Slayers (I)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Finalmente, tras haber derrotado a Estrella Oscura, la compañía se disolvió.
El último de los dioses supervivientes volvió a su mundo portando las cinco
armas de Estrella Oscura, entre las cuales se encontraba la Gorgonova, o Espada
de Luz de Gaudi. El joven guerrero aceptó la perdida de su espada convencido de
la justicia de tal hecho. A fin de cuentas, la Espada pertenecía antes a las
gentes de aquel mundo lejano que a su familia, que la había custodiado por
generaciones, y a lo largo de sus últimas correrías, había conseguido otra
espada en la perdida Aldea de la Justicia, que si bien no era tan espléndida y
poderosa como la Espada de Luz, no cabía duda de que era un arma muy poderosa.


Theros, por su parte, se evaporó en el aire inmediatamente después de la
marcha del dios con una traviesa sonrisa de despedida en su rostro, como era su
costumbre. Fibia, por su parte, partió en su forma de dragón de inmediato hacía
su hogar, o lo que quedaba de él después del paso de Estrella Oscura, llevando
consigo a Gillias y el renacido Vargas. Prefirió así separarse de sus compañeros
para poder durante el viaje pensar con tranquilidad en todo lo que había
ocurrido en aquellos trágicos días. Amelia, por su parte, decidió volver
cuanto antes a su país para informar a su padre de todo lo ocurrido, como era
su deber de princesa y emisaria de su padre.


Así, solo quedaron juntos Reena, Gaudi y Zellgadys, pero no tardaron en
separar nuevamente sus caminos: mientras Reena y Gaudi desean viajar y conocer más
a fondo el nuevo mundo que había tras la desaparecida Gran Barrera Mágica,
Zellgadys decidió reiniciar en este la búsqueda de ejemplares de la Biblia
Claire, en busca del remedio de su apariencia. Así pues, cuando llegaron a una
bifurcación en su camino, Zellgadys se encaminó a una ciudad dotada de una
famosa y reputada biblioteca, mientras Reena y Gaudi se encaminaron a una región
famosa por su cocina. Finalmente, tras un viaje sin altercados relevantes (dos o
tres bandadas de hombres lagarto salteadores) llegaron a la ciudad al atardecer
del tercer día tras su separación de Zellgadys.


- ¡Ouuuaaaa! -exclamó Reena-. ¡Al fin en Retalión! Estoy deseando probar
su cocina y las exquisiciteces de las que tanto nos hablaron.


- No eres la única, Reena -dijo Gaudi-. Lacón asado con salsa Tárbara y
cocido de repollo... ¡Tiene que estar delicioso!


Ambos decidieron alojarse en una de las posadas de la ciudad que tenían
mejor fama culinaria. Tras registrarse y dejar sus pertenencias en sus
habitaciones, bajaron al comedor de la posada y pidieron su cena a gritos.


- ¡Posadero! -gritó Reena- ¡Traenos inmediatamente los platos más
sabrosos de esta ciudad y cuida que nuestra mesa no esté nunca vacia!


El posadero atendió prontamente el pedido de los dos aventureros, que pronto
empezaron a dar buena cuenta de los platos que les traían, atrayendo
invariablemente la atención, como siempre hacían en cada posada en la que
recalaran hambrientos.


- ¡Estaba delicioso! -exclamó Reena mientras terminaba de engullir el último
trago de la fuente-. ¡Camarero, traiga para mi el siguiente plato del menú!


- ¡También para mí! -coreo Gaudi.


El espectáculo de aquella pareja devorando la comida a tal ritmo y de tal
forma acabó finalmente por rebosar la paciencia de un petulante noble que se
hallaba también en el comedor.


- ¡Por mil dragones, señorita! -dijo plantándose al lado de Reena-. ¡Le
ordeno que termine con este bochornoso espectáculo!


Reena levantó la mirada hacía el noble.


- ¿Qué pasa, amigo? ¿A qué espectáculo se refiere?


- ¡A usted! ¡A usted y su compañero, que ante quienes son superiores a
ustedes se


comportan de una manera indigna incluso de los cerdos salvajes, rebajando así
su dignidad, si es que alguna vez la ha tenido!


- ¡¿Cómo se atreve?! -exclamó Reena-. ¡Retire eso inmediatamente, usted
no sabe quien soy yo!


- Lo sé -respondió arrogantemente-. ¡Un animal indigno incluso del
abrevadero de una piara!


- ¡BOLA DE FUEGO! -el ataque mágico de Reena alcanzó a quemarropa al
incauto noble, que cuando se disipó el fuego y el humo, permanecía
completamente chamuscado incapaz de reaccionar, así como el resto de la
concurrencia del local-. ¿Quién es ahora el indigno del abrevadero de una
piara? Y entérese de esto: ¡Yo soy la poderosa hechicera Reena Inverse, que
derrotó a los demonios Sabran´y Gudu, Fibrizzo y Estrella Oscura! ¡La próxima
vez apártese de mi camino o probará mi poderoso Matadragones!


Reena dirigió una mirada al resto del comedor, para asegurarse de que todos
los presentes habían comprendido sus palabras, o si por el contrario tendría
que alzar de nuevo la mano para defenderse de otras intromisiones o ataques. A
su mirada, todos los presentes apartaban asustados la mirada y volvían a sus
platos. También ella iba a volver a su plato, cuando su mirada se detuvo en una
joven solitaria sentada en una mesa. A diferencia del resto de clientes, no
apartó la mirada de Reena. Esta, la observó por un momento detenidamente.


Era una joven bastante mayor que ella, de unos veinticinco o veintiséis años,
de largo y sedoso cabello castaño, con unos hermosos ojos azules y unos labios
delicados y carnosos. Vestía amplias y holgadas vestiduras de color claro, y
miraba a Reena con calma, la cual se sintió evaluada por la extraña.


"..Qué raro".. pensó, "..¿Qué hace esa mujer observándome tan
detenidamente? Esas vestiduras semejan ser de una sacerdotisa. ¿Qué querrá de
mí?"..


Reena permaneció observando a la extraña un momento más, pero entonces oyó
el crujir de un hueso a su espalda, que subidamente la devolvió a lo más
urgente y prioritario.


- ¡Gaudi, maldito patán traicionero! ¡Deja esa comida para mí, no te
comas toda la fuente!


Volviéndose contra Gaudi, ambos se enzarzaron en una feroz disputa por la
comida que aún permanecía sobre la mesa.


- ¡Traidor! ¿Comiendo a mis espaldas mientras yo protejo mi honor? ¡Menudo
protector mío estás hecho!


- ¡Maldita sea, Reena! ¡Tengo hambre y no puedo ocuparme de todos los
embrollos en que te mete tu cabezoneria!


- ¡Está comida es mía!


Finalmente fue Reena quien se alzó con la victoria. Todo esto ocurrió bajo
la atenta mirada de la misteriosa joven, que sonrió al ver el traicionero golpe
que sirvió a Reena para alzarse con la victoria, así como al ver su regocijo.


- Si -se dijo-. No me cabe duda de que cuanto oí de ti es cierto. El azar y
mi Señora me han sonreído esta noche.


Ya caída la noche y tras llenar sus estómagos en abundancia, Reena y Gaudi
se encaminaron a sus aposentos. Gaudi, con el estómago lleno y cansado del
viaje, no tardó en caer dormido como un tronco. Por el contrario, Reena en su
habitación, no lograba conciliar el sueño. Al contrario, aunque se sentía
algo aletargada, su cuerpo y mente estaban tan alertas y despejados como si
estuviese ante una batalla inminente.


- Maldita sea -masculló Reena-. No entiendo como tras el largo viaje y las
cinco fuentes de comida que cenamos estoy tan desvelada.


De repente, alguien llamó a su puerta. Reena, hastiada, se levantó de la
cama y fue hacía ella.


- ¿Quién es? ¿Qué desea a estas horas?


- Bien hallada, mi muchacha. Deseaba tener una audiencia con vos -respondió
una melodiosa voz mientras se abría la puerta antes de que Reena pudiese llegar
a ella.


Reena reaccionó con sorpresa. Ante ella estaba la misma mujer que había
visto en el comedor. Ahora frente a ella, pudo apreciar que era casi una cabeza
más alta que ella misma, así como la calidez de su voz.


- Vaya, tu otra vez -dijo Reena con su característica decisión-. ¿Qué se
te ofrece para interrumpir mi sueño?


- Os ruego me disculpeís por lo intempestivo de la hora, mi muchacha
-respondió la desconocida con una hermosa media sonrisa-, pero no parecéis
estar muy afectada por el sueño.


Sin saber porque, Reena se sonrojó y apartó levemente la mirada.


- Si acudo a vuestra habitación, es para saciar mi curiosidad. He oído
hablar mucho de vos, y siento curiosidad por conocer a la hechicera más
poderosa de la antigua Gran Barrera Mágica, quién logró derruirla al derrotar
al demonio Fibrizzo -dijo la desconocida.


Reena observó a la sonriente mujer sin saber que hacer. Desde el momento en
que la atisbó en el comedor, la había observado con desconfianza, que se
incrementó al verla entrar en su habitación sin su permiso a horas de la noche
tan altas. Sin embargo, sus exquisitos y educados modales al hablar, así como
sus alabanzas, agradaban a Reena. "..Bueno, ya que no tengo sueño la atenderé"..
se dijo la joven hechicera, "..Parece cuando menos interesante, y su
conversación puede ser útil"...


- ¡Me halagan tus palabras, amiga...!


- Calis, Calis del Templo de la Dulce Señora.


- ...Amiga Calis del Templo de la Dulce Señora -saludó Reena sin saber a
que Templo o Dulce Señora se refería la sacerdotisa-. Sentaros por favor donde
estéis más cómoda -invitó


a Calis mientras se sentaba sobre el lecho, para dejar a la sacerdotisa la única
silla de la estancia.


- Gracias -respondió mientras se sentaba en el lecho al lado de Reena. Esta
la miró curiosa, pero desechó cualquier pensamiento extraño y empezó a
hablar con Calis. La sacerdotisa empezó preguntando a Reena sobre sus orígenes,
y siguió con su adiestramiento en la magia y sus enfrentamientos con los
demonios que había encontrado a lo largo del mundo. Conforme respondía a sus
preguntas, Reena se sentía cada vez más relajada con la compañía de la
sacerdotisa. Esta escuchaba con gran cortesía todo aquello que Reena le
relataba. Reena deseaba complacerla en todo cuanto le requería saber.
Finalmente, tras dos o tres horas de conversación, Calis cambió de tema:


- Y dime... Ese joven que te acompaña, Gaudi, ¿es tu amante?


- ¿Co...? ¿Cómo dices? -preguntó Reena, creyendo haber oído mal.


- Ese hermosos joven rubio de largos cabellos. ¿Es tú amante?


- ¡No! -respondió Reena sofocada-. ¿Cómo me preguntas eso? ¿Crees acaso
que soy una...? -preguntó Reena, mientras el enfado se apoderaba de ella.


- Perdona si mi pregunta te molesta -dijo Calis con calma-. ¿He tocado un
tema demasiado intimo?


- Entérate de esto -dijo Reena encarando a Calis-: Nadie hasta ahora ha
sabido conquistar mi... mi... Eh... ¡El eso!


- ¿Tu virginidad? -preguntó sorprendida la sacerdotisa.


- ¡En efecto! ¡Eso es! ¡Nadie!


- Sinceramente, después de todo lo que me has contado sobre ti, me sorprende
mucho eso.


- ¿Cómo dices? -preguntó Reena sin entender a que se refería.


- Hasta ahora me has hablado de toda tu vida como hechicera. En ella me
relatas como has atravesado los senderos de la magia en busca de conocimiento,
poder y nuevas experiencias que llenen tu alma, así como del poder para
doblegar a tus enemigos. Sinceramente me extraña que no hayas reparada hasta
que punto la magia y el sexo son semejantes en esos aspectos.


- Pero... ¡Es diferente! La magia es algo sublime, poderoso, grandioso.. y el
sexo es...


Algo tan...


- ¿Sucio? ¿Y como definirías el invocar a demonios como Sabran´yGudu para
realizar tus más poderosos hechizos? ¿Permitir que la Madre de Todos los
Demonios, la Diosa de La Pesadilla Eterna utilice tu cuerpo? -dijo Calis refiriéndose
a las vivencias de Reena-. ¿No es acaso sublime, poderoso y grandioso el regalo
más intimo que una persona sencilla pueda hacer a aquel que ama, el que permite
engendrar a las criaturas por las cuales daríamos nuestras vidas, el que
perpetua nuestra existencia en el Universo?


Reena no supo que responder. En cualquier otro momento, hubiera intentado
replicar el razonamiento de Calis, o se hubiera desentendido de ella, pero no en
aquel momento. No en aquel momento en que Calis la miraba fijamente a los ojos,
con una dulzura en sus propios ojos que desarmaba a Reena.


- Yo... Yo no sé. No sé que responder a eso -contestó Reena.


- Yo te daré las respuestas, Reena Inverse -dijo Calis.


Calis se deshizo de la capa y mantos que la cubrían, dejando ver a Reena que
tras


aquellas holgadas ropas había un hermoso cuerpo. Calis tenia unas largas y
esbeltas piernas bien torneadas en unos ceñidos pantalones cortos. Tenía una
estrecha cintura resaltada por unas curvilíneas caderas. Al ver sus pechos,
Reena a pesar de su estado de estupor, no pudo evitar sentir un ataque de
envidia. Los pechos de Calis eran voluminosos, bien proporcionados y firmes, aún
sin el apoyó de la seductora camisa que llevaba Calis a modo de sostén. Antes
de que Reena pudiera reaccionar, Calis la atrajo hacia ella y le beso en la
boca.


- ¡Calis! -reacciono Reena-. ¿Pero qué haces? ¿Qué...?


- Enseñarte, mi muchacha. Enseñarte.


Esta vez Calis volvió a besar a Reena al tiempo que una de sus manos se
deslizaba por el camisón de dormir que esta llevaba, acariciando la columna
vertebral con un dedo tan suavemente, que Reena sintió un leve espasmo de
placer que le impidió reaccionar. Mientras Calis seguía besando la boca de
Reena, venciendo rápidamente su resistencia y la pasividad de la propia lengua
de Reena, su mano se deslizó por toda su columna vertebral mientras con la otra
mano acariciaba el muslo de Reena, acercándose poco a poco a su sexo.


Reena no podía reaccionar. En su mente, un caótico cúmulo de emociones y
pensamientos heterogéneos se sucedían. Había caído en una trampa de aquella
desconocida, que la estaba seduciendo.. ella, ¡una mujer! ¡Ella no era como
Calis! ¡No era lesbiana! Pero no podía negar ni ignorar lo que sentía en
aquel momento, el placer que le proporcionaba aquella mujer, sus deseos de
abrazar a aquella mujer y acariciarla, besarla, amarla... Pero cuanto más
acariciaba Calis su cuerpo, cuanto más besaba su boca, ahora su cuello, cuanto
más cerca estaba su mano de su concha, más deseaba abandonarse a ese placer, y
menos conciencia tenía de aquello que le repelía.


Finalmente, Calis llego con su mano a la concha de Reena y empezó a
acariciarla casi son tocarla, apenas rozándola con la yema de los dedos, al
tiempo que su otra mano acariciaba su roja melena y su lengua y labios recorrían
su cuello. Reena al fin alzó los brazos y acarició con ellos la espalda de
Calis, abandonándose al fin en aquella locura de placer.


Al tiempo que la concha de Reena empezaba a humedecerse, Calis hizo más
intensas sus caricias sobre la zona. Sin separarse, ambas se levantaron. Guiando
las manos de Reena, Calis hizo que esta la desvistiera por completo. Los ojos de
Reena se abrieron cuando al fin vio el cuerpo de Calis desnudo. Antes ya había
podido advertir la magnífica figura de su cuerpo, pero ahora lo veía en toda
su esplendorosa belleza. Su suave y hermosa piel, la suavidad de su cuerpo, casi
atlético pero pródigamente generoso ahí donde debía de serlo... El esplendor
de sus pechos, firmes, osados, desafiantes... Movida por un imán más poderoso
que ella, Reena se inclino sobre los pechos de Calis y empezó a acariciarlos
con los labios, a besarlos, chuparlos... Su hermoso culo firme, prieto y
hermoso... Sus manos pronto acudieron a él para acariciarlos, darles su amor...


Calis pronto desvistió a Reena de su camisón, y pudo ver su juvenil cuerpo
menudo y esbelto pero fuerte, sus pechos pequeños pero firmes y erguidos, cuyos
pezones pugnaban por alcanzar a la mujer que deseaban, su concha, pequeña y
limpia de pelos, pero anhelante de más placer. Agachándose, Calis sentó a
Reena en borde de la cama, abrió sus piernas, y empezó a lamer la concha de
Reena.


Esta no articulaba palabra alguna, únicamente gemía de placer. Calis pronto
abrió los labios vaginales de Reena y empezó a besar y lamer en su interior,
mordiendo levemente y cercando con su lengua el clítoris de Reena, la cual
ahora gemía de placer con todo su ser, incapaz ahora de articular palabra,
cuando finalmente sintió el orgasmo que atravesó todo su ser como una descarga
eléctrica continuada, rompiendo en un apasionado grito:


- ¡¡Aaaaahhahaaaaaaahh!! ¡¡Siiiiiiiiiiii!! ¡¡Siiiiiiiiiiiiiii!! ¡Calis...!


Calis abandonó su puesto entre las piernas de Reena para subir hasta su
boca, donde la besó, entregándole de paso sus propios jugos, con los cuales le
acarició la comisura de sus labios, su barbilla, su frente...


- ¿Sabes ahora la respuesta, Reena Inverse? ¿La sabes?


Por toda respuesta, Reena siguió a Calis cuando esta se echó sobre la cama.
Acariciando sus muslos, le abrió las piernas y vio la maravillosa concha de
Calis, pelada y húmeda. Tratando de recordar cuanto Calis le había hecho en su
propia concha, Reena empezó a lamer, besar, mordisquear el sexo de Calis, la
cual gemía suavemente de placer, al tiempo que acariciaba la hermosa melena
roja de Reena.


Reena se dedicaba a su tarea completamente entregada, mientras oía y sentía
los suaves gemidos y estremecimientos de Calis. "..¿Qué hago?".. se
preguntó Reena tras un rato, "..¿Con esto le pago el placer que ha dado, el
estremecimiento que recorrió todo mi cuerpo cuando me vine?".. Reena a pesar
de su excitación, llegó un momento en el que se quedó bloqueada. Se sintió
insegura, era la primera vez que hacía el amor. Parecía haber llegado a un
punto muerto en el cual no sabía que más hacer. "..¡Y un cuerno!".. se
dijo. "..¡Le daré placer, tanto placer qué morirá del mismo! ¡Tanto
placer que la llevaré a las mismas puertas del Edén de su Señora para
continuar allí durante siglos y siglos!"..


Con ánimos renovados, Reena empezó a realizar nuevas caricias, mordisquear
nuevos rincones de la concha de Calis, chupar con más fuerza, con más
suavidad. Los gemidos de Calis pronto se hicieron más intensos y no tardó en
disfrutar del primer orgasmo de su noche. Un orgasmo intenso como pocos había
tenido en su vida. Pero Reena no se detuvo. Siguió en la concha de Calis hasta
conseguir que un segundo orgasmo sacudiera el cuerpo de la Sacerdotisa con tanta
intensidad como el primero.


Jadeando sin resuello, Calis se incorporó y atrajo hacía sí a Reena. Sus
labios se encontraron y durante largos minutos se besaron apasionadamente.
Sujetando a Reena de su estrecha cintura, atrajo su sexo contra el suyo, concha
contra concha. Siguiendo el ejemplo de Calis, Reena pronto comenzó a mover su
concha con gran vigor restregándola contra la de Calis, al tiempo que
alcanzaban de vez en cuando a besarse en la boca o en los pechos. De este modo
no tardaron en tener un brutal orgasmo mutuo, retorciéndose ambas de placer,
mientras sus conchas continuaban restregándose entre ellas ya
descontroladamente.


Después de esto, deberían haber quedar sin fuerzas para continuar, pero
Reena no pensaba en retirarse. Incorporándose, sujetó a Calis por las piernas
y la atrajo hacía sí, llevándose la boca a la concha de Calis, de la cual
empezó a chupar, mordisquear, lamer, besar todo, saboreando en su boca por
tercera vez los jugos de la sacerdotisa. Esta, sorprendida por el vigor de Reena,
tardo un momento en reaccionar y chupar y lamer las piernas de Reena, dándole
un placer que jamás hubiera sospechado. Finalmente, los fuertes gemidos de
Calis inevitablemente se convirtieron en gritos de placer al llegar a su cuarto
orgasmo en aquella noche.


Revolviéndose sobre Reena, Calis situó también su boca sobre la concha de
Reena, formando ambas un 69 y empezó a chuparla con energía. No tuvo que
esperar demasiado a que esta se viniera, pero al igual que antes había hecho
Reena, no se detuvo, cambiando a un ritmo de besos, caricias y lamidas exquisito
pero también poderosísimo, de modo que Reena apenas pudo hacer nada antes de
volver a disfrutar de otro orgasmo. Enrabietada, mientras Calis aún seguía en
su concha, Reena decidió no abandonar la batalla y volvió a la concha de Calis.
Así siguieron durante largo rato, rodando sobre la cama, sucediéndose los
orgasmos en ambas mujeres. Entonces Reena sintió como Calis, sin dejar su
concha, empezaba a juguetear con sus dedos en su culo. El abrasador incendio que
era su cuerpo amenazó con convertirse en un infierno con las caricias de los hábiles
dedos de la sacerdotisa. Pero antes de que Reena pudiera siquiera acercar sus
dedos o su boca al culo de Calis, el fuego se desbordó en el cuerpo de Reena
cuando Calis


Primero introdujo un solo dedo. El sobresalto de aquella intromisión apagó
el ansía combativa de Reena en un primer momento, pues la mezcla de dolor y
placer que invadió su culo era deliciosa. Cuando reaccionó y reiniciaba de
nuevo sus acometidas a Calis, esta introdujo otro dedo. La reacción de Reena
fue inmediata, y grito, cuando el dolor, pero también el placer se
intensificaron. Calis metía y sacaba sus dedos con un ritmo ya más fuerte, que
desarmaba a Reena, que se sentía constantemente al borde del orgasmo. Cuando
esta volvió a arremeter contra Calis, con la lengua, empezó a lubricar y besar
el agujero de Calis, pero no pudo penetrarlo antes de que Calis introdujera su
tercer dedo. Llegados a este punto, Reena no pudo continuar, puesto que un
orgasmos brutal y avasallador, con la intensidad del mar se apodero de ella.
Gritando con todo su ser, Reena se revolvió frenéticamente, pero sin poder
romper el firme abrazo de Calis a su cuerpo con brazos y piernas. El grito y el
fuego en el cuerpo de Reena se convirtió definitivamente en un maremagnum
infernal cuando Calis introdujo un cuarto


(Continuará)


Autor: Bullets



 

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