Vos a mi casa yo a la tuya.
Enviado por Victor el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
La condición humana es compleja. Aunque nos guste lo que tenemos, lo que tiene el prójimo quisiéramos  probarlo. La inversa, que el prójimo pruebe lo que tenemos, por lo general  no es de nuestro agrado. Ese es mi caso pero no el de mi compañero de trabajo  Osvaldo, su esposa Adriana y mi mujer Leticia, como descubrí, con sorpresa, una noche de fines del 2005, en una de esas reuniones que organizan las empresas para cerrar el año.

Los cuatro estamos más cerca de los 35 años que de los 30. La dos chicas son de belleza nada frecuente, rubias naturales de aproximadamente 1,78 de estatura Adriana, algo más baja, 1,70 mts. Leticia, ambas beneficiadas por Madre Natura, con delicadas facciones, ojos claros, curvas y senos generosos. Producidas con esmero y buen gusto, durante la cena, acaparraron los ojos de muchos comensales.

Osvaldo y Leticia tuvieron largos momentos de dedicación exclusiva pupilas en las pupilas. De mi parte no me privé de disfrutar de la anatomía de Adriana y de intercambiar con ella miradas pero de un modo más medido, aunque insinuante. A la hora de bailar, comenzó a delinearse lo que sucedería más tarde ese día. Cuando en el salón se difundió la música lenta, para el agarre, Adriana abrió el juego, se soltó del marido y vino donde estábamos danzando nosotros: “Leticia, prestame a Víctor y vos bailá con Osvaldo, rompamos la rutina ¿te parece?” ¨¡Regio!..dale..” aceptó sonriente mi mujer y se fue a los brazos que les habían ofrecido.

Adriana no dejó resquicio entre su cuerpo y el mío y, como no podía ser de otro modo, al segundo bolero mi erección se hizo insoslayable para ella que, lejos de apartarse,  rozaba su pelvis en el bulto con movimientos, contenidos pero eróticos y mantenía sus ojos clavados en los míos. De pronto pegó su mejilla a la mía y me susurró al oído: ¿Te fijaste lo bien que lo están pasando Leticia y Osvaldo?”. Los busqué entre las demás parejas, abroqueladas. Efectivamente estaban muy juntos y comiéndose con los ojos. No me gustó, para nada, pero no creí que pasase de un juego, común y silvestre , de seducción: “Si, parece que se llevan de maravillas ¿y por aquí, nosotros, como andamos? ¿Ehh?” respondí. “ “¡Yo muy a gusto! ¿Y vos?....” Con intervalos en la mesa para beber algo y bajar el nivel de ansiedad, intercalando salidas a la pista con otras parejas (por las apariencias), seguimos bailando la mayor parte de la velada, mi esposa con Osvaldo y la esposa de éste conmigo. 

Ya avanzada la noche Adriana fue directa al punto: “decime ¿para el sexo, vos sos nómade o sedentario?” “Yyyy...a veces...alguna vez me distraigo viajando..” “¡qué bueno!...a mi tampoco me gusta siempre, siempre la misma sopa.....por suerte a Osvaldo tampoco” hasta la parábola de la sopa yo creí que se estaba insinuando para un encuentro conmigo a solas, (que yo me disponía a proponerlo) pero con la mención del marido era obvio que la cosa iba más allá de una trampa: “..¿de que estás hablando, preciosa?....¿de un enroque?..” Yo tenía convulsionada la circulación, experimentaba un deseo irrefrenable por Adriana pero...pero no me convencía en lo más mínimo que Leticia fuese la moneda de cambio, es más, iluso de mi, estaba convencido que mi esposa jamás entraría en el juego por más que parecía estar muy a gusto en los brazos  de Osvaldo. “..¡bingooo!..” susurró, otra vez a mi oído Adriana, y enseguida agregó, siempre en voz bajita: “...volvamos a bailar con nuestras caras mitades, a ver como podemos arreglarlo..” Me agarró de la mano y me arrastró hacia donde estaban nuestras  medias naranjas. 

“ Leticia, no se que te dijo o propuso Osvaldo....son swingers....a mi ella me...” comencé a decirle precipitadamente a mi esposa. Ella me interrumpió, cerrándome la boca con una mano: “¡Callate que te puede oír alguien!....¡NO!,....no lo creo.....el me dijo  que de vez en cuando tiene alguna zarpada...y su esposa también.....pero no relacionadas...” y, luego de una pausa, ruborizándose un poco, continuó “me invitó a salir....me gusta su gentileza, su simpatía.... su forma de ser... su nivel de conversación.....y está muy bien....es un lindo.....la verdad que no me disgusta la propuesta.” Yo permanecí callado, sorprendido “....sólo salí con otro que no seas vos.....el día que vos sabes, con Luis (era un ex novio de los tiempos de la facultad, con el cual tuvo una escapada después de casada conmigo y que yo descubrí, no viene al caso contar ahora como, y perdoné..)...y vos...vos...vos estas a mil con la esposa......te la estas culiando con la vista.....¿ya arreglaste cuando la vas a voltear?..¿porque no esta noche?”

A este punto era obvio que Leticia estaba dispuesta a transgredir. Sería esa noche o el día siguiente o en cualquier otra ocasión no lejana. Me enrostraba la apretada con Adriana como supuesto justificativo de lo que estaba tentada a llevar a cabo. Molesto y perplejo, volví a la mesa, seguido por mi esposa. Estaba choqueado  por la liviandad con que ella admitía que intimara con otra con tal de satisfacer  los deseos que le había despertado otro hombre. No me entraba en la cabeza y no era compatible con el perfil que de ella tenía asumido.

Permanecimos en silencio un buen tiempo, hasta que se reunieron con nosotros los otros dos actores de la vivencia. Mi silencio no fue pasivo, no por golpeado había dejado de razonar y concluido que si mi mujer estaba caliente con Osvaldo aunque no me gustaba, en lo más mínimo, que éste se la cogiera, tampoco tenía como evitarlo visto que Leticia me había dicho de frente que lo tenía decidido...sólo había pretextado, débilmente, celos y devolución de favores. Por lo tanto cuando Osvaldo forzó la definición: “..esto ya está casi agotado, ya muchos se fueron, ¿como seguimos nosotros?” respondí lo que quería (querían) oír: “..nos vamos también....sólo falta decidir quien se va con quien....“Yo no voy a otro lado que no sea mi casa, ¡eh!”, aclaró Adriana. Osvaldo asumió como acordado que su mujer se iría conmigo, sin esperar la opinión de los demás: “ Bueno, si vos la llevas a Adriana,  yo la llevo a Leticia, ¿que decís Leticia? “ Antes que ésta asintiera con leve movimiento de la cabeza, él le puso broche a la cosa: “vos a mi casa yo a la tuya”, dirigiéndose a mi. Ya en la cochera, antes de separarnos, cada pareja en busca de su auto, Adriana marcó el tiempo para la experiencia “Hasta mañana,..¡ahhh! son pasadas las 2,...por favor que los varones no vuelvan a casa antes de las doce...mejor de la una de la tarde....” Leticia esquivó mis ojos “hasta mañana” dijo en voz baja y se encamino detrás de Osvaldo que señalaba el camino.

Tragué el sapo, no iba al  shopping, iba a que se la culiara (así le gustaba decir a ella) el mono ese, y en nuestra casa, el resto de la noche y la mañana siguiente. Amagué con llamarla pero me quedé en el amague.

Abrí la puerta derecha del automóvil y esperé que  se sentara Adriana. Di la vuelta y entré al coche. “Vamos a pasar la noche juntos y todavía no me diste un beso,...le corresponde al hombre dar el primero...”  acercó sus labios a los míos y nos besamos, yo sin gran entusiasmo; aun no digería (en rigor nunca lo digerí) Leticia con un tipo encima que la acariciase, besase y le llenase la vagina con su verga.

Llegamos a la puerta del chalet, de mi acompañante, en Parque Chacabuco. Estacioné en la cochera, bajé, abrí la puerta del auto y subimos los cuatro o cinco escalones de desnivel entre el garage y la entrada a la casa. Ya en el interior, nuevos besos un poco más intensos que el primero. Adriana propuso que tomáramos una ducha por lo transpirados que estábamos debido al baile y demás actividad del día: “bañate vos primero, mientras yo preparo algo para beber y lo dejo al frío en la heladera...después me baño yo...arriba en el placard están los toallones, elegí el que quieras.”

Además de la bebida, puso una música suave. Salí de la ducha, con calzoncillo y envuelto en el toallón. A su turno ella salió del baño dispuesta a matar: con sólo una bombacha verde clara y, en lugar del corpiño, una especie de chalina (o pañolón) de símil seda del mismo color colgada del cuello que bajaba cubriendo parcialmente el frente de los senos y terminaba cosida en la tanga, formando con éste una única prenda íntima.

Mirando de costado los senos generosos eran una fiesta. Fue a la cocina seguida por mi mirada cautiva de su cuerpo ondulante y volvió  con dos copas, con bebida hasta la mitad. Se las quité (y las dejé sobre una mesita), mi toallón cayó al piso, la tomé entre mis brazos y le di  besos cada vez más ardientes en la boca, en los ojos, en el cuello.

Con suavidad estiré la chalina, la pasé de atrás hacia adelante de su cabeza y la dejé caer;  comencé a besar las tetas y luego fui bajando por la pancita, jugué con la lengua en el ombligo y acometí con intención de bajar el calzón. “¿No tenés sed Victor? El cóctel se está calentando...” “¿Más que yo? No creo...¿la cama?” “por esa puerta” la señaló con el dedo índice. Y ahí fuimos.

Ya al costado de la cama le saqué la tanga + chalina y bajado a la concha trabajé de lengua, mientras Adriana gemía, se contorsionaba y me tironeaba del cabello. Al cabo de unos minutos, tironeó con más fuerza de mi cabello hasta obligarme a erguirme y, a continuación quitarme el calzoncillo. Liberada mi verga rígida, saltó como impelida por un resorte: “Guauuuuu!!! Tu pene es realmente hermoso, Viiiiiiictor!!!!” exclamó ella y me empujó de espaldas sobre la cama y acometió contra el totem que apuntaba al cielorraso. Me lo chupó todo, primero los huevos, el tronco y la cabeza luego. Se lo metió en la boca y se entretuvo con él unos minutos. No muchos: se tiró encima mío, me dió un besote alucinante y exigió: “¨Cogeme de una vez, por favooooor!!!!!¨.  

No me opuse. (sólo averigüé si podía ser sin condón. Podía) Se la puse suave pero firmemente hasta que entró totalmente en su concha. Juntamos las bocas en un beso prolongado mientras lentamente sacaba el muñeco hasta que sólo la punta quedó a la entrada de la cueva de Adriana que manifestó su disconformidad: "dale!!!..así noooo...quiero que me la pongas dentro....cogeme...." Y le di, y me di el gusto entrando y saliendo lenta y suavemente pero sin pausas mientras  la besaba en la boca de tanto en tanto.

Era indescriptible la sensación que experimentaba: mi goce era compartido, ella gemía, reía, gritaba y estalló en varios orgasmos, que evidenció con profundos suspiros y sus uñas hundidas en mi espalda. Cuando sintió mi semen derramarse en su interior, redobló la presión de sus uñas y contrajo, repetidamente, la concha como queriendo exprimir hasta la gota más insignificante.

Recobrada la calma, cuando aún estaba encima de ella me dijo sonriendo: “nunca me habían cogido como vos,....así suavemente...despacito...sin pausa....me encantó!!” Me halagó pero, a la vez, me hizo recordar que Leticia, acostumbraba emitir comentarios laudatorios similares, cuando terminábamos de hacer el amor, sobre mi forma de hacerlo. Sentí la mano gigante de los celos oprimirme el pecho.

Desoí  los argumentos, ruegos e insultos de Adriana, a las 5:30 salí del garage para volver....a la casa de mis padres. Papá es de los que se levantan con las primeras luces de la mañana, me abrió la puerta y quedó perplejo cuando le pregunté si podía quedarme, porque: “Leticia y yo nos vamos a separar”.

Volví a nuestro departamento, asegurándome previamente que  no estuviese Leticia, sólo una vez el día siguiente para llevarme mis cosas personales. Con ella hablamos por teléfono, pasadas las fiestas 2005-2006 vino a la casa paterna, luego nos encontramos por su insistencia varias veces en distintos lugares. Me rogaba que volviera con ella,  argumentando que nos amábamos, que lo que se había gestado en la reunión de fin de año, sólo fue un cóctel de miserias humanas: celos, revanchismo, excitación, etc...todas aumentadas por la ingesta de alcohol pero, todo sumado, no excedía la magnitud de un tropezón. Lo nuestro era lo permanente.

La condición humana es, repito,  compleja: mi machismo y egoísmo se opusieron hasta casi finalizado febrero. En marzo nos fuimos juntos de vacaciones, un largo viaje por la ruta 40 a la sombra de la cordillera de los Andes. El amor no es perfecto, para eso es amor, sin embargo en hoteles, moteles, cabañas, en el auto y al cobijo de la vegetación andina, comprobamos, una vez más, que no hay mejor que el que nos hacemos recíprocamente.

De la noche de fines de 2005, sólo hablamos una vez en una cabaña al pié de los Andes con la premisa de agotar la reciprocas inquietudes en esa conversación/relato y nunca más volver sobre el tema: yo hice una síntesis de lo ocurrido a solas con Adriana, que habíamos cogido sólo una vez, que había disfrutado pero que una vez calmado el embale erótico me había ido a lo de mis padres. Leticia, incrédula, me hizo repetir eso de un solo polvo: “¿si queres te lo juro?” “¿juras?...¿por que juras?” “por...por la Biblia” le dije. “¡no seas cínico,....si sos agnóstico!! ..no es necesario, te creo...y si no es cierto lo mismo da”.

Ella en cambio había pernoctado con Osvaldo; eso sí en el cuarto de huéspedes “me dio cosa hacerlo en nuestra cama” aclaró como si eso fuese un mérito. Según ella se hizo rogar largo tiempo, no podía decidirse, pero al final cedió a la calentura, tres veces, eso si “con preservativo, a pesar de que tomo las pastillas” ¡qué considerada, preservó la concha para mi!! (todas las cogidas fueron satisfactorias reconoció, pero “nada comparables con las culiadas con vos” aseguró, sospecho que, para mantener alta mi autoestima), la última a  mañana avanzada después de dormir unas horitas, para recuperarse de las dos primeras. Si uno se sirve tres porciones es porque el pastel de carne está delicioso, pensé.

Bueno, sea como fue, ya es pasado. Por lo menos así lo creo yo. Si lo mío fuera sólo ingenuidad, a la fecha, no me enteré y confío no enterarme si hubo porciones adicionales de la pitanza. 

¡Ah! En la reunión, de la empresa, del último fin de año nos encontramos con Adriana y Osvaldo pero sólo nos saludamos cortésmente, -las chicas con cara de nunca cogidas-  cada pareja en su mesa con otros comensales y, a fiesta terminada, ellos a su casa y nosotros a la nuestra.     
 

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