Porque ahí está (II y final)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Un "..toc-toc".. en la puerta de aquella oficina interrumpió la relajación. El pánico hizo presa de nosotras. Temíamos el inoportuno ingreso de algún importante visitante, ¡quizá el jefe de Fer! ¡Vaya problemas en los que lo meteríamos si así fuera! Como pudimos, Claudia y yo recogimos nuestras ropas y nos refugiamos a toda prisa en el baño del despacho mientras nuestro amigo, notablemente menos nervioso pero igual de apresurado, sólo se limitó a decir "..un momento".. mientras reacomodaba sus ropas.

-¿Pues qué tanto haces?- escuchamos desde el tocador la voz del visitante que tras haber esperado apenas unos instantes ingresó al despacho intrigado. Se escucharon entonces unos murmullos, como si Fer le estuviera explicando algo en voz baja, ya sea confesándole la situación o de plano inventando algo. Mientras, semidesnudas, procuramos guardar silencio, tanto para no llamar la atención del visitante como para tratar de escuchar lo que afuera ocurría, pero sólo murmullos escuchamos. Después de un par de minutos alguien tocó la puerta del baño. -Se les olvidó esto, chicas- era Fer que tras abrir discretamente la puerta del baño y sin asomarse al interior caballerosamente, estiró su brazo con unas pantaletas pendiendo de su mano. Claudia y yo nos miramos turbadas como preguntándonos quién de las dos había sido la estúpida que olvidó semejante evidencia, seguramente observada por el visitante. Repasé mis prendas y noté con alivio que no había sido yo la del olvido. La mensa había sido ella y eso me tranquilizaba. -¿Ya se fue?- pregunté susurrante a Fer por la puerta aún entreabierta. -No se preocupen, acá las espero- respondió sereno como invitándonos a vestirnos con tranquilidad.

A los pocos minutos salimos de aquel refugio perfectamente acicaladas. Con sorpresa observamos la presencia del visitante que aún permanecía en la oficina. Un tono rojizo, producto de la embarazosa situación, debió matizar mi cara en ese instante, pues posiblemente Fer le había puesto al tanto de las indecentes escenas que habían tomado lugar en ese sitio apenas unos minutos antes. Claudia por su parte, menos dada a la vergüenza y motivada por la apariencia atractiva del visitante, se apresuró a presentarse ante él. Fer y yo sólo cruzamos miradas como diciéndonos "..ésta no pierde el tiempo"... Inmediatamente Fer se dio a la tarea de presentarnos formalmente -Félix, mi mejor amigo-. Una sensación de alivio me visitó al saber que el asunto de la prenda olvidada de mi amiga no debería pasar a mayores. -Fernando me ha platicado mucho de ti- me dijo sonriente al tiempo que estiraba su mano para saludarme. De nuevo mi rostro debió tomar todo tipo de tonalidades. "..Si le ha platicado mucho de mí, ha de pensar que soy una ...".. pensé entre preocupada y divertida al tiempo que estrechaba su mano. Tras las palabras de rigor que toda presentación implica, nos invitaron al departamento que juntos rentan para ir a "..convivir".. con amigas. A esas alturas hasta ridículo resultaba darnos "..baños de pureza".., así que aceptamos gustosas la invitación.

A los pocos minutos nos encontrábamos en la puerta del edificio donde se ubicaba el departamento "..de solteros".. de nuestros amigos. Al ingresar, el portero se nos quedó viendo de manera extraña, como si no quisiera perder detalle de nosotras. Entretanto, un par de señoras, seguramente vecinas del lugar, cuchicheaban entre sí en evidente alusión al cuarteto que ingresaba al edificio. "..Mira, otra vez los del 305 metiendo mujeres".., dijo con discreción muy mal disfrazada la más gorda de las señoras. Supe entonces que mi Fer era menos tranquilito de lo que lo imaginaba, "..vaya famita".., pensé, mientras él y Félix disimulaban como si las señoras no hubieran dicho nada.

Tras algunos minutos nos encontrábamos dentro del departamento. Nosotras nos sentamos en la sala mientras Fer encendía el modular con música muy sugestiva y Félix preparaba unas bebidas. Aquel acogedor lugar parecía sacado de una revista de decoración y evidenciaba la importancia que nuestros anfitriones daban a sus aventuras. Una indiscreta caja de troyanos sobre una de las mesitas de la sala y un juego de cartas con imágenes "..impropias".. parecían gritar a los cuatro vientos el tipo de actividades que solían desarrollarse entre aquellas paredes.

-¿Qué, jugamos "..sex poker"..?- dijo Félix como rompiendo el hielo, con unas cartas en la mano. Claudia y yo cruzamos miradas entre sorprendidas y confundidas por la pregunta. Instantes después, y sin estar seguras de a qué se refería con "..sex poker".., sendas sonrisas en nuestros rostros parecieron responder "..¡sí!".. a nuestro interrogador. Fer sólo movió la cabeza divertido por la facilidad con la que accedimos a la indecorosa propuesta de su amigo. -Pero tendrás que explicarnos cómo se juega- advirtió Claudia.

En realidad se trataba del clásico juego de cartas en el que quien pierde se quita una prenda, pero en este caso, quien pierde toma una carta al azar, la cual contiene el castigo a realizar, desde quitarse una prenda hasta hacer alguna locura mayor. Nos acomodamos alrededor de la mesa de la sala de manera que chicas y chicos quedáramos intercalados, y comenzamos a jugar. El primero en perder fue Fer. Como "..castigo".. tenía que dar tres besos en cada seno a su compañera de la izquierda... ¡YO! Por la naturaleza del juego, sabía que tarde o temprano él tendría que ir a parar con Claudia, pero por lo menos el hecho de saber que empezaba conmigo me confortaba. De momento, lo único que lamenté fue no haber perdido aún mi blusa, pero sabía que vendrían cosas mejores, así que recibí orgullosa aquellos primeros besos del juego, tela de por medio.

-¡Oigan!- interrumpió Claudia un poco desesperada. -¿Qué les parece si modificamos el jueguito éste, de manera que si pierde uno de ustedes, los dos "..sufran".. el castigo, igual si pierde una de nosotras?- inquirió. Sin esperar opinión de nadie, Félix se abocó a modificar la regla de inmediato y, yendo más allá de su "..sanción".., y ante la atónita mirada los demás, desabrochó la blusa de ella, y tras liberar aquellos senos, les plantó tremendos "..besos".. que en realidad eran más que eso. Parecía que él no supiera la diferencia entre besar y succionar.

En ese momento Fer y yo entendimos que el ambiente no estaba para juegos. Dejamos que Félix siguiera "..besando".. a Claudia y nos dimos a la tarea de besarnos nosotros. Me despojó de la blusa que instantes antes me había impedido sentirle pleno y comenzó a regalarme excelsos pulsos de placer con sus labios y su lengua recorriendo mis senos. En tanto, sus febriles manos incursionaron bajo mi falda con la firme intención de quitar todo aquello que le impidiera ingresar en mí. Pronto, todo lo que tenía yo puesto era mi falda, corta y holgada.. me encontraba sumisa, deseosa y entregada totalmente ante él. Dirigió entonces su bendita lengua hacia mi sexo. Recorrió gallardo cada parte sensible de mi entrepierna hasta llevarme a las puertas del placer, pero ahí se detuvo. En esos momentos mi subconsciente me exigió gritarle "..cógeme, por favor"... No lo hice sólo por mi maldito pudor, el mismo que me mantuvo sin conocerle en persona por tantos meses. Pero afortunadamente no fue necesario pedirle que me hiciera suya de nuevo, él estaba tan entusiasmado como yo. Tras liberar su sexo con ansiedad, me recostó boca arriba en el sofá de la sala, colocó mis piernas sobre sus hombros, y dirigió su hermosa y viril carnosidad hacia mi entrada. Cuando ingresó sentí la gloria. Había soñado ese momento por meses y ahora le gozaba por segunda ocasión en el día.

Envuelta en el delicioso balanceo, mi mente me recriminaba una y otra vez no haber buscado a mi amante desde meses atrás, refugiada en una hipócrita fidelidad. Aquel regalo de placer que mi cuerpo estaba recibiendo hizo prometerme a mí misma que nunca más renunciaría a él. Mientras Fer me quisiera yo le querría. Así alternaba la reflexión con el gozo, cuando quiso Fer cambiar de posición. Recordé entonces su promesa de voltearme y voltearme como pollita rostizada cuando lo hiciéramos. Me puso de pié y me inclinó hacia el frente para penetrarme desde atrás. Yo jamás lo había hecho así y me gustó mucho. Con rítmico movimiento reanudó las ricas oleadas de placer. El golpeteo de su cadera sobre mi trasero, las expertas manos que recorrían mis senos, lo innovador de la posición y los indiscretos sonidos eróticos que nuestra pareja de amigos emitían, me excitaron demasiado. No pude más y me entregué al gozo de un magnífico orgasmo.

-¿Quieres que te deje descansar un poquito?- me cuestionó caballerosamente después de aquel clímax. Como respuesta, me arrodillé a sus pies y albergué en mi boca a su hermosa verga para someterla a afanoso vaivén. Me cargué de placer extremo cuando sentí sus manos que ansiosamente sujetaban mi cabeza con el deseo de marcar el ritmo. Quise mamar aquel hermoso miembro como jamás antes lo había hecho a nadie, como jamás nadie se lo hubiera hecho a él.

De pronto, una deliciosa sensación llegó a mi cuerpo. Una suculenta lengua jugueteaba en mi entrepierna. Por reflejos volteé a mis espaldas, solo para darme cuenta que Félix yacía en la alfombra, boca arriba, con su cabeza entre mis piernas, mientras Claudia le atendía a él de manera similar. Lo que había sido la entrega de dos parejas entre sí se estaba convirtiendo en orgía formal. Imagino que como resultado de tales circunstancias, la excitación de Fer llegó al máximo, arrojando dentro de mi boca los deliciosos chisguetes que el clímax masculino produce. Me había prometido que así lo haría y así lo hizo. Gocé mucho ese momento, pero la actividad que en mi entrepierna se desarrollaba pronto acaparó mi atención, Fer se retiró de mi boca y pude entonces disfrutar la gentil y experta lengua de su amigo, que juguetona se paseaba deliciosamente de orificio en orificio.

Tras dejarme, Fer se dirigió hacia Claudia, para atenderla caballerosamente. Con la cabeza de mi amante entre sus piernas, Claudia desatendió a Félix, quien de inmediato se incorporó con la bendita intención de penetrarme en la misma posición que Fer lo había hecho horas atrás: yo como perrita, apoyada en el sofá. Ahora se trataba de un segundo hombre dentro de mí ¡en el mismo día! Me alegré al notar que aquel miembro se erguía aún lo suficiente como para ingresarme, a pesar de la intensa actividad. El hecho de que fuera menos grande que la de mi Fer no fue motivo para no disfrutar aquello. De nuevo me vi envuelta en celestial oscilación.

Tras varios minutos, a nuestro lado Fer y Claudia empezaron a hacerlo junto a nosotros de manera idéntica que Félix y yo. Claudia y yo cruzamos miradas como felicitándonos de los maravillosos momentos que aquellos dos amigos nos estaban regalando, mientras disfrutábamos dichosas del golpeteo sobre nuestros traseros y la deliciosa fricción dentro de nuestro sexo. De pronto algo extraño pasó. Sujetándonos de nuestras cabezas nos acercaron entre nosotras ¡querían que mientras nos cogían por atrás nosotras nos besáramos! En principio ambas dudamos qué hacer por razones obvias, pero terminamos cediendo a sus deseos en parte por satisfacerlos y en parte porque, en el fondo, seguramente sí queríamos hacerlo.

Así, de nuevo aquello era una orgía donde todos estábamos conectados. Ellos se sintieron orgullosos de haber hecho funcionar su travesura y su mayor excitación se hizo evidente. Nosotras nos empezamos a emocionar también más allá de lo prudente. A los pocos minutos sentí lo que sería seguramente la última descarga de Félix dentro mío. La lengua de mi amiga en mi boca y ahora el semen de él en mi vagina me calentaron mucho. A los pocos instantes Fer debió terminar también, pues igual que Félix se retiró de nosotras. ¿Qué debíamos hacer? Retirarnos también seguramente, pero no pude. Sentí el impulso de seguir ahí. Claudia debió sentir lo mismo y pronto nos encontrábamos en un delicioso 69 degustando el semen de nuestros amigos y regalándonos nostras mismas el último orgasmo de la noche ante la mirada complaciente y complacida de nuestros dos amigos.

Como ya se había hecho tarde y seguramente nuestros respectivos maridos ya habrían llegado a casa, Claudia y yo nos apresurarnos a vestirnos y tras despedirnos cariñosamente de nuestros amigos enfilamos rumbo a nuestras casas. -Ni una palabra a nadie, ¿eh "..chulis"..?-, me dijo ella en el momento que hubo que separarnos, despidiéndose con el falso beso de siempre. Fue entonces que desperté una vez más de esta fantasía recurrente, casi enfermiza: acostarme "..en la vida real".. con mi ciberamigo favorito, con mi único ciberamante.

 

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