Slayers (II)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Después de aquella aquel tórrido e increíble encuentro, Reena se había
sumergido en un sopor fruto del gran esfuerzo. La lógica decía que tras aquel
encuentro, Reena dormiría profundamente hasta más allá del amanecer, incluso
del mediodía. Sin embargo, cuando abrió los ojos, la oscuridad de la noche
seguía reinando en su habitación, solo rota por las velas que había en la
habitación.


"..Dios mío, ¿qué he hecho?".. pensó Reena intentado despejar su
mente. A ella acudían atropelladamente todos y cada uno de los recuerdos de
aquella noche de pasión y amor con Calis.


"..¡Calis! ¿Dónde está?"..


Reena se irguió. La sacerdotisa estaba en el otro lado de la cama a su lado,
con su amplia capa sobre su cuerpo.


- Reena, mi muchachita -saludó-. ¿Te encuentras bien, descansada?


- Si, Calis -respondió Reena sin saber que hacer. Una parte de su mente le
instigaba a rechazar y olvidar lo que había ocurrido, pero otra parte de la
misma, no podía evitar deleitarse en el recuerdo de lo sucedido-. ¿Cuánto
tiempo ha pasado? -preguntó al ver que aún era de noche.


- No más de dos horas desde que terminamos.


- ¿Solo dos horas? -dijo Reena asombrada-. ¡Caramba, siempre oí decir que
estas cosas cansaban muchisimo! ¿Después de todo lo que ha pasado este día y
con el estómago lleno solo he dormido dos horas? ¡Debo de haberme tomado diez
litros de café sin darme cuenta al cenar!


- Oh, no. Te he despertado con una invocación de restablecimiento. A fin de
cuentas, como Sacerdotisa de la Dulce Señora, es uno de mis atributos.


- Entonces... ¿Quieres decir que eres realmente una sacerdotisa? -preguntó
Reena asombrada. ¡Si Calis era realmente una sacerdotisa con la bendición de
poder de su diosa, no se parecía en nada a cualquier clérigo que ella hubiese
conocido!-. La... La Dulce Señora. Perdona mi ignorancia... ¿Pero que clase de
Diosa es?


Calis sonrió.


- La Dulce Señora es la Diosa del Amor, de la Pasión que une a los hombres
y mujeres con aquellos a los que aman, quieren o desean sanamente. La que enseña
con su Pasión y Amor a sus súbditos a conocerse y a conocer a los que les
rodean para hacer del mundo un lugar mejor.


- Ah -fue la escueta respuesta de Reena-. Entonces, lo de esta noche...


- Desde que llegaste a nuestro país, tu fama se extendió rápidamente por
tus hazañas. Deseaba conocerte, pues es evidente que un personaje como tu no
está destinada al olvido. Lo que sucedió entre nosotras... -hizo una pausa
para escoger las palabras adecuadas-. Surgió de improvisto. Al ver tu rechazo a
la sexualidad, decidí que debía instruirte en ella. Como sacerdotisa de la
Dulce Señora, es mi deber.


- Ya -dijo Reena con una sonrisa sarcástica-. Supongo... que las
sacerdotisas de la Dulce Señora son muy solicitadas por estos lares.


- Solo en las fantasías de los jovenzuelos lujuriosos -replicó sonriendo
Calis-. Una autentica sacerdotisa de la Dulce Señora sabe interpretar en el
corazón de los hombres y mujeres. Nadie nos pide ayuda, somos nosotros quienes
decidimos quién necesita realmente nuestra ayuda.


- ¿Nosotros? ¿Quieres decir que también hay sacerdotes?


- Sí. Nuestra Dulce Señora no hace restricciones en ese sentido -respondió
Calis-. ¿Te sucede algo, Reena?


- Yo... Esto... -intentó encontrar las palabras-. ¿Quiere decir, lo que ha
pasado esta noche, que yo...?


- ¿Si eres lesbiana? No necesariamente. La respuesta debes de hallarla en el
interior de tu corazón. Lo que ha sucedido está noche simplemente significa,
que como yo creía, eres una persona extraordinaria.


- ¿Extraordinaria?


- Ciertamente. Cuando te vi en el comedor.. la manera en que comíais tú y
Gaudi, como te enfrentaste a aquel noble, a Gaudi... me di cuenta de que posees
una voluntad indomable, que no se doblegará ante nada, un apetito de
experimentar nuevas experiencias y placeres fuera de lo normal. Sin duda,
cualidades notables en una hechicera de renombre como tu. Y también en una
amante -dijo con una significativa sonrisa, haciendo rememorar a ambas lo
sucedido hace apenas dos horas.


Reena miró fijamente a Calis. A despecho de que perteneciera a una de las
hermandades religiosas más peculiares que la joven hechicera hubiera encontrado
a lo largo de sus viajes (¡y no sería porque no conociera hermandades
religiosas realmente extrañas!), no le cabía duda de que era una persona
realmente sabia y conocedora del carácter de quienes le rodeaban. Alguien que
se entregaba a su misión como sacerdotisa de la Dulce Dama con la sincera
esperanza de ayudar a quienes lo necesitaban.


- Creo además -prosiguió Calis- que la respuesta a tu pregunta la conoces
aunque no desees admitirla ante los demás y tratas de ignorarla. Tú amas a tu
compañero, a Gaudi.


Reena apartó la mirada de Calis. Aquella última frase, comprendió que era
cierta. Aunque ambos se pelearan y discutieran cada dos por tres por la comida,
aunque ella le considerara un botarate incapaz de recordar un rostro y él la
considerada una cruel bruja ambiciosa, en el fondo de su corazón sabía que
ella lo amaba por lo que era: valiente, leal, generoso, decidido...


- La pregunta, Reena, es: ¿aceptarás realmente que amas a Gaudi? ¿Lo
aceptarás ante Gaudi?


- Yo... Yo... ¡Creo que me estoy dejando comer el coco! Tras... tras lo que
ha pasado estoy confundida, es lógico que tal idea se me pasa por la cabeza. ¡Ja!
Yo... ¡enamorada! -respondió Reena sin atreverse a mirar a Calis, evadiendo su
inquisitiva mirada.


Calis no dijo nada más, y ambas permanecieron en silencio un largo rato,
hasta que Calis se inclinó sobre un recipiente de cerámica con símbolos
religiosos que contenía un poco de agua.


- Bien -dijo rompiendo el silencio-, por el momento podemos comprobar en que
está ocupado tu hermoso doncel.


Reena se inclinó sobre el recipiente. En el fondo de la misma, veía la
imagen de una habitación a oscuras en la cual apenas entraba la luz de la luna
sobre el lecho, en la cual Gaudi dormía a pierna suelta, con las ropas de la
cama completamente desechas, los pies en la cabecera de la cama, y roncando tan
fuerte que hasta el agua del recipiente que servía para establecer la conexión
mágica vibraba.


Con un rictus en su rostro, mezcla de risa, vergüenza y asombro, Reena dijo:


- En lo que nuestro hermoso doncel está ocupado es en la encomiable tarea de
no dejar dormir a las ratas y chinches de su habitación y hacer estiércol en
la cama.


Calis, con cara de circunstancias, solo fue capaz de asentir asombrada.


- Pa... parece que tu amigo es de los que tienen el sueño revuelto.


- Eres hermosa... la más hermosa... eres única.


- ¿Qué? -exclamaron al unísono Reena y Calis. Pronto comprendieron que era
Gaudi quien hablaba en sueños a través del recipiente.


- ¿Se puede saber a quién demonios está hablando ese estúpido majadero?
-preguntó Reena enfadada.


- No sé, Reena -respondió Calis-. Pero su sueño ciertamente debe ser muy
interesante, obsérvalo más detenidamente, Reena.


Reena no sabía a que se refería Calis, pero ahogo un grito cuando
finalmente lo vio.


- ¡Dios mío! ¡Debe ser inmenso!


A través del recipiente, Reena vio claramente el gran bulto en los calzones
de Calis, que pugnaba por superar la barrera de la tela para abrirse camino hacía
el exterior.


- ¿Qué... qué está soñando? ¿Con quién...?


- Podemos observarlo también -dijo Calis-. Deja que me concentre para
invocar la visión de sus sueños.


En silencio, Reena observó como Calis realizaba su oración de invocación mágica.
El agua del recipiente se volvió turbia y oscura, se agitó por una invisible
mano desconocida (¿la mano de la Dulce Señora?) y resplandeció bañando la
piel de Reena y Calis en una brillante tonalidad blanco azulada, para finalmente
mostrar una nueva imagen, ya en el mundo onírico de los sueños de Gaudi.


El paisaje mostrada por el agua del recipiente, provoco en Reena una
estremecimiento que no fue capaz de explicarse. Gaudi se hallaba sobre una gran
roca resquebrajada por numerosas grietas, en medio de un espacio de impenetrable
oscuridad. ¿Impenetrable? No, porque de vez en cuando se atisbaban brevisimos
destellos de luz o movimiento, que la hechicera era incapaz de identificar. Pero
fue cuando Reena fijó su vista en la mujer que se hallaba con Gaudi en aquel
desolado lugar, cuando emitió un respingo.


Ambos, Gaudi y la mujer, estaban abrazados. Pero mientras que los rasgos de
Gaudi aparecían claros y perfectamente definidos, los de la mujer permanecían
impenetrables. A juzgar por su figura, era una mujer muy joven, esbelta y bien
proporcionada, pero aunque ninguna barrera impedía la visión de su rostro y
rasgos, y los ojos de Reena no se apartaban de ella, esta era incapaz de
determinar el mínimo detalle de sus rasgos. Era como si al mirar a aquella
mujer, la mente de Reena fuera incapaz de discriminar lo que sus ojos le
mostraban de aquella mujer.


- Calis, ¿qué sucede? -preguntó asustada-. No... no... ¡No soy capaz de
distinguir sus rasgos! Es... ¡como si cada vez que viese su rostro, lo
olvidase!


- Creo... creo que -respondió la sacerdotisa-, esto se debe a la propia
naturaleza de la visión onírica. Nosotras solo vemos lo que el propio Gaudi
sueña. En este sueño, su subconsciente ha creado una mujer que puede ser
cualquiera, cualquiera mujer con la cual Gaudi se haya cruzado, o alguien creada
solo para esta ocasión: puede al mismo tiempo ser una mujer determinada, como
varias al mismo tiempo, por eso es tan ambigua: sencillamente, la mente de Gaudi
no le concede importancia a su identidad y desvaría al darle una forma.


Reena escuchó en silencio, mientras en el sueño, Gaudi y la desconocida
mujer se abrazaban, acariciándose y besándose con pasión y cariño, susurrándose
entre ellos dulces palabras de amor, de afecto. La desconocida mujer no tardó
en empezar a desvestir a Gaudi, acariciando y besando el musculoso torso del
joven, mientras este acariciaba lo que parecía la poblada melena de la
desconocida.


Finalmente, la amante del joven guerrero, le bajo los pantalones y los
calzones, y Reena no pudo evitar que un gemido de placer escapara de su boca al
ver el miembro de Gaudi emerger firme y tiesto. Tal como la joven había
imaginado al principio de la visión, el miembro de Gaudi era magnífico. Mayor
de 20 cm, llegaba quizá a los 23 o 24 cms de longitud de un considerable
grosor. El conjunto de ver el músculo cuerpo de Gaudi en el esplendor de su
desnudez y dotado de semejante instrumente hizo que la hechicera fuera incapaz
de reaccionar en un buen momento, hasta que los gemidos de Gaudi le advirtieron
de que ambos amantes seguían en su encuentro. La misteriosa mujer había
recogido el gran miembro de Gaudi y ahora lo acariciaba, lo besaba, le chupaba
el tronco, la glande, los testículos...


- ¡Esto se acabo! -exclamo Reena rompiendo el silencio en el que ambas, ella
y Calis, observaban la escena-. ¿Qué se ha creído? ¡Esa maldita zorra va a
saber quien soy yo!


- Reena, ¿pero que dices? ¿A quien te refieres? -preguntó sorprendida
Calis al ver como Reena buscaba su camisón de dormir para vestirse.


- ¿A quién crees que me refiero? ¡A ella! -respondió al tiempo que señalaba
el recipiente de agua-. ¡Voy a la habitación de Gaudi a acabar con todo esto!
¡Se va a enterar de quién de soy yo!


- ¡Reena! No puedes hacerlo. Esa mujer no existe, solo es un producto de la
imaginación de Gaudi. ¡No existe! ¿Qué vas a hacer? ¡No puedes entrar en su
habitación para despertarlo en medio de la noche y castigarlo como si fuera un
niño malo que ha mojado las sábanas!


Reena no respondió, pero se volvió hacía Calis en silencio. Por un
segundo, la sacerdotisa parpadeó sorprendida al atisbar una lagrima en los ojos
de Reena, pero cuando volvió a mirar, no distinguió nada.


En silencio, ambas volvieron la vista hacia el recipiente. En aquel momento,
la desconocida se llevaba el gran miembro de Gaudi a su boca y empezaba a
chuparlo y mamarlo, tragando todo cuanto podía de la polla de Gaudi con
bastante éxito. Parecía además que lo hacía realmente bien, pues el cuerpo
de Gaudi se estremecía con bastante intensidad. A despecho del dolor y rabia
que experimentaba al sentirse traicionada por Gaudi en aquel sueño, Reena no
podía evitar que aquella situación la excitara. Veía a Gaudi amar a aquella
mujer, recibir sus caricias, follarla por la boca, como dirían más de un
impertinente salteador de caminos, y deseaba ser ella quien estuviese con Gaudi
en aquel momento, pese a que era un idiota imbecil incapaz de recordar el rostro
y nombre de nadie, que no sabía quien le amaba con todo su ser y que sufría
por su culpa.


Gaudi incorporó a la joven y lentamente empezó a besar sus pechos,
acariciar con la lengua sus pezones, acariciar su hermoso y bien formado culito,
provocando en su amante inconfundibles gemidos de placer. Conforme Gaudi fue
bajando sus caricias a través del ombligo de su amante y acercando sus manos a
su raja por la parte posterior, los gemidos de la mujer fueron ganando poco a
poco en intensidad y fuerza. Cuando finalmente llegó a su ya mojado coño y lo
abrió, empezó a besarlo y acariciarlo con una pasión que acabó por desbordar
a la desconocida mujer, mientras en su habitación, Reena, sentada sobre la
cama, inconscientemente acariciaba su propia vagina sin apartar la vista de lo
que sucedía en el sueño de Gaudi.


La desconocida joven parecía estar al borde de un orgasmo. Sus gemidos
ganaban en intensidad, y su respiración a juzgar por sus hermosos pechos, que
bajaban y subían con fuerza era cada vez más jadeante. De repente, Gaudi cesó
de lamer el coño de la mujer. Incorporándose, la besó apasionadamente,
mezclando en su saliva los jugos que había recogido de su concha, al tiempo que
la tumbaba en el suelo, y abriendo con una mano su concha y sujetando con la
otra su gran miembro, la penetró hasta el fondo de golpe.


La reacción fue inmediata. La misteriosa joven gritó, dolorida pero también
víctima del inmenso placer desencadenado cuando se produjo su primer orgasmo.
Sus convulsiones de placer fueron tales que por un momento pareció que se
desmontaría de la polla de Gaudi, si bien inmediatamente, y sin dejar de gemir
de placer, se impulso con su concha hacía adelante para seguir sintiendo aquel
enorme, hermoso y palpitante pedazo de carne que invadía su ser. En la habitación
de Reena, esta empezó a acariciar su coño, ya bien mojado con más intensidad,
sumando al esfuerzo su otra mano, e introduciendo dentro la punta de tres dedos,
imaginando que no era a aquella mujer a quién Gaudi penetraba, sino que era a
ella. Por su parte, Calis, contagiada por la pasión y entrega de Reena al
placer, también se masturbaba. Echada de bruces sobre la cama, con una mano se
acariciaba su concha mientras con la otra mano acariciaba y masajeaba sus
pechos.


- Gaudi... -susurro entrecortadamente Reena-, ¿pero que me haces? ¿Cómo es
que me haces reaccionar así? ¿Por qué?


Calis oyó la pregunta y sonrió. "..Porque le amas".. se dijo,
"..Porque habéis nacido el uno para el otro, pero ni siquiera ahora lo
aceptarás ante nadie, ni siquiera ante ti misma, Reena Inverse"...


Ajeno a la pregunta de Reena, en su sueño, Gaudi apenas dejó tiempo a su
amante para recuperarse. Pronto inició un lento mete y saca en principio en el
cual el cuerpo de la desconocida, que tras el orgasmo se mostró por un breve
instante más relajada, pero las suaves embestidas de Gaudi pronto la hicieron
gemir con cada vez más fuerza, conforme Gaudi aumentaba el ritmo e intensidad
de sus embestidas. Mientras, Reena asistía hipnotizada al mete y saca de Gaudi,
a como su viril y magnífico miembro entraba y salía en aquella abierta y
acogedora concha, provocando estremecimientos de placer. Ahora ella había
introducido en su coño cuatro dedos para masturbarse con más fuerza, conforme
aumentaba el ritmo de las embestidas de Gaudi. Calis, por su parte, asistía al
sueño de Gaudi con más calma, pero no por ello renunciando al placer. Si sus
movimientos no eran tan frenéticos e intensos como los de Reena, si eran más
sabios, mejor dirigidos y aleccionados a proporcionar un placer más sutil y
moderado, pero no por ello menor al de Reena.


El ritmo de Gaudi no paró de aumentar poco a poco en los siguientes minutos,
de tal modo que pronto Reena renunció a seguirlo y se dedicó a su propio
placer sin dejar de espiar el sueño de Gaudi. La desconocida gemía sin cesar,
cuando súbitamente Gaudi la volteó para dejarla tumbada de lado sin sacar su
polla de la concha de la desconocida, para inmediatamente después volver a
introducir su miembro con fuerza hacía el fondo. Esto provocó de nuevo los
espasmos de placer que precedieron a un segundo orgasmo de la desconocida, cuyos
gemidos de placer inundaban los oídos de Reena.


Gaudi siguió en esa postura breves minutos hasta que lentamente, se salió
de la desconocida. Con ternura, dejo que esta se tumbara boca abajo sobre la
roca, para empezar a acariciar y besar toda su espalda, subiendo y bajando desde
el cuello hasta su hermoso culo, pasando también por sus pechos. Lentamente, la
desconocida se fue incorporando reaccionando a las caricias de Gaudi hasta estar
a cuatro patas.


En la habitación de Reena, Calis no se sorprendió en absoluto cuando Gaudi
introdujo su miembro nuevamente en la vagina de la desconocida desde atrás. En
esta postura, Gaudi empezó a introducirlo lentamente, acariciando con su
miembro cada centímetro del interior de la vagina de su amante, para por fin
empezar a moverse rítmicamente. Esta vez, la desconocida empezó a moverse
junto a Gaudi, para facilitar aún más su penetración, y rápidamente
alcanzaron un veloz ritmo en el cual la intensidad de sus gemidos llegó incluso
a alarmar a Calis de la posibilidad de despertar a los huéspedes de las
habitaciones contiguas. Por su parte, Reena, tras dos nuevos orgasmos en su
haber durante el sueño de Gaudi, parecía estar cercana a otro más. En aquel
momento, la pareja de amante cayó sobre la roca al fallar sus extremidades
debido a la intensidad de su placer. Ahora, ambos seguían en la misma postura
pero recostados sobre un lado, mientras Gaudi levantaba una pierna de la
desconocida para facilitar en esta nueva posición la penetración.


- ¡Calis! ¡Mira! ¡Veo sus rasgos!


Sin saber en un principio a que se refería, Calis investigo en el
recipiente. En efecto, ahora los rasgos de la mujer dejaban de estar envueltos
en aquel halo de indeterminación que había mostrado hasta el momento. Sus
rasgos se mostraban a intervalos: primero la suave piel de la mejilla, sus finos
labios, un mechón de su cabello, la punta de la nariz, otra vez sus labios, sus
grandes ojos... Ahora, ambas mujeres, Reena y Calis espiaban fijamente el rostro
de la desconocida, en espera de que el misterioso velo de indeterminación que
lo cubría se resquebrajará totalmente.


- ¡Vamos, maldita sea! ¡Descúbrete de una vez! -exclamó Reena.


En el sueño, la pareja de amantes estaba al borde de un orgasmo que tenía
visos de ser brutal. Su respiración era entrecortada, jadeante, pero la
intensidad de sus movimientos y estremecimientos se había incrementado aún más.
De repente, la desconocida empezó a aullar de placer víctima de un intensísimo
orgasmo. Para Reena y Caris, sus rasgos eran cada vez más definidos y cada vez
se descubrían más: su peinado, sus blancos dientes, sus caninos, ligeramente
afilados, las pestañas de sus ojos, su barbilla... Aún así ninguna de las dos
podía aún resolver el rompecabezas, pero mientras la misteriosa mujer aullaba
aún de placer, Gaudi salió de ella y aproximó su vibrante miembro a punto de
estallar a su rostro. Sin decir una palabra, ella lo sujeto con una mano y se
llevo a la boca mientras lo acariciaba con fuerza para tragárselo y mamarlo en
el momento en que Gaudi rugió de placer y se fue en su boca. Aunque la mujer
intentó tragar toda la leche de Gaudi, la fuerza de la descarga, así como la
cantidad de la m En su habitación, Reena y Calis observaban asombradas el
desenlace del sueño. - Soy yo. Gaudi ha soñada conmigo -repetía Reena
asombrada, hasta que una sonrisa cruzo su rostro-. ¡¡Vivaaaaa!! ¡¡Siiiii!!
¡¡Soy yo!! ¡¡¡Gaudi me ama!!!


- ¡Reena! -exclamó Calis llevando su mano a la boca de Reena para hacerla
callar-. ¡Vas a despertar a todo el mundo!


- ¡Jajaja! ¿Qué importa? ¡Gaudi me ama! ¡Me ama!


Calis la dejo hacer. En realidad, se alegraba por Reena, pues ahora si
encontraría el valor necesario para declarar sus sentimientos a Gaudi.


- ¿Eh? ¿Qué pasa? -interrumpió sus pensamientos Reena-. ¿Por qué vemos
de nuevo la habitación de Gaudi?


Calis se inclinó sobre el recipiente. En efecto, ahora este mostraba
nuevamente la habitación de Gaudi, el cual despierto, se incorporaba.


- Tu amado debe haber despertado y ya no podemos seguir espiando sus sueños,
por lo que la imagen que nos enseña el cuenco es la inicial -explicó Calis. En
su habitación, Gaudi se despertaba.


- ¡Oooouaaaa! Vaya -se dijo al ver que aún era de noche-, ¿cómo es que me
despierto tan pronto hoy? Aún es de noche.


Frotándose los ojos, Gaudi se incorporó sobre su lecho. Tras un instante,
se llevó la mano a sus calzones y miró dentro.


- Vaya... Ahora me acuerdo. ¡Con semejante sueño, tendría que estar muerto
para no despertarme! Porque la verdad sea dicha, fue fantástico. Aunque, ¿quién...?


En su habitación, Reena y Calis veían curiosas como Gaudi se sumía en una
profunda reflexión.


- ¡Ah, claro! -exclamó al final el guerrero-. ¡Debí de soñar que lo hacía
con aquella sacerdotisa que estaba sola en el comedor esta noche! ¡Es
ciertamente la mujer más bella que he visto en mi vida!


Calis miró atónita al despreocupado Gaudi, pero cuando fijó su mirada a
Reena, su hermoso rostro se volvió completamente blanco, como si todas las
almas en pena de los Avernos se hubiesen presentado para atormentar sus sueños.


- ¡¡¡RRRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGGGHHHAAAAAAAAAGGGHHHH!!!


El rugido de Reena despertó a todos los aterrorizados huéspedes de la
posada, que creían que una horda salvaje de dragones atacaban la posada, e
incluso a los habitantes de las casas colindantes a la posada. Mientras, en su
habitación, Reena, rechinando los dientes, observaba a Calis con una mirada
homicida inyectada en sangre.


- Esto... ¿Esto es una broma tuya, Calis? -preguntó finalmente Reena tras
un largo silencio en el que Calis apenas fue capaz de respirar.


Calis, asustada, intentó mantener con no demasiado éxito lo compostura.


- ¡Ree... Reena! ¿Cómo puedes... pensar eso de mi? ¡Te juró por el
nombre de Mi Dulce Señora que estoy tan sorprendida como tu, que no tengo nada
que ver con lo sucedido en sus sueños!


- ¿Entonces cómo es que no se acuerda de mi? ¿Qué cree que has sido tu?


- Yo... No tengo ni idea, Reena, créeme. Estoy tan sorprendida como tu. No sé
como el...


Sin hacer caso de las palabras de Calis, Reena salto del lecho, arreglándose
el camisón de dormir. "..No importa lo que Calis pueda creer o
explicarme".. se dijo mientras salía de la habitación rumbo al comedor,
"..¡La realidad es que Gaudi jamás recordará un rostro ni aunque sea el de
aquella a quién ama!".. En el corredor de las habitaciones, los despertados
huéspedes intentaban averiguar la causa de aquel grito que los había
despertado a todos.


- ¡Esto es indignante, vergonzoso! -cacareaba el petulante noble al que
aquella misma noche Reena había agredido en el comedor-. ¡Exigiré al dueño
de la posada que me devuelva mi dinero! ¡Este antro de mala muerte ha perdido
la poca dignidad y decoro de la que era merecedora! ¡Una guarida de trolls y
goblins tiene más categoría que este alojamiento de ratas y parásitos!


En medio de su discurso, el noble tropezó con otra persona en el corredor.


- ¡Insolente! ¿Cómo osa interrum...? -la recriminación del noble terminó
bruscamente cuando al encarar a quien había chocado con él, descubrió el
furibundo rostro de Reena, que vagaba aún perdida en sus pensamientos. En el
corredor se hizo el silencio, y los ojos de Reena brillaron al tiempo que con
una taimada sonrisa identificaba al noble.


- ¡¡¡BOLA DE FUEGO!!!


(continuará)


Autor: Bullets



 

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