La chica del boliche
Enviado por Luciana Luz el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
A mis veintiocho años y gracias a alguna especie de clik (por llamarlo de alguna manera), que se ha producido en la cabeza de muchísimas mujeres en este último tiempo, estoy viviendo una etapa increíble de mi vida sexual.
 
Soy lesbiana creo que desde que nací y no se porqué cuernos (pero lo celebro y mucho), hoy en día me resulta facilísimo llevarme a mis pares a la cama.
 
Acostumbrada a los levantes largos y prolongados y a tomar muchísimos recaudos, contrasta la manera tan sencilla con la que ahora consigo satisfacer mis necesidades sexuales.
 
Boliches, cumpleaños, bailes, fiestas, confiterías, bares y en cualquier otro lugar, las probabilidades de encontrar alguna chica para llevármela a mi departamento, se me está haciendo más fácil que nunca y no solo con las lesbianas como yo o con las bisexuales, sino también con las heterosexuales que tal vez como una manera de divertirse, de salir de la rutina o de querer experimentar alguna fantasía oculta, que entre paréntesis no conlleva ningún riesgo (todo lo contrario de lo que seguramente sucedería con un hombre), no les incomoda para nada encamarse un rato con una mujer.
 
La semana pasada, salimos a cenar con gran parte de mis compañeros de trabajo y después nos fuimos a un boliche, para bailar un rato y para seguir divirtiéndonos; dentro del local había una chica bailando sobre un gran cubo de madera, por supuesto con una pollerita bien cortita y mostrando el culo (un culo brutal entre paréntesis).
 
Tenía una facha de atorranta tal que los tipos se la comían con la mirada e inclusive algunos de mis compañeros (hombres por supuesto) comenzaron a pergeñar la forma de abordarla para llevársela y tener con ella una fiesta de aquellas, pero eso no pasó a mayores y de se fue diluyendo con el correr de la velada.
 
Al salir del boliche (bastante tarde por cierto) e ir hasta mi auto, me encontré con aquella chica y después de saludarla y notar que no tenía con quien irse y que aparentemente nadie la pasaría a buscar, me ofrecí a llevarla y ella accedió inmediatamente.
 
Una vez dentro del auto, le pregunté si hacía mucho que bailaba y me dijo que era la tercera vez que lo hacía y que el dueño del local, un conocido suyo, porque andaba algo corta de plata y necesitaba ponerse al día rápidamente con unas cuentas, entonces comenzó un breve pero muy jugoso diálogo entre nosotras, sobre todo cuando yo le dije:
 
-No lo tomes a mal pero por la manera en que te movías, yo supuse que serías una atorranta de aquellas.
 
-Vos sabés que la primera vez que me subí a la tarima, me solté y fue como si siempre hubiese bailado así.
 
-Pero no me vas a negar que con ese culo y ese cuerpo, te deben haber hecho más de alguna propuesta, inclusive los tipos que estaban conmigo, mis compañeros de trabajo, estaban ya haciendo una vaquita para llevarte con ellos.
 
-¡Asquerosos! Este culo y este cuerpito es mío y ni en pedo lo van a tener esos tipos de mierda.
 
Este último comentario de la chica, me dio pie para suponer rápidamente que esa noche (madrugada ya) la podría llegar a terminar de una muy buena manera y entonces le dije directamente:
 
-Yo vivo sola y ahora me voy derechito a mi departamento, así que si no tenés nada que hacer y querés venir un rato...
 
-Bueno, vamos, total no tengo nada programado hasta la tarde.
 
Raudamente encaré hacia casa y una vez allí, hice sentar a mi amiga en el sillón del living y le dije:
 
-Si no te molesta me voy a dar una duchita rápido. En la heladera tenés algo para tomar si querés.
 
Ya estaba debajo de la ducha cuando escuché que se abría la puerta del baño; obviamente era la chica, quien sin decir palabra alguna, empezó a sacarse la ropa mientras se sonreía y me miraba con la misma cara de atorranta que ponía en el boliche mientras bailaba.
 
Obviamente, una vez desnuda, se metió conmigo debajo del agua y comenzó a enjabonarme suavemente; con mucha suavidad y ternura, como solamente sabemos tratarnos nosotras las mujeres, empezamos a tocarnos y a acariciarnos y en un determinado momento, la chica me tomó por la cintura y me dijo algo que me sorprendió, pero muy gratamente.
 
-¡Perra! No solo los tipos me querían coger, vos me desvestiste con la mirada ¿O no?
 
-¡Sí! (risas) Te veía con ese culo allí arriba y me daban una ganas de mordértelo.
 
-Bueno, ahora te lo voy a dar así te sacás las ganas.
 
Dicho esto último, salimos del baño, nos secamos y nos fuimos derecho a mi cama; allí nos recostamos y comenzamos nuevamente a tocarnos y a acariciarnos, siempre con suavidad, dulzura y ternura, pero yo ya tenía la idea fija y quería comerle el culo, así que la hice dar vuelta y puse mi cara frente a ese enorme y precioso pedazo orto.
 
Primero se lo manoseé íntegramente y después hundí mi cabeza en medio de sus glúteos y empecé a lamerle la raja y su jugoso agujero; ese culo era maravilloso, sublime, espectacular (tal vez el hecho de tener yo un culo más bien chato y para nada lindo ni mostrable, hace que me enloquezcan tanto los “tujes”).
 
Mi lengua entraba y salía de su orto mientras que mis deditos ya comenzaban a hurgar en su concha, la que también recibía algún que otro lengüetazo; entusiasmadísima estaba yo cogiendo ese culo cuando la mina, seguramente con ganas de apretarme a mí también, se dio vuelta, me abrazó, buscó mi boca con la suya y empezamos a besarnos, siempre con la misma ternura, suavidad y dulzura.
 
Después de una serie de apasionados besos, la mujer bajó su mirada y la fijó sobre mis enormes tetas (vuelvo a hacer hincapié en mis 120 cm. total y absolutamente natural).
 
-Te lo pasaste halagando mi culo pero tus tetas, querida, son impresionantes ¿Eh?
 
Me dijo la mujer e inmediatamente comenzó a lamerme y a chuparme las tetas y los pezones, mientras yo le acariciaba las suyas (muchísimo más chiquitas que las mías) y con nuestras manos (las de ella y las mías) bajamos hasta nuestras conchas para empezar a toquetearlas.
 
Ella tenía la concha completamente depilada, seguramente para poder bailar en el boliche (parecía una nena) y contrastaba conmigo, porque la mía es bien peludita; cada conchita tiene lo suyo, porque a la de la mina yo le pasaba la mano y era como si tocase la piel de un bebé, en cambio ella agarraba mis pelitos y me hacía rulitos con sus dedos.
 
Mi amiga, luego de un muy buen trabajo de su parte sobre mis tetas, bajó hasta mi concha, me hizo abrir las piernas y comenzó a chuparme la concha, tal y como se debe chupar; ante cada lamida yo respondía exhalando un placentero gemido.
 
En principio supuse que la mujer me haría acabar allí mismo, pero ella tenía ganas de coger, así que imprevistamente, dejó de chuparme la concha y comenzó a pedirme, por ejemplo, que me ponga en “cuatro patas” para que mis tetas quedasen colgando y entonces la mina empezó a agarrármelas y a manoseármelas, para posteriormente, chupármelas desde abajo como si fuese una “cría mamando”.
 
Después me pidió que le pasase las tetas por el culo y por la concha y que hiciéramos una serie de jueguitos, hasta que en determinado momento, ella quedó sentada sobre mí, con su enorme culo apoyado sobre mi concha y yo entonces comencé a refregarle los dedos en su concha, con el ánimo ya de hacerla acabar y en eso la mina empezó a gritar:
 
-¡Ay sí! ¡Dale hija de puta! ¡Seguí cogiéndome! ¡Sí! ¡Así! ¡Cogeme!
 
-¿Sí turrita? ¿Querés que te coja? ¿Querés que te haga largar todo el juguito?
 
-¡Ay sí! ¡Dale! ¡Por favor! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ah! ¡Oh!
 
Seguía gritando y gimiendo la mujer mientras yo la hacía cabalgar sobre mi concha y de paso le metía los dedos de la otra mano en el orto; por supuesto mi amiga acabó y desparramó todo su néctar sobre la sábana e inmediatamente comenzó a trabajar en mi concha, toqueteándome y metiéndome los deditos una y otra vez hasta que acabé ferozmente sobre su mano.
 
Ambas estábamos exhaustas pero satisfechas y realizadas a más no poder, pero yo, como buena multi-orgásmica, no me contenté para nada y me las ingenié para exprimirle hasta la última gota, a la mina y mi conchita.
 
Después de coger desaforadamente, la mujer se dio un ligero baño, se puso sus ropas y previo despedirnos con un gran beso en la boca (le ofrecí llevarla hasta la su casa pero me dijo que quería caminar un poco), se fue sin concretar una nueva cita u otro encuentro, pero seguramente ella o yo encontraremos la manera, la ocasión y la forma de vernos y espero que sea muy pronto.
 
Escribile un e-mail al autor:
lucianaluzcomodoro@yahoo.com.ar

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