Las aventuras de un benedictino
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

LA NOTICIA I

Tras las revueltas de hermanos propios y de otras órdenes que pedían la abolición de las rígidas normas conventuales que nos alejaban cada día más de nuestros propios convecinos, que a su vez se revelaban contra la opulencia de las órdenes religiosas.

Nuestro vetusto y pobre monasterio de San Benito , comenzó a sufrir los síntomas de una inminente rebelión no tanto porque nuestros aparceros nos reclamasen mejoras, que ya tenían y gozaban a diferencia de otros monasterios, sino por las noticias que llegaban de otros cenobios aledaños, lo que hizo que el Abad Pérez del Castillo me llamara a capítulo lo más urgente posible.

Entré en aquél austero recinto que eran las dependencias del Padre Abad, con el alma un tanto encogida por lo que pudiera suceder de tan imprevista reunión, fuera del capítulo general de hermanos.

Estimado Abelardo,- decía el inmenso y Venerable Padre-, llevas años entre nosotros y he venido observando tus movimientos en estos últimos meses y veo que estás inquieto, y que como los perros en celo , alzas la cabeza en pos de rastrear en el fresco aire que en estos días sopla hipotéticos aromas que en nada te convienen...,- no quiero entrar en tus recuerdos ni añoranzas, pero veo que estás como halcón enjaulado, y por ello daré una oportunidad de conocer ese mundo que añoras.

En medio de este discurso con la mesa albacial por medio , con un grueso tapete que tapaba hasta las patas, vi asomar unos pies adolescentes y desnudos, que si no me equivoco pertenecían a la joven Beatriz que debía estar ordeñando con su suave boca mientras el vetusto abad, continuaba con su angelical rostro incólume con sus reconvenciones y mensajes.

Tengo necesidad por otra parte de librarte, por el cariño fraternal que te tengo de ciertos males que te acechan en este monasterio por tu juventud y donaire, y como además necesito tener noticias de los Hermanos del Norte, de forma fiable, de cara a un posible asentamiento del monasterio, te enviaré con una misiva personal y en forma disimulada de peregrino te llegarás al Monasterio de San Pelayo donde entregarás al Abad German en persona mi carta. 

Reflexiona pues sobre dicho encargo, y prepara cuanto te sea necesario para el largo viaje de casi dos meses que tienes por delante. Como sabes en el monasterio somos pobres y por tanto tan solo te podremos proveer del pequeño Celedonio , algunas viandas y unos cuantos cuartos para el camino, procura pues hospedarte en conventos y monasterios de hermanos y con gente sencilla que a buen seguro te acogerán con agrado . Espero que vuelvas con buenas nuevas allá por cuaresma.

El rubicundo y amable Padre Abad parecía estar leyendo mis pensamientos, pues era cierto que en los últimos tiempos me hallaba inquieto y los ardores de la carne, me asaltaban de continúo y parecía oler en los frescos aires , el agradable olor de hembra en celo.. aunque era fácil para él ver en ojo ajeno la paja y no mirar el suyo propio.

Cierto es que no debería andar con esos dengues pues al fin y al cabo era un monje de sanbenito, pero mis treinta años , me pedían salir de aquella cerrada atmósfera , donde era cierto, que se cernían sobre mí ciertos peligros que estaban dominando casi al completo del venerable claustro de hermanos y más a tenor de lo visto e intuido en las habitaciones del Padre Abad .

En más de una ocasión, el Prior y el hermano Hospitalario, sabiendo de mi necesidad de perderme fuera del cerrado recinto monacal me habían reconvenido a la vez que me sobaban disimuladamente y me proponían un fino chantaje de acceder a sus pretensiones a cambio de permitir mis escarceos fuera del monasterio, no es que yo no estuviera en ese lado del "..negocio".. que a buen seguro lo sabían ellos, pero para esos viajes no quería tales compañeros.

Me encaminé al Claustro, en busca de Fray Isidro de Tremon, al que encontré sentado al tibio sol de febrero, le comuniqué las nuevas noticias y mi viaje .. no se alegró mucho pues mi partida le dejaba sin una de sus aficiones y apoyo para seguir en aquél monasterio.

Ten en cuenta todo lo que te he enseñado, y no te descuides, utiliza pues tu condición de monje y la confesión con buen arte, y verás como el viaje te será un reconfortante viaje de iniciación y aprendizaje.. como partirás a buen seguro a maitines, nos veremos tras la hora de vísperas en el herbolario para nuestra particular despedida, mandaré recado a Teresa para que nos acompañe.

Me despedí del hermano Isidro, y fui a preparar mis pocas cosas para la inminente partida a maitines, además debía preparar la jornada que me aguardaba aquella noche, pues el H. Isidro era un viejo monje libertino, recluido ya en el monasterio, pues sus años y achaques apenas si le dejaban caminar apenas unos pasos, pero no por ello dejaba de tener en apartados rincones del monasterio sus refocilos con cualquier hembra o mancebo que se le pusiera a mano, aunque apenas ya si su príapo se levantaba, ni su vista alcanzaba a distinguir muy bien quien estaba en su presencia, aunque no se podía decir lo mismo de su olfato o tacto. 

Fue Fray Isidro quien me inicio en los asuntos y maneras de la jodienda, y por lo cual yo solía ayudarle y asistirle en dichas tareas ,además de hacerle partícipe en la manera que el lo requería. Supuse que si avisaba a Teresa para mi despedida, era señal de que maitines nos cogería en plena orgía, aunque esto no era tan preocupante, pues había ya tal relajo que a los rezos conventuales solo aparecían aquellos mojes más rectos, los menos , o aquellos que no habían podido encontrar pareja aquella noche.

Una vez preparadas mis pocas pertenencias y dar ración doble a Celedonio, me encaminé a las dependencias del hermano Isidro, una casita situada en el extremo oriental del huerto junto al gran murallón y la denominada "..puerta falsa".. que daba a los grandes campos que nuestros aparceros labraban.

Di la contraseña, tras los rituales golpes de rigor, y me encamine al cuarto trasero donde ya estaban en un catafalco Fray Isidro y Teresa, lamiéndose el uno al otro los zumos del "..benedictine".. que se habían rociado allí donde a cada uno le gustaba que la lengua del otro llegara.

Toma asiento Hermano Abelardo, que pronto te dejaré sitio, pero antes aprende algo más antes de tu partida y, mira como un hombre al cual la naturaleza ya no le ayuda , hace feliz a una manceba, le vertió una gotas de una macilento líquido desde el ombligo y que arrollaba porr el coño de aquella frívola y casquivana manceba , que gozaba con ponerle los cuernos a su marido y participar en jodiendas con más de un hombre mujerl "..... , mira como empieza a abrasarle ese gran fuego que pide la frescura de mi saliva para calmar su ardiente sed."..

Y de aquella manera Teresa que además gustaba de ser mirada mientras jodía, se dejaba hacer por el viejo fraile, que tenía una larga y hábil lengua que suplía con creces su disminuida polla arrugada por los años y los trabajos. 

Teresa tenía un especial esplendor esa noche, sus carnes prietas y modales un tanto hombrunos, se veían hoy más suavizados, más golosos si cabría y se dejaba hacer por el libertino monje, que tan pronto le daba la vuelta para introducirle la lengua en el ojo del culo, como le metía casi todo el puño en aquél acrobático coño del cual ya manaban elixires y densos líquidos vaginales que Isidro no desperdiciaba.. todo esto sucedía con Teresa medio vestida, que era lo que gustaba, tal vez porque así lo había hecho siempre y no le gustaba que la vieran desnuda.

Su pasión era estar haciendo las labores de lavandera o fregando los utensilios de la comida y que jugaran con ella y la jodieran al estilo perro , o de la forma más imaginativa posible sin que ella tuviera que abandonar sus ficticias tareas.. con el hermano Isidro ya no podía traerse tanto revuelo y trifulca, por lo que optaba por hacerse la dormida o por hacer que cosía unos calzones y se dejaba hacer.

Cuando yo llegaba, sus ojos a pesar de mi impericia, se avivaban pues mi constitución le permitían los juegos y malabarismos que se inventaba cada mes que nos veíamos a cuya cita era raro que faltara el Hermano Isidro.. Una vez éste juzgó el Hermano Isidro que Teresa había llegado donde el la podía llevar, le indicó que rehiciera el camastro y me indicó a mí que me acercara príapo en ristre.

Fue inclinarse Teresa sobre el camastro, cuando Isidro le levantó un poco los refajos para enseñarme aquella grupa peluda, donde era difícil con aquella tenue luz saber donde estaba cada cosa , aún así me apresuré a meter allá donde fuera o encontrara mi tiesa panolla un tanto corta y excesivamente gorda , para mi gusto, pero que a las pocas mujeres que había catado les había dejado encantadas. 

Cuando Teresa sintió aquel vergajo dio un brinco de placer y de dolor pues el viejo crápula nos tenia cogidos con una mano a mis por los huevos y a ella por la pelambrera , y de esta guisa nos sobaba a los dos con la otra mano y comprobaba si había hueco o estaba toda metida, si le cogía a ella aún un dedo o podía ya chupar de lo que allí se cocía. Estos eran los divertimentos de Teresa y del Hermano Isidro y por los cuales yo formé parte de sus juegos a indicación de mi hermano y superior.

Apenas nos habíamos ya enzarzado en la jodienda, cuando el libertino monje nos soltó y empezó a azotarnos con unas disciplinas de recios nudos en las partes que nos dejaban libres nuestra ropa y hábitos.. Teresa enardecía aún más al monje... ".. piedad padre ! Aunque el mancebo esté en contranatura , es inexperto padre, tener piedad de nosotros ¡ A lo que Isidro se ponía más enfurecido y arreciaba en los golpes que empezaban a surtir su efecto, pues ya el príapo de Isidro pedía parte del festín, Teresa me descabalgó y se abrió con ambas manos aquel negro coño, para que aquella diminutez de polla , le entrara por completo. 

Algo tenía que tener aquella pequeñez, pues la casquivana manceba, daba ayes y alaridos, que envalentonaban al Hermano Isidro a dar algún que otro fuerte transporte.. cayeron ambos sobre el catafalco de espaldas dejando Teresa al descubierto su partes delanteras que yo me apresuré a taponar. Y así a modo de un pan con otro , estaba Teresa entre ambos monjes, uno en su delantera y otro por la retaguardia, donde yo notaba que el hermano Isidro trabajaba a buen ritmo, lo que nos hizo a los tres corrernos al unísono.

Descansamos de tan ajetreados transportes, y quiso Teresa probar conmigo antes de la partida, un juego de malabarismo al que pronto asintió el viejo monje. Se trataba de ensartar a la manceba subida a mi cintura y enlazada con sus piernas y así de esta manera, joder de pie , mientras el lúbrico monje le metía un enorme falo de ébano que había traído de sus andanzas por tierras moras. 

Seguimos sus indicaciones a las cuales Teresa se prestó rauda, apenas yo me había repuesto cundo sentí la boca del monje sin dientes prepaar mi verga para que cogiese tamaño y así ayudarle a buscar el agujero del coño.. cuando el depravado monje me puso con el vergajo enhiesto lo condujo hasta la mojada entrada de la cabalgadora que cuando sintió llegar aquello y en aquella posición se retorcía y se alzaba sobre mi cuello, para dejarse caer y sentir como la inundaba, si aquello era el sumun más lo fue cuando la moza notó como un instrumento frío le entraba por la contrapuerta .

Padre bendito que me hace...?,¡ Que me muero y este gañan aún tengo que ordeñarlo padre!, ¿Qué me ha metido jodido cabrón..., acaso se le ha muerto su pajarito mala bestia,...? mientras el hermano Isidro sin hacernos caso , bajaba de nuevo al pilón y nos sorbía los jugos que arrollaban por mis bolas .. el estremecimiento fue general y por poco aplastamos al pobre hermano ya exhausto de tanto trajín.

EL VIAJE II

Salí del monasterio tras maitines , sin despedida alguna, con el mensaje del Padre Abad , un par de alforjas que cargaba Celedonio y un zurrón que llevaba al hombro, camine por caminos y trochas durante unas cuantas horas sin hacer descanso, pues por aquellos parajes las revueltas eran continúas y quería poner tierra por medio.

Tras recorrer unas buenas leguas, sentí necesidad de realizar mis necesidades y me fui tras unos arbustos, donde colgué mi zurrón con los mensajes albaciales y algunos presentes del hermano Isidro, apenas terminé , aparecieron varios labriegos que me invitaron a sentarme aunque con aviesas intenciones, apenas me acerqué a Celedonio y saque alguna viandas se abalanzaron sobre mí , me arrebataron mis viandas y deshicieron las alforjas en busca de la bolsa pecuniaria, al encontrar apenas unos marevedíes, comenzaron por darme golpes con palos y manos, me extendieron cuan grande era en la tierra , y sujetándome de pies y manos alzaron mi hábito y clavaron en mi culo su ardientes dardos: finos y largos, gruesos, venosos.. allí se satisficieron conmigo a su gusto y capricho, no puedo decir que algunas de aquellas vergas no me dejaran buen recuerdo o me hicieran llegar a donde nunca creí que podría llegar por dicho sitio... en todo ello como torbellino pensé, hasta que caí en un denso pozo negro. 

Volví de la espesa nebulosa entre delirios y fiebres, estaba en un caliente jergón de alguna casa, pues lo cálido del lugar , los olores de comida hacían presagiar que estaba en cristianas manos. Me hallaba echado de bruces , me palpé como pude y me encontré vendas y cataplasmas por muchos lugares de mi cuerpo

Recóbrelo de nuevo cuando sentí una tibia mano sobre mi cabeza e intenté ver de quien se trataba ..., ".. descanse padre pues lleva usted casi 6 días delirando y lleno de fiebres y malos humores, descanse pues le han traído a casa cristiana, está malherido con feas y renegridas pústulas en su hermosa espalda y parte nefanda, déjeme llevar por el mareo que me cercaba . 

Y así debí seguir unos días más, hasta que una mañana cuando sentí los pasos de la señora y su criada me hice el inconsciente, se sentó a mi lado y creyéndome aún perdido en mis recuerdos y sentí como una mano se adentraba por ente mis piernas y me cogía el vergajo, tan suave contacto hizo que mis partes comenzaran a revivir, lo que le arrancó a aquella bella dama de cortos cabellos y tez blanca a besarme a lo largo de mi espalda y me darme un cariñoso ósculo que me dejó tiritando de placer.,.

Por la tarde apareció la bella mujer con su marido un notario de los nobles de la zona , que pronto me relató como llegué hasta sus tierras, como me cuidaron donde estaban mis pertenencias. Querido padre sabemos parte de sus malas experiencias, y aquí le trajeron mis aparceros, que le encontraron a usted en el bosque panza abajo con un príapo de madera negra metido en su pudendas partes, y permítame la expresión, metido hasta los mismísimos cojones y con un aspecto en sus partes traseras, que cualquiera diría que pasase por allí un batallón... - 

Estimado anfitrión un batallón no sé si fue pero unos cuantos mozetones y con no muy buenas maneras si que me asieron y ultrajaron ...- 

"..Tranquilícese usted padre, pues deseamos que se quede con nosotros en estas tierras por un tiempo y cuide de la abundante feligresía, mientras repone fuerzas para su misión que ha de ser importante a juzgar por los sellos de sus misivas...".., hizo un gesto hacia el zurrón que colgaba tras una puerta y me tranquilizó. 

Y para su información ,está usted en el extremo de mi pequeña hacienda, en una apartada casa que antes habitó un viejo párroco que cuidaba de estas aldeas, quédese usted cuanto sea necesario y cuide de la salud espiritual de este rebaño, mi mujer Beldane aquí presente y alguna de nuestras siervas vendrán ha ayudarle y traerle las viandas y bebedizos que el galeno ha recomendado . Y ahora cuénteme quien es, de donde viene y cuales son sus planes.

Le conté quien era , de que monasterio provenía y a dónde me dirigía y poco más pude decirle a aquél afable anfitrión, que tanto se interesó por mi salud y mi historia. 

A los pocos días recobré la postura habitual de una persona, y comencé a moverme por la pequeña morada con mi viejo hábito recosido y recompuesto y esperé la llegada de la señora del lugar, que una vez supo que estaba en pie se aprestó venir hasta aquellos aposentos.

Vernos de nuevo surgió entre nosotros un hechizo que yo aproveché para con la excusa de mi debilidad pedirle a Beldane que me ayudara a llegar hasta el camastro, en sus cercanías fingí desmayarme y llevar en mi caída a aquella reprimida mujer que poco a poco se iba abriendo a mis caricias y arrumacos.

Padre, esto no es propio de un hombre de iglesia y de una mujer que se debe a su marido, por dios no quiero condenarme, déjeme seguir mi vida. "..Acaso no quiere de nuevo palpar mi herramienta para ver si crece de igual manera y si está como debiera..... dicho esto la mujer se lleno de colores y dejó que su pasión se abriera camino entre tanta deseo reprimido, aproveché la bajada de su guardia para tocar sus pendulares tetas, ella bajó su mano hasta mis ingles y apenas cató el estado de mi polla cuando subió sus ropas para que me alojara cuanto antes en aquella roja fresa entre rubitos pelos. ".. hágame suya padre que mi marido ni tiene ni ganas ni tamaño y hace ya semanas que no cato hombre. 

Actué tal y como se me pedía y allí hundí la alcachofa que aquel estrecho coño que me absorbía y oprimía de tal forma que apenas si pude sacarla antes de que escupiera un chorro de semen que se derramó dentro y por los ralos pelillos púbicos de la mujer, ahora al menos ya olía y sabía a algo pues era tal su limpieza que cuando me bajé a su pilón éste no olía sino a suave agua de rosas.

Me bajé a su pilón y me relamí en aquella pringue de humores femeninos mezclados con los míos, rebocé cara y manos que subí hasta su boca , el fuerte olor le despertó una tremenda pasión por libar aquellas exquisiteces que no hizo falta lavar mis manos.

Repetimos aquellos encuentros, mientras yo me hacía cargo de la repartida cristiandad que poblaban los territorios del Conde de Peñafranca. Con el paso de los días me di cuenta que aquella mujer nunca con su marido había salido de la posición del misionero , por lo cual me entretuve en adiestrarla y abrirla a nuevos caminos amatorios.

Sus tetas insensibles pronto se abrían y se ponían tersas a poco que uno las tocase y ya no digamos si dejaba caer desmayadamente la mano por la entrepierna y rozaba como sin querer aquel pequeño péndulo del amor, que tan locas las vuelve.

Hacía ya unas semanas que estaba en aquellos territorios cuando recibí el recado del Notario, para que dijese misa y oyese en confesión a la cristiandad de aquellas tierras, tras oír en confesión a unas cuantas mujerucas y labriegos, cuya intención parecía sacarme de mis casillas , procedí en la sacristía a vestirme para la misa, cuando llegó Beldane para ayudarme en la labores, mientas los parroquianos aguardaban ya mi salida, entre las confesiones y los tocamientos de la zagala, no pude reprimir mis bajos instintos y doblé a Beldane sobre la mesa de las casullas y como por equivocación se la introduje entre aquellos grandes y blanquecinos globos, su pelea por no querer todo aquel aparato en su ser y a contranatura y ser oída, no fue nada cuando el ariete derrumbó la estrecha puerta y lo sintió dentro , ahora su pelea era por querer sentir las emboladas que le propinaba , hasta el fondo.

Sus ahogados gritos y sofoco se trocaban en clavar las uñas y morder mis manos, , no tenía fín, su orgasmo era infinito pues su imaginación volaba y la hacía más vulnerable a embestidas y transportes, que recibía abierta hasta más no poder, mientras sus vecinos y siervos esperaban pacientemente nuestra salida para el comienzo de la dominical oración.

Antes de acabar tan intenso trabajo me pareció ver por uno de los ventanucos de la sacristía un fugaz figura conocida, pero no sabría decir si fué tambien fruto de aquella excitante situación o una realidad que se iba cerniendo sobre mi...

Había quien parecía tener noticias de nuestros encuentros carnales y lo venteaba a los cuatro vientos, en una de las confesiones tuve la ocasión de conocer a la chivata Anasole, una mujer de la cual nada destacaba, a no ser su desmedida lengua y su bobez y petulancia manifestadas en sus confesiones y en las confidencias de vecinas,

Supe pues que tenía un marido borrachín y cafre que en nada la satisfacía sino era a base de vapuleos y ella como padecía de la enfermedad de la petulancia no quería reconocer su estado y situación.

Un día reclamaron mi presencia en la casa de Anasole, pedí a Beldane que me acompañara hasta la apartada casa, donde encontramos a esta llorando pues tras haber sido apaleada por su marido, éste la había dejado en pos de mejores tierras y mujeres menos tontas y petulantes .

La aúpe y la subí hasta su catre donde Beldane solícita la libró de sus ensangrentadas ropas, ver aquella mujer en ese estado sollozante e implorando perdón hizo que en nosotros aflorara un sentimiento de venganza contra aquella deslenguada. Beldane se echó encima de la veleidosa mujer y medio la amordazo y desnudó.. me cogió el vergajo y se lo enseñó a la presuntuosa chivata a la cual le tapó las narices obligándola a abrir la boca, por la cual le metió mi morcilla. 

Acaso no querías probar "..este dulce".., tanto que hablabas de nosotros y nuestros encuentros, pues chupa y así sabrás lo que te pierdes. La mujer se retorcía por no querer seguir lamiendo mi polla, a la cual parecía le iba cogiendo el gusto, esta situación a Beldane le desató su espíritu sáfico , a pesar de las mires y remires de la tonta no tardó mucho en rodar por el aposento dando gusto a mi querida amiga. Padre Abelardo decía Beldane, acaso se va a quedar ahí como mi estúpido marido, sin ayudar a estas sedientas mujeres a calmar tan inagotable sed... métasela y déjese de monsergas.. 

Lo cierto es que aunque el cuadro que allí contemplaba era lujurioso e incitaba al desenfreno, este ya había tenido ocasión unas horas antes con dos mancebas de Beldane y no me quedaban muchas más ganas de transportes ni de participar en la lujuria de la tonta.

La puerta estaba entreabierta y ví un enorme mástín que estaba intentando montar a una pequeña perra, la cual no alcanzaba por quedarle pequeña Enciendióseme la luz de la inspiración, y mientras las damas se acomodaban de nuevo una encima de la otra, me acerqué hasta el can y tomándolo por el collar, le saqué de su capuzón el vergajo hasta casi la inmensa bola final a base de pajearle .

Me arrimé al cuadro y le hice una seña a Beldane para que dejara a la petulante culo arriba encima de la cama, le dí la vuelta al "..mostrenco".. perruno, por atrás como hacen con las perras, y le endardé el vergajo a Anasole que dio un respingo, y comentó: Que me hace padre ...? , ¿Como es tan rara la herramienta de un monje...? Siga no la saque que me llega hasta el propio alma ....

Tonta del culo debía ser para no darse cuenta del cambio, ésta abría el chocho para que según ella mi tonsurada polla le entrara mejor.. a trompicones pude ensartarle todo aquel "..armatoste ".. que iba creciendo con su inmensa bola final .

Chillaba la condenada por el tamaño y el denso dardo que la taladraba y que a poco que siguiera en esa situación el zurriago del mastín la rasgaría, o al menos la tendría en esa postura unos cuantos minutos ...

Cansados de la mentecata dejamos a la dama tonta ensartada al perro que ella creía era mi santa y bendecida polla y salimos silenciosos, con la risa contenida por ver la cara de tan boba mujer cuando se diera la vuelta y se viera unida a una animal y creciera en su sesera la posibilidad de preñez y demás.... ".. Para completar la venganza pedimos a los convecinos que fueran cuanto antes a atender a tan considerada mujer, pues estaba pasando por un mal trago... 

".. QUIEN LA HACE LA PAGA...".. (III)

Me reuní días más tarde con Beldane y una de sus leales siervas para celebrar nuestra venganza, que ya campeaba por todas las bocas de la Comarca.

Nos reunimos en la pequeña casita que me habían otorgado mis anfitriones y allí me dispuse de gozar de nuevo de la anfitriona y una sierva tan leal como lujuriosa.

Estaba en plena faena de dar placer a las dos mujeres que una encima de la otra se me ofrecían una con su bello culito en pompa el de Beldane que ya se había hecho en forma y moldura a mi zanahoria y la otra encima con unas prominentes ancas entre las que daba gusto hundirle el zurriagazo en el gran chochazo a la vez que uno se agarraba a aquellas carnes que pedían a gritos ser cogidas y masuñadas.. estaba como digo en plena faena de mete y saca de una culo a un chocho y chocho al nefando agujero, y ya prácticamente desvencijados por el placer, cuando se oyó un portazo entraron de repente con armas en ristre el cornudo marido de Beldane D. Silo de Canaval acompañado a su vez de otros dos soldados.

Así me pagas la hospitalidad y el asilo que he te dado bellaco, metiéndole ese negro pollón a mi mujer, caro lo pagareis tanto tú como ella y su sierva. Al fraile ponerla una soga al cuello y atarla a la viga pues ha de morir en la ahorcado y ellas ya veremos como pagan su repudiado pecado.

Mientras todo esto decía se le iba creciendo el bulto tanto a él como a los soldados, pues al ver aquellas dos señoras allí desnudas mi polla enhiesta los ojos les hacían chirivitas... Ahora empezaba a reconocer las fugaces figuras que siempre espiaban mis movimientos y transportes.

Implorara Beldane: hacernos lo que queráis tanto a nosotras como a él , pero no lo matéis pues un hombre de iglesia y puede desatar maldades sobre nosotros, decía Beldane mientras exponía más su chocho para reblandecer a aquellos rústicos soldados y al fino de D. Silo , al cual se acercó y le mordisqueba la polla por encima del jubón .

Aproveché aquél momento para hacer la seña de los ".. Compañeros de la Orden de los Caballeros y de las Ninfas Rojas".. lo cual me salvó momentáneamente de la horca pero no así de los suplicios.

Puesto que eres uno de los "..compañeros".. te salvarás de momento de la horca, pero antes has de purgar tus pecados, fraile lujurioso.. me pusieron de rodillas con las manos atadas a la espalda y me apretaron la soga lo cual me hizo abrir la boca buscando el aire, momento que aprovechó uno de aquellos rústicos para introducirme una minúscula polla llena de cicatrices y nauseabunda que no tuve nada más remedio que chupar y lamer hasta que aquel desgraciado se corrió , para mi asco y náusea, lo que hizo que el fino notario se bajara el calzón y con aquella fina y larga punta se dedicó a insertársela a la sierva de Beldane en aquel majestuoso culo y pasármela a mi por los hocicos para que oliera los efluvios de la maldad y la pestilencia.

Agacháronme y allí en pleno culo me la insertó el condenado notario, que se movía a las mil maravillas con aquel largo pirulí y me hacía gozar mientras me obligaban a chupar a Beldane en su suave conejo ahora lleno de espermas de los rústicos.

En ello estaba cuando sentí un olor a carne quemada y un terrible quemazón en mi propia nalga, Así aprenderás que cuando tengas que bajar el calzón o subirte el habito , a lo que te expones.. el dolor fue intenso pero en vez de menguar mi gordo vergajo este se engrosó aún más, mientras el notario me marcaba en la otra nalga y se corría en mis entrañas.

Osea aún no tienes bastante eh socabrón de fraile.. decía fuera de sí D, Silo que refociló por mi cara su untuosa polla de semen y excrementos, a la vez que metía sus dos manos en los chochos de mis amantes. 

Me puso el gazapo de la sierva a la altura de mi polla y me empujaron dentro de ella, la verdad es que gozaba de la mujer de forma inaudita pues se movía endemoniadamente , pues no quería que ni la ensartaran por detrás ni la marcaran, lo que hacia que mi verga se sintiera aprisionada y retorcida en su lubricado cubículo, en un momento dado me soltaron de tan dulce contacto y cogiéndome el vergajo a punto derramar su esencia, me aplicaron el hierro candente "..Un gran ojo dentro de un triángulo".. y allí nos dejaron en medio de nuestros estertores y sufrimientos, mientras lamíamos las lacerantes quemaduras en busca de calmar el dolor unos a otros. 

Iba encima de mi rucio, cuando medio me desperté perdido en las fiebres y heridas que me habían seguido infringiendo durante los día que fui sometido a torturas y martirios por el sádico D. Silo , que nos hizo.

De nuevo me desperté en una densa oscuridad medio rota por finillos rayos de sol que se colaban por los barrotes de lo que parecía una lóbrega estancia con paja por el suelo y una enormes argollas en el suelo a las que estaba atado por gruesas cadenas.. un poco más allá pude vislumbrar a mi pollino y un enorme perrazo que cuando me vió moverme gruñía y sacaba sus amenazantes dientes.. nada se oía fuera , no sabía donde estaba, aunque me llegaba un lejano efluvio a incienso y cera virgen .

Estaba recordando mi monasterio y al padre Isidro, cuando se abrió la puerta, una gran sombra se acercó a mí, de un manotazo abrió mis piernas y me cogió el dolorido falo el cual untó de aceites y cataplasmas. Me ayudó a recostarme y me dió de comer y de beber.. y así permanecí durante varios días.

Una mañana se acercó mi conocida sombra, inmensa y malolienta, me masajeó el zurriagazo que empezó a dar muestras de reverdecer de nuevo, lo que satisfizo a mi nueva ama, una enorme madre abadesa , peluda y un tanto cogolluda , no sabía si todo aquello eran fruto de mis pesadillas producidas por las fiebres o estaba realmente muerto. 

Algunas noches llegaba con una tenue vela y se sentaba allí en la paja arremangándose el habito y dejando ver unos voluminosos muslos tapizados de pelos y un triángulo oscuro del que sobresalían unos hambrientas carnazas rojas , y así mostrándome aquél espectáculo estaba unas horas muda, a la vez que se masturba y se refocilaba el inmenso coño con cuanto comía, para que el gran perrazo le lamiera hasta el mismo cetro.

Cada noche se abría la puerta y me deparaba un nuevo espectáculo.. A veces llegaba y se ponía a masejear a Celedonio el cual empezaba a sacar su enorme polla , momento que aprovechaba la monja para colocar un estrecho banco y ponerse encima de éste y frotarse el pollón a la vez que se introducía poco a poco la punta de tan formidable nabo.. rebuznaba Celedonio por tan inesperado festín y dejaba escapar chorros de agüilla mientras enseñaba los dientes y el gran danés sorbía tan abundantes caldos . En otras ocasiones la lobuzna monja se arrodillaba ante mis piernas y me chupaba con fruidez mi pirula mientras llamaba al gran dogo éste se echaba tras ella y lenguetaba a la pérfida madre bajos sus hábitos, el goce de la monja lo sabía yo en función de las lenguaradas que a mí me proporcionaba.. luego cuando creía que estaba bien lubricada arremangaba el habito y dejada toda su peluda grupa al aire, llamaba con un silbido al Gran Dogo que se subía encima y le hincaba el estandarte hasta la propia bola , pues la reverenda me mordía de placer y se abría las nalgas para que le entrase bien tan descomunal instrumento, una vez dentro a medida que le iba creciendo el tumor al canino animal, ésta se dejaba caer sobre mis piernas y continuaba lamiendo mi secreción.

Tan enseñado tenía al animal que éste no se daba vuelta como otros , sino que se echaba sobre su dueña, a esperar que aflojara tan fuerte trabazón que a la monja le ponía bizca de impudicia y placer , cuando ya el bulto menguaba, la monja atrapaba al can y con el vergajo aún caliente y un poco más menguado se lo insertaba contranatura a lo que el perro reanudaba sus violentos trasnportes que hacían a la freila delirar y arañarme y moderme donde podía y cogía.

Solo de vez en cuando la Sor cogía mi vergajo que era introducido en alguno de sus agujero, de los que pronto salía pues no debía reunir las dimensiones adecuadas ni en el tamaño ni el grosor eran pequeños para las medidas que requerían sus distintos hoyos

Pronto se cansó del juego conmigo, pues para poco la servía, por lo que optó por ir pasando el denso serrallo que tenía bajo su mando por entre mis entrepiernas y sus distintos amigos entre los que se encontraba el Gran Dogo y mi pequeño rucio Celedonio.. 

Y así amigos llegué casi hasta la extenuación en este viejo convento donde aún sigo como confesor , ya sin dientes y sin ganas ni sitio donde ir , y siendo un débil juguete del destino que paga con creces sus pecados de jodienda.

 

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