Apuesta fuerte
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Recuerdo exactamente el día que volví a ver a Carlos, fue una mañana de sábado. Yo tenía la manía tan mendocina de encontrarme los sábados en la mañana a tomar un café con los amigos. A Carlos lo conocía desde la época de facultad, era un tipo un poco tímido, alto, deportista, de buena pinta y, también, de buena familia. Siempre me pregunte que mierda hacia estudiando ciencias políticas, una carrera llena de psicobolches y/o fachos que tenían muy poco futuro en términos de dinero.

Sé que fui uno de sus mejores amigos de aquella época, no tanto por el tiempo que pasábamos juntos o por las cosas en común.. sino porque yo era el único que le daba un poco de bola. También yo era un pez un poco extraño en esa facultad, aunque lo mío tenía más que ver con el tipo "..culto".. que mi viejo siempre quiso que fuera. Carlos me consideraba un "..zafado".. pero, no sé por qué, de su mismo origen. Ahora estoy seguro que fue conmigo con quien fumó su primer porro y fui yo quien le presentó esa troska tan loquita que lo tuvo a mal traer un tiempo. 

Esa mañana de sábado habían pasado varios años. Yo había tenido noticias que, a diferencia de la mayoría de nosotros, Carlos había conseguido un muy buen puesto en una compañía internacional que tenía asiento en Córdoba. Su ropa, el cuero de su billetera poblada de tarjetas de crédito y hasta esa manera de sentarse en el café a saludar, mostraban lo bien que la vida lo había tratado.

Después de ese café entre viejos compañeros de facultad, me llamó para invitarnos a Verónica, mi mujer, y a mí, a cenar en su casa de Chacras de Coria. El fin de la cena era presentarnos a su novia, que había conocido recientemente en Mendoza y la cual, según él, sería su próxima esposa (Carlos se había separado de una cordobesa hacía dos años).

Cuando Verónica y yo llegamos, la buena música y el exquisito mobiliario nos impactaron. Carlos apareció, tímido y retraído como siempre pero haciendo gala de "..dueño de casa".., detrás de él venía ella. Ahora el que se impactaba un poco era solamente yo. 

Era relativamente alta, no excesivamente flaca y debería tener no más de 28 años. Su pelo rubio cortado a lo varón, grandes ojos celestes, muy buenas curvas, pero, sobretodo, un culo firme y parado que movía con una destreza inigualable debajo de los pantalones negros ajustados.

En el transcurso de la cena supimos que Patricia, tal su nombre, era maestra jardinera, porque "..adoraba a los nenes"... Apareció inmediatamente ante mí, la primera pelotudez. Terminaba la cena y yo tenía una clara idea de que mina tenía Carlos al lado: cartucha, de sociedad, inteligente pero sólo para las cuestiones menores, sexo dos veces por semana y nada de zafarse.

La verdad, me sorprendió un poco cuando Carlos me llamó esa mañana a la oficina. Yo no recordaba haberle dado el número pero supuse que entre tipos que están en la misma profesión y más cuando son pocos, esos datos son fáciles de conseguir. La llamada era para una nueva invitación. Esta vez era un almuerzo, también en su casa. Su voz denotaba cierta confidencialidad. Le pregunte qué día y me contestó: el sábado. Cagamos, pensé, este imbécil me cortó mi cafecito de la mañana y encima para bancarme una conversación estúpida y trivial entre mi mujer y su novia. Estaba intentando elaborar una excusa, cuando me advirtió que este almuerzo tenía la posibilidad de transformarse un una sobremesa muy caliente y que por eso tenía que ir sólo. 

Balbuceo algo de tres amigas y un amigo más para compartir el mediodía, pero también la siesta. Su voz se hizo más ronca cuando empezó a hablarme de que sabía que yo había sido hasta no hace mucho (o sea hasta antes de que Verónica se viniera a vivir a mi departamento) bastante loco, que, como nos teníamos confianza y bla, bla, bla. .. en fin, quería saber si podía conseguir unos porros, los suficientes, y uno cuantos papeles de buena merca. La cosa me empezaba a gustar.

Mi trabajo en el interior de la provincia me vino de primera para decirle a Verónica que el sábado tenía que viajar temprano y no volvería hasta la noche. El viernes ubique a Roberto, un viejo amigo dealer, que siempre tenia buena cocaína y gaste unos cuantos mangos.

El sábado llegue puntual a lo de Carlos, él atendió. Volvió a impactarme el mobiliario y, ahora, cierta oscuridad que venia de pesadas persianas bajas y cortinas cerradas. Carlos estaba nervioso, me pregunto sí venía con el regalo que le había prometido. Medio agrandado dije que esas cosas nunca se olvidan. Al traspasar el hall y entrar en la sala de estar, la sorpresa fue mayúscula. Patricia estaba sentada conversando con dos minas más, mientras un tipo medio gordito se servía un trago en la barra. 

Pensé que se había cagado todo, que Carlos no pudo sacarse de encima a Patricia. Otra cosa no podía ser, Patricia, yo lo sabía, era tremenda cartucha. Mire a Carlos que no mi hizo ni un guiño. Salude. 

Patricia me pregunto por Verónica. Me hice el boludo y puse alguna excusa estúpida. Que gil es este Carlos, pensé, no sólo que no vamos a ningún lado con esta tarada, sino que encima me deschava con Verónica. Qué mierda digo cuando Patricia hable, "..por casualidad".., con Verónica. 

Mi viaje al interior, que Verónica iba a saber una mentira, un almuerzo donde no debía estar, y encima dos minas más. Mi terror se tiene que haber reflejado en mi cara porque Carlos, ahora sí, me hizo una seña, como diciéndome: tranquilo, no pasa nada. 

Me presentaron: Florencia, una compañera de trabajo de Carlos, que parecía hacer buenas migas con Patricia. Pelo teñido de un rojo apagado, escote importante, con tetas blancas y pecosas, pantalones de cuero negro ajustados a unas piernas largas y formadas. 

Estaba realmente buena. Emilia o Puky, "..como me llaman todos".. según me dijo, un poco más baja que Florencia y Patricia, mucha cintura bajo una camisa blanca que se metía en unas polleras ajustadas a media rodilla, destacando un culo redondo y excesivamente grande para su estatura. Puky también era amiga de Carlos. Por último Enrique, otro compañero de laburo que Carlos me presentó entre risitas como poseedor de un gran "..talento"... Un pelotudo pensé: lentes, cara redonda, aproximadamente de nuestra edad, 34 o 35 años, nada destacable en el físico mediano, se quería hacer el simpático pero no le salía y a cada rato se escondía en el martini que tenía entre manos. 

A los pocos minutos Patricia nos invitó a sentarnos a la mesa. Yo tenía que hablar con Carlos sobre qué mierda pasaba, pero quedé sentado al lado de Florencia que ya me empezaba a gustar. No creo que yo sea un tipo feo o antipático, pero tampoco me creo Alain Delón. He tenido mi suerte con las mujeres, más por buena estrella que por otra cosa, pero lo de Florencia era sospechoso. En cuanto me senté a la mesa, ella comenzó una conversación llena de insinuaciones. 

A mitad del almuerzo mi mano ya estaba en la pierna de Florencia y mis ojos no se podían apartar de su profundo escote, mientras el verso: mezcla de marxismo, bohemia y un poco de literatura nacional daban un resultado más efectivo que otras veces. Tomamos, en abundancia, un excelente vino, la comida fue estupenda y llegaban los postres que Patricia servía entre alegre, por el vino, y (suponía yo), extrañada por mi actitud de tipo casado, cuya esposa ella conocía, de levante con una amiga de Carlos. 

Nos acomodamos en los mullidos sillones del living a tomar café y buen whisky en cantidad, mientras de fondo y a sugerencia mía, pusimos un CD de The Doors. Carlos se paró y me hizo una seña cómplice para que lo acompañara al hall de entrada. Interrumpí mi, cada vez más caliente, conversación con Florencia.

- Encargate de armar unos fasos y que las minas se pongan bien. Dale tranquilo que es gente de confianza y todos saben a que vienen.

- Carlos, sos un pelotudo. Tu mujer conoce a la mía, me va a mandar en cana en cuanto se encuentren, ¿no conoces a las minas?. ¿Y si estas tan preocupado porque no convidas vos los porros y la merca?.

- Mirá, quedate tranquilo -me dijo firme- Patricia es muy discreta. 

- Pero es un poco tímida, nos vamos solos a la cocina nos fumamos un faso y nos vamos a la habitación, mientras vos y Enrique se divierten con las otras dos. A propósito dame un papel para llevarme. Busque en mi billetera y se lo di. Estaba aturdido, ya había tomado bastante, Carlos trasmitía confianza y, sobretodo, Florencia estaba buenísima.

Carlos tomó a Patricia de la mano y se fueron por la puerta que daba a la cocina. Yo me hice el simpático, serví más whisky y como cualquier cosa, mientras hablaba no sé de que boludez, armé un porro. El porro circuló y todo se animaba. Bese en el cuello a Florencia, su olor a perfume caro me animó. La tenía parada y me estallaba el pantalón. Por el rabillo del ojo vi que Puky, después de una pitada profunda al porro, se animaba con Enrique. Le sugerí a Florencia ir a una de las habitaciones.

Me trato de "..tontito".. y me puso al tanto de que ella, Puky y Enrique ya se conocían, que la fiesta iba a empezar. Se sacó la blusa dejando al descubierto los pechos que yo había imaginado, grandes, redondos y metidos en un corpiño rojo que hacía juego con su piel blanca y las pecas profusas. La bese, su boca era carnosa y cálida, se separó un poco y su lengua rozó la punta de la mía. Esta mina sabía lo que hacía.

Puky se desnudaba entera delante de Enrique que la miraba con una sonrisita de satisfacción. Tenía un culo espectacular al final de una espalda curvada que la mantenía derecha y con la frente en alto. Se agachó delante de él, en cuclillas, su culo se abrió e insinuó un pequeño agujero, que yo supuse, rosa. Mirando a Enrique, que estaba sentado en uno de los sillones, bajó el cierre de su bragueta y sacó una terrible pija. Entendí aquello del "..talento".. de Enrique. 

La comenzó a lamer y chupar con avidez, Enrique cerró los ojos y tiró su cabeza hacia atrás. Florencia ya tenía su mano dentro de mi bragueta cuando de repente se paró, me dio la espalda y comenzó a bajarse lentamente sus pantalones negros de cuero agachándose y mostrándome un hermoso culo en una mínima tanga que apenas le tapaba la raya. Lo tome entre mis manos y lo bese, primero en esas nalgas duras y de curvas suaves, luego despacio hasta meter mi lengua entre la tanga y su agujero, sentí un suspiro de aprobación por parte de Florencia. 

Ahora se dio vuelta y mirándome a los ojos se sacó el corpiño y luego la minúscula tanga, alce mis manos y la tome de la cintura, bese su ombligo y fui subiendo hasta los pezones que comenzaron a ponerse duros y parados. Era realmente espectacular. Se tiró sobre el sillón grande en el cual estabamos, abrió sus piernas ofreciéndome su sexo, para que yo hiciera con él lo que quisiera. 

Tomé sus piernas por las partes internas, metí mi cabeza en medio y comencé a dar besos sobre su clítoris. Me desesperé y metí mi lengua todo lo que pude dentro de su vagina, exhaló fuerte. Sus piernas apretaban mi cabeza. Supe que la estaba pasando realmente bien.

Seguí así por un rato, ensimismado en mi tarea. Luego levanté mi cabeza y vi que Florencia con su mano extendida acariciaba el redondo culo de Puky que se había levantado y se besaba con Enrique, los dos de pie. Me saqué la que me quedaba de ropa, mientras Florencia besaba, de rodillas, el culo que recién acariciaba. Mi billetera cayó al suelo y recordé que dentro estaban, todavía sin usar, los papeles de merca que Roberto me había vendido. Me puse de rodillas sobre la mesa ratona y tire varias líneas sobre el vidrio limpio, mientras Enrique tirado en la alfombra bufaba cuando Puky lo cabalgaba al compás de los besos que Florencia le daba.

Toqué la espalda de Florencia y llamé a Enrique y Puky para que se sirvieran. Jalamos unos tiros largos y pesados, quedaron algunos sobre el vidrio y cada cual volvió a lo suyo. Florencia apoyó sus manos en el respaldo del sillón y puso sus rodillas en los almohadones, su pelo largo y ensortijado caía, dio vuelta la cara y me miró. Sus ojos me intimaban a servirme. Tome su cintura y la penetré, al principio con movimientos suaves y circulares, luego de un momento, los golpes de mi cintura sobre sus nalgas fueron cada vez más fuertes, me agache y tome con mis dos manos sus hermosas tetas, ella abrió sus brazos y bajo la cabeza sin dejar de arquear la espalda con cada uno de mis movimientos. 

Puky, en algún momento, se sentó sobre el respaldo del sillón, entre los brazos de Florencia que comenzó a lamer su sexo. Esa imagen casi me hizo acabar. Enrique se colocaba, ahora por detrás de Puky, yo sabía que ella se había sentado de tal manera que el culo quedaba como "..flotando".., su concha y sus piernas se apoyaban en el respaldo redondo y mullido. El gordito intentó poseer ese culo que sobresalía y romper con semejante miembro su hermoso agujerito, que a esta altura yo ya lo sabía rosado y redondo.

La cara de Puky estaba enfrente de la mía, el dolor se reflejaba en su rostro y supe que el "..talentoso".. no podía. Enrique se separó, metió sus dedos en la boca y los saco húmedos de saliva y escupió su mano, adiviné que metía sus dedos en el agujero de Puky intentando agrandarlo. Estuvo un rato con su mano entre las nalgas de ella, al poco tiempo intentó nuevamente, esta vez pudo. La petisa gritó entre placer y dolor. Enrique apenas se movía, yo aceleraba y frenaba. La imagen de lo que había pasado me llevó a escupir y meter mi dedo en el agujero oscuro de Florencia, tenía un hermoso culo, saque mi pija y puse su punta sobre el agujero de ella, no opuso resistencia, me introduje despacio, Florencia se estremeció y gimió. 

Entre y salí de ese culo buenísimo un tiempo largo y placentero por demás. Enrique y Puky dieron la vuelta y se pusieron al lado nuestro y en idéntica posición, los dos serruchámos parejo durante varios minutos. Enrique paró, saco su pija del culo de Puky, se puso a un costado, tomó las nalgas de ella y las abrió lo más que pudo.. con cara de libidinoso me miró y mostró un agujero excesivamente abierto, rosado y profundo. No soporté la visión, saque mi pija del culo de Florencia y la introduje en esa profundidad abierta hasta la saciedad. 

Sin dejar de mover mi pija en el culo de Puky, puse mis manos en las nalgas de Florencia, que seguía en la misma posición e hice idéntico favor a Enrique, él la penetró, ella no gritó, eso me hizo sentir estúpidamente bien en mi orgullo machista. Florencia y Puky se besaban con las puntas de sus lenguas. Nosotros acariciábamos sus clítoris y metíamos los dedos en sus vulvas, durante un largo tiempo.

Creo que Puky tuvo un primer orgasmo, cuando de pronto sentí que una puerta se abría detrás nuestro, era Carlos. Desnuda, ensartada, de espaldas hacia nosotros y con las piernas alrededor de la cintura de mi amigo, venía Patricia. Su espalda doblada sobre el torso de Carlos, su cabeza sobre sus hombros, besando su cuello y moviéndose lentamente para mantener el gozo, mientras él la tomaba de sus piernas y caminaba hacia el cuarteto que formábamos en el sillón grande. La silueta de Patricia se marcaba exageradamente, era una visión divina. 

Enrique se tiró sobre la alfombra y Florencia lo cabalgaba con el culo, dándole la espalda, mientras se tocaba el clítoris y mostraba su vulva abierta. Yo miraba absorto mientras cogía alternativamente la concha y el culo de Emilia-Puky, la merca y el porro me hacían aguantar mas de lo normal, flotaba y al mismo tiempo mis sentidos estaban en todo su esplendor. Carlos tomó suavemente de la cabeza a Florencia y la miró, se entendieron inmediatamente, ella se apartó de Enrique, todos parecían saber que hacer a cada momento. Carlos depositó a Patricia sobre la gran pija, Patricia lo miró con miedo, él la beso dulcemente. A medida que iba bajando la cara de Patricia se transformaba con los Doors de fondo. 

Enrique mantenía los ojos cerrados, la pija se introducía poco a poco en esa vagina que se adivinaba ya muy lubricaba, Patricia gemía. Carlos se sentó en el sillón que había quedado atrás de la cabeza de Enrique, tenía la pistola parada, se la pasó a su novia por los labios. Ella la tomó y comenzó a chuparla, sin dejar de moverse para satisfacer a Enrique. Yo estaba más aturdido que antes y no entendía, tampoco hacía esfuerzos por entender, era la vida de Carlos y podía hacer lo que quisiera. En ese momento él me miró, estaba serio, me hizo una seña con firmeza. Yo entendí. 

Deje el hermoso culo de Puky, me acerque al trío que formaban Patricia, Enrique y mi amigo. La pija me estallaba, no sabía cuanto más podía aguantar, el aire me ayudo a enfriarme un poco mientras mis ojos veían una escena irrepetible. El "..talento".. de Enrique entraba y salía de Patricia, su espalda arqueada dejaba a la vista el culo más exquisito que había visto, supe que hacer. De la mesa ratona saqué casi una línea entera que quedaba de merca, me la puse en la punta de la lengua, sentí el gusto amargo y adormecedor, me arrodille frente al agujero pequeño y virgen de Patricia. Lo lamí e introduje merca en el pequeño agujero, metí varias veces mi lengua, sentía la pija de Enrique moverse bajo mi pera. 

Metí primero mi dedo índice, Patricia se arqueo un poco más. Lo saqué y me lo lleve a la boca, saque saliva y volví a pasar sobre los contornos de ese orificio a punto de ser corrompido, la saliva se mezclaba, pastosamente, con la merca que aún quedaba. Lo sola idea de que iba a romper ese hermoso culito me excitó hasta la locura. Metí, con esfuerzo el dedo índice de mí otra mano junto con el primero, Patricia volvió a gemir. Estuve trabajando en eso, mientras sentía que mi boca se hacía agua. Saque mis dedos, tomé con fuerza mi pija que estaba arqueada y roja al máximo de la excitación, puse la punta sobre el agujero del culo, empuje fuerte y metí la primera parte.

Patricia gritó y vi que Carlos bajaba la cabeza. Sentí mi pija excesivamente apretada por un culo verdaderamente estrecho, al mismo tiempo sentía como sólo un pequeño pedazo de carne me separaba de la pija de Enrique que se movía, ahora, lentamente para no provocar mas dolor a Patricia. Sólo con la primer parte de mi pene dentro del pequeño agujero de Patricia me moví despacio, primero en forma circular y luego sacando y metiendo poco a poco. Vi las manos de Patricia crisparse sobre las piernas de Carlos. Sentí el calor del recto y como de a poco se relajaba el anillo anal, empuje fuerte y meti el resto de mi miembro, el gemido de ella fue, ahora más suave y denotaba mayor placer. Comencé manteniendo el ritmo que llevaba y luego aceleré hasta golpear fuertemente mis huevos sobre las nalgas abiertas de Patricia, ella gemía y gozaba cada vez mas.

La imagen de los cuatro debe haber sido espectacular, pues Puky sólo miraba, se acariciaba y no se había movido de su anterior posición. Florencia se acercó y comenzó a pellizcar fuerte los pezones de Patricia con una mano, mientras con la otra acariciaba el rojísimo clítoris. De Enrique yo sólo sentía el jadeo y el subir y bajar de su pija rozando, piel mediante, la mía. Patricia gemía y gritaba. Yo estaba absorto y a punto de llegar al orgasmo más grande de mi vida. Sentí que las nalgas de Patricia se apretaban sobre mi pija, mientras pegaba un gemido largo y profundo, estaba acabando. 

Yo no soportaba más tiempo tanto placer, vi el culo de Puky abierto y chorreando, estaba por terminar, saque mi pija del culo de Patricia, me metí en el gran culo de Puky, entre y salí varias veces. Tire un chorro grande de semen en los más profundo de ese gran culo. Quizás, terminar en Puky y no en Patricia fue una forma de respetar a Carlos. 

Ahora sentía la voz suave de la petisa que me pedía que no me fuera. Me quedé moviéndome lentamente y acariciando su clítoris. Puky llevó su mano a mi pija y la cambio de agujero, seguí bombeando antes de que se me bajara. Vi a mí alrededor para inspirarme. Patricia se había salido de Enrique y sólo chupaba ávidamente la pija de Carlos, su lugar había sido ocupado por Florencia que pedía: ¡más fuerte! a gritos. 

En el momento en que Puky llegó cálidamente a su segundo orgasmo apretó su vagina sobre mi pija. Nos sentamos, ella encima mío. Me metió su lengua en mi oreja y me pidió el vaso de whisky que, a medio tomar, estaba sobre la mesa. Bebió y me prometió que era sólo un ratito para descansar, que después seguíamos. Vi que de la comisura del labio de Patricia se desprendía un hilito blanco cuando Carlos con un gemido profundo terminó. Un rato después terminaba el "..talentoso"...

Florencia comenzó a abrazar y acariciar a Patricia, ahí me di cuenta que de sus grandes ojos se había desprendido una lágrima que rodaba por la mejilla. Florencia besó esa lágrima y su cuello, Patricia la abrazó. Se besaron y fueron a un sillón chico que estaba un poco alejado de nosotros. Prendí un pucho y bebí algo de whisky del vaso de Puky que seguía encima mío aunque mi pija ya había caído. La luz daba tenue sobre ese sillón. Florencia besaba los pechos de Patricia y acariciaba su vagina, introducía sus dedos finos donde antes había estado el aparato de Enrique.

Bajó besando su panza y el ombligo, se detuvo donde nacía el pelo sedoso de la vagina, la miró, bajó la cabeza y vimos que Patricia se arqueaba sobre el sillón. Estuvo un largo rato disfrutando con los ojos cerrados, luego tomó el pelo de Florencia y aparto su cara del sexo, la tomó de los hombros y la posó suavemente sobre la alfombra. Todo era suave. Puso su vagina encima de la boca de Florencia y la suya en el sexo de ella. El 69 era increíble, sólo en videos pornos había visto dos mujeres tan buenas hacerse el amor en esa forma. Hacia mi lado apuntaba el hermoso culo de Patricia que minutos antes yo mismo había roto, mi pija comenzaba a pararse poco a poco, Puky dio vuelta su cabeza y se río pícara. Al rato sentimos el grito semianimal de Florencia que terminaba y el suave gemido de su partenaire que gozaba por segunda vez.

Pasaron unos segundos, el show había terminado. Patricia se levantó, (¡por Dios que buena estaba!). Se acercó a Carlos, lo miró fijo, lo abofeteo y se fue. Carlos ni nos miró, se levantó y la siguió.

Nos quedaban ganas, creo, a todos de seguir, pero después de esa escena era difícil. La merca y el porro comenzaban a adormecerme. Enrique insistió, Puky se prendió, Florencia dudaba y yo me sentía mal por mi amigo. Algo se había roto. Me vestí despacio, le pregunté a Florencia si quería que la llevara, me dijo que no. El trato con Carlos era que mientras alguno tuviera ganas, ella y Puky se tenían que quedar, sino.... no había paga. Entendí. Sólo con los pantalones puestos encendí otro cigarrillo, me termine de vestir y me fui mientras Enrique volvía a acariciar el culo de Puky.

De todos ellos sólo a Carlos lo volví a ver una vez antes de que se volviera definitivamente a Córdoba. Me contó todo. Había sido una locura, una apuesta fuerte de alcoba que llegó muy lejos. Al poco tiempo rompió con Patricia que había dejado de ser tímida y maestra jardinera. Esa tarde la había golpeado demasiado fuerte, me contó un Carlos apesadumbrado y un poco más viejo. Desde ese día, me confesó, una pregunta no lo dejó más ¿eran compatibles el amor y el sexo donde todo vale, cuáles eran los límites?. No supe que decir, yo mantenía ambas cosas, como buen conservador, ampliamente separadas.

Se levantó y apago el pucho en el cenicero, lo tome del saco y pregunte por Patricia. Bien, esta muy bien, me contestó, enamorada, y en pareja con una tal Susana.

 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap