Un zapatero con suerte 
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Introducción: Un zapatero recibe la visita de una clienta con "..ganas de guerra"... Como ya era muy tarde "..la cosa".. se pospuso para otro día: Al día siguiente llegaste a última hora, habíamos cerrado hacía 5 minutos, pero algo me decía que esperásemos un poco por si acaso. Estaba entreteniendo con una "..conversación meteorológica".. a la novia de Carlitos (una rubia preciosa, melena rizada hasta media espalda, vestía el uniforme del instituto en el que estudia: camisa blanca y un ajustadísimo suéter que marcaba sus perfectas tetas, y una falda -muy cortita que dejaba ver sus preciosos muslos- a cuadros, para terminar con unos calcetines largos verdes y zapatos negros) mientras éste terminaba de colocar el almacén.

Al poco alguien da unos golpecitos con las llaves en el cristal, eres tú, estás preciosa, vienes de montar a caballo y estás perfectamente uniformada: botas de montar, mallas ajustadas color crema, una ceñida camisa blanca y una chaqueta marrón (sólo te faltan la fusta y el sombrero que los has dejado en el coche porque te daba corte llevarlos por la calle).

Enseguida Marta (que así se llama la novia de Carlitos) entabla conversación contigo, empieza a contarte lo mucho que la gustaría saber montar a caballo pero que le da mucho miedo el movimiento.

Tú, le comentas que es muy fácil y comienzas a contarle el miedo que te daba a ti cuando empezaste. Al ver el caballo de juguete (que se acciona con monedas) que tenemos para que los niños se distraigan, a mi se me ocurre una "..inocente".. idea y te digo: "..¿por qué no os montáis las dos en el caballito?, lo pongo en funcionamiento y practicáis un poco".. (se te iluminaron los ojos y captaste mis verdaderas intenciones a la primera). "..Sí, sí".. decías a la vez que "..arrastrabas".. de la mano a Marta hacia el caballo. Marta subió primero (al abrirse de piernas me pareció observar que no llevaba bragas), y tú te colocaste detrás (muy pegada a Marta, demasiado diría yo). Para sujetar las riendas, envolviste con tus brazos el cuerpazo de aquella "..niña".. y tu cara estaba pegada a su cuello.

Introduje una moneda y el caballo empezó a moverse, suaaaave, muy suaave. Carlitos ya había terminado su trabajo en el almacén y estaba parado a mi lado, observando lo interesante que se estaba poniendo el ambiente. El caballo continuaba su lento y sensual movimiento. Tú, habías empezado a realizar un movimiento de caderas que no era normal para montar a caballo e ibas explicando (susurrando al oído) a Marta lo debía hacer para no caerse, a la vez que tus manos tocaban todo el cuerpo de la "..niña de 17 años".. para asegurarte que no se cayera.

Carlitos y yo, sabíamos que la situación prometía mucho, y prueba de ello es que nuestros pantalones empezaban a abultar demasiado.

Tú, ya habías tenido un orgasmo con el rozamiento del caballito, y apenas habías conseguido disimularlo al soltar un pequeño gemido junto al oído de Marta. La "..pobre".. Marta no sabía que hacer -parecía que quería bajarse pero tus brazos se lo impedían-, miró confundida a Carlitos, como buscando ayuda, pero al ver el bulto de su pantalón, comprendió que el juego acaba de comenzar. Tú, sin ningún pudor, comenzaste a masajearla las tetas con las dos manos y no cabe duda que su pecho era su "..punto débil".. porque nada más comenzar tu trabajo, echó su cabeza hacia atrás (sobre tu hombro derecho) en un claro signo de aprobación a tu labor.

Carlitos y yo no tuvimos mas remedio que liberar nuestras pollas, y comenzar a masturbarnos.

Tú no perdías el tiempo, ya habías desabrochado la faldita de colegiala de Marta. Y acariciabas su rajita con sumo cuidado a lo que ella respondía con gemidos casi mudos, porque tenía 3 dedos de tu mano derecha en la boca y los chupaba golosamente. Marta tampoco tenía las manos quietas, su mano izquierda apretaba tu culo hacia ella, y la derecha intentaba meterse entre tus mallas.

Finalmente, Rocinante (así se llama el caballo de la zapatería) se paró bruscamente y caísteis riendo sobre el "..tatami"...

Carlos y yo no acercamos con nuestras pollas apuntando hacia vuestras caras, la invitación estaba clara. Marta se tiró -como una posesa- a por la polla de su Carlitos, y tú, con la experiencia de una gata en celo, fuiste ronroneando hasta la mía. Comenzaste a darla besitos muy tiernos, para ir abriendo -poco a poco- tu preciosa boca y envolver con tu experta lengua mi pene. Aaaahhh, QUÉ BIEN LO HACES, cada día me gusta más como la chupaaaas.

Carlos y Marta, iban muy rápido, ella ya se había levantado y estaban besándose apasionadamente, sin que las manos de Marta descuidaran la polla de su novio. En un brusco movimiento, Carlos cogió a su novia en brazos y la colocó "..boca arriba".. a lo largo del gélido mostrador, junto a la antigua caja registradora. Marta se terminó de quitar toda la ropa, mientras su novio se agachaba para besar esas espléndidas tetas y continuar bajando hasta el lubricado coñito de la niña. La experta lengua de Carlos hacía las delicias de Marta, pero el delirio la llegó cuando sólo con la ayuda de su lengua, Carlos fue separando sus labios vaginales e introdujo su puntiaguda lengua hasta no había llegado nunca. 

SIGUE, SIGUE, SIGUE, NO PARES POR FAVOR AMOR MIO, NO PARES -gritaba como una loca Marta- CHÚPAMELO ASIIIIÍÍÍÍÍÍÍÍ, AAAHHHAAAAAAAAAA!, ERES EL MEJOR CARLOS.

Tú , que eres una "..golosona".., me pediste que me acercara lo más posible a Carlos, dicho y echo, me acerqué al máximo para que pudieras tener las dos pollas al alcance de tus manos y boca. Yo no podía más: AAAHHH!, ASÍ, SIGUE, SIGUE, NO PAREEEESSS, AAAAAAAHHHH SSSÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ, me corrí con un novato, pero mereció la pena, ¡qué corrida!. Ahora centrabas toda tu atención en la polla del "..niño".., que recibía encantada tus mimos.

Como veía que Marta necesitaba un punto de apoyo para sus manos, y que la vieja caja registradora sólo estorbaba, decidí, ponerme en el otro lado del mostrador y ofrecerle mi polla a la novia de Carlos. Ésta acepto encantada el regalo y comenzó a comerme los huevos al tiempo que sus manos me hacían una monumental paja. 

Carlos te pidió que te subieras al mostrador y te pusieras al contrario que su novia (como si hicierais un 69), rápidamente seguiste los consejos de Carlitos y así podías seguir chupándole la polla a la vez que la ansiosa lengua de Martaaaaaaaaa, relamía tu chorreante coño. Por fin estábamos todos completos, y tú más que nadie, ya que tenías toda la polla de Carlos, tu coño gozando con las caricias y "..chupadas".. de Marta y yo estaba penetrándote por el culo después de haberte predispuesto con un ligero beso negro. No podías decir nada (tus gemidos eran callados por la "..estaca".. del niño), pero tu movimiento de caderas y tus ojos cerrados, indicaban que lo estabas pasando mejor que nunca. Aunque yo tampoco me podía quejar, además de penetrarte a ti, Marta me estaba dejando los huevos de maravilla. Sin duda aquella tarde fue inolvidable.

 

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