La claridad de la mañana inundó el dormitorio de los padres de Andrea. Al despertarse, Virginia se encontró abrazada a la cintura de su amiga, que seguía dormida. Estaban desnudas y con el pelo completamente revuelto. Estiró el cuello para mirar a Andrea en su sensual placidez y la encontró, por primera vez, hermosa (estaba buena, eran amigas y la quería, pero facialmente no era un bellezón, precisamente). Mientras se estrechaba a su sinuosa espalda y atrapaba su cadera con la pierna para sentir su piel cuan larga era, hizo capítulo de los acontecimientos de la víspera. Desde luego, habían gozado como nunca, pero le pareció que se habían limitado a las posturitas (pocas) de rigor.
Mentalmente enumeró todas las posiciones, situaciones y juegos eróticos que deseaba practicar con Andrea entre hoy y mañana, el "..weekend".. sólo para ellas. Se había despertado entonada y con ganas de marcha, pensamientos que terminaron de calentarla. Propinó un beso a Andrea en la nuca y se quedó un buen rato semiadormecida, con la cara hundida en su melenita desgreñada, respirando el agradable olor que desprendía. Aquella noche había tenido unos sueños que no sabría describir, pero con seguridad habían sido estimulantes y eróticos, en consonancia con el espíritu del momento. También tenía la ligera impresión de que había metido mano a Andrea o esta se la había metido a ella, semiiconscientemente, tal vez en ese nebuloso estado mental que puentea la vigilia y el sueño ligero.
Le entraron ganas de follar a Andrea por detrás, así, por las buenas. Su entrepierna se ayuntaba primorosamente con los glúteos de Andrea, originando un calorcillo provocador. Pero se le ocurrió otra cosa más interesante, que con Andrea dormida tenía verdadero interés experimental... además de que iba a proporcionarle el más dulce despertar de su vida. Con suavidad, deslizó la mano derecha por la entrepierna de su amiga hasta alcanzarle la vagina, un poco recóndita al estar Andrea en posición escorzada. Con redoblado sigilo tanteó el panorama. Los labios vaginales, que con gran deleite había saboreado la víspera, se encontraban orientados de manera que sus dedos podían hacer de las suyas en la confluencia. Su dedo corazón se abrió camino entre el no muy abundante vello púbico y palpó con la yema. La raja parecía estar seca y cerrada, lo que sugería que Andrea ni estaba excitada ni lo había estado en las últimas horas.
"..Con que hemos bajado la guardia, eh ?. Pues ya me voy a encargar yo de ponerte a tono otra vez".., musitó con sorna Virginia.
Empezó a pasar el dedo por entre los labios vaginales, lenta pero regularmente. Andrea al principio no se inmutó, pero de repente emitió un suspiro y se colocó en posición fetal, con la cadera izquierda totalmente apoyada en el somier. Virginia pudo retirar a tiempo el brazo, que de lo contrario habría quedado atrapado en la entrepierna, y empezó de nuevo. Bajo la sábana observó que Andrea tenía las piernas abiertas en tijera, con el culo casi en vertical y el chichi apetitosamente expuesto y a disposición, estirado por el muslo derecho que caía oblicuo hacia delante.
"..Que bella perspectiva".., se admiró Virginia. Pegada a la cabeza de Andrea, atenta a su mínima reacción, reanudó la paja. O lo estaba haciendo demasiado suave o la otra ya se había despertado pero fingía seguir dormida, pues llevaba un buen rato como si nada. Aceleró el ritmo y por fin arrancó los primeros gemidos, apagados y como provocados por una sensación onírica. A Virginia se le caía la baba con aquella broma libidinosa y se convenció de que Andrea empezaba a sentir un placer que su cerebro trataba a duras penas de justificar poniendo en marcha un sueño erótico de circunstancias. Pero se le terminó yendo la mano y Andrea se despertó. Con la boca abierta y algo atontada, durante unos instantes no supo lo que pasaba antes de apercibirse de que Virginia le estaba masturbando. Se la quedó mirando con ojos risueños, como pidiendo una respuesta, pero al punto se hundió en la almohada y se dejó hacer.
"..Buenos días, dormilona !!".., exclamó Virginia. "..A que nunca te había despertado así ?"...
"..Mmmmm, eres una salida..."..
Virginia le pasó el brazo por detrás de la cabeza y la sujetó el hombro izquierdo. Sin dejar de frotarle la vagina con su mano derecha besó a Andrea en la boca con dulzura, y esta, alargando sus brazos para tocarle los pechos, hizo lo propio con similar entrega. Entre una cosa y otra se fueron poniendo a cien y a Virginia le pareció oportuno proponer:
"..Venga, vamos a hacerlo en serio, que me he despertado con un hambreee..."..
"..Yo, también. Quieres darme de desayunar ?"...
Virginia indicó a Andrea que se tumbara boca arriba encima de ella para facilitar al máximo la paja. Andrea, con excelente ánimo, informó que esa postura era la primera vez que la practicaban.
"..Sí. Vas a ver, es una gozada. Tú relájate y déjame a mí"..:
Virginia dobló el almohadón para usarlo como respaldo y se reclinó cómodamente con la espalda de Andrea apoyada en su pecho y vientre. Agarrándola por los sobacos, la subió un poco hasta sentir bien prietos sus pechos sobre sus encantadoras hechuras mientras que con las piernas atenazaba sus muslos. La tenía bien amarrada. La postura daba mucho juego, pues Virginia podía simultanear la paja con un magreo sin estorbos de los senos, sin dejar en ningún momento de hacerle diabluras con la boca en cuello y nuca. Sentir a Andrea así, con su culito espigado presionándole el bajo vientre, encendió en Virginia una hoguera de lujuria. Acometió la masturbación con redoblados ímpetus, no tardando la propia Andrea en unir su mano derecha en un bis-a-bis onanista. Mientras Virginia se empeñaba en joderla con su dedo anular, Andrea se frotaba el clítoris en un movimiento circular muy conveniente. Ello causó sorpresa en Virginia, que creía que el clítoris de su amiga no figuraba entre sus zonas erógenas activas.
"..Vaya, vaya, vaya.. ya me parecía a mí. Entonces ayer, porqué pasamos de tu botoncito siempre escondido?. No me digas que no te lo habías tocado antes. Esa mano sabe muy bien lo que se hace..."..
Andrea no estaba para historias y nada repuso, pero mentalmente reconoció que hasta aquel momento no habían sacado partido de su clítoris para el sexo juntas. No tenía sentido, pues en sus masturbaciones en solitario, nada frecuentes, por cierto, sí solía dar cuenta del diminuto órgano. Gimiendo con creciente intensidad, su espalda había empezado a contorsionarse hacia atrás, la cabeza colgando sobre el hombro de Virginia y los ojos entornados. Virginia estaba no menos jadeante, pues en su movimiento ascendente y descendente el culo de Andrea estaba propinando a su sexo una suerte de sodomización sáfica mientras delante se representaba el coito con el dedo de Virginia en el papel de protagonista.
Las dos se ondulaban al mismo compás. Andrea resistía, pero Virginia deseaba acabar ya. Bajó también la mano izquierda, hasta ahora entretenida en los gruesos pezones de Andrea, para participar en la estimulación de la zona clitoriana. Convenientemente lubrificado a estas alturas, el ojete de Andrea pedía a gritos un calibre superior, tal que Virginia hundió dos dedos. Así potenciado y acelerado hasta el frenesí, el mete-saca llegó a feliz término con un orgasmo explosivo:
"..Aaahhhg!!, aaaaaaaaaaaahhhhhh !!!"...
Virginia sabía bien lo que se hacía y no dejó de masturbar, aunque ahora sólo la zona clitoriana -asistida en todo momento, mano sobre mano, por Andrea-, muy enrojecida por los recios frotamientos y el engrosamiento de los capilares que la irrigaban. A medida que Andrea se adentraba en la fase de relajamiento Virginia fue aminorando sus manipulaciones, hasta detenerlas en una suave caricia cuando aquella se recuperó del todo.
A Virginia le había faltado muy poco para tener su propio orgasmo, así que exigió su parte:
"..Te ha gustado, querida ?. Pues ahora me toca a mí, que no veas como me has puesto..."..
Andrea se giró con ademán de intercambiar las posiciones, pero lo que hizo fue abalanzarse sobre las tetitas de Virginia, que acogió el lance con un gritito de contento.
"..Vale, vale, hala, antes te dejo chupar cuanto quieras, pero no te olvides de mi chichi, eh ?"...
Andrea comenzó por acariciar los extremos de los senos y luego, con inesperada maestría, arrancó de los pezones su punto de erección óptimo a fuerza de pellizcarlos y de amagar con hundirlos suavemente en las marcadas areolas. Las tetas de Virginia eran pequeñas, pero muy bellas y de suave curvatura, guardando proporción con su armonioso cuerpo. Azuzada por Virginia, cuyas manos habían desaparecido en la completamente desordenado cabello de su amante, Andrea pasó a succionar a buen ritmo. La rubia se puso a ladear la cabeza como en un ejercicio de cervicales.
"..Ahhh, pero que gustooo, Andreaaa..."..
Como su vagina llevaba licuándose un buen rato retiró la mano izquierda de Andrea de su talle y se la llevó abajo.
"..Sigue, sigue chupándolas pero méteme el dedo al mismo tiempo"...
Andrea obedeció sin decir palabra y tras comprobar el lúbrico estado del sexo de su amiga hundió el dedo índice todo lo que pudo. Virginia presintió el advenimiento de su primer clímax del día, pero como quería correrse en la posición que lo había hecho Andrea, pidió volver al plan original. Andrea se separó de su busto con un rictus de saciedad tan cómico que Virginia se chanceó:
"..Jo, a lo que veo tú ya has desayunado y comido hasta los postres"...
"..No creas, aún tengo bastante hambre. Venga, que voy a darte el segundo plato"...
Andrea se situó detrás de su amiga, pero prefirió prescindir de apoyos y se tumbó directamente sobre el edredón. Virginia se colocó sobre ella también hacia arriba en posición horizontal y, dispuesta a abandonarse a su nirvana particular, estiró los brazos hacia atrás, dejándolos colgados sobre los hombros de Andrea. La morena, por inercia de su reciente trabajito mamario, destinó algunos minutos más a sobar las tetas de Virginia, que vistas así desde atrás parecían como mas grandes. Pero Virginia quería saltarse los preámbulos, así que Andrea -que se estaba comportando como "..una niña mala que quería hacerle sufrir a la pobre Virginia".. (sic)- hubo de pasar a mayores. Reprodujo los movimientos de la paja de ella, que tan excelentes resultados habían tenido, esto es, combinación de caricias en el clítoris y de hurgamientos en la vagina. Lo que otrora hubiera parecido complicado a la inexperta Andrea, ahora, gracias al cursillo acelerado de sexo que estaba recibiendo en las últimas horas, se le antojaba sencillo: se trataba de concentrarse en dar placer a su querida Virginia. Y dedos no le faltaban !.
En efecto, los dedos de Andrea operaban con un ajetreo tan enloquecedor que Virginia, si cerraba los ojos, podía imaginar que se lo estaban haciendo cuatro manos (experiencia que también llegaría algún día, también). Saltaba a la vista que su chica preferida estaba puliendo su propio estilo de trabajar chichis, que en parte seguía inspirado por el toqueteo caótico de su etapa de neófita.
"..Dios, que placeeeer".., exclamó inopinadamente en medio del habitual guirigay de gemidos y jadeos. Andrea seguía creyendo que Virginia era muy aparatosa en sus aspavientos. Por otro lado, sonreía con delectación al observar que, proclive a llevar la voz cantante en sus amores lésbicos, la otra estaba ahora a su completa merced, en actitud meramente receptiva. Se permitió hacer el payaso y con voz de chiquilla exclamó: "..Me gusta ser una chica mala, así que voy a jugar con tu conejito hasta matarte de placer"...
Virginia, presa del baile de San Vito, farfulló algo ininteligible. La doble estimulación de Andrea se estaba mostrando devastadora, aunque Virginia trataba de retardar el orgasmo tanto como le fuera posible. Sin embargo, la calentura presente desde que se había despertado y visto desnuda a Andrea junto a ella exigía a gritos ser aplacada, por lo que se destensó y dejó que viniera lo que tuviera que venir. Andrea, muy ladina, lo advirtió y aflojó bruscamente sus tocamientos. Virginia, tras unos segundos para aclararse la boca, saltó:
"..Pero que putona estas hecha, pero que putona... A esto te referías cuando decías que ibas a ser muy mala conmigo ?. Pues ojo, porque como sigas así me va a dar un síncope"...
Andrea nada añadió y sonrió enigmáticamente. Volvió a las andadas y guiada por los cambios de tono en el resuello entrecortado de Virginia creyó llegado el momento de aminorar y de obligar al orgasmo inminente a volver grupas de nuevo. Sin embargo, esta vez erró el cálculo. La propia Virginia se encargó de advertir:
"..Ahhh, no te pares, no te pares ahora...!"..
Andrea reanudó la paja a la velocidad del rayo, pero sin dejar desatendida la vagina. Virginia arqueó la espalda violentamente, notando Andrea que su tensión era máxima, y estiró la cabeza hacia atrás todo lo que le permitían los músculos del cuello. En el momento del clímax profirió un gemido estentóreo, casi un aullido, que sobresaltó a Andrea:
"..Uuaaaaaaaaiiiiiiiii !!!"...
Inevitablemente, los del quinto lo habían oído. El placer que experimentó Virginia fue apabullante, total, y se prolongó en una estela decreciente gracias a que Andrea, en felicísima actuación, seguía dándole caña a sus genitales. La mano de Andrea se detuvo por fin:
"..Qué ?, lo he hecho bien ?, te..."..
Virginia, echando hacia atrás los brazos hasta rodear del todo el cuello de Andrea, giró la cabeza e interrumpió la pregunta con un mórbido hociqueo. Sonriendo, besó a continuación sus ojos y su frente.
"..Vamos a ducharnos"...
Efectivamente, estaban sudadas y se sentían sucias (la víspera, tras a la sesioncita del sofá, se habían ido directamente al catre). Andrea comprobó que el calentador del gas estaba encendido y mientras Virginia se ponía las lentillas anunció que ella se duchaba antes. Nada más meterse en la bañera y empezar a enjabonarse vino Virginia, descorrió súbitamente el mamparo y con su sempiterno mohín pícaro en los labios se metió dentro. Andrea se quedó cortada, presa de un ridículo pudor.
"..Hombre, te he entendido que nos duchábamos juntas... no me digas que con todo lo que hemos hecho ahora tienes vergüenza..."..
Andrea se recompuso rápidamente dando la razón a su amiga. Sin duda se había tratado de una inercia del pasado, hasta cierto punto comprensible.
Bajo un chorro torrencial de agua tibia se deleitaron en enjabonarse mutuamente durante un buen rato. Luego a Andrea se le ocurrió probar con el dosificador del agua. Con gran divertimento, exploraron las posibilidades de estimulación sobre sus sexos, graduando la fuerza del agua y alterando su distancia y ángulo de proyección. Estaban de acuerdo en que producía un gustirrinín particular, difuso. Pero bien por las limitaciones de la cosa, bien porque estaban recién (y bien) corridas, no creyeron que les provocara un orgasmo por más que insistiesen. Volvieron a seleccionar la salida de agua por la pera y disfrutaron otros diez minutos dándose la lengua. Con el agua resbalando por sus cuerpos y metiéndose en sus bocas, darse el lote así era sumamente grato. Cuando vieron que las yemas de los dedos se les estaban arrugando con tanto solaz acuático, cerraron el grifo y salieron para secarse, ponerse unos albornoces y pasarse el secador. Se dirigieron a la cocina para desayunar con ganas. Encontraron unos croissants y como un par de colegialas estuvieron ofreciéndose "..un bollo".. mientras tomaban "..la leche"... Fuera por seguir la coña, fuera por el apetito abierto con tanto ejercicio, el caso es que se zamparon toda la repostería que la señora Asurmendi había comprado para su niña antes de salir de viaje.