Practicante a domicilio (II) 
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Habían pasado ya unas semanas desde aquella conversacion que tuve con mi abuelo sobre la chica que venía a cuidarle. Desde entonces, iba a paja al día generalmente por las noches aunque a veces me hacia dos. Ya había hablado con mis dos amigos, Aurelio y Marcos y estaban impacientes por metersela a la chica, pero no tanto como yo. El caso es que de mi abuelo no sabía nada hasta que una tarde me llamó y con un significativo mensaje de "..mañana por la tarde".., comprendí que había encontrado el momento. 

La puerta nos la había abierto otro señor mayor aunque no tanto como mi abuelo. Tendría unos 55 años y vestía en plan juvenil, pantalones tejanos y una camiseta blanca que dejaba ver sus musculosos brazos que aun conservaba. Su cabello era largo y canoso y lo llevaba recogido en una trenza. Al vernos, nos miró con cara extraña.

__¿Quiénes sois?.

__ Soy Javier, el nieto de don Facundo.

__ Ah... ya... - y nos sonrió con cara picara - Los que os unireis a la fiesta, ¿mis ayudantes, no?.

Todos le devolvimos la sonrisa aunque yo inmediatamente solo tener a mi abuelo delante y sorpresivamente sentado en la silla de ruedas, le interrogué sobre la presencia de ese hombre. "..Es un amigo que os ayudará a tratarla como debe"... Me respondió.

__ ¿Y dónde está, abuelo?.

La pregunta la había hecho Aurelio mientras masticaba un chicle nerviosamente y tocaba todas las cosas de la habitación. Mi abuelo, me miró y sonrió.

__ Ahora viene, jovencito, ahora viene. Ha ido al supermercado a comprar leche que no había. Quiere prepararme unos bizcochos.

El amigo mayor, sonrió y llevandose la mano a su entre pierna y dando un golpe de cintura hacia delante, dijo:

__ Y yo le daré mi bizcocho de carne.

Todos reímos. A pesar de su madurez, aquél hombre de coletilla canosa parecía bastante salido y alguien de su experiencia nos iría bien. Mi polla ya estaba nerviosa en mi pantalón pero me imaginaba que no era la única.

De repente, la puerta se abrio.

__ Ya estoy aquí, don Facundo.

Todos nos alteramos un poco pero en seguida nos hizo recuperar el control mi abuelo. Carmen, entró en la habitación y al vernos a todos, puso rostro de sorpresa pero siempre manteniendo la simpatia.

__ Vaya... si lo se no vengo hoy, esta usted muy acompañado, ¿no?.

__ Pero tu compañía siempre es grata, Carmencita. - Respondió mi abuelo.

Estaba seguro que Carmen, se daba cuenta de que todos los ojos se estrellaban en ella y tal vez por eso, en un acto instintivo que solo yo creo pude apreciar, estiró un poco la parte de debajo del uniforme de enfermera en un acto de cubrirse un poco más.

Aurelio estaba masticando el chicle como una trituradora y me miró como Marcos poniendo una cara de decir "..no está mal"... Entonces, el amigo de mi abuelo, habló.

__ ¿Qué, Facundo?, ¿no le das el regalo que me has hecho traerle a tu cuidadora?.

__ ¿Un regalo? - Intervino ella con sorpresa mientras le ponía mejor la manta que cubria las piernas de mi abuelo en la silla de ruedas -- ¿Cómo es eso?.

__ Eres tan buena y comprensiva conmigo... - Respondió mi abuelo y de su espalda, le tendió una caja envuelta en papel de regalo.

__ Me mima demasiado, don Facundo - Añadió ella y sentandose al borde de la cama, comenzó a abrirlo. -- ¿Qué será, que será?...

Y ante su mirada atonita, vio de qué se trataba. Su rostro cambio al instante poniendose colorada y demostrando incomodidad. Tal vez porque se trataba de un cojunto de lenceria consistente en unas braguitas y sostenes de encaje de color blanco.

__¿Te gusta?

La muchacha, le miró aturdida, nos miró a todos realmente sofocada.

__ Es.. es... muy bonito. - Titubeo. __ ¿Por qué no te lo pruebas? - Siguió mi abuelo.

Aquello ya nos estaba poniendo realmente nerviosos al menos a mí y la polla me dio otro brinco en el pantalon. Aurelio, se relamió descaradamente ante todos pero ella no le vio.

__ Creo que es mejor que no...

__ ¿Me vas ha hacer este feo, Carmencita?

__ Don Facundo lo que me pide no puede ser. Es muy bonito pero no puedo ponermelo ahora. Inmediatamente, se acercó a ella el amigo de mi abuelo con paso tan decidido que parecía que la iba a dar un par de bofetadas pero cuando se detuvo frente a ella que seguia sentada en el borde de la cama, se inclinó levemente a su oído para decirle: "..¿Tu trabajo también incluye dar disgustos a los pacientes?"... A juzgar por la mirada agresiva del amigo de mi abuelo y la cara que puso ella, creimos que era la señal de ataque pero no. Ella se levantó y acompañada por el viejo de la coleta, se encaminó al cuarto de aseo contiguo a la habitación de mi abuelo. Allí entró ante la mirada de todos y esperamos fuera.

__ Iñaki - Intervino mi abuelo mirando a su amigo - No seas tan duro de entrada que nos la asustarás antes de tiempo.

__ Me ponen de mala leche estas criajas, lo siento.

Marcos, que hasta entonces había sido el que había estado más callado, acercó sus labios a mis oídos y me susurró "..Estoy loco por ver sus tetas"... "..Tranquilo".., le respondí.

La puerta se abrió lentamente y ante nuestra decepción apareció de nuevo ella pero con el uniforme puesto. Nos miró a todos y con cara de circunstancias, dijo:

__ Es muy comodo. Me noto bien. Muchas gracias, don Facundo - He hizo movimiento de acercarse a mi abuelo pero antes Iñaki se interpuso entre mi abuelo y ella, deteniendose a menos de diez centimetros de ella. Como si fuera a arrollarla con el paso, consiguió hacerla retroceder un paso o dos y su mano se fue directamente a la entrepierna de ella, haciendole dar un repingo y alzandola levemente por el tirón de su mano hacia arriba. Ella al instante llevó la suyas al antebrazo perteneciente a aquella mano y miró a Iñaki aterrorizada.

__ ¿De verdad te sientes cómoda?. - El rostro del hombre me impresionaba hasta a mí.

Carmen, estaba casi temblando y miró a mi abuelo, al mismo tiempo que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.

__ Veamoslo con detalle. - Aquella frase sono como a sentencia pues ante las tenues suplicas que comenzaron a aflorar de los labios de la chica, Iñaki comenzó a arrancarle de tirones los botones de la parte superior del uniforme haciendo que los sostenes comenzaran a aparecer y mientras ella per manecía aterrada.

Yo miré a mi abuelo, el cual comenzaba a sonreir satisfecho y miré a mis dos compañeros, los cuales, al principio no reaccionaron pero después igualmente sonrieron.

__ Don Facundo, por dios... no... no lo permita... -suplicó ella mientras intentaba resistir un poco con sus manos como poco a poco iba siendo arrancada la ropa de su uniforme hasta quedar en sostenes y bragas ante nosotros. Ella permaneció inmovil y llorando al mismo tiempo que intentaba lentamente cubrirse con las manos.

La escena era de lo más cachonda. Ella allí, de pie e inmovil, en medio de tanto macho y en sostenes y bragas... Mi abuelo, entonces, le extendió la mano y ella corrió hacia él como si fuera a ser rescatada de algo inevitable. Mi abuelo la abrazó.

__ Tranquila, pequeña, tranquila. Todo irá bien.

Evidentemente, el "..todo irá bien".., no dejaba lugar a dudas de que iba a suceder algo pero que "..iría bien"... Ella le miró absolutamente arrasa en lágrimas.

__Pero don Facundo, ¿cómo puede usted...? con la estima que yo...

__ Javier, ven aquí. - Le interrumpió mi abuelo.

Yo me acerqué raudo a la altura de los dos y entonces, me dijo él.

__ ¿Recuerdas lo que te dije de las tetas de novio?.

__ Sí abuelo. - Respondí sintiendome el nieto más aplicado de una morbosa historia.

Miró a Carmen y dijo.

__ Enseñaselas.

__ Pero qué dice... yo... - Dijo ella.

__ Carmencita, resignate a lo que va a pasar y enseñaselas.

De nuevo cerró los ojos y nuevas y abundantes lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas al mismo tiempo que llevaba muy lentamente sus manos la parte de atrás en claro acto de desabrocharse el sosten. En unos segundos, las cazoletas de los sujetadores, comenzaron a ceder y a caer por la gravedad dejando a la vista aquellos dos pechos deliciosos que Marcos seguro deseo devorarlos al instante.

__ Joder, que ricas... - Exclamó Marcos acercandose un poco.__ Mira, Javier. ¿ves?. Lo que te decia - Explicó mi abuelo al mismo tiempo que su brazo funcional y su mano se apoderaban con firmeza de un pecho de ella, mientras la muchacha seguía con los ojos cerrados y respirando agitadamente - Pezones estimulados y desarrollados por las mamadas. ¿entiendes?.

Asentí sin dejar de apartar mis ojos de aquellas dos glandulas excitantes y sabrosas. Siin darme cuenta, tenía mi nariz muy proxima a un pecho y su pezon mientras el otro pecho era sobado por mi abuelo. Noté el aroma de la piel mamaria y me encantó. Eran los primeros pechos que iba a saborear, en cuanto mi abuelo me diera permiso.

__ ¿Te los trata bien tu novio, Carmen?.. --- Preguntó mi abuelo. - Mejor será que me respondas.

__ S... sí... - Respondió con un hillillo de voz.

__ ¿Te los ha bañado de leche de polla?.

La muchacha, siempre con los ojos cerrados, tragó saliva y respondió.

__ Sí... sí don Facundo.

Entonces, mi abuelo, me miró y dijo.

__ Puedes mamarlos un poco, Javier. No le hice repetir y en un instante, tuve aquellos pechos paseandose e introduciendose casi la mitar en mi boca y comencé a succionar. Eran los primeros pechos que chupaba y eran exquisitos. Perdí la noción del tiempo y de lo que me rodeaba pero me imaginé que los demás "..invitados".. iban a tomar posiciones. Al mismo tiempo que mamaba, notaba que ella casi perdía cel equilibrio a causa de mis glotones movimientos de chuparlos y la dominación que ejercia con mis manos y mi cabeza sobre su torso.

Lamí un tiempo que se me hizo corto, notando como sus pezones se ponían duros y dejaban en mi boca un peculiar y delicioso sabor típico de haberlos succionado y estimulado. Mi polla estaba a tope. Cuando paré y me giré, vi que el unico que faltaba por estar ya desnudo, era yo y naturalmente mi abuelo. Cuando Carmen abrió los ojos, echó a correr al cuarto de baño y cerró la puerta. Era inutil. Eramos 5 con sed de hembra, con sed de su cuerpo gracil y apetitoso. No podía escapar. Debía asumir lo que iba a suceder con ella.

Mi abuelo estaba saliéndose con la suya.

 

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