Que lindo es coger
Enviado por Luciana Luz el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969
 
Estoy viviendo uno de mis mejores momentos en cuanto al sexo se refiere, porque en mi condición de lesbiana “ciento por ciento”, hace no mucho tiempo atrás me costaba “horrores” conseguir alguna “pierna” para satisfacer mis deseos y necesidades sexuales, en cambio, en estos días, parece haberse producido una especie de “boom”, un “clic” en la cabeza de las mujeres, quienes han descubierto que no hay absolutamente nada de malo, de perjudicial, de raro, de extraño, de pecaminoso, etc., en el hecho de obtener gozo y placer sexual con sus propios pares.
 
Días atrás, en un “boliche bailable”, estaban pasando música caribeña (salsa, merengue, lambada, etc.) y había en la pista, un grupo de mujeres de las más diversas edades, divirtiéndose a más no poder; obviamente los movimientos danzantes eran por demás excitantes y las chicas, totalmente liberadas de viejos y retrógrados prejuicios, se “apretaban”, se “toqueteaban”, se “apoyaban” e inclusive observé, desde mi ubicación, a varias de ellas dándose algún que otro “besito” en la boca.
 
Por supuesto yo, rápidamente y haciéndome la desentendida, me dirigí raudamente hacia la pista y “como quien no quiere la cosa”, aparecí en medio de aquel grupo; como una más, empecé a bailar, pero también a “toquetear”, “apretar”, “apoyar” y hasta me di el lujo de “dar y recibir” algunos “piquitos” y después de un buen rato y de comprobar que aquellas mujeres estaban deseosas de seguir divirtiéndose vaya una a saber hasta cuando, volví a mi mesa y no había hecho más que sentarme, cuando escuché una deliciosa y sensual voz femenina detrás de mí, exclamando:
 
“Estaban con ganas de divertirse las chicas ¿eh?”
 
Miré hacia atrás y a escasos metros de donde estaba yo, había una mujer sola, sin ningún tipo de compañía a su alrededor; entonces corriendo la silla para ubicarme frente a ella, le respondí sonriendo:
 
“¡Sí! ¡Están como locas! ¡Medio sacadas también!”
 
“¡Lástima que la cosa quede solamente ahí ¿no?” – Volvió a acotar la mujer y entonces yo agudizando mi sexto sentido, le dije:
 
“¡Y! Lo que pasa es acá no da para algo más; para eso habría que buscar otro lugar”.
 
“¡Ah! ¿Y vos tenés algún otro lugar? – Me preguntó la mujer y yo entonces, muy rápidamente, le extendí mi mano y le dije en un tono bien imperativo:
 
“¡Vamos!”
 
La mujer agarró viaje sin decir palabra alguna y raudamente nos dirigimos a la salida del boliche y luego hacia mi auto, que estaba estacionado allí, en los alrededores; una vez dentro del vehículo, la mujer se desabrochó el pantalón, se bajó el cierre y tomando una de mis manos (justo la que necesitaba para poner los cambios), la llevó hacia su zona vaginal y exclamó:
 
“¡Mirá como estoy! ¡No doy más!”
 
Tenía la bombacha completamente empapada y cuando metí mi mano por debajo, para hacerme de su concha (la tenía íntegramente depilada), la mujer se estremeció por completo; estaba por demás excitada, re-caliente, así que yo apuré la marcha para no demorar más de la cuenta y llegar rápidamente a mi casa.
 
“¿Querés pasar al baño? ¿Querés tomar algo?” – Le pregunté a la mujer e inmediatamente me respondió:
 
“¡No! ¡No! ¡Llevame a la cama!”
 
Prácticamente nos arrancamos nuestras ropas; hacía mucho tiempo que no veía a una mujer tan caliente, tan excitada; su enorme concha parecía latir, parecía que se le iría a salir del cuerpo, así que me abalancé sobre ella y comencé a chupar, a lamer y a besar esa delicia; el característico olor a sexo no hizo más que contagiarme la excitación y la calentura, de tal forma que, mientras le comía el clítoris, la mujer derramó sobre mi boca el dulce néctar.
 
Con mis labios chorreando, comencé a devorarle la concha y el culo, alternando en ambos orificios con mis dedos, hasta que una “catarata” inundó por completo mi rostro, entonces me dispuse a cambiar de posición, pero inmediatamente “la perra” me detuvo y me dijo:
 
“¡No! ¡No! ¡Esperá! ¡Eso no es nada! ¡Dale otra vez, que tengo algo mejor para vos!”
 
“¡Qué caliente que estás yegüita! ¿Eh?” – Le dije y enseguida me zambullí nuevamente sobre esa enorme y caliente concha; hacía un buen tiempo que no me comía semejante “chucha”, así que aproveché para hacerle una de mis mejores lamidas.
 
La mujer tenía razón, porque como dice la canción “Después de la primera, ahora me sale algo mejor” y retorciéndose de placer exclamó:
 
“¡Vení! ¡Cogeme!”
 
Rápidamente nos ubicamos de tal manera que nuestras conchas hicieran contacto entre ambas, algo que facilitó mucho el hecho de que ambas vulvas estaban “al taco”; el contraste era más que notorio, ya que por un lado estaba la gran concha totalmente depilada de la mujer y por el otro la mía, bien peluda, casi demasiado.
 
Comenzamos a coger desaforadamente mientras nos proferíamos todo tipo de “palabritas”, tales como “Yegua de mierda”, “Conchuda”, “Perra”, “Calentona”; la mujer estaba tan caliente, tan excitada que me contagió su estado y rápidamente comenzamos a revolcarnos en la cama, a rodar de un lado hacia otro y mientras cogíamos nuestras conchas, empezamos también a chuparnos las tetas, a mordernos los pezones y a darnos unos tremendos lengüetazos en las bocas.
 
Obviamente “acabamos” a rabiar y un poco más relajadas, comenzamos a experimentar todo tipo de poses y en definitiva, continuamos cogiendo hasta altas horas de la madrugada, hasta que ya completamente exhaustas pero totalmente realizadas, nos quedamos profundamente dormidas, desnudas y embebidas en sexo.
 
Soy Luciana Luz
 
Escribile un e-mail al autor:
lucianaluzcomodoro@yahoo.com.ar

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