilidad pasmosa y sin preámbulos encajó su
pene en la tierna vaginita de Burbuja.
Ahora la más tierna de las tres hermanas estaba disfrutando de un doble
desvirgamiento en toda regla: penetración vaginal, penetración anal, dos
enormes falos largos y gruesos que entraban y salían de su carne sin parar.
Las tres estaban unidas en su frenesí. La cama tricolor temblaba como
sacudida por un terremoto.
Cactus, apartó la cara dolorida de Burbuja para agarrar la de Pétalo y
engancharse con su lengua. A partir de entonces no la soltó, permaneció hasta
el final agarrada con todas sus fuerzas a su boca, a su lengua, siendo Burbuja
la única que tenía boca para gritar por el placer extremo del doble
desvirgamiento.
- ¡AAAH! ¡SIIIIII! ¡OOOOOOGH! ¡MIS DOS HERMANITAS FOLLÁNDOME, QUE BUENO!
¡YAAAAA! ¡YAAAAAAAAAAAAAAAH!
Las tres hermanas alcanzan un potente orgasmo juntas, con las patas de la
cama a punto de romperse con la violencia de tanto ir y venir.
- ¡OOOOOOHDIOOOOOSSSS!
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHMMMHAAAA!
- ¡¡¡MAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSÍIII!!!
Se desplomaron inconscientes sobre sus propios cuerpos, sin fuerzas siquiera
para separar sus uniones de goma, carne, sudor, saliva y flujos vaginales.
Unas gotitas coloradas caían de la vagina de Burbuja...
.........................
En fin. Así fue cómo "..Ese".. destruyó los poderes de las Supernenas,
y extendió por fin su control sobre Townsville, obligando a todos los hombres a
llevar minifaldas de cuero, cinturones anchos y botas altas de tacón de aguja,
y a todas las mujeres a cortarse el pelo, maquillarse mucho y vestir siempre con
boas de plumas.
¡FIN!
¿Algo que decir? eslavoragine@hotmail.com