Cita a ciegas (I)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Poco a poco me desperezo. Los últimos resquicios del sueño se liberan tras
un gran bostezo. Empieza un día nuevo, y me planteo si levantarme o no. Un
grandioso sábado ante mí, un día por lo demás, henchido de lascivas
promesas. Es el Día, con mayúsculas, el día esperado.


Miro el reloj, las 10 de la mañana. Aún tengo tiempo…


La cita es hoy, a las 2, en un pequeño restaurante. Me asalta una duda, ¿no
me dejará esperando?. Miro el móvil, allí está, el mensaje que esperaba.
"..Hoy es el día, ¿estas tan nerviosa como yo?".. "..O quizás más
mi amor, o quizás más.".. Le respondo, poniendo en esa respuesta mi corazón.
Nerviosa es poco. Tengo toda mi ropa en una silla, preparada desde hace días.
El pequeño tanguita azul, lleno de encajes. El sujetador minúsculo, lo justo
para tapar mis pezones dejando mis pechos contorneados pero llenos de
movimiento. El liguero, un capricho azul, más que encaje espuma de mar….


Los tacones altos, sin puntera ni talón, un tacón de aguja infinito. Una
falda no demasiado corta, pero si ceñida. "..No hay que ir enseñándolo
todo, hay que dejar paso a la imaginación"... Una blusa azul de seda, de un
azul desvaído, un tejido suave, que al tacto con la piel resulta sensual,
resbalará sobre mis pechos, incitando al roce, a la caricia…


Mientras miro la ropa, medito sobre como he llegado hasta aquí. No hace
tanto tiempo que lo conozco, yo no soy así, me digo entre sonrisas. No debería
de ir, me repito mil y una veces. ¿Estás tonta? Una parte de mi responde. ¿No
lo conoces y que? ¿Necesitas tener su partida de nacimiento? En el fondo es
como si lo conocieses siempre. Y resulta curioso pensar como lo conociste. Una
llamada equivocada, una voz agradable, otra llamada, horas y horas de conversación
con un desconocido, de voz calida y fuerte, de voz acariciante y risa fácil. Y
poco a poco, este desconocido me ha llenado de emociones encontradas. Un simple
hola hace que todo mi cuerpo se estremezca, que me sienta húmeda. Aun ahora,
sin oírlo siquiera, noto la humedad entre mis piernas. Un baño, eso es lo que
necesito. Me tranquilizará.


Corro al baño. Abro la bañera y dejo correr el grifo. Primero una ducha y
luego un baño especial. Busco la canela. Agüita muy caliente, canela en
cantidad, un baño afrodisíaco que dejará en mi piel un aroma especial. Por si
me besa, pienso esperanzada.


Dejo mi cuerpo caer en la bañera. El olor de la canela impregna lentamente
el cuarto de baño, y noto como mi cuerpo se relaja. Bueno, no todo mi cuerpo.
Quizás si me masturbo un poco piense con más lucidez. Es el encanto de un baño
especial …


Tomo el grifo del baño. Dejo correr el agua, ni fría ni caliente, y dejo
que el chorro primero juegue con mis pezones, que son grandes y oscuros, y con
cierta tendencia a estar erectos que a veces me incomoda… el agua juega con
ellos, los masajea, y me regodeo con anticipación pensando en el efecto de esa
agua en mi clítoris….


Lentamente desciendo el chorro por mi vientre, jugueteando con el ombligo y
notando que la humedad entre mis piernas no es al 100‰ agua…


Quiero disfrutar el placer al máximo, no correr ni precipitarme, pero mis
manos me sorprenden y mis piernas se abren con deleite. Dirijo el chorro de agua
hacia mi clítoris, y noto como todo él se estremece. Un suspiro sale
inevitable de mi garganta, mientras noto como el agua hace su trabajo. Me dejo
llevar por las sensaciones, por el placer que lentamente va llenándose, a la
espera del momento que se desborde. Noto los espasmos que se empiezan a
producir, y siento como si un calambre recorriera mi espalda, llegando hasta las
raíces de mi cabello, todos los poros de mi piel sienten el orgasmo, largo,
intenso e inmenso. La mejor manera de empezar el día, me digo saliendo de la bañera.
Sonrío al espejo, me encanta lo que veo. Alta, delgada, de vientre plano y
pechos firmes, largas piernas y boca jugosa. Miro el reloj, las 11. Uf, la mañana
es más lenta de lo que me gustaría. Un desayuno con café, desnuda en la
cocina. La ventana abierta. Se que mi vecino me estará mirando, como siempre,
pero no me importa. Le hago un pequeño pase de baile, que me agradece con una
sonrisa y un saludo. Se que hoy se volverá a pajear pensando en mí, algún día
lo meteré en mi cama, pero hoy no. Hoy estoy reservada. Dios, que lento pasa el
tiempo. Y encima no me ha servido de nada mi pequeño entremés en la bañera.
Otra vez estoy cachonda. Ojalá no tuviéramos que ir a ese restaurante. Ojalá
pudiéramos simplemente comernos vivos en lugar de almorzar. Dicen que soy muy
buena comiendo…


Estos pensamientos me están entreteniendo. Y calentando…y si lo llamo y le
digo que venga a casa a recogerme? Le esperaré en tanga y sujetador, y si veo
que se azora o se corta, pues me visto y nos vamos a almorzar. Si el no quiere
follar conmigo, pues llamo a Álvaro y Ernesto, siempre están dispuestos y son
dos buenos amantes, sobre todo cuando me empalan entre los dos. Llamo a mi
desconocido. ¿Por que no vienes a recogerme primero? Mi coche se ha
estropeado…Viene. Viene…


Estará aquí en media hora. El tiempo de vestirme… que vestirme…
sujetador, tanga, liguero, medias, zapatos. Me miro en el espejo. Estoy para
comerme….me lanzo un beso mientras me maquillo.


Suena el portero automático. Sube, que termino de arreglarme, digo con voz
un tanto temblorosa. Apago el cigarrito…enciendo otro, estos minutos son los
peores, ¿no creéis?


El timbre de la puerta. Con aire resuelto me acerco y abro. Lo primero que
veo son sus manos. Que manos…


Me mira con unos ojos azules abiertos y asombrados. Noto como me recorre su
mirada todo mi cuerpo, y siento que hay una mezcla entre satisfacción y
sorpresa en su expresión.


Disculpa, estaba a medio vestir, no me gusta que se me arrugue mucho la ropa,
es lo último que me pongo antes de salir. No, estas genial así, responde con
esa voz, y siento que mi tanga ya no está tan limpio como hace un segundo. ¿Te
has vestido así para mí? Me encanta el azul, sonríe mientras habla. Un beso
para conocernos ¿no?


Yo, castamente, le pongo la mejilla para un beso de amigo, mientras sus ojos
están colgados de mis tetas. Pero él viene casi tan dispuesto como yo, y me
atrapa entre sus brazos, y me besa de tal manera, que noto toda su lengua en mi
boca, y cerca de mi vientre noto el calor y la dureza de su miembro, que por lo
que parecía también se había alegrado de verme. Venga..dejame que me vista y
vamos a comer anda..que tenemos la reserva en el restaurante. Mentirosilla, me
dice. Yo también estaba pensando como hacer para poder comernos en vez de
almorzar. Y te me has puesto un plato difícil de rechazar. Date la vuelta que
te vea bien…Lo mismo digo yo. Que guapo es, que manos, que cuerpo, que culo más
apetecible. Se lo comería a bocaditos. Me sonrojo al pensar la buena tarde que
me espera.


Continuará



 

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