La Colegiala
Enviado por Walter el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969
 
Generalmente estoy bastante bien atendido en materia de sexo, pero de vez en cuando las cosas se me dan de maravillas y vivo uno de esos momentos extraordinarios de lujuria y de placer sin límites.
 
Esto precisamente fue lo que me sucedió hace unos días atrás, cuando tres de las personas que habitualmente me cogen, organizaron una fiestita teniendo en cuenta que uno de ellos había conseguido un lugar (le dejaron un departamento a su cuidado por el fin de semana).
 
A pedido de estos tipos y como suelo ser “la nena” de ellos, me llevé parte de mi vestuario; una tanguita, una pollerita escocesa, medias, porta ligas, una camisola blanca, una corbata y una vincha, indumentaria típica de una de esas “colegialas” que tantos “ratones” despiertan muchas veces en los hombres y que después supe el porqué de ese pedido especial.
 
Al llegar al departamento en cuestión, saludé efusivamente a mis amigos y fui derechito a cambiarme de ropas; me miré al espejo y estaba hecha una diosa, preparado para vivir una noche alucinante y como tal, aparecí de nuevo por el living.
 
Varios videos “porno” como para ir entrando en calor y una “picadita” para no coger con el estómago vacío, fueron el inicio de una jornada espectacular, pero si bien todo estaba preparado para pasarlo a “mil”, no contaba yo con una sorpresa que me tenían preparada mis tres “novios”.
 
Mientras yo estaba paseándome de rodilla en rodilla, alguien tocó el timbre del “portero eléctrico” y al cabo de unos segundos, entró al departamento un pendejo de 18 años, con una facha tremenda y un lomo divino; obviamente no hice ningún tipo de preguntas al respecto y solamente me exhibí delante de esa preciosura.
 
-El es Culo, nuestra nena Tal la presentación que hicieron de mí, porque los tipos me re-bautizaron con ese sencillo nombre de cuatro letras, pero que encierra todo lo que yo represento, tanto para ellos como para mí mismo.
 
Una vez sentados los cuatro caballeros en el living, seguimos con la “picada”, mientras mirábamos los calentísimos videos; yo estaba de lo más entusiasmado con el pendejo y parecía una “puta en celo” por la manera en que me le estaba “entregando”, pero ese chico era tan lindo que me quería comer por completo.
 
Los videos porno por un lado y yo exhibiéndome ya descaradamente por el otro, hicieron que tanto los tipos como el pendejo, comenzaran a experimentar los primeros “calores” y las entre piernas de sus pantalones empezaron a levantar “carpa”, hasta que uno de mis amigos, me dijo:
 
- Culo, traete una cerveza de la heladera y arrodillate.
 
Yo accedí inmediatamente y después de lamer provocativamente el pico de la botella, me arrodillé en medio del living.
 
- Esa es una de las poses que más le gusta a Culo, arrodillarse.
 
Dijo uno de los tipos mirando de reojo al “invitado” y enseguida se paró frente a mí; yo rápidamente comencé a hurgar en su bragueta, hasta que di con una hermosa pija, aún algo fláccida.
 
Una vez en mi mano, empecé a acariciar, a tocar y a besar suavemente esa delicia de poronga, junto con sus redondos huevos y su mata enrulada de pelos; poco a poco comencé a incrementar el ritmo y el ímpetu de la “mamada” y cuando la verga ya tenía el tamaño y la dureza indicada, empecé a comer y a comer.
 
Vuelvo a hacer hincapié otra vez en la desesperación que me produce el tener una poronga en mi mano y en mi boca, ya que es tanto lo que me gusta que pierdo el juicio, la conciencia, me doy vuelta, me “saco”, salgo de mí y lo único tal vez que evita que en determinado momento le clave los dientes y la muerda, es una fracción de segundo de raciocinio o tal vez un instinto.
Tan absorto estaba chupando, lamiendo, besando, refregándomela por toda la cara y comiendo ese manjar de pija, que no reparé en el hecho de que, los otros dos tipos ya estaban parados a ambos lados de mí, con sus respectivas vergas en sus manos y ofreciéndomelas.
 
Si una poronga me deja en el estado al que me referí anteriormente, imagínense tres deliciosas y maravillosas pijas, dos en cada una de mis manos y la restante en la boca; la “colegiala” parecía no tener límites y no terminar nunca por satisfacerse, a una ronda le seguía inmediatamente otra y eso hizo que después de varias espectaculares “mamadas”, mi cara recibiera tres tremendos chorros de leche caliente y sabrosa.
 
A todo esto el pendejo estaba por demás calentísimo y a punto también de estallar, pero no sabía que hacer al respecto, entonces uno de los tipos me dijo:
 
- Culo, hacele el perrito al chico.
 
Si la posición “de rodillas” me encanta, el “perrito” directamente me fascina, así que me puse en “cuatro patas”, pero apoyé la cabeza sobre la alfombra y arqueé la columna vertebral hacia abajo, levantando bien mi hermosa y femenina cola, exhibiéndola y ofreciéndola.
 
- ¡Qué bárbaro! ¡Qué pedazo de culo! – Exclamó uno de mis amigos.
 
- ¡Es una maravilla! ¡Mucho mejor incluso que el de las minas! – Agregó uno de los otros.
 
- ¡Dale pibe! ¡Es todo tuyo! ¡Cogételo! – Finalizó diciendo el tercero.
 
El pendejo se bajó rápidamente el pantalón y el calzoncillo y a juzgar por el tamaño de su pija, no me explico como aún podía tenerla allí adentro, pero sin más preámbulos, se paró detrás de mí, se arrodilló y me la metió hasta el fondo, de un solo saque.
 
¡Que manera de sentirla adentro! ¡Por favor! Y mientras el chico me serruchaba una y otra vez, mis tres amigos comenzaron a despojarse por completo de sus ropas y la fiesta fue total y absoluta; una pija en el culo, otra en la boca, otra en la mano, etc., fueron haciendo las delicias de una noche de lujuria y de placer sin límites.
 
Las poses inimaginables; chupadas, besos, lamidas, cogidas y todo cuanto a cada uno se le iba ocurriendo en el momento y en los lugares más insólitos del departamento; hasta el pendejo estuvo a punto de perder su virginidad anal (algo que no ocurrió por su propia súplica) y todo por tener un culito, bien varonil y masculino, pero no por eso menos lindo.
 
La parte final de aquella fiesta nos encontró, a mis tres amigos, total y absolutamente exhaustos recostados sobre la alfombra y a mí, sobre un sillón, comiéndome por fin al chico, tal y como quería hacerlo por lo hermoso y precioso que este era físicamente; lo abrazaba, lo acariciaba, le tocaba sus músculos, su torso duro y bien trabajado, pero sobre todo lo besaba en su tierna y suave boca, ya que si bien en principio estuvo un poco reacio a ser besado, después se entregó y me dejó meterle la lengua hasta la campanilla.
 
Cuando ya todos comenzaron a irse (el primero fue el pendejo), nos quedamos el que tenía a su cuidado el departamento y yo y enseguida le pedí el baño porque estaba recubierto en semen (entre otras cosas); si bien en principio la idea mía era darme una ligera ducha, lo grande de la bañera me hizo cambiar de opinión y comencé a llenarla con agua bastante caliente.
 
Una vez dentro del agua, encontré un baño de espuma y, ni lerdo ni perezoso, lo desparramé por la superficie de la bañera.
 
-¡Vení! ¡Mirá! – Le grité al tipo desde el baño.
 
El tipo al verme allí adentro, envuelto en un manto de espuma, se metió a la bañera junto conmigo y comenzó nuevamente otra sesión de sexo, esta vez entre nosotros dos únicamente.
 
En un rápido movimiento, me puse boca abajo, metí la cabeza debajo del agua y dejé al aire solamente mi preciosa cola, la cual rodeada de blanca espuma seguramente debió haberse visto increíblemente apetecible, ya que mi amigo hizo una exclamación que le salió directamente del alma, de dentro de su cuerpo.
 
- ¡Qué locura! Por eso te llamamos “Culo”, porque sos un hombre con una cola de mujer.
 
Dicho esto, empezó a tocarme suavemente, a acariciarme los “cachetes”, a llenarlos de espuma y pasarle la mano por toda su superficie; a todo esto yo, entre tanto, empecé a dar “marcha atrás”, hasta dejarle mi enorme culo frente a su cara.
 
No hicieron falta palabra alguna, ya que el tipo comenzó a lamerme el orto, haciéndome casi desvanecerme de placer y de gozo hasta que terminó obviamente, clavándome otra vez, allí en la bañera.
 
No se si vamos a poder repetir, al menos en lo inmediato, las experiencias vividas aquella noche, pero ya estoy tirando algunas redes como para volver a poner en práctica, al menos algo parecido... Acepto sugerencias.
 
Escribile un e-mail al autor:
walterculindohache@yahoo.com.ar

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