Antonella
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Muchas veces las fantasías de los hombres parecen muy caprichosas y tememos que las mujeres las vean como ridículas, -ese es el caso de la historia que les voy a relatar a continuación- pero debo confesar que particularmente no me preocupo por eso, ya que he aprendido que es más importante disfrutarlas sin darle importancia a lo que piensen de ellas.

El relato en cuestión me lleva nuevamente a mi época de estudiante, cuando siendo aún un adolescente sin experiencia, hacia mis primeras armas en el campo sexual por suerte de las formas mas diversas...

Los que hayan leído mi relato "..Adriana, la cosecha de una adolescente".., recordarán que por aquella época yo me encontraba estudiando en el colegio "..modelo".. de mi ciudad en Argentina y era victima del abuso de los estudiantes de grados superiores, en realidad todos los alumnos de mi clase lo éramos, pero eso no nos impedía disfrutar de ciertas delicias que solo la escasa edad e inexperiencia brindan y que luego se pierden para dar paso a otro tipo de goces.

Nunca un hombre vuelve a sentirse en tal estado de excitación en su vida con tan solo un roce, o una palabra de una mujer como en la época en la que descubrimos nuestra sexualidad, nos masturbamos por primera vez y llegamos a tener los primeros orgasmos eyaculando liquido seminal transparente y rogando obtener por primera vez el semen blanco y espeso que tanto disfrutamos con morbo luego en nuestra vida viéndolo fluir y llegar a los cuerpos de nuestras mujeres, regándolo en sus pechos, en sus espaldas, en sus bocas y en cualquier otra parte de la anatomía femenina que nuestras morbosas fantasías exijan.

Es esa incansable fantasía erótica la que mantenía viva constantemente en mi imaginación en aquellos días, alimentada a diario con nuevas visiones de las chicas del colegio, nunca perdía detalle y pasaba el tiempo mirándolas a las mas bellas en los recreos, adivinando sus formas dibujadas bajo las faldas grises, tableadas y algo cortas -en las mas audaces- de sus uniformes, que en cada uno de sus movimientos se amoldaban a la belleza de las partes que cubren. Todas y cada una de estas hermosas adolescentes que poblaban las aulas tenían encantos particulares, pero obviamente había algunas que se destacaban por su encanto y desarrollo físico, como Adriana y Antonella, felices poseedoras de los mas envidiables culos entre las chicas de las divisiones inferiores, por naturaleza, estos trofeos estaban reservados únicamente para los alumnos de las divisiones superiores, aunque en ciertas ocasiones extraordinarias podía darse la casualidad que uno de nosotros disfrutase de sus encantos.

Era Antonella en aquellos días la que sobrepoblaba mi imaginación de fantasías, incansablemente soñaba con Ella.. con su cabello castaño claro, enrulado, muy largo.. con su carita, casi de muñeca, con enormes ojos marrones, muy vivaces, con labios de piel suave, clara y contornos discretos, siempre dibujado en una sonrisa.. con sus pechos grandes que por sobre la camisa blanca parecían mirarme cuando la tenia en frente.. con la forma en la que la camisa de amoldaba a la estrechez de su cintura y se encontraba con la pollera, ceñida fuertemente por el cinturón de la misma falda.. con la forma en que se advertían sus caderas, su cola, cuando su falda llovía sobre ellas.. con sus piernas... Piernas de contextura atlética, musculosas, de muslos muy abultados, con un bronceado naranja muy claro, hermoso.

Antonella no estaba en mi clase, aunque sí en mi grado, pero no en la misma división, eso me complicaba las cosas, ya que debía verla solo en los recreos y se me dificultaba mucho el entablar una amistad para poder intentar algo con Ella, sabía que seria imposible que decidiera ser mi novia, pero a mí eso no me molestaba, yo en aquel tiempo era muy aventurado, y no dudaría en ser franco y pedirle directamente tener algo con ella sin compromisos y aunque sea sólo ese día sin que nadie se enterase. También la veía cuando salía temprano de mi entrenamiento de gimnasia deportiva, y me apresuraba en ir al campo de deportes al aire libre para verla jugando jockey, eso me permitía ver aun mas de sus hermosas piernas dado que el jockey es un juego que se practica con faldas muy cortas. Y sobre todas las cosas había sucedido algo que me había entusiasmado muchísimo y me había impulsado a decidirme por encararla de alguna forma, y era que había llegado el rumor de que Ella había intentado seducir a un profesor muy joven, sin quitarle la vista de encima nunca mientras daba la clase -y se comentaba también que el pobre tipo se veía muy perturbado por esto- y hasta había llegado a levantarse la falda sentada en su pupitre para que el susodicho apreciara la belleza de los muslos de sus piernas.

Esto me enloqueció, me hice una imagen de la escena y me excite muchísimo, durante un tiempo me masturbaba a diario furiosamente soñando con esa escena que imaginaba, y con mi participación en ella... No tardo en llegar mi oportunidad una mañana en la que antes de formar fila e izar la bandera, la vi sola, me abalancé sobre Ella y me apresuré a decirle en tono muy serio y solemne -para que al menos la curiosidad la impulsara a hacer lo que le pedía- le dije:

-Tengo que hablar algo muy en serio con vos, ¿podrías quedarte en tu aula durante el recreo así hablamos a solas?.

Lo dije todo de corrido y sin respirar, y por fortuna me salió como lo había planeado, Antonella atónita, sin poder figurarse de qué se trataba, asintió con la cabeza con una expresión de preocupación en su rostro, acto seguido me perdí en la multitud de uniformes antes que se recobrara de la sorpresa y comenzara a hacer preguntas.

Las clases pasaron y el tiempo parecía elástico, y yo en ningún momento perdí la erección, hasta tuve que esperar que todos se fueran al recreo para salir, ya que mi bulto era mas que evidente bajo esos horribles pantalones. No bien salió el ultimo y el murmullo se trasladara escaleras abajo me dirigí a su aula y en increíble coincidencia la encontré sentada en su pupitre casi en la misma exacta posición en la que la imaginaba, solo que su pollera cubría sus piernas... Aún...

Al entrar hice algo realmente audaz. Cerré la puerta a mis espaldas y corrí la silla del profesor trabando la puerta con el respaldo contra el picaporte. Esto acentuó aun mas la cara de sorpresa mezclada con curiosidad de Antonella, pero al voltear y acercarme a Ella, sus ojos se dirigieron a mi bulto -que estaba en su plena magnificencia- y ésto, imagino, seguramente aclaró las cosas para Antonella, aunque seguramente en la dirección equivocada, ya que imaginaría que yo había decidido violarla, pero en ese momento, deduje que eso jugaría a mi favor. Mientras me acerque a Ella apoye mis manos en la mesa de su pupitre y comencé a hablar, Ella no quito sus ojos de mi entrepierna, y esto me había puesto a mil...

-Mira -dije- me volvés loco y quiero algo con vos, no pido que seas mi novia, ni siquiera pido besarte y nadie tiene porque enterarse de esto, solo quiero al menos que veas de cerca como me masturbo por vos.

-¡Guau! -exclamo en un suspiro- ¿tanto te gusto? -interrogo.

-Dedico en promedio seis pajas diarias a la imagen que me hice de vos seduciendo al imbécil de ese profesor de matemáticas tuyo. -dije seriamente.

-Uh, pobre -dijo con voz dulce y -juraría- sincera- y ¿qué esperas de mi?

-Vení. -le dije extendiéndola la mano.

¡No podía creer que estuviera haciendo esto, no podía creer que estaba teniendo siquiera su mano! Y menos aún pude creer cuando Ella se levantó y tomándola por la cintura la elevé haciéndola sentar en el escritorio del profesor, cuando le pedí con el corazón galopando a gran velocidad y aún muy lejos de la meta, que se levantara un poco la pollera y me dejara ver sus piernas, no pude creer lo que hacia cuando me bajé la bragueta y saqué mi tieso y desarrollado pene mientras la miraba a los ojos... Ella en ese momento me dijo que no la penetre, que era virgen, y yo le respondí que no era esa mi intención, y acto seguido dando rienda suelta a mi imaginación, me puse a cumplir mi fantasía y mis sueños.

En un estado de excitación máxima, casi con la vista nublada, el corazón a mil y la respiración agitada y entrecortada, ya sin poder exclamar palabra alguna, termine de sacar mis grandes testículos y los apoyé junto con mi pene abrazado por mi mano derecha sobre sus hermosas y vastas piernas a la altura de sus muslos apenas advirtiendo que ella levantaba su falda con ambas manos dejando ante mi la vista de la gloriosa belleza de sus encantos, sus piernas anchas se ofrecían a mi como un tesoro en un cofre abierto, veía sus muslos unirse con sus increíblemente bellas caderas cortadas por casi un hilo de sus tanguitas blancas que se hundía apenas en sus inmaculadas carnes blancas, enseguida noté que llegaba mi orgasmo y soltando mi pene y dejándolo caer sobre sus carnosas piernas tome sus caderas aferrándolas con fuerza, cubriendo con mis manos la parte en que su fina tanguita rozaba su piel y latiendo con fuerza mi pene comenzó a largar los lechazos en una eyaculación imponente y memorable, no pude evitar dejar escapar un par de gemidos suaves, casi suspiros, los lechazos se sucedían en forma rítmica, regular, dejando en sus piernas gruesos hilos de semen blanco y espeso como nunca lo había visto, era un espectáculo increíble, hermoso, no dejaba un instante de mirar hacia abajo sus caderas, sus piernas y su bombachita empapadas con mi liquido me brindaban un espectáculo sin precio, y cuando hube acabado, no resistí la tentación de repetir y tomando con mi mano derecha mi grueso pene, comencé a sacudirlo mirando a Antonella a sus ojos -que estaban posados en mi pene- en una violenta paja que no tardo en darme un segundo orgasmo dejando aun mas líneas de leche sobre sus piernas y ya empapando su tanguita con mi leche.

- ¡Fue increíble! -me dijo risueña- la tenés muy gorda y no sabía que salía tanta leche.

-Vos provocás eso... -le dije haciéndome estúpidamente el galán pero orgulloso y contento como perro con dos colas.

Y después la arruine diciendo:

-Nunca una mujer me había calentado tanto como vos...

Mientras decía esto había sacado mi pañuelo y estaba limpiando un poco sus piernas y secando su bombacha, aún sin poder creer que estaba tocando sus partes intimas, realmente Antonella había sido para mí como una diosa inalcanzable, y acababa de llenarle las piernas y la concha de guascazos mientras me miraba sosteniendo en alto su falda... no podía creerlo, pero ahí estaba, ahora acercándome tímidamente a sus labios, como pidiendo permiso de besarla... Fue apenas un beso, pero maravilloso, la increíble belleza de su rostro me apabullaba, yo estaba como en las nubes. Fue un momento único, en el que todo era posible, Ella no dejaba de mirarme a los ojos, aún aturdida por haber visto tanta lujuria, tal vez asombrada por mi pene, por mi caudal de semen, nos despedimos, antes de que tocara el timbre para volver a las aulas, le prometí que nadie lo sabría, Ella lo agradeció. Hubiera esperado que me ofreciera que nos veamos nuevamente, pero no lo hizo, eso hizo esa experiencia aun mas valiosa, única. 

Me fui pensando que no se repetiría, que Antonella solo había accedido a satisfacerme por la forma en la que la presioné. Que yo no me animaría repetir el incomodo momento de pedirle vernos solos, esta vez Ella sabiendo de antemano mis intenciones se negaría, o simplemente no dejaría que se diera la oportunidad para hacerlo. Pero hubo otra y la contare en otra ocasión.

 

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