![]() |
DESPUÉS DEL BOLICHE, A COGER A CASA |
|
Enviado por Luciana Luz el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969 |
||
Nos habíamos estado toqueteando durante toda la noche en el boliche; en la barra, en la pista, en el sillón (cuando estuvo desocupado) y mucho más aún en el baño, así que a ninguna de las dos (menos aún para mí por mi condición de “ultra-lesbiana”) nos resultó extraño que nos fuésemos juntas y seguramente más de uno en el local, después de habernos visto, debió haber intuido que nos íbamos del lugar para coger en algún ámbito privado. Durante el viaje en mi auto hasta casa, Micaela (tal el nombre de la chica) se encargó de dejar en claro que ella no era lesbiana, pero que estaba muy excitada, muy caliente, con muchas ganas de joder, de divertirse, de pasar un buen rato, etc. y que había encontrado en mí la oportunidad de llevar a cabo todo ello, sin los riesgos que hubiese supuesto, por ejemplo, haber tenido que hacer lo propio tal vez con un hombre desconocido. Ya en casa, prendí la luz y puse música suave como para darle clima y de paso para seguir calentando el ambiente; Micaela era sencillamente hermosa, rubia, bien “caderona”, bien “culona” (algo que a mí me hace perder la cabeza) y sobre todo muy despojada de cualquier tipo de prejuicios, algo que ya me había dado cuenta en el boliche, por las características de su diminuto vestido. “¿Alguna vez bailaste un lento?” – Me preguntó mientras yo buscaba en la heladera algo como para humedecer la garganta y ante mi respuesta negativa, continuó diciendo: “La gente que bailó temas lentos dice que a veces se pegaban unas calenturas tales, que tenían que irse a los reservados (los añosos recordarán seguramente esos lugares) e inclusive terminaban cogiendo allí adentro.” Y finalizó con una propuesta a la que no me pude negar: “Podíamos probar ¿No?” Ambas con una copa en la mano, nos pusimos frente a frente y nos apretamos un poquito, Micaela puso su mano libre sobre mi hombro y yo hice lo propio, pero tomándola de la cintura; como ya veníamos bien calentitas del boliche y no nos habíamos alcanzado aún a enfriar, rápidamente empezamos con caritas, ojitos, gestos, besitos al aire, apoyaditas, toqueteos, mimos, etc. hasta que dejamos ambas copas, para ya sí, utilizar cada una sus dos manos. Yo fui derechito a su precioso culo y comencé a manosearlo por debajo de la pollera; la primera sensación fue alucinante porque el contacto con esa suave y tersa piel, me estremeció por completo y más aún cuando Micaela empezó a desabrocharme los botones de la blusa y todo ello al compás de la música, porque si bien se podría decir que ya nos estábamos comiendo, no dejábamos de bailar, haciéndolo todo mucho más interesante, sensual y placentero. “Lo que nos perdimos por haber vivido en otra época ¿No?” – Le dije a Micaela al oído en obvia referencia a los temas lentos y cuando ella levantó la cara para corresponder a mis dichos con una mirada, encontré sus labios y le estampé un flor de beso en la boca; besito va, piquito viene, comenzamos a comernos a chupones, porque eso en definitiva fue lo que hicimos al respecto. Las bocas bien abiertas y las cabezas moviéndose desaforadamente para ambos lados; sacábamos bien hacia fuera nuestras lenguas y nos lamíamos ambas puntitas, volviendo rápidamente a engullírnoslas por completo. Cuando Micaela me besaba con suavidad y ternura, me venían a la mente los besos en la boca que solía darme mamá y cuando abría al máximo su cavidad bucal y me tragaba labios y lengua, para comerme desaforadamente la boca, recordaba esos mismos besos pero con mi hermana. A todo esto y mientras seguíamos comiéndonos a besos, Micaela se las había ingeniado para desabrocharme varios botones de la blusa y para bajarme el corpiño, dejando mis enormes tetas al aire y yo, por otro lado, seguía con mis dos manos toqueteando todo ese redondo y precioso culo; las dos sabíamos que apenas pusiésemos una mano en la concha, acabaríamos allí mismo y en forma de cascada, así que, como queríamos prolongar lo más posible ese momento de increíble placer, nos cuidamos ambas de no ir allá abajo con las manos. Yo tenía puesta aún la malla de lycra debajo de la pollera y ya me estaba empezando a molestar, porque se me pegaba al cuerpo y hacía que las primeras gotitas comenzasen a correr por entre las piernas y mientras me retraje un poco para acomodarme la ropa, Micaela aprovechó la ocasión y se prendió de mis casi ciento veinte centímetros de tetas. Si bien Micaela me había advertido que ella no era lesbiana, quedó bien claro que no era la primera vez que chupaba un par de tetas, ni mucho menos, porque me lamió los pezones y succionó poderosamente ambos pechos. “Parece que tenes hambre ¿No? Tenes muchas ganas de tomar la teta” – Exclamé, pero Micaela no me respondió, pues tenía la boca ocupada, chupando, lamiendo y mordiendo mis poderosas tetas. A esa altura de la madrugada, la música ya estaba demás, así que nos fuimos derechito a mi habitación, en donde rápidamente nos despojamos de nuestras prendas, para quedar ambas total y absolutamente desnudas; Micaela intuyó, después de haberle manoseado y toqueteado íntegramente su hermoso culo, que era eso precisamente lo que yo estaba deseando fervorosamente, así que se recostó boca abajo sobre la cama y dejando cabeza y torso bien apoyados sobre la superficie de la misma, se fue arrodillando y levantando bien toda su parte trasera, con el obvio propósito de ofrecérmela. Tan hermoso era ese culo como increíblemente provocativa era la pose en la que se había puesto Micaela; creo que si en ese momento habría estado un hombre en la habitación (algo que únicamente podría llegar a ocurrir en mi imaginación), le hubiese partido el culo de un pijazo, tal lo alucinante de ese fenomenal cuadro. Por supuesto me zambullí sobre ese monumental culo y comencé a lamerlo, a besarlo, a tocarlo, a chuparlo y a morderlo; introduje primero mi lengua en su rosado orificio anal, sin dejar esa preciosa maza glútea y cuando observé que la concha de Micaela estaba por estallar, empecé a chupársela, a lamerle los labios y a morderle el clítoris, pero sobre todo a pasarle la lengua íntegramente a toda esa zona vaginal. Estaba desesperada, quería chupar concha y culo al mismo tiempo y además apretar, morder y hasta golpear esas espectaculares nalgas, esa gran cadera y esas monumentales piernas, pero también sabía que ya era el turno de ofrecerle yo también a Micaela, algo de lo mío, así que en un movimiento casi felino, nos hicimos un ovillo como para quedar puestas en un “cuasi” sesenta y nueve. Yo suelo gemir y soy bastante gritona, pero créanme que esa ocasión fueron verdaderos alaridos ante tanto placer y tanto gozo; nosotras, las mujeres, conocemos mejor que nadie cada milímetro de nuestras conchas y sabemos donde, cuando, como y en que momento, una puede llegar a explotar, por eso no me extrañó para nada que Micaela comience a advertirme: “¡Hay Luciana! ¡Voy a acabar! ¡No doy más! ¡Me viene! ¡Me viene!” “¡Si Mica! ¡Dale nomás! ¡Acabá! ¡Dame todo lo que tengas!” – Exclamé como pude porque no moví un milímetro mi cara, mi boca y me lengua de la concha de Micaela, quien derramó sobre mí una apreciable cantidad de su rico jugo, pero no conforme con ello (yo estaba debajo), puso su concha sobre mis tetas y aguardó pacientemente a que cayeran allí sus últimas gotas, tan viscosas como maravillosas. Yo veía como esa preciosa acabada caía de la concha de Micaela, se posaba sobre mis pezones y resbalaba hacia abajo por mis tetas y si no me desvanecí de placer en ese momento fue porque ella se posó sobre mi concha y empezó a chupármela, para devolver favores, según sus propios dichos. A mí me gusta acabar cogiendo “concha con concha”, así que cuando ya me estaba por venir, le pedí a Micaela que nos acomodásemos para tal fin y una vez que estuvimos en la posición correcta, es decir que ambos clítoris hicieron contacto entre sí, empezamos a movernos y nos cogimos la una a la otra maravillosamente; creo que mi cama no se rompió en aquel momento de casualidad, porque comenzamos a coger de una manera alucinante, hasta que gritos, gemidos y alaridos mediante, acabé tremendamente y no sólo yo, sino que Micaela volvió a largar otro chorrito. No se a ciencia cierta si habrá sido la noche, el momento, el boliche, la circunstancia o que cuernos en definitiva había hecho que ambas estuviésemos tan pero tan calientes y a decir verdad, poco importaba buscaba el motivo y la razón, lo que si es cierto fue que cogimos como perras en celo y lo seguimos haciendo hasta altas horas de la madrugada, hasta que ya muertas, exhaustas y con fuerza apenas para incorporarnos de la cama, logramos despedirnos de esa maravillosa noche de placer. |
||
Escribile un e-mail al autor: lucianaluzcomodoro@yahoo.com.ar |
||
| HOME | ESCORTS | GALERIAS | RELATOS | NOTAS | PUBLICIDAD | SUBSCRIPCION |
| Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza | |||||||
| Home | Escorts | Secciones |
|
||||
