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La profe de inglés |
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Enviado por Prime el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Una vez acabados los exámenes de septiembre, tuvimos dos semanas de recuperación que emplee para salir y ver a mi gente, que hacía mes y medio que no la veía. Estuvimos hablando de lo que supondría entablar una relación con una persona de, por ejemplo, 10 o 20 años más que nosotros, y llegamos a la conclusión de que si el cuerpo nos lo pedía, ¿por qué no íbamos a hacerlo? Al fin y al cabo, en esta vida hay que probar de todo, y si se nos ponía una buena oportunidad delante, ¿por qué no? Y comenzó el curso. Como cada verano, había hecho las gestiones para apuntarme al siguiente nivel en inglés. No me considero un "English speaker"en toda regla, pero sí que hago mis pinitos de vez en cuando y creo que sí podría irme a un país de habla inglesa y desenvolverme sin problemas. Es cuestión de acostumbrarse. Asistí, como cada año, a mi clase con la esperanza de encontrar a alguien conocido de los años anteriores y con ganas de conocer a gente nueva. Me acerqué, abrí la puerta y allí estaba ella. Se llamaba Nieves, era española y tenía 37 años. Charlando en inglés, me comentó que había estado durante 11 años viviendo en Glasgow (Inglaterra) y que se había vuelto por motivos personales y de trabajo. Ahora ejercía como profesora de inglés en el Centro Superior de Idiomas (CSI) de la universidad. La verdad es que nos caímos bien desde el primer momento. En las clases, nos hacía ponernos a todos formando una U alrededor de ella para fomentar el compañerismo entre todos, y yo me ponía siempre en el medio, para que ella me viera y me preguntara todo lo que quisiera. Acabé el curso siendo su ojito derecho, según dijeron la mayoría de los compañeros de la clase, pero no fue solo eso… En sí, la mujer no era nada despampanante. Era pequeña y delgada. Supongo que pesaría en torno a los 45, 50 Kg., pero para mí era una belleza de mujer. Era guapa, eso sí. Llevaba el pelo moreno suelto y ondulado. Sus ojos eran una mezcla entre azules y verdes y llevaba siempre una sombra de ojos muy bonita, que hacía que su mirada fuera interesante y seductora. Sus rasgos faciales eran muy finos, a pesar de que, como ella decía, le habían salido bastantes patas de gallo en los ojos por reírse a mandíbula batiente, cosa que era verdad. Sus labios se abrían muchísimo, enseñando esos dientes blancos, aunque un poco oscurecidos por su afición a fumar. Gustaba de llevar siempre ropa ajustada, salvo cuando venía con esas faldas a lo Marilyn. Yo la adoraba cuando nos venía con sus blusas cruzadas, puesto que sus pechos sobresalían al estar su canalillo en el cruce de la prenda, y de vez en cuando se ponía ese pantalón blanco tan fino y transparente que hacía que se le vieran los dos hilos del tanga negro que con tanta gracia llevaba pegado a su ovalado trasero. Los tíos de la clase flipábamos viendo cómo aquella mujer llevaba con tanta alegría y delicadeza su ropa, y más de uno ya hacíamos comentarios a la salida de clase de lo morbosa que era Nieves. Las tías no acababan de creérselo. Alguna de ellas estaba como un tren, pero perdía todo su encanto ante la forma de moverse y de expresarse de Nieves. Ante su desparpajo, su simpatía, su mirada… Al menos a mí, me tenía loco. Y ella parecía saberlo. Durante todo el curso no paré de quedarme después de clase con ella, aunque fuera sólo unos segundos, para charlar sobre cómo iba a ser la clase del día posterior y sobre las horas que me hacían falta para conseguir el aprobado en inglés. Conforme fue pasando el tiempo, ella se fue abriendo cada vez más conmigo. Nunca llegué a saber si estaba casada o si tenía novio, aunque no sé por qué, presentía que no. Acabamos por saber cosas el uno del otro bastante íntimas y acabamos siendo buenos amigos, pero el curso acabó y yo ya tenía que centrarme en los estudios. Saqué matrícula en inglés, aunque creo que fue más por los esfuerzos que hice en el idioma que por lo que me la hubiera podido currar a ella. Era estricta a la hora de corregir, y estaba empeñada en que domináramos el idioma lo mejor posible. Creí que no la volvería a ver más hasta que nos cruzáramos algún que otro día en los pasillos del CSI, así que ahí acabó mi mito… Hasta que en Sanfermines la volví a ver. Salimos de marcha los de la cuadrilla. Aquella noche cenamos en el chino más cercano y nos pusimos las botas. Luego nos dirigimos al casco viejo de la ciudad, que es donde se centra todo el barullo en Sanfermines, y ahí fuimos entrando en unos bares y en otros. Quedamos en entrar en el Zuahitza (un nombre bastante raro, sí). Entramos y saludamos a la gente conocida que allí había. Pero de repente, en una de esas miradas que echas hacia el fondo del bar la pude ver. Estaba reunida con más gente, así que supuse que se trataba de amigos. En un principio dudé en ir a saludarla, pero mis ganas de verla eran mayores, y fui raudo a verla. ¿Qué estás haciendo tú por aquí? – pregunté cuando llegué a su lado. ¡Hola! Pues aquí, dando una vuelta con los amigos de toda la vida. ¿Y tú? Pues igualmente. Y si de paso me encontraba contigo, pues mejor que mejor, jeje. Lo había dicho tal y como me había salido. Se me escapó. Me quedé con cara de tonto, pero ella supo salir del aprieto… ¿Ya estás practicando en inglés con los extranjeros que vienen de por ahí? Hombre, de momento no me he cruzado con ninguno y los que hay están para el arrastre de tan borrachos que van, así que no he tenido conversaciones serias con ellos todavía. Sonrió mostrándome esos labios tan grandes de nuevo. Iba vestida de blanco totalmente, con la faja roja atada a su delgada cintura y el "pañuelico" rojo atado en su muñeca derecha, como manda la tradición. Volvía a llevar su blusa blanca cruzada y mis pantalones preferidos, debajo de los cuales, podía ver un precioso tanga rojo a juego para las fechas en las que estábamos. Su mirada era la misma: tan seductora e interesante como siempre. El conjunto me puso malísimo. No lograba contener mis palabras y mis ojos la recorrían de arriba abajo. Creo que se debió de dar cuenta en más de una vez. Los camareros del bar pincharon una canción romántica. No me acuerdo muy bien cual era, pero fue la excusa perfecta para que le pidiera bailar pegado a ella. ¿Aceptarías si un alumno tuyo de inglés te invitase a bailar? OF COURSE! – dijo con ese acento británico que tenía, al tiempo que se acercaba a mí y me cogía de la cintura. Desde luego, si con lo pequeña que era intentaba agarrarme del cuello, lo iba a tener difícil. Yo la abracé con mis brazos pegándomela al pecho y ella apoyó su cabeza en él. Estuvimos así un rato. Yo mientras me comía la cabeza como una locomotora. No había nada de malo en bailar con una mujer mayor que yo, pero era Nieves, y yo no me atrevía a ir más allá por miedo a lo que pudiera pasar. Así que empecé a sudar a la vez que mi cabeza se llenaba de ideas. Ella pareció notarlo. Te noto tenso. ¿Te pasa algo? No, no tranquila. – dije sin mucha convicción. Es el calor que hace dentro de este bar y el alcohol que llevo dentro, jeje. Acto seguido se atrevió a rodear mi cuello con sus brazos. La sensación que me recorrió el cuerpo es indescriptible. Tenía sus tetas pegadas a mí, y me miraba con cara de pícara. No pude evitar mirar al hueco que dejaba entrever entre su blusa y su carne. Ahí estaban mis dos ansiados pechos, separados por un canalillo muy sugerente que hizo que abriera mis ojos al máximo. Son preciosas. – dije sin volver pensar. Cuando me di cuenta, me puse como un tomate. ¿De verdad piensas eso? Lo siento, Nieves. De verdad. No quería ofenderte. Es algo que me ha salido de dentro y… Ssshhh. Calla. – me interrumpió. ¿A caso crees que a una mujer madura le asusta que le digan cosas bonitas? No, pero esto de bonito no se si tiene algo... ¿Cómo que no? Yo creo que que me digas que tengo unas tetas bonitas es un piropo. Se supone que el tópico dice que a estas edades hay que empezar a guardárselas para el marido, ¿no? Pero a mí eso no me importa. Y ya ves. ¡¡Menudo resultado están teniendo!! Aquello era increíble. Lo que ninguna tía de la ciudad de edad inferior a 22 años me había dicho en toda mi vida, me lo estaba diciendo una que me sacaba más de 10 años. En un alarde de sinceridad como estábamos teniendo me decidí a lanzarme. Pues para que veas cómo te pondría yo de halagos tengo algo más para ti. ¿Ah, sí? Entonces… ¿Te importaría decírmelo? – dijo picaronamente mientras se apretaba más contra mí. Pues te diré que no solo tienes unas tetas preciosas, sino que ese sujetador te queda a las mil maravillas. Que me gusta tu culo y cómo lo mueves sugiriendo ese tangazo rojo. Te diré, además, que me gustan tus ojos y la forma en que me miras, y que adoro tu forma de ser, de expresarte y de moverte. Y que durante todo este tiempo me he estado aguantando las ganas de confesarte esto por miedo a que me rechazaras por el tema de la edad, pero que en estos momentos y bajo los efectos de todo lo que llevo dentro, me la suda lo que me vayas a decir, porque ya me he quitado este peso de encima. Y, ¿qué crees que te voy a decir? No aguanté más. La aparté de la zona en la que estábamos, me la llevé a una esquina y me lancé a besarla. No sé lo que me vas a decir. – dije cuando me separé de ella. – Pero al menos ya he cumplido uno de mis deseos de este año, que era besarte. Me cogió con sus pequeñas manos la cara y me miró a los ojos intensamente. Creí por un momento estar hipnotizado ante esos ojos. Hace tiempo que no me sentía tan a gusto con un hombre "maduro". La verdad es que no sé lo que tienes, pero me haces sentir que aún me queda mucho por ver y vivir. No tengo ni idea de dónde me va a llevar esto psicológicamente. Solo sé que tengo ganas de hacerlo y voy a hacerlo. Y se lanzó sobre mí apretando sus labios contra los míos. Se abrazó a mi cuello como lo había hecho antes y se apretó. Pude sentir cómo sus pezones se clavaban en mi pecho de lo excitada que estaba, y eso hizo que la agarrara por la cintura y metiera mis manos por dentro de su blusa. Uníamos y separábamos nuestras bocas lenta pero intensamente. De vez en cuando introducíamos nuestras lenguas en la boca del otro para juguetear con ellas. La noche estaba servida. ¿Quieres que nos vayamos a un sitio más tranquilo? – pregunté. Vas un poquito rápido, ¿no? Voy todo lo rápido que puedo, sí. He estado aguantando esto durante los 8 meses de curso y no pienso perder más el tiempo... A no ser que tú me digas que no. Me besó dulcemente y se fue a inventarse una excusa para deshacerse de sus amigos por toda la noche. Yo fui a hacer lo propio con los de la cuadrilla, aunque no creo que se dieran mucha cuenta de mi ausencia, puesto que iban como los zombis. Agarré a Nieves de la mano y nos fuimos unidos hacia el Parque de la Taconera. Tengo que decir que por lo que tengo entendido, muchos de los hijos engendrados en los últimos años en Pamplona se han hecho en este parque. La verdad es que es un sitio ideal para las parejas, porque está decorado con flores, poco iluminado salvo por las murallas que cubren a los animales del parque, etc. Y por detrás de los setos ya se veían parejas haciendo manitas. Fuimos a parar a un sitio bastante cubierto por los setos y por la oscuridad. Cosa rara, puesto que a la hora que era, ese tipo de sitios solía estar ya reservado. Pero aquella noche parecía haberme dado la oportunidad de dármelo todo en bandeja, y no iba a desaprovecharlo. Cuando paramos la besé, la cogí en brazos (insisto en lo poco que pesaba) y la tendí sobre el suelo. Estuvimos besándonos y acariciándonos un buen rato. Pasé la barrera de la timidez, y decidí ir a por lo que me interesaba. Pasé mi mano por su blusa, y me centré en rodear la parte que cubría sus pechos. Luego bajé mi mano para masajearle el trasero y, haciendo ademán de introducir mi mano entre sus piernas, conseguí llegar a su centro, del cual salían dos bultos que se sobreponían al hilo del tanga. Ella estaba como una moto de cachonda, así que hizo lo mismo y desde el exterior empezó a subir y bajar su mano sobre mi pantalón acariciándome los huevos y la polla a la vez que me besaba. Nos quitamos la parte superior de nuestras vestiduras, pero no la dejé que se quitara el sujetador. Ahora que ya lo tengo a mi alcance, quiero quitarte todo cuando lo considere oportuno. Me dejas, ¿no? – pregunté. Me parece que para ser tan joven, tú eres un poco viciosillo. Y tú más, puesto que me dejas que lo sea contigo. Se puso sobre mí y empezó a moverse sensualmente y a hacer ochos sobre mi polla, todavía guardada por mi pantalón, pero con unas ganas impresionantes de salir a flote. Con sus manos recorrió su cuerpo desde su estómago hasta su pelo parándose a drede para sobarse las tetas por encima del sujetador. Recogió su pelo en un montón entre sus manos, y yo me levanté para besar a aquella mujer que tan buenas vistas me estaba proporcionando. Desabrochó con dulzura el botón de su pantalón y bajó la cremallera, a la vez que metía sus manos para acariciarse por encima de la tela de su tanga. Me hizo que me arrodillara como lo estaba ella y empezó a bajarme los pantalones, masajeándome por encima de mis slips los genitales. Yo hice lo mismo, y así estuvimos besándonos y tocándonos durante un buen rato. Mi polla quería liberarse a gritos y notaba como los flujos de Nieves bajaban por sus piernas. De repente se levantó y se fue corriendo al árbol más cercano, donde empezó a contonearse cual culebra rozándose con el tronco. La luz de las farolas hacía que del árbol solo se viera el tronco y unas curvas saliendo y entrando suavemente de él. La forma en que se movía su silueta y mi perdición por esa mujer me hicieron ir a por ella sin pensármelo dos veces. ¿Te gustaría hacerlo de pie? – me dijo. Contigo cualquier posición me vale.- respondí rápidamente. Apoyó sus manos en el tronco del árbol y se puso de espaldas a mí enseñándome cómo el hilo de su tanga se introducía por el abismo de placer de su coño y de su culo. Me pegué a ella, desabroché su sujetador y se lo quité a la vez que tomaba sus tetas en mis manos. ¡Qué gozada de textura! Suaves, carnosos y con esos pezones tan puntiagudos. Se los pellizqué intermitentemente y la atraje agarrada por las tetas hacia mi torso. Ella subió sus manos por mi cabeza y nos besamos lateralmente mientras ella pegaba su trasero a mi slip y yo sobaba sus pechos. La escenita era de video erótico. Dejé que se volviera a apoyar en el tronco del árbol y retiré hacia una de sus nalgas el hilo de su tanga. El perfume que salía de su sexo era delicioso, así que acerqué por un momento mi boca a sus bajos y lamí su coño, besé su ano. Masajeaba con mi pulgar el esfínter mientras introducía mi lengua en su vagina, y eso hacía que se retorciera de gusto. Sus gemidos iban cada vez a más. Me bajé los calzoncillos y pegué mis huevos a su entrada, moviéndome de arriba abajo para que los sintiera. Ella bajó su mano izquierda y me los masajeaba y agarraba incitándome a que la penetrara. ¿Quieres que choque mis huevos contra ti de otra manera, cariño? Quiero que metas todo lo que tengas a mano en este coñito, porque te lo está pidiendo. Cogí mi polla, ya como un tronco de dura, y pasé la puntita por su entrada varias veces. Luego la choqué varias veces contra su coño y conseguí que diera grititos de excitación. Sin perder más tiempo se la metí lentamente, pero hasta el fondo. Era sensacional sentir cómo sus paredes se iban abriendo ante el paso de mi cilindro. Al final parecía costar un poco, pero un par de marchas atrás y conseguí clavársela hasta que mis huevos chocaron contra sus labios mayores. Joder, ¡me siento totalmente empalada! ¿Qué me has hecho? Eso pregúntaselo a lo que tienes dentro de ti. Por cierto, para que se acostumbre podrías moverte un poco, ¿no? No hice más que decir eso, cuando se agachó al suelo poniéndose a cuatro patas llevándome con ella. Empezó con un lento pero firme vaivén hacia atrás apurando mi prepucio al máximo. Me llegó a hacer año en alguna embestida, pero en esa situación no me importó. Es más, me gustaba. Luego siguió con círculos, haciendo que mi glande se rozara contra todas sus paredes interiores. La agarré de la cintura y empecé a bombearla de forma contundente. Pfff… Síii… Me gusta como me das por detrás… Te gusta, ¿eh, viciosilla? ¿Qué tal si me apretas un poco cuando salga de ti? Así lo hizo. Cada vez que mi polla iba a salir de su coño ella apretaba, con lo que yo tenía que hacer más esfuerzo para salir y contener mis ganas de correrme. Era cojonudo ver cómo salían sus jugos y ver también cómo ella se masturbaba para darse más placer. En una de estas aparté mi polla, hice que se diera la vuelta y empecé a lamerle el coño. Ella me seguía con su cuerpo y respiraba hondo cada vez que mi lengua dejaba de rozar su clítoris. Si llego a saber que tenías este pastel tan bueno como lo tienes, no hubiera parado de comértelo durante todo el curso. –le dije sin dejar de lamer. A este paso vas a hacer que me corra como hace tiempo que no lo hacía. Haz que vea las estrellas, por favor… AAAAAAHHHHH!! –gritó cuando metí mi lengua dentro de ella. Me la casqué un poco para recobrar la dureza y se la volvía a meter hasta el fondo. Recuerdo que me empleé a fondo como nunca lo había hecho, y comencé a dar embestidas como un loco, a la vez que ella me seguía para hacer la penetración más profunda. La cogí por los muslos y cerré sus piernas, para penetrarla como en la posición de vela. La estrechez de su canal en esta posición más los apretones que ella daba de vez en cuando, hicieron que me corriera gritando de locura a la vez que aceleraba el ritmo para vaciarme todo lo posible. Al mismo tiempo, ella iba incrementando el volumen de sus jadeos hasta que también gritó de gusto cuando yo acabé. ¡¡ME GUSTA!! ¡¡ME GUSTA!! AAAHAHHAHHAHHH!! Quedamos los dos recostados sobre la hierba. Saqué mi instrumental ya más relajado de ese coñito de bendición y ambos pudimos ver cómo salía mi corrida mezclada con sus flujos de su vagina. Pero no tenía cara de convencida. Muchas gracias, corazón. Hacía mucho tiempo que no me corría de estas maneras.- dijo entre jadeos. – Te lo agradezco de verdad. Pues yo no se si te veo con cara de haber acabado muy bien… ¿Y si me pones tu rajita en mi boca y así te la limpio un ratito? De paso podrías hacerme una buena limpieza de sable… ¿Acaso me lees la mente? – me dijo. Sin más. Tengo ganas de pasar una noche estupenda contigo. Y comenzamos con aquel 69 de lujo. Recuerdo que se notaba que sus labios tenían ya experiencia, puesto que eran grandes y fáciles de penetrar, y no solo porque habíamos acabado de follar. Pero eso me daba igual. Yo me dedicaba a lamer y a recoger los jugos que salían del coñito de Nieves. A su vez, ella rodeaba con su lengua mi polla, y se la metía de vez en cuando en la boca para succionarla. En un principio la cosa iba para corto plazo, puesto que habíamos quedado en solo "limpiar". Pero yo, particularmente ya empezaba a fantasear con la idea de volvérmela a follar y eso fue lo que hice. Nieves. No sé si te voy a volver a ver en mucho tiempo y si cuando nos veamos volveremos a hacer esto. Así que me gustaría volverte a follar. ¿Qué te parece? Bueno, pero ahora me dejas que te cabalgue yo, ¿vale? Lo que tú quieras, mi diosa. Desde su posición, no hizo más que deslizarse sobre mi cuerpo hacia delante. Me cogió la polla y me la machacó hasta que se aseguró de que estaba como ella quería. Luego se la metió y comenzó a moverse arriba y abajo. Jamás hubiera pensado que hacerlo con una mujer madura fuera mejor que con una joven, pero se nota que la experiencia es un grado. En la penumbra de la noche veía su trasero pegarse y despegarse de mi pubis, y de vez en cuando hacía unos ochos que me hacían estremecer. ¡¡Eso es, campeona!! AAAHHH. Sigue moviéndote así… Me gusta cómo se encaja tu polla en mi vagina. ¡¡Es perfecto!! –decía con la respiración entrecortada. La cogí y la tumbé ladeada sobre el suelo. La pegué a mi cuerpo y mientras le acariciaba las tetas imprimí un fuerte ritmo para acabar de una vez con tanta tentación y correrme de nuevo dentro de ella. ¡¡ME CORRO!! ¡¡ME CORRO!! AH, SÍ, AHHH, AAAHHH, YO TAMBIÉEENN!! Y volvimos a quedarnos los dos sobre la hierba unidos por mi verga. Se volvió hacia mí, nos besamos dulcemente y estuvimos un rato acariciándonos hasta que nuestros cuerpos se relajaron. Jamás hubiera pensado que podría hacerlo con una mujer mayor que yo. Y menos contigo. –le reconocí. Ni yo que un chico joven podría hacerme el amor como tú me lo has hecho. He disfrutado muchísimo. No sé si podré aguantarme la próxima vez que te vea... Me miró un segundo. Calló. Su nueva mirada me indicó algo malo. No creo que eso vaya a ser posible, puesto que me han vuelto a llamar de Inglaterra y debo volver. ¿Y me vas a dejar aquí solo sin mi ración de sexo maravilloso?- dije apenado. Lo he pasado muy bien contigo, chiqui. Pero no creo que acabáramos bien entablando algo más que esta amistad. Para mí eres una persona estupenda y follas muy bien, pero es solo eso. No quiero atarme a compromisos y menos sabiendo que yo no iba a estar a gusto. Me resigné. Tenía razón. Yo todavía tenía (y tengo) que acabar mi carrera, buscar trabajo, estabilizarme… Y ella ya llevaba todo eso por delante. Ok. Estoy de acuerdo. Pero por lo menos te agradezco que hayas hecho mi sueño realidad y quisiera decirte que aquí me tienes para lo que sea. Ya me entiendes… Me lo tomaré como un cumplido, y cuando regrese, si lo hago, igual te pego un toque. La llevé a casa, ya que quedaba cerca de donde habíamos consumado nuestra pasión, y me despedí de ella. Como era ya tarde y estaba reventado, decidí irme a casa. Al día siguiente les conté mi experiencia a los de la cuadrilla y estuvimos riéndonos al recordar que habíamos estado hablando del tema de las maduras y de que era una casualidad que yo me hubiera ido con una madura. Reconozco que durante los siguientes días de Sanfermines estuve recordándola como si estuviera enamorado de ella y lo hubiéramos dejado por la imposibilidad de seguir. Me dejó una huella profunda esa mujer. Y eso que sólo la conocía de que ella me daba clases de inglés y de que una noche loca, habíamos dado rienda suelta a nuestra imaginación superando nuestros prejuicios sobre la edad. |
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