-Basta!- grité yo - Déjame en paz!-
Mi pobre madre se quedó de piedra, y finalmente sólo dijo: - Estás muy nerviosa, no puedes seguir así. Ya pensaré en una solución - y salió de mi habitación.
Yo quedé ahí, tumbada en la cama. En este momento ya me arrepentía de haberle chillado así, pero realmente, como dijo ella, estaba nerviosa. Llevaba tumbada en la cama o en el sofá casi dos semanas, desde el día del estúpido accidente. Resulta que me caí por unas escaleras y me rompí un tobillo y el otro sufrió un esguince. Había tenido suerte, me decían, ya que con la caída que sufrí, podía haberme hecho mucho más daño o incluso matarme, pero aquí tumbada, sin poder moverme, yo no veía en ninguna parte lo "..afortunada".. que había sido. Mi madre cuidó de mí la primera semana, pero luego hice que me llevaran a mi casa y venía sólo de vez en cuando, y me ayudaba a lavarme. También mi hermana y amigas venían a menudo. Y cuando estaba sola, con mis dos muletas me movía como podía, y claro, de vez en cuando no tenía más remedio que apoyar un pie en el suelo y entonces veía todas las constelaciones de la galaxia.
Por la tarde vino de nuevo mi madre, y mientras me limpiaba la espalda me dijo que tenía una buena noticia, que había contratado a una masajista para que viniera a verme, ya que al menos conseguiría relajarme un poco, ya que andaba muy histérica, aunque era comprensible por estar todo el día encerrada en casa y apenas poderme mover. Yo me sorprendí y ya iba a decirle que no, por inercia, sólo por llevar la contraria. Pero entendí que no era mala idea y que me iría bien, y además, ¿quién rechazaría un masaje?. Ella me dijo que de momento vendría cada día, hasta que ya pudiera apoyar el pie "..menos malo".., entonces ya hablaríamos de cambiar la frecuencia, y que se quedaría un par de horas, en las que podría aprovechar para que me ayudara a lavar mi cuerpo u otras necesidades que me surgieran.
Al día siguiente yo estaba ya deseosa de que llegara, ya que deseaba un buen masaje, y sentir unas manos mimando mi cuerpo...aunque sabía que lo que realmente necesitaba es, como se dice vulgarmente, un buen polvo. Desgraciadamente mi vida con los chicos no era muy maravillosa, actualmente no salía con ninguno, y el que más me había durado fueron sólo 2 meses. Por supuesto yo no tenía muchos problemas con esto, y cuando me apetecía, me enrollaba con algún chico que me gustara físicamente para disfrutar del sexo, además tenía un par de amigos con los que compartía muchas cosas, incluso sexo (por separado, claro), cuando yo no tenía pareja y alguno de ellos tampoco nos acostábamos, pero eso formaba parte de nuestra amistad, un polvo de vez en cuando si a los dos nos apetecía y lo necesitábamos. Desgraciadamente los dos tenían pareja en este momento, y aunque no hubiera sido así, no creo que hubiera sido capaz de llamarlos, no me hubiera gustado que me lo hicieran estando yo así, ya que con ellos me gusta ser yo quien mande. Me quedaba el recurso de la masturbación, pero nunca había sido muy asidua a ello, afortunadamente mis periodos de abstinencia eran cortos, y las únicas veces que lo hacía era en la ducha. Me excitaba mirar mi piel brillante, y sobre todo mis pechos mojados. Me gustaba acariciarme y mi cuerpo respondía estupendamente, así, para cuando llegaba a mi vulva, ya estaba mojada, y no sólo de agua. Abriendo la puerta de la ducha, me gustaba mirar mi cuerpo reflejado en el espejo al otro lado del baño, y podía apreciar bien mis nalgas, que mojadas y brillantes también conseguían excitarme más. En fin, luego acababa haciéndome al amor con mis dedos, y tocando mi clítoris hasta que mi orgasmo llegaba como una explosión de placer. ¡Ah! Y últimamente me encantaba acabar con una mano acariciando mi botoncito y un dedo de la otra dándome placer por mi ano. Conseguía unos orgasmos fabulosos, ya que así conseguía una sensacional mezcla de dos placeres a la vez. Pero desgraciadamente estos días solo me han lavado con toallas, y no pude masturbarme, ya que con mi madre ahí delante no hubiera quedado muy bien, ¿no?.
Por fin llegó Isabel, la masajista. Me sorprendí al verla ya que era una mujer mayor pero muy arreglada. Tenía 56 años, su pelo lo llevaba de un gris brillante, su cara impecablemente maquillada, y su cuerpo delgado, aunque, como me dijo, iba a menudo al gimnasio y se mantenía en forma. La verdad es que se la veía muy activa, y a pesar de llevar el pelo teñido de gris no era lo que llamaríamos una vieja.
Isabel me contó que estaba medio retirada, que solo trabajaba para conocidos y para la gente que la llamara después de leer su pequeño anuncio en el periódico, aunque si no le caían bien los rechazaba.
En fin, me trajo una toalla y salió de la habitación mientras yo me desnudaba y me quedaba boca abajo con la toalla tapando mi trasero. Ella empezó a darme un estupendo masaje que me dejó estupenda, hizo toda la parte trasera de mi cuerpo excepto la zona tapada con la toalla. Quedamos para el día siguiente.
La tarde siguiente repetimos lo mismo, pero en un momento dado ella retiró sin reparos la toalla dejando al aire mi "..sorprendido".. trasero. Entonces empezó un masaje por mi culo que fue estupendo, atacando sobre todo la parte superior mientras me decía que ésto era ideal para la espalda, y realmente me encantó, por lo placentero y por lo bien que me quedé.
Al tercer día después del mismo masaje, y estando yo todavía tumbada en la cama desnuda, me dijo que mi madre le había dicho que a veces mojaba las braguitas por no llegar a tiempo al baño. Yo me puse roja de vergüenza mientras deseaba matar a mamá. Ella me dijo que no me avergonzara, que en mi situación era comprensible, y que no me preocupara porque tenía una solución, y me enseñó que había traído un paquete de pañales para adultos. Me hizo darme la vuelta y quedar con todas mis cosas al aire delante de ella. Aunque ella era una mujer, he de decir que me daba cierto corte que viera mi sexo. Por supuesto yo he estado desnuda delante de otras mujeres, pero una cosa es en unos vestuarios y otra solas en una habitación. En fin, ella sin ningún problema me colocó el pañal, me ayudó a vestirme y se fue.
Para ser sincera, he de reconocer que la idea del pañal me fue de maravilla, ya que así no mojaba mis braguitas, ya que a mi, cuando me cogen ganas he de hacerlo al momento, no aguanto mucho, y claro, la mayoría de veces se me escapaba un poquitín. Yo me lo cambiaba de vez en cuando, y esa noche me lo hice encima tranquilamente, así no tuve que levantarme.
Por la tarde vino de nuevo Isabel, y ella misma me ayudó a quitarme el pañal, que yo ya había mojado. Entonces me dijo "..caramba, no había pensado en que los pelos del pubis se te quedarían mojados. Y mientras lo decía me los tocaba. Yo le dije que ese era el único pequeño inconveniente, pero que la idea había sido estupenda y me había ayudado mucho. Pero ante mi ,una vez mas, sorpresa, me dijo que esto también se podía solucionar, y salió hacia el baño para volver con una maquinilla de afeitar y espuma que habían sido de mi ex-novio. Yo entendí su idea, pero no protesté. He de reconocer que la idea me atraía e incluso me daba morbo. Ella me llenó los pelos de espuma y con cuidado me fue afeitando mi cosita, que poco a poco fue quedando desnuda de pelos como la de un bebé. Ese pensamiento me hizo reir: ¡sin pelos en mi sexo y con pañales! Realmente parecía un bebé. En los últimos momentos, Isabel acabó de retirar la espuma con su propia mano, y el notar el tacto caliente de una mano por esa zona me produjo una muy agradable sensación. Yo a esas alturas ya no tenía ninguna vergüenza de que Isabel viera todas mis partes, es mas, deseaba su contacto con mi cuerpo. No es que me atrajera sexualmente, pero mi cuerpo disfrutaba de las caricias de unas manos tan expertas.
Al día siguiente volvió a sorprenderme. Después del maravilloso masaje me dijo que tenía una sorpresa que esperaba que me gustara. Se trataba de pintar en mi desnudo pubis con henna, esa sustancia con que las mujeres árabes dibujan filigranas en sus manos u otras partes. Yo, le dije que sí encantada, ya que esperaba cada día con que nueva cosa me iba a sorprender, y cada vez mi morbo iba en aumento. Ella empezó a dibujarme una preciosa filigrana árabe en mi pubis. Me contó que estuvo un tiempo viviendo en Marrakech, Marruecos, y allí había aprendido. Me empezó a excitar ver como dibujaba sobre mi pubis, y el hecho de que al hacerlo fuera rozando la entrada de mi vagina aún colaboró más en ello. Era una sensación muy agradable y morbosa notar como la henna salía de una especie de tubo sobre mi piel, y la verdad es que mi sexo, falto de "..marcha".. desde hacía semanas acabó mojándose, y no de henna precisamente. A la mitad del dibujo, más o menos, yo estaba muy caliente, y mi cuerpo estaba desasosegado, me era difícil mantenerme quieta. Fue entonces cuando ella se percató de mi excitación, y me dijo "..Si no te estás quieta no me saldrá bien, ¿qué te pasa? , y mientras decía eso paso sin pudor un dedo por mi raja, que salió empapado de mis jugos. Ella sonrió y me dijo - llevas tiempo pasando hambre, ¿no pequeña?- Pues bien, como no me gustan que me estropeen mis dibujos vamos a solucionarlo. Y entonces lo hizo, abrió mis piernas y empezó a acariciarme el sexo, yo me sorprendí, claro está, pero no hice nada por detenerla, todo lo contrario, eche mi cabeza hacia atrás y me concentré en el placer que me estaban produciendo sus dedos en mi sexo, me acariciaba, jugaba con mi clítoris, ya bien hinchado, y luego me penetraba con varios dedos, no se exactamente cuántos, pero me gustaba. Mis jadeos fueron aumentando y no tardé mucho en tener un prolongado orgasmo. ¡Isabel me había masturbado! Y yo me sentía flotando. Mientras yo me quedaba estupendamente relajada, ella pudo terminar su dibujo sin problemas.
Al día siguiente desperté pletórica, qué bien me había sentado el orgasmo que me había proporcionado Isabel. Pero mi cuerpo, que llevaba tiempo sin tenerlos, quería más, y no veía el momento de que volviera. Me dije a mi misma, que si ella no me masturbaba, se lo pediría directamente, ya nada me daba vergüenza.
Isabel relajó mi cuerpo, aunque esta vez no lo consiguió del todo, ya que estaba expectante de recibir placer. Cuando acabó yo me giré y la miré, ella sonrió y me dijo "..Esa cara tan expectante con la que me estás mirando significa que esperas que haga algo más, ¿no? Te gustaría que le diera de comer a tu conejito, ¿verdad?- yo asentí con la cabeza mientras sonreía como una tonta cachonda. Ella me hizo tumbar de nuevo y empezó a acariciar mi "..hambriento".. conejo. Sus dedos acariciaban la parte interior de mis muslos, poniéndome la carne de gallina, luego me acarició por detrás de mis labios mayores, siguiendo suavemente el surco que se forma ahí, UMMM, ¡qué gustito más agradable!, pasó un dedo por la entrada de mi rajita y subió hacia mi clítoris, al que se dedicó, amasándolo con 2 dedos, ¡Qué tortura! Pero qué cachonda me ponía. Volvió a la entrada de mi sexo, y dejando que un dedo se hundiera poco a poco verticalmente hacia el interior me dijo -Ahora te gustaría que te penetrara con mis dedos, ¿verdad, mi niña? ¿Quieres que mis dedos te follen?- Yo, casi fuera de mí, le contesté: sí, por favor, fóllame, ¡destroza mi coño!.
"..Pues no lo haré".. dijo ella. Mi cara debió mostrarle toda mi decepción al decirme que no iba a hacerme lo que yo tanto deseaba. Pero entonces vi que sonreía de nuevo con su cara picarona y recobré las esperanzas. Entonces me dijo: esta vez tengo algo mejor. Y sacó de su bolso un consolador, una polla artificial. Yo me reí, nunca había probado ninguno, pero no vi ningún motivo para no hacerlo ahora, y más con lo caliente que estaba mi sexo y toda yo. Ella se acercó de nuevo a mi, y poniéndome un dedo en mi agujero dijo - ésto ya está a punto - refiriéndose a que estaba bien mojadita para recibir esa polla de plástico. Y en ese momento empezó a follarme, la movía con pericia, clavándomela mas o menos, moviéndola hacia los lados UMMMM, me estaba dando una estupenda follada.
En un momento dado con la otra mano me apretó una de mis desatendidas tetas, y empezó a jugar con ella, apretándome o masajeándome el pezón, produciéndome un estupendo placer adicional. Con todo eso tuve un par de placenteros orgasmos que me dejaron realmente satisfecha.
Al día siguiente yo estaba realmente ansiosa de que llegara, para ser follada otra vez por su aparatito. No veía el momento de sentirlo otra vez en mis entrañas proporcionándome un placer enorme.
Isabel llegó, y vi que traía una bolsita con cosas que no quiso enseñarme, pero que yo estaba segura eran para jugar conmigo. Después de hacerme un erótico masaje, que mas que relajarme lo que hizo fue ponerme a cien, acercó una silla a la cama y me pidió que pusiera mi cabeza allí, de tal forma que quedé apoyando mi cabeza sobre mis brazos en la silla y el resto de mi cuerpo, excepto el pecho en la cama. El resultado era que mis pechos quedaban en caída libre en el espacio entre la cama y la silla. Ella se tumbó debajo de ellos y con su mano los hacía balancearse de un lado a otro. Consiguió que me pusiera muy cachonda, y a la espera de que sucedería. Ella alargó su mano hasta la bolsa y sacó ¡un tubo de leche condensada! Yo sabía que algo interesante haría con eso, pero no sabía el qué. Yo, que la veía reflejada en el espejo del armario, vi, y sentí, como empezó a derramar la leche en la raíz de uno de mis pechos, y notaba encantada como la leche condensada recorría mi pecho hasta llegar a la parte más baja, el pezón, que por supuesto estaba bien erecto y duro. En ese momento Isabel se aferró a él como un bebé ¡y empezó a tomar la leche de mi pezón! Yo, que nunca había tenido ideas lesbianas, me excité enormemente. Era un gran placer notar mis pechos cayendo libres, la leche recorriéndolos hasta llegar al pezón, y allí una boca golosa succionando "..mi".. leche y ,al hacerlo, hacer gozar al excitado pezón como nunca.
Después me hizo volver a la cama cara abajo doblar las piernas, de forma que mi culo quedara a su merced. Yo le obedecía en todo, deseosa de que me produjera mas placer. Ella sacó otro tubo de su bolsa y me puso lo que supuse era vaselina en el agujerito de mi trasero. ¡UAU! Pensé yo, ¡va a meterme el dedito en el ano!, pero una vez más me sorprendió, ya que sacó otro aparatito de su bolsa. Yo le dije que el consolador por el culo no se lo iba a permitir, y ella me dijo que no me preocupara. Me enseñó otro aparatito, era como un tubo acabado en punta redonda, parecía una de esas fundas metálicas individuales para puros habanos. Por la otra punta le salía un pequeño cable. Isabel sonrió y me dijo "..vas a disfrutar como nunca, pequeña".., Yo bajé mi cabeza hacia la cama y me preparé para recibir la embestida en mi "..agujero negro"... Noté como entró sin demasiados problemas, y empecé a notar ese placer peculiar que se nota en esa parte del cuerpo. Ella lo movía de arriba a abajo, y yo entregada, sabía que acabaría corriéndome. Pero una vez mas me sorprendió. De repente ese aparatito empezó a vibrar dentro de mi intestino. Yo grité, me moría, el placer era demasiado intenso, y yo no podía dominarlo moviéndome más rápido o más lento. Ella seguía follándome el culo con esa bestia vibratoria sin piedad. Tuve varios orgasmos seguidos, de una manera muy salvaje. Cuando me lo quitó, yo estaba destrozada de placer, y mi sexo era una cascada de jugos.
Creí que ya había terminado, cuando vi de nuevo su sonrisa maliciosa. Isabel me dijo "..tu precioso conejito aun no ha tenido su parte".., y sacó una polla artificial de su bolsa. No era el mismo consolador del día anterior, era mas blando, con una apariencia como de gelatina. Le iba a suplicar que ya me dejara por ese día, pero antes de poder hablar ya lo tenía en mi interior, comprobando con alegría, que mi sexo lo recibía con gusto. Yo, ya lanzada, le gritaba a Isabel que no dejara de follarme, que me estaba volviendo loca, y cosas por el estilo. Ella, riéndose a carcajadas, no me daba tregua, mientras me decía que me iba a destrozar mi conejito de putita. Finalmente, tuve un nuevo y prolongado orgasmo, con eso dentro, que fue realmente fantástico. Ella retiró el pene muy lentamente, pero produciéndome un pequeño tormento en mi sexo, enormemente sensible después de tanto orgasmo. Mi cuerpo temblaba mientras lo retiraba. Entonces, jadeando, sudada y destrozada, pero mejor follada que en toda mi vida, me quedé mirando a esa mujer, un poco rara, que me había proporcionado la mejor sesión de sexo de toda mi vida, que había hecho lo que había querido con mi cuerpo, y a la cual yo le había entregado mis intimidades sin reparos. Tuve una extraña sensación al pensar que me había follado, por mi coño y por mi culo, me había chupado las tetas, y me había visto teniendo algunos de los mejores orgasmos que había disfrutado jamás. Curiosamente yo no le había visto nada a ella, pero, en realidad, tampoco me apetecía, yo disfrutaba siendo usada por ella. Entonces ella realizó su "..último truco".., besó la polla de plástico, que estaba bien empapada de mis jugos, y se la introdujo en la boca como si chupara un pene auténtico. "..¡La muy guarra está tomando mis jugos!".. pensé yo, y entonces, como último golpe de efecto, le metió un mordisco y se comió el capullo. ¡Era una polla comestible! . Yo simplemente me quedé mirando como viciosamente se la comía enterita, una buena polla "..regada".. con los jugos de todos mis orgasmos. La verdad es que me pareció realmente morboso.
Después ella me contó que había trabajado en una sauna con "..servicios especiales".. hasta no hacía muchos años. Que ahora hacía masajes serios, pero que si la persona, ya fuera hombre o mujer, le gustaba y veía que necesitaba algo más, no le importaba hacérselo. Me dijo que lo había pasado muy bien conmigo, y que éste era el último día que mi madre, que no sabía nada de todo esto, me había contratado, pero que de todas formas, el "..tratamiento".. había terminado. Me dio un suave beso en los labios y me dijo adiós. Ya en la puerta me dijo "..¡Ah! ¡Debajo de la cama te dejo un regalito!, ¡Adiós, cariño!"...
Y allí me quedé yo, completamente desnuda encima de la cama, mi sexo y la cama aun mojados del jugo del placer que había ido emanando de mi conchita. Me sentía completamente ebria del placer que había recibido de esa extraña pero sabia mujer. No volví a verla jamás, pero esos días no los he olvidado y no los olvidaré jamás.
¡Ah! Cuando por fin, mi cuerpo y mi mente reaccionaron, me acordé de lo del regalito debajo de la cama, y al mirar una gran sonrisa iluminó mi cara. ¡Me había dejado el vibrador para mi culito! Gracias a eso seguí disfrutando esos días de un fabuloso placer en mi ano, y aun hoy hago alguna sesión de vez en cuando. Y creo que una será ahora mismo, ya que al escribir el relato se me ha "..abierto el apetito".. en mi trasero.