Diluvio Dorada
Enviado por Walter H. el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
Con no pocas “idas y venidas”, “dimes y diretes” y largas horas en Internet, pude armar una de las “orgías” que me desvelaba y me quitaba el sueño; dos hombres, dos mujeres, harto sexo, cerveza y mucho, pero muchísimo “pichí”, “pis”, “meadas”, “lluvia dorada”, “pissing” o como quieran llamarlo.
 
Llegado el día “D”, nos encontramos los cuatro en el lugar que habíamos convenido e inmediatamente comenzamos a brindar y a “bajarnos” la mayor cantidad de cerveza posible, obviamente sin perder la lucidez  y la sobriedad, ya que todos pretendíamos estar plenamente consientes y gozar a pleno de una ocasión muy especial, la cual quien sabía cuando la volveríamos a repetir o si la volveríamos a repetir alguna vez.
 
La primera en “romper el hielo” fue una de las chicas, quien intempestivamente se paró sobre de la mesa, se subió la pollera, corrió su bombachita y nos comenzó a “mear” desde allí arriba; con muy buena “cancha” y puntería, empezó a dirigir un muy buen “chorro” sobre cada uno de nosotros, lo que denotó en principio que ya tenía algún tipo de práctica al respecto.
 
Yo fui el primero en ubicarme como para que las gotitas me cayeran directamente en la cara, tal y como a mí me gusta y eso precisamente estaba sucediendo hasta que, imprevistamente, dejé de sentir (tenía los ojos cerrados) el “tibio chorrito”; abrí los ojos entonces y observé que la chica en cuestión estaba dirigiendo el grueso de su “pichi” hacia el pecho de la otra de las mujeres ¿Porqué? Porque no tenía puesto el corpiño y se le estaban empezando a marcar las tetas.
 
Mi “compañero”, quien entre paréntesis solo había sido “salpicado” por algunas gotas, se bajó el pantalón y el calzoncillo y comenzó a “mearle” los pechos a la chica; su pija aún estaba fláccida así que yo entonces se la agarré y mientras le seguía apuntando a la parte delantera de esa remera que ya estaba total y completamente empapada, empecé a hacerle la “paja” y obviamente, aproveché también la ocasión para ir tanteándole el culo.
 
La mujer que había “roto el hielo”, se bajó de la mesa y comenzó a chuparle los pezones a la otra, pero sin sacarle la remera, así que lo que succionaba no era otra cosa que el líquido residual de la cerveza; el verlas en ese estado me hizo calentar y enseguida entonces me metí la verga del hombre en la boca y comencé a comérsela, por supuesto después de haberme tragado algunas gotitas y mientras lo hacía, me bajé rápidamente pantalón y calzoncillo y traté, en vano, de mear a alguien, ya que lo único que conseguí fue “chorrearme” a mí mismo.
 
El cuadro era el siguiente, una de las chicas estaba sentada, con su remera bañada en “pis”; la otra le chupaba las tetas y obviamente la remera meada; yo seguía de lo más entretenido prendido a la poronga del hombre y este se había agachado y estaba lamiendo el otro de los pezones de la “chica de la remera”; mientras prácticamente todos teníamos nuestras bocas ocupadas, con nuestras manos tocábamos, manoseábamos y tanteábamos cuanto se nos ocurría.
 
A todo esto, la única que aún no había evacuado su “chorro dorado” era quien estaba ofreciendo sus tetas, pero en ese preciso instante y en un rápido movimiento, se subió la pollera, se bajó la bombacha y comenzó a desparramar el “pichí”; el que “mea” último “mea” mejor, no se si ese es el dicho pero lo cierto es que la chica nos estaba regalando una verdadera “catarata”.
 
Yo no tenía la menor intención de sacarme de la boca la hermosa pija que me estaba comiendo, pero tampoco quería desaprovechar ese precioso “chorro”, así que en un rapidísimo análisis de la situación me dije a mí mismo: “Después puedo seguir chupando cuanta verga desee pero no se si después habrá más pis”, entonces decidí monopolizar la “meada” y puse mi cara frente a esa húmeda concha, para recibir yo solo todo el tibio y dorado “pichí”.
 
Al cabo de esa espectacular sesión de “lluvia dorada”, nos sacamos las ropas, nos desnudamos por completo y comenzamos a tener sexo “todos contra todos”, pero eso será seguramente material para un próximo relato. Después de habernos hecho absolutamente “de todo”, quise tener mi “yapa” así que me recosté sobre el suelo y les pedí por favor a mis tres amigos que, en un último esfuerzo ya que todos estábamos “exprimidos” al máximo, me “regaran” desde arriba por última vez.
 
Las chicas se pararon sobre mí, poniendo sus piernas a ambos lados de mi cuerpo y desde allí orientaron sus últimos “chorros dorados” los cuales obviamente, caían junto con restos de sus ricos “jugos vaginales” y lo mismo ocurrió con el hombre, desde uno de los costados; yo simplemente permanecía tendido en el piso y en un estado de gozo y de placer supremos e indescriptibles, relamiéndome los labios impregnados, junto con el resto de mi cuerpo, de las “meadas” y de las “acabadas” con las cuales me había agraciado mis compañeros de orgía.
 
¡Qué maravilla! Pensaba yo para mis adentros; tantas fotos y videos de “lluvia dorada” que había visto en Internet; tantas veces que, mirando esas imágenes había hasta “mojado” mi ropa, acabando en seco como se dice habitualmente y ahora estaba yo allí, disfrutando a pleno, en vivo en directo, de todo aquello que hasta solo un breve tiempo atrás, solamente formaba parte de “meadas virtuales”.
 
Con este relato, no pretendo crear controversia entre quienes están a favor o en contra de este tipo de prácticas o entre quienes simplemente no tienen ningún juicio formado al respecto; solamente he comentado algo que a mí me produce placer, solo placer y muchísimo placer.
 
Escribile un e-mail al autor:
walterculindohache@yahoo.com.ar

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