Invierno Amor
Enviado por Dbc el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
Sabado, 10 de diciembre del 2005. Carretera comarcal 502. Dos y media (aproximadamente) de la noche y un frío que pela. Dentro del coche, un Renault Clio, en los asientos delanteros, mi amigo Alex y un servidor. Atrás, su novia Marga, una chica rubia, muy guapa, mi novia Rocío, la persona más maravillosa que ha puesto Dios sobre la faz de la tierra (o casi), y su prima Pilar, soltera y sin compromiso. Acabamos montando una orgía, porque si no el relato no estaría en esta sección. Con un poco de paciencia, veremos como.
Todo empezó con la boda de Manuel. La primera boda de una quinta siempre crea una sensación extraña, y encima Manuel se casaba relativamente joven, así que aquello era una especie de rito de paso, de "ya no somos tan jóvenes como solíamos ser". Pero en fin, estábamos invitados y allí que nos fuimos. Nos tragamos todo el sermón del señor cura (que al fin y al cabo, para eso le pagan), i nos fuimos al banquete. Mucha niña mona, pero ninguna sola, que decía la canción. Y sobretodo, la extrañeza de ver a algunas personas que han sido compañeras tuyas, y a las que no has visto desde hace tiempo, vestidas de gala y superelegantes. Sobretodo ellas. O, mejor dicho, yo por lo menos me fijé sobretodo en ellas. Arancha, deslumbrante, con un vestido largo color Burdeos (o Borgoña, o Rioja, o Don Simón...yo no entiendo ni de vinos ni de colores). Begoña, como siempre, con sus tetas destacando más que sus vestidos. Diana, con un traje verde horroroso, pero guapa. Y así podríamos seguir, pero como a estas no me las follé esa noche y esto es un relato de sexo, vamos a dejarlo. Aunque, entre paréntesis, apuntar que, por como le metía mano su novio en el baile posterior, no es en absoluto descartable que Arancha tuviera también un relato de sexo que escribir esa noche. Pero si su novio se la metió, por donde y cuantas veces, es una historia que tendría que contarla ella (o él).
La novia se llamaba Elena. Apenas la conocía, porque desde que acabamos el instituto, Manuel y yo tampoco habíamos tenido tanto contacto. No es importante para esta historia (a no ser que Manuel quiera contar su noche de bodas), pero decir que era rubia, más bien pequeñita e iba disfrazada...quiero decir vestida... de princesita. O a eso recordaba su traje de bodas.
Como casi todo el mundo ha ido a alguna boda, propia o ajena, no hará falta describirla. Se dieron el sí, se besaron, se hicieron un millón de fotos, salieron de la iglesia, cogieron el coche, entraron en el salón de banquetes al son de la canción más cursi que pudieron encontrar y empezó el banquete. Mil comensales (comensal arriba, comensal abajo), comida para alimentar un regimiento y el típico camarero a quien se le cae la bandeja en medio del banquete. Nada nuevo bajo el sol.
Luego vino el baile y la barra libre. Al lado de la sala había una especie de mini-discoteca, adonde se trasladó la gente más joven, mientras las personas adultas y de bien se iban a casa. Como tampoco aquí hubo sexo (al menos que yo sepa), pasaremos rápidamente de largo sobre tan triste espectáculo. El asunto es que llegó la hora de partir...y partimos.
Nos despedimos de los novios, le di un par de besos a la novia, un apretón de manos al novio, les deseamos suerte y salimos al parking. Rocío llevaba un traje largo de color beige, bastante escotado y que solo se ponía para las ocasiones. Había ido a la peluquería y estaba guapísima. Esto no es idealización literaria. Es amor. Su prima Pilar es un poco más mayor, y había venido... no se muy bien porque. Manuel la conocía, pero no tanto como para invitarla...en fin cosas más raras se han visto. Llevaba un traje azul claro, con pantalón y chaqueta. A mi me parecía horrible, pero Rocío me amenazó con un mes entero sin sexo si me atrevía a expresar tal opinión en voz alta, así que cuando fui preguntado al respecto dije que era precioso. Quizás me pase en el entusiasmo de los elogios, pero dado lo que había en juego, era natural que intentara asegurar el tiro.
Marga, la novia de Alex, como he dicho es rubia, unos 27 años (más mayor que él), media melena lisa, ojos...nunca he sabido ver el color de los ojos de la gente, salvo que sean ostensiblemente azules, así que solo puedo decir que no eran azules. Llevaba una falda estampada, justo por encima de la rodilla, que, francamente, daba lo mismo si era bonita o fea, lo importantes es que le marcaba un buen culo. Por si acaso, también le dije que era precioso su traje, porque no iba a decirle que era precioso su culo. Hubiera quedado mal.
Supongo que a nadie le importará como iba vestido Alex, pero por lo menos decir que era la primera vez que lo veía con traje y corbata...efectos secundarios de las bodas, supongo. Más raro me encontraba yo, vestido de pingüino, y no me quejaba.
Subimos al coche. 50 kilómetros hasta casa... aunque esa noche no llegaríamos a casa, nos quedaríamos follando en el camino...
Aunque para eso fue necesario que mi Renault Clio, que tantos buenos servicios había prestado (allí me había follado por primera vez a Rocío) se quedara tirado en medio de la nada. Y cuando digo de la nada, quiero decir de la nada. Aun así, cuando pienso que, sin eso, nos hubiéramos visto privados de una noche de lujuria y sexo, me acuerdo de aquello de que no hay mal que por bien no venga.
Pero, todo hay que decirlo, en ese momento el quedarnos tirados en plena noche en medio de la carretera no nos hizo ni puta gracia. El coche empezó por tener dificultades al subir las cuestas, luego empezó a hacer unos ruidos raros y finalmente se paró. Intenté volverlo a arrancar, pero ya no fue posible.
Hacía mucho frío, el paisaje que se veía desde donde nos habíamos quedado era desolador, no se veía a nadie y encima las chicas iban estupendas para un baile de gala, pero no para pasar una noche al raso.
Y si alguien está pensando en por que no utilizamos el teléfono móvil para llamar a una grua, es que ha olvidado la decimonovena ley de Murphy, que dice que, en caso de emergencia, los teléfonos móviles siempre se quedan sin batería. Eso, y que la mayoría (excepto Rocío) nos los habíamos dejado en casa.
Como dos machos ibéricos (cuya decimotercera ley no escrita dice que un varón hispano siempre sabe de mecánica, hasta que se demuestre lo contrario), Alex y yo salimos a arreglar la avería. Abrimos el capó, empezamos a mirar como si supiéramos lo que estábamos haciendo...hasta que ya no pudimos disimular más que, en realidad, no teníamos ni repajolera idea de lo que estábamos haciendo. Así que miramos alrededor, y como a uno 300 metros vimos una casa, una especie de chalet o algo así. No se veía luz ni nada, pero en todo caso valía la pena probar a ver que había.
--¿Vamos a ver que hay allí? Igual encontramos algún teléfono o algo – dije yo
--Sí, o alguien que sepa de mecánica.
--Muy gracioso. Vamos allá.
Antes de irnos, abrí la puerta, metí la cabeza dentro del coche para decirles a Rocío, Marga y Pilar nuestras intenciones y luego Alex y yo caminamos los 300 metros que había, a través de un campo de viñas.
Como digo, no había luz, pero sí unos cuantos coches aparcados. Desde la carretera no los habíamos visto, porque estaban al otro lado, pero ahora vimos como había 4 o 5 coches. Y, en una ventana, había un resquicio de luz, aunque la persiana estaba bajada casi hasta el final.
Alex y yo nos asomamos y lo que vimos es lo que justifica la inclusión de este relato en esta sección: debían de haber como unas diez personas, follando, aparentemente sin orden ni concierto. Cerca de la ventana, había una muchacha rubia, de unos 20 años, puesta a cuatro patas y con un tipo más o menos de su edad dándole jarabe de palo. Un poco más allá, otras dos mozas, haciendo un 69. Al fondo, en un sillón, una morena de pelo corto cabalgaba con notable entusiasmo sobre otro afortunado varón, dándonos la espalda,.
Nos quedamos parados, pero no nos dio tiempo a nada. El tipo que se estaba follando a la rubia a cuatro patas nos había visto. Supongo que dos caras en la ventana, apareciendo en plena noche en medio de una fiesta y en medio del monte, a lo que debían de recordar es a alguna película de matanzas americana, la matanza de Texas, Viernes 13 o algo así, pero tuvieron suerte: no éramos psicópatas. Al cabo de un momento, el tipo dejó lo que estaba haciendo y en un minuto estuvo en la puerta, envuelto en una manta.
--¿Queríais algo?
--Es que se nos ha estropeado el coche...y hemos visto la casa...y hemos pensado que a lo mejor teníais un teléfono.
El tipo (moreno, pelo rizado, unos 20 años también) parecía un poco atontado (no es raro. Interrumpir una orgía para atender una vulgar emergencia automovilística debe de descolocar un poco), pero al cabo de unos segundos se le cambió la cara y dijo:
--¿Y no preferiríais quedaros y participar? Hoy nos sobran las tías, son 7 contra 4...
Nos quedamos mirando. Desde luego la oferta era tentadora, pero evidentemente había que consultarla con la sección femenina. A pesar del ya notable desequilibrio numérico que se suponía que teníamos que remediar Alex y yo, el tipo pareció emocionarse aun más cuando le dijimos que traíamos compañía, como pensando que nunca hay demasiadas mujeres en una orgía. Eso sí, se estaba quedando helado allí en la puerta, así que cada uno se fue a lo suyo: nosotros a preguntar a las tías si querían ser folladas por un grupo de desconocidos, y él (supongo) a seguir gozándose con la rubia.
Llegamos los dos al coche, y aunque ninguno lo decía, los dos pensando como presentar la situación.
Abrimos la puerta y Rocío, que era la que estaba más cerca, preguntó:
--¿Qué, tienen teléfono o no?
--Eeehhh...--dije yo-- la verdad es que no lo sabemos..
--¿Como que no lo sabéis? Habíais ido a preguntar precisamente eso.--soltó Marga
Entonces intervino Alex, que se había mantenido detrás de mi:
--Bueno, eeeeehhhhh.. uuuummm... el caso es que en la casa esa están haciendo una fiesta del copón bendito...y nos han invitado.
Rocío, que ya se olía algo raro, supongo que por las caras que traíamos, dijo
--¿Qué tipo de fiesta?
Y luego de un momento de duda, yo contesté
--Una orgía
--Y supongo que vosotros estaréis a favor de participar.
--Eeeehhhh...bueno, sí.
--Aun estando vuestras novias presentes...
--Bueno, si no queréis nos quedamos en el coche hasta que ellos acaben--dije yo.
Ellas se quedaron mirando, hasta que Rocío dijo:
-Que carajo! Vamos a calentarnos un poco...
Una a una fueron bajando del coche y nos dirigimos hacia el chalet, atravesando otra vez el dichoso campo de viñas. Supongo que debía de ser un espectáculo raro, ver a cinco personas vestidas prácticamente de gala atravesando un campo de viñas a las dos de la mañana en medio de ninguna parte. A mi por lo menos me lo pareció. Pero, de todas maneras, no había nadie para verlo, salvo que Dios esté en todas partes.
Llegamos al porche donde habíamos hablado con nuestro anfitrión. La puerta estaba medio abierta, así que entramos y pasamos a la sala donde se estaba celebrando la fiesta. No se si era la calefacción o el propio calor generado por las fornicaciones múltiples que allí se estaban produciendo, pero la cuestión es que el contraste de temperaturas con el exterior era muy acusado. Como habíamos visto antes, en la sala había unas doce personas, todas jóvenes (en edad universitaria, para entendernos. Luego supimos que eran efectivamente compañeros de universidad). Se habían desnudado allí mismo y sin demasiado orden, porque la sala estaba llena de ropa desperdigada al azar: un sujetador por aquí, unos pantalones por allá, un jersey de lana en el suelo, unas braguitas azules en el respaldo de una silla. En la habitación había un sofá de tres plazas (donde estaba tirado un tio con una morena de pelo rizado encima de él), un butacón de una plaza (donde estaba la morena de pelo corto a la que había visto desde la ventana, que seguía y seguía arriba y abajo sobre la erecta pija de un tio, que era lo único que se le veía, y seguramente lo único que necesitaba) y una mesa que había sido apartada para dejar más sitio libre en el centro de la sala. En ese centro seguían las dos muchachas enfrascadas en su 69 particular. En el suelo, había una alfombra bastante mullida que hacía que estar en el suelo no fuera una odisea polar. El chico que nos había invitado ya no estaba con la rubia de antes, sino que había cogido a otra de las féminas, una muchacha también tirando a rubita pero de pelo rizado, quizás no tan guapa como la que se había follado antes, digamos que ni guapa ni fea, de esas que decimos "normales", pero com más tetas, que se le movían como gelatina mientras follaba, él encima metiéndosela a buen ritmo, ella debajo. El cuarto varón de la sala estaba también echado en el suelo, mientras una tía morena lo cabalgaba y otra tía rubia estaba echada a su lado, morreándose con él.
No se que efecto debió de hacer en esas circunstancias la aparición de cinco personas vestidas de punta en blanco. Supongo que bastante surrealista, pero tampoco nos paramos a considerar el tema, sino que simplemente nos añadimos a la fiesta. Rocío se quitó el abrigo y se desabrochó el traje tan elegante que había traído para la boda, que cayó suavemente a sus pies, quedándose medio en bolas mientras entraba. Se fue hacía el tipo moreno de pelo rizado que nos había invitado, se arrodilló a su lado y se puso a morrearse con él, sin que él dejara de metérsela y sacársela a la compañera a la que ya se estaba beneficiando.
Mi deseo hubiera sido simplemente echarme encima de Marga, quien a pesar de ser la novia de mi amigo, o a lo mejor por eso, era la que más me apetecía follarme, pero hubiera quedado muy descarado. Aunque, la verdad, Alex no fue tan recatado. Se quitó la americana, se aflojó la corbata y se fue detrás de mi novia, el muy cabrón. Pero cuando me quise dar cuenta, Marga ya se había instalado en el sofá, completamente vestida, y se había interesado vivamente por el tipo allí instalado, que ahora disponía de dos chicas para él y ponía cara de estar en la gloria. No me extraña.
Me quedé mirando a Pilar, la prima de mi novia, y decidimos consolar nuestros solitarios corazones con un buen polvo. Y por fin pude decirle lo que llevaba todo el día deseando decirle:
--Quítate la ropa.
Y se quitó aquel horrible vestuario, que nunca debería haberse puesto. Se quitó primero la chaquetilla azul, dejándola encima de un mueble que había cerca. Luego se desabrochó los botones de la blusa blanca, mostrando un sujetador blanco. Luego se desabrochó la cremallera que llevaba en un costado del pantalón y el pantalón cayó. Se quedó solo con las braguitas, blancas. Se arrodilló y empezó a chuparme la polla.
No era la primera vez que lo hacía, aunque de la última vez ya hacía tiempo. Pilar tiene ahora treinta y tres años, ya no es ninguna niña, aunque se conserva joven. Es morena, de pelo negrísimo y liso, que ahora llevaba un poco más largo de lo normal en ella. Su madre es la hermana de la madre de mi novia, y una vez me las había follado a las dos (a mi novia y a Pilar, quiero decir, no a ninguna de las madres). Ahora, mi polla volvía a estar dentro de su cálida (y húmeda) boca y durante unos segundos me acordé de aquella vez. Pero eso fue justo antes de que las buenas artes de Pilar empezaran a hacer efecto, y mi atención se concentrara en la entrepierna.
Al principio la tenía un poco floja (que queréis, el frío no perdona), pero Pilar se encargó de acabar rápidamente con tal flojedad. Pilar tiene la boca grande (un poco a lo Julia Roberts), los labios carnosos, y lo que más le gusta (según pude apreciar) es metersela todo lo hondo que puede y luego ir sacándola poco a poco, mientras sus pulposos labios se pasean por toda la longitud de la verga que está chupando (en este caso, la mia). Lo hizo como tres o cuatro veces, y por mi podía haberlo hecho las veces que quisiera. Luego, invariablemente, cogía un ritmo más rápido durante algunos segundos, y luego volvía a ralentizar. Mamada de diez, de la prima Pilar, que cuando quería sí que sabía hacer las cosas bien..
Mientras Pilar me la chupaba y rechupaba tan ricamente, yo veía como su prima carnal (o sea, mi novia) era penetrada por Alex. A cuatro patas casi en el centro de la habitación (un poco escorada a la derecha, según mi ángulo de visión, para ser exactos), Rocío tenía la polla de mi amigo Alex metida desde detrás y la verga del chico de pelo rizado, un erecto pene de tamaño más que decente, ofrecida a su boca. Justo cuando fijaba la vista precisamente en eso fue cuando Rocío aplicaba los labios sobre los labios de nuestro anfitrión (de nombre Pablo. Aunque las presentaciones no se hicieron hasta la mañana siguiente...). Así que, viendo a mi novia siendo doblemente follada por boca y coño, casi inconscientemente me puse a follarme a su prima por la boca.
Pilar aceptó el cambio de ritmo de ritmo sin rechistar (aunque quisiera, tampoco hubiera podido, con la boca llena). Mientras tanto, y para no mirar a Rocío, miraba como Marga estaba montada encima del tio del sofá, que no se había movido, simplemente había sustituido a la morena del pelo rizado (Laura, nos enteramos después que se llamaba), que le estaba cabalgando cuando llegamos, por la rubísima novia de Alex. El tio debía de ser vago, vago, vago, porque antes de que acabara la noche, también la morena de pelo corto que había estado montada en el sillón (que, una vez hechas las presentaciones, resultó llamarse Montse) también pasó por el mismo ritual.
Pero volvamos a lo que entonces más presente tenía: mi polla entrando y saliendo de la boca de Pilar. Ella mantenía los labios en forma de O abierta mientras yo la cogía un poquito por la cabeza para acompañar el movimiento de mete--saca en su boca, realmente follándomela por tal agujero. Aunque seguramente me emocioné demasiado, porque al final ella se atragantó y se la tuvo que sacar. Aunque afortunadamente no se enfadó. Me miró como diciendo: "son gajes del oficio."
En ese momento se acercó otro de los anfitriones, que, ya que tenía carne fresca y desconocida, quería probarla. Era un tipo con el pelo cortado al cepillo, con un poco pinta macarra, que aparentaba ser un poco más joven que el resto. De esos que te imaginas asociado a una moto. Se puso delante de Pilar, que seguía arrodillada en la alfombra, y se la ofreció para que se la mamara, cosa que ella hizo.
Mientras Pilar cambiaba de sujeto pero no de predicado, y se metía la polla del que vamos a llamar "el macarra" en la boca, yo eché otra ojeada al panorama. La morena de pelo corto ya no estaba montada encima del tio del sillón tio, sino sentada con las piernas abiertas, mientras que una de las que antes habían estado haciendo el 69 ahora les estaba haciendo una comida de coño que, por la cara (por cierto, muy guapa. Probablemente la más guapa de todas) que ponía Montse, era algo más que notable. Mientras tanto, el tipo que se la había estado follando, había encontrado refugio y se estaba haciendo una cubana con las tetas de la rubia, unas tetas con unos pezones rosados, pequeñitos y muy erectos, y un volumen evidentemente muy apreciable, porque si no la cubana hubiera sido imposible. La rubia estaba echada en el suelo y el tipo le había puesto el pollón entre sus tetas y se las estaba follando la mar de a gusto.
Mientras tanto el tipo del sillón seguía acostado (llegué a pensar si no sería paralítico. Pero no, mas tarde comprobé que podía andar), pero ya no tenía a Marga encima, sino que se la estaban chupando entre la que se llamaba Laura, la morena de pelo rizado, y mi amiga Marga, seguramente para recuperarlo después de correrse. Luego Marga dejó que la morena, que parecía tener más interés en el tema, continuara la felación, y apartándose el pelo de la cara, giró la cabeza, mirando como mi amigo, o sea, su novio, continuaba tirándose a su amiga, o sea, mi novia. Rocío estaba a cuatro patas, con la cabeza muy baja, enterrada en un cojín que había por allí, mientras Alex se la follaba por detrás. Pablo, el primer chico que habíamos conocido, se había ido hacía el butacón y, de pie junto a el y con la polla en la mano le había insinuado (una insinuación nada sutil, evidentemente) a la morena de pelo corto que se la chupara, mientras la otra chica le seguía comiendo el coño (si os habéis liado, lo siento, pero no es fácil describir algo así. Pero imaginaros a mucha gente follando y tendréis captada la idea).
Marga se había quedado en la esquina del sofá, mientras la otra succionaba como una aspiradora la polla del tio del sofá. Como vi la oportunidad, me quité del todo el pantalón, porque si no hubiera parecido un pingüino al caminar, y me acerqué a donde estaba Marga, polla erecta por delante. Una vez estuve más cerca, fue ella quien me dijo.
--Ya que mi novio se está cepillando a tu novia, tu querrás una compensación ¿no?
Ponía una cara picarona y una sonrisita en la cara al decírmelo, se veía que la situación le hacía gracia (a mi también), así que no hice nada y me limité a poner la polla al alcance de su boca, lo que ella, con una expresión como de "vamos allá", aprovechó para deslizarse hasta el suelo y empezar por chuparme primero el capullo, dando unas chupaditas en la puntita nomás.
Cerca de nosotros, en el sofá, la morena de pelo rizado se había vuelto a subir encima del vago del sofá y empezaba otro ejercicio de doma clásica. Pablo, el anfitrión, había cogido a Montse por la cabeza y acompañaba con sus movimientos la mamada que le estaba haciendo la guapa morena de pelo corto. A mis espaldas podía oir a Rocío. Y había más gente, pero mi capacidad de concentración no da para más. Digamos que el resto se podía intuir que seguían follando como buenos hermanos.
Vale, olvidémonos de los demás y concentrémonos en lo que en aquel momento era importante: Marga, la rubia novia de Alex, que me había presentado un mes antes, ahora me estaba haciendo una mamada. Todo un carrerón. Pero como Pilar ya me la había chupado bien (por cierto, aunque no volví a acordarme mucho de Pilar esa noche, de reojo vi como se la estaba follando su nuevo partenair, el macarra, en la posición del misionero. Pilar siempre ha tendido a ser un poco sosita, aunque a veces haga excepciones). Pero, volviendo a lo nuestro, la cuestión es que por mucho que una mamada de Marga era algo muy, muy, muy, muy, agradable, me quería follar a Marga en condiciones, así que el capítulo felación fue magnífico pero corto. Así que la puse con los codos apoyados en el sofá, me fui detrás de ella y...bueno, la cosa no tiene mucho misterio, me la follé por detrás con todas mis fuerzas. Empecé a metersela y sacársela con fuerza, como si todo el aburrimiento de la boda se me hubiera acumulado y se estuviera liberando ahora, y al cabo de poco ya tenía el ritmo más que cogido, provocando gemidos de placer, que es algo que siempre alegra el oido.
Que Marga era rubia auténtica no ofrecía ninguna duda. Que tenía uno de los mejores coños que me he follado, tampoco. Mi polla, que no es ningún monstruo pero tampoco pequeña, entraba y salía de allí con una facilidad bestial, como si su coño se estuviera tragando mi verga, que llegaba bien hasta el fondo sin problemas, como si todo estuviera bien engrasado...lo que en cierta manera era cierto, con los jugos que segregaba el coño de Marga. De hecho, lo que más me gustó de aquello fueron los golpes secos, metiéndosela hasta el fondo. Lo repetí como 15 veces, por lo menos. En fin, una experiencia memorable.
Solo quedaba una duda: si me dejaría rellenarle el agujero que faltaba, completando así una gran velada. Con Rocío no tengo problemas, ya que me deja que de cuando en cuando se la meta por su otro agujero, pero cabía preguntarse si Marga sería tan abierta a la sodomía como Rocío. Decidí probar suerte, ya que hasta entonces todo había ido todo tan bien. Como aquella posición me lo permitía, mojé mis dedos en los jugos de su coño, y comencé a dilatarle el ano. Ella se dio cuenta, soltó un ligero gemido al notar algo entrando en su culo... y, como no dijo nada, fue sodomizada. Comencé por sacar mi polla de su coño y ponerla sobre su esfínter, que había abierto como había podido. Apreté un poco y se la fui metiendo, mientras la intensidad de su "aaaaaaaaaayyyyyyyy!!!!" iba aumentando de volumen a medida que mi verga se hundía en su trasero. Finalmente un último golpe de riñón y quedó consumada la penetración anal de Margarita García Escudero, Marga para los amigos (y, después de haber tenido mi polla enterrada en su culo, supongo que puedo considerarla mi amiga).
Mi opinión personal: aunque Marga no era una virgen anal, tampoco practicaba muy a menudo tan malas costumbres. Luego Alex me dijo que, efectivamente, en aquel momento aun no se la había metido por ahí, así que, por una vez, me adelanté en algo a Alex. Y desde luego, me produjo un gran placer adelantarme. A las sensaciones físicas de estar dándole por su precioso trasero a una preciosa rubita de 27 años, sensaciones que no describiré, pues no harían justicia a Margarita García Escudero, se añadía el hecho de que era la novia de Alex, y quien diga que no le hace ilusión follarse a las novias de sus amigos, miente. La sensación de poderío y triunfo que se siente puede que sea mezquina, pero da un gustito que no veas. Por tanto, consumando una ilusión largamente acariciada, prolongué el placer mientras pude, metiendo y sacando la polla del trasero de Marga y disfrutando del momento y del morbo que me daba, hasta que no pude aguantarme más y me corrí en el trasero de Marga, llenándola con una de las corridas más memorables de mi vida.
Eran ya las 3 y media de la noche, se hacía tarde y me había hecho el buen propósito de que este relato no pasaría de las cinco mil palabras, para no ser acusado de pesado, así que resumiré el resto con los datos básicos:
--La fiesta siguió. Cuando me giré, Rocío tenía una polla en el coño (Alex) y otra en el culo (Pablo).
--A la mañana siguiente, Marga recibió el mismo tratamiento. (Alex y un servidor se encargaron de eso).
--Pilar, en cambio, siguió siendo virgen de atrás, a pesar de las repetidas peticiones y del clamor popular. Lo cual demuestra claramente que la democracia no funciona.
--A la rubia de la cubana también se la metí esa noche. Fue mi segundo polvo, y en aquel momento no sabía su nombre.
--El tipo del sofá se durmió en el sofá.
--Luego fue un lio que cada uno encontrara sus sujetadores, pantalones, camisas, calzoncillos, bragas, trajes de noche, calcetines, tangas etc.
A la mañana siguientes, domingo, día del señor del 11 de diciembre del 2005, follamos mucho más y conocimos algunos datos básicos de nuestros anfitriones. Supimos que eran estudiantes de derecho (tercero de carrera) y que no era la primera vez que montaban una fiesta de este tipo. Que la casa era de los padres de Pablo. Que Pablo y Montse eran pareja, y que Luis (el tipo de pelo de cepillo con pinta de macarra que se había follado a Pilar) y Laura (la morena de pelo rizado que había compartido al tipo del sofá con Marga), también eran pareja. Lucia y Cristina eran bolleras, aunque admitían alguna polla de vez en cuando. Lucia era la hermana de Pablo.
Más datos, personalizando quienes más conocí:
Montse: morena, pelo corto, cara redonda, tetas medianas y estatura también mediana tirando a baja. Como ha quedado dicho, la más guapa de la cuadrilla. Cuando me desperté al día siguiente ya estaba follando. Curiosamente, con su novio. Además Montse fue responsable del dialogo más encantador del fin de semana
Pregunta: "¿Tu qué opinas del sexo anal?"
Respuesta: "que es otra forma de follar".
Con estos antecedentes, no hay ni que decir que refrendó tal afirmación con hechos. Concretamente fue enculada por un servidor el domingo justo antes de comer.
Laura: tenía el pelo muy rizado y muy negro. Como había una sola ducha y éramos mucha gente, hicimos turnos de dos, lo que no hizo más que ralentizar el proceso, porque metidos un tio y una tia en una ducha la decimotercera ley de Smith dice que, normalmente, acaban follando. Eso fue lo que pasó con Laura, con quien compartí ducha y fluidos. Le fue propuesta también la correspondiente sodomía, porque visto lo visto, disparábamos a todas. Acceso denegado, en este caso.
Marta: la rubia de la cubana. Como digo, me la follé la noche de nuestra llegada. También al día siguiente.
Inma: de ella tengo dos recuerdos: la recuerdo el domingo en la comida contando chistes y por la tarde montada sobre la polla de Alex, en el sillón. Mucho mejor el polvo que los chistes, me temo. Rubia (no natural), pelo largo, coñito rasurado, tetas pequeñitas pero respingonas y mucho, mucho entusiasmo.
Samuel: el cabrón no se movió en toda la noche de sofá, pero a la mañana siguiente bien que se movía para encular a Rocío y a Marga! ¡Parecía Speedy González! Aunque me esté mal decirlo, un pollón de impresión.
Pablo: Como dueño de la casa tenía derecho de pernada, y lo aprovechó. Entre otras cosas, descubrió el placer de encular a Rocío. (si os estáis preguntando cuantas pollas se metió Rocío por detrás esos días, os lo puedo decir, porque se lo pregunté: cinco; Pablo, Samuel, Alex, otra vez Pablo (el domingo) y, en un rato que encontró libre, la mia propia. Eso sí, me aseguró que sólo me amaba a mi).
A Beatriz, Lucia y Cristina las conocí menos, pero seguro que también eran simpáticas. De Luis solo se que enculó a Marga (porque estaba delante cuando lo hizo) y se folló a Pilar. De Miguel, solo se que debe de ser el único que no ha enculado a mi novia...
Si alguien quiere una descripción más extensa de las múltiples actividades sacrílegas a las que dedicamos el domingo, no tiene más que decirlo. Pero esto ya tiene 5345 palabras. Ciao.
 

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