Mi cuñada embarazada
Enviado por La Lesbi el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
Mi nombre es Eva, tengo veinticinco años. Todo sucedió
hace unos meses. Era abril. Mi hermano me llamó por
teléfono para ver si podía hablar con mi cuñada, que
estaba muy deprimida. Mi cuñada estaba embarazada, de
cinco meses.

Hacía quince días que la había visto y entonces no la
había visto muy triste. La verdad es que siempre me he
llevado bien con mi cuñada, aunque hacía mucho tiempo
que no hablábamos íntimamente. Mi cuñada se llama
Adela. Es una chica morena, muy sensual. No os voy a
decir si tenía buen tipo o no. Podéis imaginarla
cuando me abrió la puerta. Con sus veintiséis años, el
pelo más ondulado que de costumbre.

Tenía una barriga que le sobresalía del traje. Estaba
muy guapa, con la cara algo hinchada, los labios le
aparecían más gordos, los ojos más brillantes. Era
alta, algo más que yo y a pesar del embarazo, no había
perdido la graciosa forma de las caderas. Se le veía
un culito respingón al darse la vuelta. Sus pechos me
parecían muy crecidos. En fín, las cosas del embarazo.

Yo soy rubia, de pelo lacio con manchas castañas.
Tengo la piel clara y con pecas por todo el cuerpo.
Tengo un cuerpo bastante bonito, de caderas anchas y
cintura estrecha, piernas largas, en fin. Pero la
verdad es que siempre he tenido un poco de complejo
con Adela.

Nos sentamos en la mesita del salón y me trajo un
café. Pobrecita, lo que debía costarle moverse con
aquella barriga. Nos pusimos a hablar de las cosas de
la familia de los amigos en común hasta que tras un
leve silencio le solté el consiguiente -¿Y tú? ¿Qué
tal?.-

-Pues ya me ves, con esta barrigota. Le estoy temiendo
al verano. ¡AY que ver que me va a pillar en Julio o
Agosto!.-

- Hija es que me ha dicho Jorge que estabas un poco
depre.-

Mi cuñada Adela se cayó, no quería hablar, pero al fin
me dijo .- Ya, pero es por otra cosa.-

.¡A ver! ¡Cuéntame!.-

- Es que tu hermano, en fin, ¡Hay que ver como es!.-

Me quedé mirándola sonriendo, invitándole a hablar. Al
final se decidió.

-Fijate que en este estado necesitamos muchos mimos y
tu hermano ¡Nada de nada!.-

-¡Ay, Adela! Mi hermano siempre ha sido muy cariñoso.-

-No, si cariñoso si que es, lo que pasa es que es eso
sólo, cariñoso.-

-¿Qué quieres decir?.-

-Pues que de lo otro, desde que se enteró de que estoy
embarazada, nada de nada.-

-Pero ¿Por qué?-

-Por que dice que le vayamos a hacer daño al niño.-

- ¡Pero eso es una tontería!.-

-¡Ya! Díselo tu a Jorge.-

Comencé a mover la mano como diciendo -¡Jorge
Jorge!..Bueno, no te preocupes. - Quise cambiar de
tema por que la verdad es que el tema se me escapaba
de las manos.

Seguimos hablando y en un momento dado le dije.- ¡Ay!
¡Enséñame la barriga.-

Adela se levantó la falda y pude ver la faja que
contenía su barrigota. Adela debió de ver mi cara de
decepción por que en seguida me dijo- ¡Espera!.- y
rápidamente vi que se quitaba la faja. Ahora, con la
falda levantada veía su barrigota y las bragas
enormes. Se sentó y puse mi mano en su vientre. Nunca
lo hubiera hecho si ella no hubiera estado preñada.

AL poner la mano me sorprendió la tersura de aquella
piel, la acaricié durante un rato. Me agradaba. Sin
darme cuenta, la mano a veces bajaba mucho más de lo
que debía, pues las bragas habían retrocedido y
bajaban hasta la altura de su pubis. Yo sin darme
cuenta toqué pelo alguna vez. Rectificaba en seguida,
pero volvía a tocarlo inconscientemente.

Me hacía gracia el ombligo que le salía, lo acaricié
varias veces. Miré entonces a Adela. Me quedé
boquiabierta, pues Adela parecía perderse con la
mirada entornada. Ya no me atrevía a quitar la mano,
aunque me daba cosa seguir acariciándola.

Adela abrió los ojos y me respondió con la voz entre
cortada.- Ay... es que me sientan muy bien los
masajes.-

-Estás muy cambiada.- Le dije refiriéndome a su
físico.

-¡Ah! ¡Y eso no es todo! ¡Mira!.-

Adela se desabrochó los botones del traje. De verdad
que yo me llevaba bien con Adela, pero nunca había
tenido esta confianza. Se quitó el vestido y luego se
desabrochó un sujetador enorme y se descubrió dos
tetas enormes, comparadas con las que tenía
usualmente. Encima, los pezones me parecieron grandes.
No puedo decir como los tendría antes, pero a mí me
parecieron preciosos, como si además, una cera
especial les dieran un brillo delicioso.

Al ver a mi cuñada así, no puedo explicar o que me
pasó. El caso es que le pregunté.- ¿Me dejas?.-

-¡Ay! ¡Pues claro! ¡No seas tonta!.-

Puse mi mano sobre uno de los pechos de Adela, Era
suave, delicioso. Me sentía agradablemente turbada.
Tuve una tentación que no pude vencer. No lo entiendo,
no me había pasado nunca. Rocé el pezón con los dedos.
Vi como se endurecía. Adela no me decía nada, así que
me acerqué más y más hasta tener sus pezones entre sus
dedos. Era de un tacto suave, terso y fuerte pero
suave. Hubiera deseado comérmelos, pero vencí la
tentación y también, poco a poco aparté mis dedos y la
mano de los pechos de Adela.

Puse mi cara sobre la barriga de Adela.- ¡Ay! ¡Ay!
¿Qué bonita!.- No se si dije bonita por que me parecía
bonita la barriga, el caso es que le di cuatro o cinco
besos. Sentí o presentí a Adela sonreír.

-¡Bueno, Te voy a enseñar otros cambios, cuñadita! -

Adela me llamaba cuñadita pro que soy un par de años
más joven que ella. Adela se puso de pié, se cogió las
bragas por los bordes superiores y se deshizo de
ellas. Entonces e puso enfrente de mí. Vi su sexo.
Aparecía al final de su barrigota. EL caso es que el
pubis se le había estirado y el bello aparecía
extendido y poco tupido.

-¡Vamos! ¡Toca, toca!.-

Estiré mi mano y acaricié su pubis, de textura tersa,
parecido a un coco, pero infinitamente más suave.
Adela me cogió la mano para que la tocara sin miedo.
Mi mano casi rozó su sexo. Fueron unos segundos
larguísimos hasta que Adela se sentó. Yo pensaba que
se pondría las bragas, pero no, se quedó desnuda,
sentada en el sillón, con las piernas abiertas y esa
barrigota y los dos melones dulces como la miel.

Me fijé en su entrepierna. Tal vez no quería vestirse
para que apreciara aquel detalle. Al igual que sus
pezones, la piel que rodeaba el sexo estaba más oscura
e hinchada. Los labios eran dos colchones. Tuve de
nuevo un impulso irrefrenable y extendí mi mano hacia
su sexo.-

-¡Ay que ver como se te ha puesto esto.-

-¿Has visto?.- Me dijo abriendo sus piernas para que
pudiera tocar mejor.

Aquello era, no sé como decirlo, era mejor que tocarle
los testículos a los hombres. Era la suavidad, la
dulzura. Mi mano ya no se podía separar del sexo de mi
cuñada. Ella, por otra parte permanecía con las
piernas abiertas y comencé a sentirla respirar fuerte.
La miré. Su cara no era precisamente de estar
sufriendo. No pude apartar mi mano, y no sólo eso,
sino que me puse a acariciarla a conciencia.

Eva echó la cadera hacia delante y quiso meter la
barrigota, pero sin éxito. Yo entonces me puse a besar
de nuevo la barrigota, pero mis besos acabaron en unos
lametones largos que recorrían todo su vientre. Mi
lengua pasó un par de veces por encima de su ombligo.
Entonces me acordé del tacto exquisito de su pecho en
la palma de mi mano y me dirigí hacia ellos,
deslizando poco a poco mis labios por su vientre,
hasta encontrar los límites inferiores de su pecho,
que transgredí y luego, me dirigí hacia sus sobre
abultados pezones.

Tomé sus pezones entre mis labios y entre mis dedos,
apreté ambos. Los sentí crecer exageradamente, al
igual que el clítoris, caliente, entre los dedos de mi
otra mano. Me parecía un clítoris enorme y profundo.
Adela se iba reclinando sobre el sofá y terminó
totalmente tumbada. No pude por menos que quitarme la
camiseta y el sujetador y mostrarle mis pechos
pequeños y pecosos, pero que se volvían de un blanco
lechoso en el centro y se remataba con unos diminutos
pezones marrones oscuros.

Me puse entre sus piernas. Su sexo estaba delante de
mí. Decidí obsequiarla con lo más dulce que tenía y me
puse a restregar mis pechos en su barriga. Mis tetas
le caían en medio y sentía el botón saliente del
ombligo en la piel de mis senos y luchar con mis
pezones. Luego decidí jugar con mis pechos en su
clítoris y en su raja. Deslizaba mis senos entre sus
piernas restregándolos por toda la extensión de su
sexo hinchado y alargado.

EL sexo de mi cuñada apenas se lubricaba. Era debido
al embarazo. Yo estaba empapada. Por eso me quité los
pantalones y las bragas, quedándome también desnuda.

Intenté alcanzar sus senos para acariciarlos con los
míos, pero su barriga me lo impedía. Desistí, pero
entonces busqué su raja con mi boca, no sin antes
pasar mi mejilla por su monte de venus, que me
pinchaba como la barba de un hombre.

Le abrí las piernas. Su sexo hinchado se me ofrecía.
En medio, un clítoris especialmente respingón. Lo cogí
con mis labios, lo apreté como si con ello fuera a
sacar de él un rico jugo. Entonces comencé a lamerlo
con la punta de la lengua. Los lametones se
intercalaban con apretones ligeros y suaves tironcitos
que mi cuñada me agradecía moviendo sus caderas y
gimiendo de placer. Entonces, separé sus labios con
mis dedos y me puse a lamer toda su raja, de un lado a
otro, de arriba abajo.

Adela me acarició la espalda y los pelos y yo por mi
parte, comencé a acariciarme los pechos, para terminar
introduciendo mi dedo en mi coño húmedo. Ella
mientras, alternaba sus caricias sobre mí con manoseos
a sus pechos. Finalmente, Adela abrió sus piernas todo
lo que pudo, puso los pies sobre el sofá y comenzó a
impulsar su coño contra mi cara y yo, intuyendo la
proximidad de su orgasmo, le separé los labios del
sexo lo que pude e introduje mi lengua dentro de ella,
todo lo que pude, moviendo mi cabeza al ritmo que ella
misma deseaba, hasta conseguir arrancarle un orgasmo.

- Lo siento. Esto no me ha pasado nunca.- Me dijo un
poco avergonzada.

Me incorporé y mientras ella se sentaba en el sofá le
respondí, tras besarla en su cara enrojecida.- Ni a
mí, cariño, ni a mí.-

Estaba muy caliente, así que antes de que se sentara,
la cogí del brazo y tiré de ella hacia el suelo.- ¡Ven
para acá, tonta.-

-¡Ay!¡Cuidado!.- Adela, con cuidado, se sentó en el
suelo, y yo, besándola en la boca, la eché contra el
suelo, tendiéndonos sobre la alfombra. Nos abrazamos
tendidas y por fin sentí el calor de sus senos sobre
los míos, aunque su vientre se me clavaba en mi
ombligo. Comencé a rozarme con ella y conseguí
finalmente meter una pierna entre las suyas. Mi
rodilla se clavó en su sexo lo mismo que la suya en el
mío. Comenzamos a acariciarnos y a movernos,
agarrándonos ambas de las nalgas.

Sentía sus manos en mi trasero y yo, las mías en su
culo. Nuestros pechos se rozaban y nuestros pezones,
de distinto tamaño, jugaban a encontrarse, mientras la
sensación de su rodilla se me hacía ya casi
insoportable. Hice un hábil movimiento y me senté en
el suelo, con una pierna suya debajo, y la otra, entre
mis dos piernas. Así nuestros dos sexos se podían
encontrar directamente.

Sentí entonces el calor de sus muslos entre mis muslos
y el calor y la humedad de su raja en mi raja. Su
pierna más levantada pasaba por delante de mi pecho
mientras yo, tenía mi pierna sobre su otra pierna. Yo
estaba algo levantada, mientras ella estaba entre
tumbada y puesta de medio lado, así que me
correspondía a mí aproximar nuestros coños todo lo que
podíamos, sintiendo el calor de nuestras crestas, la
humedad de nuestras rajas mezclarse. Apoyé los dos
brazos en el suelo y me puse a moverme contra ella, a
restregarme. Movía mis caderas en sentido circular.
Sentía su raja pegada a la mía.

Me sentía follada y follando a la vez. Las dos nos
proporcionábamos placer mutuo. Yo estaba excitadísima.
Para colmo, en un momento dado, Adela pasó su pié por
delante de mi cara. Pensarán que soy una cochina, pero
me atrajo poderosamente su pié y lo intenté atrapar.
Caí sobre su muslo y lo agarré, pasando mi lengua por
la planta de su pié y lamiendo los espacios entre cada
dedito.

La excitación de Adela debía ir en aumento, pues la
oía respirar más aceleradamente. Yo estaba a punto de
correrme, Solté su pié y coloqué mi mano entre las
dos, Me acariciaba mi sexo y el suyo a la vez. Me
comencé acariciando yo. No me hizo falda gran cosa
para empezar a correrme. Me metí el dedo corazón
mientras me corría y sentía sus labios hinchados en mi
mano. Me moví casi violentamente contra ella.

Al mirarla, vi como se movía entera, con su barrigota
y sobre todo, sus tetazas. Entonces, cuando vi que mi
orgasmo había finalizado, me atreví a introducir el
mismo dedo corazón en su raja. Lo hice suavemente,
pero no paré hasta que el dedo estuvo introducido
totalmente, con el dedo índice y anular presionaba sus
labios. Comencé a mover el dedo, no de arriba abajo,
sino como un abanico que se cierra y abre. Mi cuerpo,
mi coño empujaba mi mano que se clavaba en el sexo de
Adela, que hacía que el dedo se hundiera en la raja de
mi cuñada.

Finalmente, Adela comenzó a correrse de nuevo. Lanzaba
unos gemidos casi lastimeros. Mi dedo permaneció
hundido hasta que me aseguré que su deseo se hubiera
apaciguado. Me tumbé junto a ella. Nos abrazamos.
Estábamos sudorosas. Ella más que yo. Nos besamos
durante un rato.

Me puse de rodillas. Ella se intentó incorporar.
Estaba torpe. Cuando la ví, la cogí del brazo. La
obligué a ponerse a cuatro patas. Su barriga y sus
ubres colgaban. Me puse detrás de ella de rodillas. No
buscaba ya saciar mi deseo ni el suyo. La cogí por
detrás. La tomé de la cintura y comencé a darle
"puntazos". Daba un impulso brusco a mis caderas y mi
pubis tropezaba con su trasero.

Adela cedió y se puso en posición fetal, sentada sobre
sus rodillas, postrada en el suelo. Yo seguía dándole
"puntazos", un poco más tumbada sobre su espalda,
extendí mis brazos y le cogí de nuevo sus pechos,
apretándolos. Estuve así un rato largo.
-¿Por qué me haces esto?.-

- Me gustaría tener un pene ahora mismo.- Y le daba
otro puntazo.- Eres tan tierna que me gustaría
follarte.-

- ¿De verdad no lo has hecho nunca con otra?-

- ¡Nunca! Tú eres la primera y la última.-

-¿Es que no te ha gustado?.-

-Me ha encantado- Y le di otro puntazo.-

Bueno. Al final nos levantamos y nos vestimos e
intentamos volver a una normalidad turbada para
siempre.

Cuando nos despedimos en la puerta, Adela se me acercó
y me dijo en voz baja.-- Por favor, no le digas nada a
Jorge.- Me metí de nuevo en el recibidor y la volví a
besar tras abrazarla tierna, pero apasionadamente.

He visto a mi cuñada muchas veces desde entonces, pero
siempre acompañada. Intenté ir a verla nuevamente pero
no pudo ser. Llegué a sentirme un poco culpable de lo
ocurrido. Hace dos meses mi cuñada dio a luz una niña
preciosa. La bautizamos la semana pasada y fíjate que
mi hermano me ha pedido que vaya a verla más a menudo,
aunque él no esté, pro que dice que Adela está un poco
deprimida. Sí, dice que tiene la depresión post-parto.
Seguro que soy capaz de reanimarla.
 

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