![]() |
Mis dos ex - novias se descubren |
|
Enviado por Prime el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
||
Alba y Sonia. Así se llaman. La verdad, dos mujeres bastante diferentes entre sí, pero con cosas que las hacían ser especiales para mí. La primera resultó ser una puta en su momento. Creo que la cabeza me pesaba cada vez más de los cuernos que me iban creciendo cada día. Estaba conmigo, sí, pero un tiempo después me enteré de que se repartía con 2 o 3 más y trataba de mantenernos "in albis" con la idea de que éramos los mejores novios para ella. Mi "yo", por cosas que no vienen a cuento, se olía algo malo en ella, pero mi "ello" sólo pensaba en bajarle sus pantalones tan ceñidos a sus largas piernas, arrancarle las bragas y metérsela, a la vez que le quitaba el sujetador y veía botar en el aire sus preciosas tetas, de una 95 de talla. La chavala era delgada, pero si por algo destacaba era por besar apasionadamente (o al menos eso me parecía a mí), y por ese par de maravillas, que yo me moría cada día por descubrir, comer y sobar. Duramos un mes… Pero nada más. Sonia, por el contrario, resultó ser totalmente opuesta. Siempre la recordaré como mi primer amor de verdad. Tuve un flechazo con ella y al final de bachillerato lo intentamos, pero no resultó. En la carrera, y por casualidades de la vida, se hizo amiga de Alba. Salían juntas de juerga y pese a que se llevaban bien, parece ser que Alba era la que llevaba la batuta. Durante los 2 primeros años de su carrera, Sonia se lió con todo el que pudo, e incluso llegó a darse el lote alguna que otra noche con Alba, que la llevaba por mal camino. No porque el liarse con ella fuera un mal camino, sino porque conociendo lo recatada que era Sonia, sabía que se hacía mal a sí misma, aunque quisiera dar al resto una imagen de guarra. Eso no le gustaba, pero ya se sabe, el grupo… De todas formas, parece ser que, simplemente, tardó en definirse sexualmente. Cuando lo dejé con Alba, Sonia fue muy comprensiva conmigo, me contó todo lo que me había escondido aquella guarra y se acercó más a mí. Tenía novio, pero siempre le duraban 5 o 6 meses, así que, en el verano del segundo año y sin novios por ninguna de las dos partes, comenzamos un acercamiento cada vez más intenso que acabó con una de las comidas de morro más apasionantes que he tenido en la vida. Con Sonia duré un año. Un año en el que me sentí el hombre más feliz del mundo… Sentimentalmente hablando, porque sexualmente tampoco hubo nada de nada. Incluso yo mismo me avergüenzo de ello ahora (cuando estaba en el lío no, claro). Volviendo la vista atrás, me arrepiento de no haberla dejado cuando vi lo que estaba pasando. Pero al contrario que con Alba, en esta ocasión me cegaba el amor. Estaba muy pillado por Sonia. Era también delgada y pequeñina. No tenía muchas tetas, aunque poseía un culo perfecto y en sí, todas las curvas de la chavala le quedaban perfectas. Lo mejor de todo era su mirada y su forma de ser: sus ojazos verdes me derretían cada vez que los miraba, y éramos tan parecidos… Lo pasamos muy bien juntos, pero al final tuvimos un par de discusiones (las únicas, por cierto) en las que ella expuso sus malestares, yo los míos, lo sacamos todo y acabamos. La verdad, sabiendo la vida que había llevado antes, me extrañó que resultara ser, en realidad, mucho más cortada de lo que yo habría imaginado. Pero bueno, eso ya no tiene importancia. Lo que sí que importa para este relato es que Alba y Sonia se conocían, salían de vez en cuando e incluso se llegaron a dar algún muerdo de vez en cuando, antes de liarse Sonia conmigo. No es que lo vea mal. Yo ahora, con el tiempo, he aprendido a asumir todo tipo de orientaciones sexuales, y veo normal que la gente sea hetero, homo, bi o transexual, puesto que de todo tiene que haber en este mundo. Pero en aquel momento, cuando me lo dijo Sonia, lo vi como algo asqueroso. Se me hacía raro que yo hubiera besado a dos tías que se habían besado entre sí. Y ya no por el hecho de imaginarme la escenita (cosa que a mí me pone), sino porque había sentido cosas por las dos y el oír eso me hacía sentir sucio. Desde entonces tengo la convicción de que, si por lo que sea me monto un trío algún día, no será con dos tías por las que sienta algo en ese momento. Sin compromisos, todo bien. El caso es que un día, un tiempo después de haberlo dejado con Sonia, estaba yo en la biblioteca de la universidad con un compañero, consultando unas dudas, y las vi a las dos. Me extrañó porque Alba desapareció de la universidad al acabar el segundo curso, puesto que lo de estudiar a esta chavala nunca le fue. A Sonia la veía muchas veces, aunque por supuesto no era lo mismo. Pero a la otra… Acabé mi consulta y, como tenía tiempo antes de empezar la siguiente clase, fui a fisgonear un poquillo. Primero para verlas, a ver si había algún cambio físico importante, cosa que no. Y también, para probar mis sentimientos. Cuando lo dejé con ambas, acabé dolido (si bien mucho más con Sonia), y quería ver mi reacción en ese momento. Ellas estaban en su zona de siempre, la "reservada para los de letras". Yo soy de ciencias, pero me dio igual meterme por esos mundos y rodearme de literatura y tochos gigantes de textos. Fui a una estantería cercana a mis objetivos y simulé que cogía un libro para consultarlo, mientras de reojo las miraba. Hablaban alegremente, en una esquina de la mesa en la que estaba sentada Sonia. Tenían verdadero vicio con las esquinas. Cada vez que salíamos a un bar o a un restaurante, se cogían la esquina más cerrada posible, cosa que nunca llegué a entender. De repente se levantaron y se fueron andando hacia el hall de la biblioteca. Yo, detrás de ellas. Sonia me dijo en su día que desde que se lió conmigo, no se veía ni trataba apenas con Alba. Así que ahora, verlas así de amigas, tan abiertas, me extrañó, y fui a adivinar de qué iba aquello. La biblioteca es un edificio de 3 pisos. El bajo es donde la masa estudia y los otros son para estar en silencio, o para consultar revistas, documentos, o alquilar películas. Hay también zonas de descanso, donde la gente va al baño o se mete en las salas acondicionadas para ello. Mis objetivos se dirigieron hacia el segundo piso, seguidas desde unos peldaños más abajo por mí. Se metieron en una de las salas y la cerraron con pasador, como si fueran a trabajar dentro de la sala (normalmente, si se cierra con pasador la puerta de las salas, es para eso). Obviamente, ya no podía ver nada, pero recordé que en la parte alta de los baños existían unas ventanillas cerradas de cristal que daban a la sala, y fui hacia ella, a ver si mirando a través, veía algo. Puede resultar chocante que haya ventanillas que conecten los baños con las salas de descanso. A nosotros también nos llamó la atención en su día. Las obras de tapado empezaron hace poco, pero es verdad que existían, y además a una altura bastante aceptable para mirar por ellas. Siguiendo con lo que interesa, entré en el baño de chicos y me subí a la mesa donde estaban todos los lavabos puestos en serie. Gracias a mi altura, pude llegar a ver el interior de la sala a través de la ventanilla, aunque me tuve que poner de puntillas, porque las chicas se habían sentado justo debajo. Ahí estaban, hablando de sus cosas, riendo y regalándose miradas cómplices de vez en cuando. Un presentimiento de una escena lésbica pasó fugazmente por mi cabeza, pero no quise hacer caso a eso. Era imposible que, al menos Sonia, fuera capaz de expresar sus sentimientos sexuales. Bah, chorradas. – pensé. Bajé de la mesa y me fui a mear, pero en vez de largarme, la curiosidad se hizo dueña de mí, y quise saber por qué se habían subido al segundo piso para charlar. No era muy lógico, sabiendo que en el piso bajo también hay salas de descanso. Si lo habían hecho era porque querían más intimidad, como yo en alguna ocasión hice con Sonia. Así que volví a mirar… Y lo confirmé. Alba y Sonia se estaban besando. Introducían sus lenguas en sus bocas y se acariciaban la cara suavemente mientras se besaban. Alba se levantó cogiendo a Sonia de las manos y empezaron a darse el lote, mientras se quitaban las prendas superiores. Cuando ya se quedaron en sujetador, empezaron a sobarse las tetas entre ellas por fuera del sostén, haciendo que sus pezones se les marcaran perfectamente. Ambas los tenían grandes. A Sonia ya se los había visto y probado, y sabía que eran una de sus zonas más erógenas (de las pocas cosas sexuales que me permitió conocer de ella). Sin embargo, a Alba se los había visto surgir desde el interior de sus sujetadores, pero nunca llegué a verla desnuda. Sonia tumbó a Alba en la mesa central de la sala, parece ser que para tener más movilidad, y comenzó a lamer y a comerse sus mamas. Como ya me había imaginado en su momento, Alba tenía unas tetas grandes, redondas, preciosas. Con sus dos morenas areolas rodeando semejantes pezones, los cuales, volvían elásticamente a su posición natural después de que Sonia dejara de succionarlos. Yo desde mi posición no podía oír nada, pero las caras de gusto y los mordiscos que Alba se daba en los labios me aseguraban que se lo estaba pasando en grande. Además, cada vez que Sonia cambiaba de pecho, Alba se lo cogía y se lo acercaba su cabeza, para seguir lamiéndose los pezones. Me entraron unas ganas terribles de entrar y follármelas a las dos, pero aguanté ahí subido, sacándome la polla para empezar a machacármela, y quedándome indefenso ante cualquier chaval que entrara en el baño y me viera en esas circunstancias. Las chicas se besaron dulcemente, y entre caricias y miradas viciosas cambiaron las tornas. Esto de Alba me lo esperaba, pero de Sonia… Me había vuelto a sorprender con su comportamiento. Sólo me preguntaba por qué no lo había querido hacer conmigo si estábamos tan bien y si, verdaderamente, le gustaba el sexo, como luego pude comprobar. Alba comenzó a comerse las tetas de Sonia. La besaba en el cuello y en la boca presionando su cara contra la de ella, y luego bajaba hasta sus mamas, mordisqueándolas y lamiendo sus pezones. Unas veces rodeando su aureola, cosa que la hacía estremecer, y otras dando golpecitos con la lengua sobre sus botones y succionándolos. Tras ello, desplazó su cabeza hacia la tripita de Sonia y con rapidez le quitó los pantalones y las bragas de una vez. Mi ex – novia más reciente se quedó de nuevo en pelotas delante de mí, aunque estaba seguro de que después se dejaría hacer de todo, no como cuando estuvo conmigo. Recordé el castaño vello púbico de Sonia, e intenté disfrutar con los masajes y besos que Alba le estaba dando. Se dejaba hacer la muy puta. Alba le abrió las piernas y comenzó a hacerse un hueco con sus dedos, su boca y su lengua dentro de su coñito. En ese momento sentí impotencia: veía a Sonia disfrutar como nunca quiso hacerlo conmigo y me traumé. Dejé de masturbarme y quité la mirada de la escena para irme de ahí, pero de repente vi a Sonia levantarse rápidamente, y volví a mirar. Ahora eran los pantalones y las bragas de Alba las que se despegaban de su cuerpo. Era la primera vez que veía a aquella zorra desnuda y, la verdad, estaba como un tren. Tenía menos felpudillo que Sonia, y sus pechos botaban alegremente con cada movimiento, ¡¡Qué mujer!! Volví a sacarme la polla del pantalón, puesto que la cosa se había puesto bastante caliente y, encima de la mesa, pretendían echar un 69. Sonia se puso encima de Alba y comenzó a frotar su coño contra la cara de esta, a la vez que se comía su vulva. La reacción de gusto de Alba fue instantánea, y en pocos segundos, las manos sobaban y agarraban con fuerza los traseros de sus dueñas, las cabezas se movían rápidamente entre las piernas, los coños se pegaban a las bocas casi literalmente para conseguir más placer y los cuerpos rotaban a un lado y a otro de la mesa, dejando huellas de sudor y flujos, que poco importaban en aquella situación. Por mi parte, notaba las gotas de sudor caer por mis piernas, y los calores se me subían a la cabeza, condensándose en mi cara, mientras apuraba mi prepucio al máximo intentando buscar el placer que ninguna de esas dos putas se había dignado a darme en su momento. Una vez acabaron de comerse los coños, bordaron la escena cruzando sus piernas formando una tijera. Se sujetaban con las manos en la mesa y, entre risas, se masturbaban la una a la otra. Acabaron por revolcarse encima de la mesa, intentando buscar el roce de sus clítoris. El mueble se inundaba de flujos cada vez más, y ellas seguían moviendo sus caderas circularmente. Primero, a favor de una. Luego, a favor de la otra. Y luego, las dos en contra. Tras ello, se juntaron todavía con las piernas entrecruzadas y comenzaron a moverse pegando sus vaginas lo más fuerte posible y abriéndose los labios, de manera que sus botoncitos pudieran frotarse con más intensidad. Aquello era una locura. Se besaban por todos lados, magreaban sus tetas estirándolas incluso para hacerse daño (sus caras lo decían), se turnaban para cogerse del culo y frotarse la una con la otra… A todo esto, mi polla ya no daba más de sí y mi cabeza menos. Para rematar la faena, echaron sus manos hacia atrás, alzaron sus caderas y empezaron a frotarse rápidamente la una contra la otra, hasta que juntaron sus coños fuertemente en 3 ocasiones seguidas, en señal de que se estaban corriendo de lo lindo. Lo decían sus caras de gusto; lo decían sus mordiscos en los labios; lo decían sus gargantas que, aunque no se las oía, se veía cómo las forzaban para gritar de placer… Y lo corroboró un chorrito de flujo que salió disparado de la vagina de Alba. Yo nunca había visto a una mujer correrse de esa manera, a lo bestia, así que al ver eso, y sudando por todos lados de la paja que me estaba haciendo, acabé por correrme también, dejando un buen chorro de semen en el espejo, que se fue deslizando hacia debajo de forma viscosa, y que luego tuve que limpiar para que no se notara demasiado. Al relajarme volví a mirar de nuevo la escenita. Mis ex – novias se besaban y acariciaban sus sexos para relajarse, diciéndose cosas al oído. Por un momento me entraron ganas de entrar en la sala y pillarlas con las manos en la masa (o en el coño, en este caso), pero con la paja de recuerdo que me hice, lo dejé pasar. Así que lesbianas o bisexuales, ¿eh? – me dije. Ya me lo podían haber dicho en su momento para que las hubiera ayudado en su labor de decidir su sexualidad… Recuperé la tranquilidad tras ese momento de éxtasis de la segunda paja, me arreglé y salí de vuelta a la biblioteca para coger las cosas e irme para clase. A pesar del tiempo que había pasado, no llegué tarde. No sé qué habrá sido desde entonces de estas dos chavalas, si seguirán viéndose, follándose o lo que sea. El caso es que desde ese día las veo de otra manera, como si fueran dos conocidas más con las que nunca he tenido nada. Si me quedaba algún tipo de rencor por lo que pasé con ellas, todo se ha desvanecido. Y, por supuesto, si algún día me las encuentro en el ajo, intentaré montar un trío. Después de todo, todos obtenemos lo que queremos: ellas liarse con los dos sexos, y yo, montármelo con dos tías buenas. |
||
| HOME | ESCORTS | GALERIAS | RELATOS | NOTAS | PUBLICIDAD | SUBSCRIPCION |
| Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza | |||||||
| Home | Escorts | Secciones |
|
||||
