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No cometamos el mismo error |
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Enviado por WALTER H. el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969 |
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Hace unos días atrás, presencié una situación que simple y sencillamente me encantó, me fascinó y me dejó anonadado, porque si bien a lo mejor se trató de un hecho aislado, tal vez sea el comienzo de una apertura verdadera y definitiva, hacia la aceptación por parte de la sociedad, de todas y cada una de las diferencias.
Resulta que yo pasaba caminando delante de un colegio secundario céntrico de Comodoro Rivadavia y en uno de los cercos laterales del edificio, estaban sentados los chicos, adolescentes, quienes por su vestimenta, llamaban la atención de todos los que pasaban por allí, inclusive llegando a hacer comentarios a viva voz, pero muy agraviantes y fuera de lugar.
Los chicos tenían, por ejemplo, el flequillo muy largo (les tapaba prácticamente los ojos), la piel muy blanca (como la mía), aritos en las orejas, ropa oscura y holgada y unos colgantes que no alcancé a distinguir; ello en cuanto al vestuario, pero también tenían como sombras en los ojos, que les daba un aspecto muy femenino.
Yo me quedé un instante detrás de unos árboles, con el propósito de observar a esos dos chicos, porque me llamo la atención que, mientras eran directamente blanco de miradas despectivas, de comentarios fuera de lugar y hasta de algún insulto encubierto, ellos se mantenían totalmente aislados y no respondían a ninguna de las agresiones, más aún, estaban ambos absortos en sus tareas escolares, ya que a través del follaje arbóreo, pude divisar que leían un libro y tomaban apuntes al respecto.
Ya me disponía a seguir mi camino cuando en determinado momento, los chicos levantaron la cabeza, se miraron, se dieron un beso en la boca, se sonrieron y prosiguieron con sus actividades afines; yo no lo podía creer “¡Al fin!” Exclamé para mis adentros y rápidamente recordé las imágenes que había visto en la televisión (en el canal de Chile), en las cuales se mostraba a un grupo de chicos (“hétero-curiosos” tal los denominó el presentador del informe), quienes, a la salida de un colegio, en una plaza pública y la vista de todo el mundo, se abrazaban, se tocaban y se besaban en la boca, indistintamente chicos y chicas y unos con otros, no por una condición sexual en especial, sino simplemente por el solo gusto de hacerlo.
Durante unos minutos, en los cuales permanecí oculto en el lugar, los chicos volvieron a darse más de un beso en la boca, entonces decidí, tratando en todo momento de no despertar sospechas, pasar caminando frente a los dos chicos y llamar de alguna manera su atención. “¡Disculpen chicos! ¿Me pueden decir la hora por favor?” No solo me dijeron la hora y de muy buena manera, sino que además me sonrieron, tal vez a modo de agradecimiento por haber sido entre paréntesis correcto con ellos.
Todo ello me hizo sacar una rápida conclusión, cual fue que las personas muchas veces reciben mal trato solamente por su apariencia física y por su actitud frente a algunas situaciones (como besarse en la boca entre ellos).
Enseguida quise saber más acerca de aquellos chicos, me puse a investigar al respecto y ¿Qué creen que ocurrió? Otra vez la intolerancia hacia las diferencias, ya que la primera información que tuve al respecto fue que se trataba de una nueva “tribu urbana”, cuya principal característica, además de su vestimenta y su apariencia física, era la forma de relacionarse entre ellos, según el artículo, abrazándose, acariciándose, tocándose y sobre todo, besándose en la boca, chicos entre sí y chicas entre sí, en un claro contexto de homosexualidad encubierta, terminaba la “nota”.
Rápidamente me invadió una sensación de indignación ¡Cuánta hipocresía! Se llenan la boca denunciando (tal vez solamente entre comillas) las actitudes de los jóvenes violentos, intolerantes, que solamente se relacionan a través de la violencia, del maltrato y de la humillación y no sólo eso, sino que además lo demuestran, por ejemplo, subiendo esos videos a Internet, y cuando realmente aparece un grupo de chicos que tienen buen trato, que son respetuosos, que son agradecidos y que tienen otros valores, de los cuales hoy en día no abundan demasiado, son discriminados también por su vestimenta, pero sobre todo por una supuesta “homosexualidad encubierta”.
¿Qué tiene de malo que un chico le de un beso en la boca a otro en plena calle? ¿Qué tiene de malo que ese beso se lo de una chica a otra? ¿Qué tiene de malo que, en lugar de pegarse, los chicos se traten con amabilidad y dulzura, acariciándose y abrazándose entre ellos?
En estos tiempos en los cuales la violencia en todas sus formas, predomina por sobre el resto de las acciones humanas, “bienvenidos sean estos chicos”, “tribus urbanas” o como quieran llamarles; ojalá que rápidamente se multipliquen por doquier y que la manera en que se relacionan entre ellos, cunda como ejemplo; tal vez así podamos, entre todos, vivir en mundo mejor, más armonioso y en el que, las caricias, los abrazos y los besos, sean moneda corriente.
En los “sesenta”, nos encargamos de desintegrar, desbaratar y destruir a la “generación del amor”, por favor, que ello nos sirva como ejemplo para no volver a cometer el mismo error. |
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Escribile un e-mail al autor: walterculindohache@yahoo.com.ar |
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