Perra Guerra
Enviado por Anonimo el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969
 



Perra Guerra. Por Corman.


La lluvia era intensa en aquella ciudad, el agua caía del
cielo con inmensa furia, parece que condenaba aquella escena que el cielo y yo
estábamos presenciando, intentábamos desplegarnos por aquellas ruinas, nos habíamos
quedado atrapados tras una pared semiderruida y un francotirador nos tenia
totalmente acojonados, no podíamos hacer un movimiento sin que él lo viese, de
lo que daba claras pruebas con su arma, que no dudaba en disparar ante cualquier
intento de evasión, mis dos compañeros estaban montando rápidamente un tubo
de mortero donde amartillar el proyectil que debía mandar al infierno a ese
hijo de puta, este emitió un ruido sordo al ser detonado y a esto le siguió un
estruendo en el edificio que teníamos enfrente, o lo que quedaba de él, poco a
poco uno de mis compañeros asomo lentamente la cabeza protegida por su casco,
no pasaba nada.. comenzó a salir un poco más deprisa.. todo estaba en orden.. se
incorporó y nos hizo una señal para que saliésemos de allí, a su señal me
decidí y comencé a reptar hacia él, de repente un estruendo, un silbido cruzó
mis oídos, lo siguiente que oí fue el cuerpo de mi compañero caer al suelo,
mierda, me acerque a él y agarrándole de las piernas conseguí arrastrarle
hasta nuestro punto de partida con la esperanza de que aun estuviese vivo, nada
más lejos de la realidad, tenia un agujero entre las cejas, no sangraba, la
misma bala había cauterizado la herida, mis esperanzas de salir de allí con
vida desaparecieron de un plumazo, pero esta sensación no duró mucho porque al
poco rato oí claramente como un blindado se acercaba a mi posición, y de un
certero disparo a la base del edificio donde se apostaba el francotirador,
derribo el inmueble desatando una nube de polvo y cascotes Aprovechando la
confusión y la cortina de humo subí rápidamente al vehículo y me introduje
en él por la escotilla, dentro se encontraban tres soldados de artillería, me
informaron de que la ciudad estaba prácticamente asegurada y que los núcleos
de resistencia habían sido asfixiados, la victoria estaba solo a unos pocos
minutos de distancia.


No podía entender como se había desatado esta guerra civil
en un país en el que hasta hace poco todos convivíamos en paz y armonía. La
guerra, como a todos, me había cogido por sorpresa, fui reclutado por uno de
los bandos, no por afinidad política sino porque me encontraba en su zona de
influencia y obligado a ir al frente, no sabia cual era la ciudad a la que iba a
entrar, puesto que todo era irreconocible a causa de los intensos bombardeos,
según tenia entendido por las pocas noticias que llegaban a la tropa, la
resistencia anti-aérea había sido feroz, todos intentábamos ubicarnos, pero
nadie se atrevía a preguntar nada a un superior, la situación era desesperada
y las medidas disciplinarias eran brutales. Habíamos sido transportados al
frente por vía férrea, dentro de vagones blindados sin ninguna ventana ni
posibilidad de contacto con el exterior.


Efectivamente bastaron unos instantes para que llegásemos al
interior de la ciudad, el paisaje era desolador, casas en ruinas, cadáveres en
las calles, era la primera vez que veía algo así, no les sucedía lo mismo a
tenor de sus comentarios, a mis compañeros, los cuales estaban hablando del
saqueo que iban a llevar a cabo en cuanto plantasen sus pies en el suelo, saqueo
del que se suponía que yo tenia que participar.


El ruido del motor se paró, salimos del vehículo y nos
reunimos con una columna de infantería que avanzaba desde la parte este de la
ciudad, cantaban y gritaban mientras remataban a los heridos que había tendidos
en el suelo, aviones de guerra pasaban sobre nuestras cabezas atronando el
cielo, el oficial al mando de la columna nos ordeno dividirnos en grupos de tres
personas y inspeccionar casa por casa en busca de milicianos ocultos entre la
población civil.


Uno de los compañeros que me había tocado en suerte era un
cabo 1º de infantería de aspecto rudo, su tez era muy oscura curtida por el
sol y la arena que impulsada por la brisa había ejercido de lima con la piel de
su rostro, el otro, un sargento de artillería, era alto y robusto, de brazos
largos y extremadamente fuertes que culminaban en dos gigantescas manos. Según
me contaba tubo que abandonar su blindado cuando un suicida se lanzo contra las
ruedas mientras otro grupo armado disparaba a discreción contra él, se salvó
de milagro según me dijo entre palabras de odio dirigidas a nuestros enemigos,
o al menos los suyos, yo aún no entendía cuál era la justificación para tal
masacre, nada me parecía suficiente.


Comenzamos nuestra misión entrando en una casa que parecía
deshabitada, de echo si la gente que vivía allí era mínimamente inteligente
habría huido ya de ese lugar.


La entrada estaba semiderruida, no así el resto de la casa,
nos condujimos hacia el interior, el sargento entró al salón mientras el 1º y
yo nos dirigimos a la cocina, allí no parecía haber nadie, de repente se
escucho una voz femenina profiriendo un grito espeluznante, aterrador, rápidamente
fuimos a comprobar que sucedía, en el salón encontramos que el sargento había
encontrado a alguien, se trataba de una muchacha de unos 20 años, morena, 1,65
metros de estatura más o menos, tenia unas anchas caderas, la parte superior de
su cuerpo estaba cubierta solamente por una raida camiseta que apenas cubría
sus firmes pechos, la parte inferior de su cuerpo lucia una maltrecha falda de
paño color gris. El sargento la tenia asida por un brazo e intentaba
incorporarla, mientras la muchacha luchaba desesperadamente por huir, casi lo
consigue, pero el sargento le propino una patada en el estomago que la dejó sin
aire a la vez que la hizo desistir de su intento de evasión, su principal
preocupación ahora no era huir, sino, poder respirar, la pobre criatura
boqueaba como un pez que es sacado del agua, el sargento profirió una gutural
carcajada y exclamo:


-mira esta putita, cree que se va a escapar-


hizo un gesto al primero y este rápidamente la asió por las
muñecas, la coloco los brazos en la espada y la engrilleto, depositándola en
un destartalado sofá que había en aquella estancia, después de esto el
sargento y el primero salieron al balcón, yo me quede vigilando a nuestra
prisionera, a la que ayude para que pudiese beber un poco de agua de mi
cantimplora, tenia los labios completamente resecos y agrietados, hacia meses
que no había agua corriente en la ciudad y desde hacia mas de una semana salir
a la calle a buscar el preciado liquido era prácticamente una sentencia de
muerte, desconfió al principio, pero pronto coloco sus maltrechos labios en la
boca de mi cantimplora y bebió ansiosa el agua que caía de ella, de pronto se
oyeron dos disparos, la chica lanzó un amargo grito de dolor, me levante raudo
y fui al balcón, allí vi un cuerpo tendido en el suelo con un disparo en un
ojo, era un hombre de unos cincuenta años, la pistola aun humeaba en las manos
del sargento, en una esquina había una muchacho de unos quince años, muy
delgado, estaba sollozando, sobre el cadáver estaba una mujer de unos cuarenta
años, morena también, estaba vestida solamente con un camisón blanco
completamente manchado de la sangre de su marido, lloraba amargamente sin
atreverse a gemir siquiera, el sargento se dirigió al muchacho y le jaló de
los cabellos mientras ordenó al primero a hacer lo mismo con la mujer,
condujeron a ambos al salón y allí se reunieron con la muchacha, el sargento
se dirigió a mí y me dijo,


-que te ha parecido esto-


-no sé- conteste temblando,


-ahora viene lo mejor muchacho- me dijo entre carcajadas,


tendió a la muchacha sobre el suelo y a la mujer (que
supongo era su madre) junto a ella, cogió al muchacho de una oreja y le puso en
pie justo enfrente de ellas, el sargento se agachó y subió la falda de la
muchacha, esta se resistía con todas sus fuerzas, el sargento empuñaba su
pistola y golpeo con la culata de esta en el mentón de la muchacha, que quedó
semi inconsciente, lo que facilitó su tarea, ahora ya sin resistencia subió la
falda de la muchacha , ordenó al primero que la quitase las esposas y acto
seguido la saco la falda por la cabeza , ahora solo unas raidas braguitas cubrían
su intimidad, yo estaba aterrado a la vez que empezaba a sentir una leve
excitación que repudiaba con todas mis fuerzas, me odiaba por sentir algo así,
no podía reaccionar, pensé en actuar, pero tenia la certeza de que si hablaba
a favor de aquella gente yo también podría ser objeto de su odio, pensé que
así no arreglaría nada, solo conseguiría empeorar las cosas.


El sargento agarró el elástico de las bragas de la muchacha
y de un fuerte tirón se las arranco, la tela al romperse produjo un chasquido,
ahora había quedado a la vista la pelvis de la muchacha, acto seguido el
sargento rasgó la camiseta que cubría la parte superior del cuerpo de la
muchacha, sus senos ahora quedaban a la vista de todos, eran redondos muy
firmes, el muchacho miraba espeluznado e inmóvil por el pánico, la madre
miraba al vacío con los brazos sobre el pecho emitiendo un leve susurro, que
parecía ser un rezo. Ahora los senos de la muchacha recibían el lujurioso
tacto de las manos del sargento. Este desabrocho sus pantalones y libero su pene,
lo blandió ante el muchacho ,este no movía ni un músculo, era un pene enorme,
lo colocó en los labios de la muchacha que aun


semi-inconsciente giro la cabeza tratando de evitar lo que
era inminente,


-será puta, métetela en la boca si no quieres que me cargue
al maricón este- exclamo señalando al muchacho


ella , giró la cabeza lentamente e introdujo el grueso pene
del sargento en su boca, comenzó a lamer con cara mas que de asco, de resignación,
el sargento arqueó la espalda e impulsó su pene dentro de la boca de la chica,
se oyó un gemido sordo, la muchacha comenzó a hacer un tímido movimiento de
vaivén lamiendo el miembro ,


- esto ya esta mejor, follate tú a la otra zorra- le dijo al
primero,


este no se lo pensó dos veces y se despojo rápidamente de
sus pantalones, hizo lo mismo con su slip y liberó con gran ansia su pene, rápidamente
colocó a la madre de la muchacha a cuatro patas y despojándola con inmensa
furia de su ropa la comenzó a penetrar desde atrás, sus acometidas eran tan
violentas que la mujer tenia serias dificultades para no caer de bruces sobre el
suelo, el primero sobaba sus pechos mientras la penetraba, la mujer chillaba
ahogadamente,


 ..


-dejen al chico que se marche dijo la mujer-,


- de aquí no se va nadie, deja al chico que disfrute con el
espectáculo- dijo el primero


acto seguido la asió firmemente por las caderas y se puso en
pie alzando a la mujer que ahora forzaba sus brazos para mantener el equilibrio,
el primero comenzó a gruñir como un animal


-Me corro joder, me encanta el coño de esta puta, te gusta
zorra, ¡contesta!,


la mujer contestó con un tímido -si- .El primero comenzó a
correrse dentro de la mujer mientras profería gritos de placer, ella aguantaba
las duras acometidas como podía. Pasaron unos minutos hasta que sacó su pene
ya fláccido de la vagina de la mujer, se incorporo, pues se había quedado
tendido sobre la espalda de la mujer después del orgasmo,


-ha sido genial mi sargento- dijo ,


este seguía con su pene dentro de la boca de la muchacha,
que se afanaba desesperadamente por dar placer al sargento para que este no
tuviese que volver a ser tan brutal como había sido antes y sin duda podía
volver a ser, se dirigió a mí diciéndome,


-follate a esta perra, seguro que lo estas deseando-


-no voy a hacer eso mi sargento- conteste


-como que no, es que eres maricón, vamos no me jodas, no me
vengas con sentimentalismos ahora, esta es una puta que te hubiese matado si
hubiese podido, fóllatela y disfruta de su coño, tanto si lo haces como si no
voy a matarla, pero es más, si no te la follas ahora, la mato, a mi no me
importa jodermela después de muerta jajá-


la idea de violar a aquella muchacha me parecía aterradora y
aunque luchaba con todas mis fuerzas no podía impedir que una turbadora
excitación creciese en mi, intenté buscar una excusa, sabia que el sargento
estaba decidido a cumplir su amenaza


-está bien, no la mate mi sargento, quiero follarmela antes-
-


-así me gusta muchacho toda tuya-


cuando termino de decir esto retiró su gruesa polla de la
boca de la muchacha y se dirigió a su madre, a la que tumbó boca arriba y
separándole las piernas comenzó a penetrarla, la mujer no opuso ninguna
resistencia,


-creo que a esta zorra le gusta que nos la follemos, dios, la
has dejado abierta y muy húmeda, ¡así me gusta!- Dijo al primero,


yo comencé a despojarme de la ropa y me tumbe junto a la
muchacha, el sargento seguía penetrando a la mujer, el primero se había
introducido en las habitaciones interiores buscando alguna cosa de valor.


En un principio observaba como el sargento violaba
salvajemente a la madre de la muchacha, la escena era sobrecogedora, el chico
seguía siendo testigo mudo de todas las atrocidades que allí estaban
sucediendo , salí de mi estupor y me coloque sobre la muchacha, que seguía en
la misma posición que la había dejado el sargento, yo seguía con mi lucha
interior, estaba apunto de dejarla cuando ella alzo sus brazos y atrajo mi
cabeza a la suya diciéndome al oído:


-Vamos, hazlo cuanto antes, no quiero morir, sé que tu no me
vas a dejar morir-


sus palabras me helaron la sangre, ella separó sus piernas
mostrándose dispuesta, yo bajé mis pantalones y libere mi pene, ahora mis
pantalones reposaban sobre mis corvas, coloque mi pene erecto en la entrada de
su vagina y con una leve presión el glande se introdujo dentro, saque mi pene y
procedí a lubricarlo , puesto que la vagina de la muchacha estaba poco
preparada aún, con mi miembro completamente ensalivado repetí la maniobra
anterior, pero esta vez con mucho más éxito, ella seguía rodeando mi cuello
con sus brazos y me miraba fijamente a los ojos, la expresión de su rostro era
totalmente neutra, vacía, yo comencé a moverme más deprisa, oleadas de
placer, llegaban a mi cuerpo, un ruido seco hizo que mirase de soslayo hacia el
sargento, estaba golpeando a la mujer violentamente mientras seguía penetrándola,
esta, sangraba copiosamente por su rostro, el chico intento socorrer a su madre,
y el sargento desde su posición le propino un fuerte golpe en la cara con una
de sus enormes manos, el chico se desplomo en el suelo.


No podía creer lo que estaba viendo, en un impulso, saque mi
arma que se encontraba a la altura de mi rodilla, a la misma altura que estaban
mis bajados pantalones, la monte apunte a la cabeza del sargento y sin pensarlo
dos veces apreté el gatillo dos veces, el sargento se desplomo sobre el cuerpo
de la mujer, rápidamente, alertado por el ruido de las detonaciones, el primero
apareció en escena, vacié el resto del cargador sobre su cuerpo, se derrumbo
como si fuese un saco de patatas, después de esto deje el arma a un lado y volví
la mirada hacia la muchacha, comencé a penetrarla rápidamente, ella cerró los
ojos, yo notaba como el orgasmo se acercaba violentamente, estaba apunto de
correrme, me aferré a sus pechos y le propine las últimas acometidas, estas me
transportaron por un instante al paraíso, noté como mi esperma se derramaba en
el interior de la muchacha.


Me repuse pronto y me incorporé, coloque los pantalones en
su sitio y me dirigí hacia donde se encontraba el sargento, retire su cadáver
y afané en comprobar el estado en que había dejado a la madre de la muchacha,
no tenia pulso, la había matado.


Apile el cadáver del sargento junto al del primero, les
despoje de lo que les quedaba puesto de sus uniformes, puse un cargador nuevo en
mi arma y realice sendos disparos a bocajarro sobre sus caras, acto seguido
arranque sus chapas de identificación que llevaban colgadas al cuello, me dirigí
a la muchacha a la que dejé las dos cantimploras de los ahora cadáver y le di
un beso en la frente, comprobé que el muchacho "..solo".. tenia una
fuerte contusión en la cara y me aleje rápidamente de allí.


La lluvia había cesado y ahora un espléndido sol lucia en
el cielo, estaba confuso, no sabia que hacer, caminé sin rumbo durante unos
instantes, hasta que llegué a lo que quedaba de una plaza, me senté en el
suelo al resguardo de una pared derruida, estaba pensando en como justificar la
desaparición de mis compañeros.


Al cabo de unos instantes me levanté, me volví sobre mí
mismo, al hacerlo un reflejo de luz que provenía de la pared donde había
estado apoyado me deslumbró, en ella había una placa que debía haber estado
cubierta por el polvo hasta que yo me senté allí y con mi espalda limpie
involuntariamente, tenia algo grabado, la limpie más en profundidad con mis
manos, hasta que el texto fue totalmente visible, cuando lo leí el corazón me
dio un vuelco, creía que me iba a salir por la boca, apenas podía respirar,
mis rodillas se clavaron en la tierra, aquella era mi ciudad natal, allí vivían
mis padres, mis hermanas y hermanos, allí vivían mis amigos...



 

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