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SU AMANTE ENEMIGA |
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Enviado por Yeguita Argentina el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969 |
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SU AMANTE ENEMIGA Sus pechos coincidían con los míos y entreabrí las piernas para que nuestras vulvas se encontraran y disfrutáramos del roce por sobre la tela de los pantalones
Mi nombre es Roxana. Tengo dieciocho años y estoy en el último año del secundario. Mido 1.66, tengo cabello enrulado castaño oscuro con tintes rojizos y, si bien soy menuda, tengo todo debidamente proporcionado. Según mi novio soy "manuable" y tengo lo justo. i se lo proponía. Comencé a forcejear con nuevos bríos y se le escaparon unos quejidos. Sentía la humedad en mi bombacha y no podía entender nada. Estaba muy confundida. _ Te odio. No voy a matarte. Pero sí voy a marcarte con el "Beso de la muerte" ¿Sabés lo que es eso? Negué con la cabeza. _ Es mi marca, putita. Mi forma de que sepas que cada vez que nos veamos, vas a tener que obedecerme a menos que quieras que te de una paliza y le vas a decir a tu novio delante de todo el mundo que te gustan las chicas. Y bajó su rostro hacia el mío y me lamió el labio superior. Lentamente. Degustándome. Yo peleaba por zafarme, pero sin lograrlo y me besó. Intenté correr la cara pero no pude. Sentía sus pechos apoyados sobre los míos y estaba algo excitada y confundida por todo lo que estaba pasando. Abrí mi boca y acepté el beso. Nos comimos ávidamente, como si siempre hubiéramos estado esperando este momento. En unos segundos nuestras lenguas estaban fundiéndose descontroladamente. Sus manos ahora comenzaron a deslizarse por mis brazos para posarse en mis mejillas mientras degustábamos nuestros labios. Sentí el sabor de su sangre y comencé e acariciar su espalda. Sentí sus manos reptando por mi cuerpo hasta posarse en mis senos sin dejar de jugar con su lengua en mi boca. Jadeábamos desenfrenadas dándonos pequeños mordisquitos en los labios mientras nos desabrochábamos los pantalones. Mi mano izquierda bajó el cierre de su jean mientras la derecha recorría la curva de su culo. Ella hacía lo mismo conmigo y estuvimos explorándonos unos minutos. Jadeando y disfrutando de estas nuevas sensaciones. Sentí sus dedos sobre mi ropa interior y tuve un estremecimiento. Introduje mis dedos en su entrepierna y pude comprobar que Carolina estaba tan húmeda como yo. A estas alturas, nuestros pezones se acariciaban a través de las remeras. Carolina tenía unos botones durísimos que parecían querer reventar el soutien de un momento a otro. Repentinamente sentimos un ruido y vimos una luz. Era el guarda que se acercaba. Nos quedamos en silencio, abrazadas esperando que pase de largo. Ella aún estaba encima mío. Por suerte, pasó sin notar nuestra presencia. Carolina apoyó su frente contra la mía y susurró que mejor nos fuéramos. Nos reímos cómplicemente y, luego de darnos un leve piquito, nos arreglamos la ropa y nos pusimos de pie. _ Bueno. Estuvo bueno. Podríamos "pelearnos" más seguido. _ Le dije mientras le acariciaba la entrepierna con mi dedo mayor. _ No tan rápido. Esto no terminó. No me voy a ir en este estado. Me dejaste recaliente. _ ¿Y qué pensás hacer al respecto? _ Respondí picarona sin poder evitar morderme el labio inferior. _ En casa no, porque está mis hermanos, pero vos tenés un dormitorio para vos sola. ¿No? La tomé de la mano y corrimos hacia mi casa. Casi no podía mantenerme en pie. Me temblaban las piernas y sentía mariposas en el estómago. A estas alturas, mi vulva necesitaba urgente un poco de atención. Cuando entramos en el ascensor abrió una puerta deteniéndolo entre pisos, me tomó de la barbilla y me arrinconó contra una de las paredes, apoyándose íntegramente sobre mí. Sus pechos coincidían con los míos y entreabrí las piernas para que nuestras vulvas se encontraran y disfrutáramos del roce por sobre la tela de los pantalones. Apoyó su nariz sobre la mía y nuestros alientos volvieron a mezclarse. _ Esto no cambia nada. Todavía te detesto, pero nunca lo había pasado tan bien con alguien. _ Yo también te odio. Me das asco, pero tengo que reconocer que besas muy bien. ¿Es tu primera vez con una mujer? _ Técnicamente no. A veces practicábamos con mi hermana Cecilia. Pero sí es la primera vez que no lo hago con ella. ¿Vos? _ No. No sé qué hacer. _ Déjate llevar. De la misma manera que hiciste en el parque. _ Me contestó lamiendo mis labios. Saqué mi lengua y nos morreamos como si fuera la última vez que nos fuéramos a ver. Mis manos se posaron en sus nalgas y comencé a recorrerle el surco. La fricción de nuestros vientres se hizo frenética. Alguien protestó porque hacía rato que estábamos demoradas. Cerramos la puerta y terminamos de subir por la escalera. No queríamos que nos vieran los vecinos. Eternos segundos después estábamos en mi dormitor io pero esa, es otra historia que les contaré más adelante. Autor: Yeguita Argentina |
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