Los amores de mi esposa 2
Enviado por pandolfo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
Después de haber visto la tremenda sesión de sexo entre mi esposa y Sandro y
haber tenido el más increíble orgasmo de mis últimos años sin siquiera
tocarme, lo que más me sorprendía era mi sensación de ajenidad. No estaba
siquiera molesto con la situación; en ningún momento sentí rabia o celos;
simplemente seguía con una calentura que volaba y no terminaba de entender
el porqué de esa reacción cuando si alguien me hubiera planteado lejanamente
la posibilidad del sexo extramatrimonial de mi esposa uno o dos días antes,
le hubiera partido la cara de una trompada.- Sea como fuere y por las
razones que sean, la cuestión es que estaba terriblemente excitado y tenía
una necesidad apremiante de acostarme con mi mujer.-
Desde años atrás el sexo en mi casa era una cuestión rutinaria pero
satisfactoria para ambas partes; en otras palabras, teníamos poco sexo y
siempre muy similar, pero lo disfrutábamos de modo tal que uno no entendía
porqué no lo hacíamos más seguido o explorábamos terrenos que habíamos
recorrido ya antes.- Generalmente la cuestión era que los fines de semana
por la mañana me levantaba más temprano y poco a poco empezaba a despertar a
mi mujer acariciándole la espalda para bajar luego a la cola, se la amasaba
un rato y de inmediato desde atrás y por sobre la tanga le acariciaba la
vagina, sintiendo como a medida que se despertaba se le hinchaban lo labios,
le pellizcaba el clítoris y así, excitada por mis manos se terminaba de
despejar.- Le corría la tanga y desde atrás le iba introduciendo despacio la
verga y desde la posición del costado la ponía abajo y la empezaba a bombear
hasta que me pedía decididamente más; recién ahí la daba vuelta y la
penetraba profundamente hasta que terminábamos así.- Y es bueno aclarar que
soy un tipo normal en el plano sexual, pero con ventajas comparativas que
considero importantes. Así es que tengo una verga normalita nomás, de 17
cm.una vez parada pero que como contrapartida ventajosa, tiene un grosor
importante y una dureza de piedra cuando está parada. No soy de grandes
sesiones, pues ni bien termino necesito por lo menos de 5 a 10 minutos para
recuperarme y seguir, para lo cual no hay problemas en una noche de sexo
pero que no es practicable ni normal en un polvo matrimonial normal y
habitual, donde ni bien terminamos los dos generalmente no nos quedamos a
esperar mi recuperación, sino que seguimos con nuestras actividades con los
chicos; pero como compensación, no termino fácil y además controlo bastante
la eyaculación, de modo que mi mujer tiene por lo menos 2 -y a veces 3-
orgasmos hasta que termino yo.-
Ese día entonces desde que llegué al mediodía empecé a halagarla,
acariciarla y susurrarle despacio que esa siesta la iba a necesitar; mi
esposa sonreía halagada, mientras me decía alegre "dejáte de hinchar". A la
siesta me le tiré encima, le saqué la tanguita y la penetré brutalmente de
un solo golpe. Ni que decir que entró como por un tubo envaselinado y de
inmediato empecé a escuchar sus habituales gemidos y como siempre que se
excita mucho me mordía al tiempo que repetía "así, así . meteme" -otra
mordida feroz en el hombro y "cogeme.cogeme.cogeme".- No lo puede evitar, me
vinieron las imágenes de la mañana a la cabeza y exploté adentro de ella. No
sé si le arranqué o no un orgasmo, estaba totalmente salido y la seguí
bombeando un rato hasta que me pereció satisfecha, pero luego se me bajó "No
te levantes mamita, porque hoy tenemos fiesta completa" -le dije mientras me
retiraba- No se te ocurra papi, que estoy muerta -me dijo ella- Me fui al
baño a lavarme, a la cocina a servirme un vaso de vino; salió mi hijo menor
de la pieza, lo atendí un ratito porque me pedía que le pusiera un video y,
en definitiva; al volver a la habitación Graciela dormía profundamente. La
verdad es que estaba bastante frustrado y seguía caliente. Subí al
escritorio, entre a Internet y me hice una flor de paja viendo videos
cortos. Pasaron unos día y de nuevo el exceso de trabajo, los desencuentros
normales y la rutina en general impidieron que me pudiera dar el gusto de
disfrutar como quería de mi esposa, y así, ya cerca de nuevo del fin de
semana, pasando por casualidad por la galería temprano, siguiendo una
inspiración espontáneo tanteé la puerta: Llaveada. Excitadísimo la abrí y
subí despacio y con el corazón en la boca los peldaños.- Graciela gritaba:
¡Así mi amor, así mi amor.Dame, dame!. Estaba subiendo cuando dice: ¡En la
boca . avisame cuando acabás! Llegué justo en ese momento al descanso y los
ví. Casi en la misma postura que la vez anterior, sobre el sofá-cama y
arriba de mi mujer que tenía las dos piernas abiertas rodeando su cintura
estaba Sandro dándole como loco "Ahí te doy" -le dijo- y con la mano derecha
apoyada en la pared se levantó o mejor dicho se trepó hacia la cabecera
mientras mi esposa desesperada trataba de llevarle la pelvis hacia su
cabeza. De nuevo ví esa tremenda poronga oscura saliendo chorreante del sexo
de mi esposa y casi en un salto llegar hasta la boca donde se hundió. Mi
mujer lo tenía de las caderas y con la boca abierta recibía la tremenda pija
hasta más o menos un tercio entre sus labios abiertos de par en par. Sandro
la bombeaba casi hasta la mitad y jadeaba como loco mientras la tiraba toda
la leche adentro. Veía claramente como un hilo de semen se escapaba por las
comisuras de mi esposa que estaba con los ojos cerrados, como disfrutando
del mejor caramelo del mundo. En ese momento; no sé si porque hice algún
ruido, me moví, o era el destino, Sandro levantó la vista y me vió. La cara,
deformada por el placer que sentía, se transformó de pronto, empalideció,
abrió los ojos como platos y tensó todo el cuerpo como para saltar, lo que
creo hubiera hecho si mi mujer no estuviera sosteniendo sus caderas y
empujándolas hacia su boca.- Reaccioné rapidísimo, lo miré fijamente, esbocé
una fina sonrisa que pretendía ser canchera y levanté la mano derecha con la
palma hacia arriba, mientras llevaba mi dedo índice izquierdo hacia los
labios en  la típica señal de silencio. El tipo me miraba fijo y se quedó
quieto, era obvio que no entendía nada. Volví a sonreír, me señale con  el
índice izquierdo y le hice señas de que me iba, tras lo cual con las dos
manos le hice señas de que siguiera nomás, siempre sonriendo cancheramente.
Sandro se relajó evidentemente y aún mirándome se volvió a mover despacio
"Mi amor, te sale cada vez más rico" dijo mi mujer mientras se sacaba la
enorme morcilla de la boca y tomándola con la mano la lamía desde el centro
hasta la cabeza- Allí mismo, me puse serio, la señalé y le hice a Sandro una
enérgica señal de "NO" con las dos manos, la volví a señalar y otra vez la
de silencio; todo ello con seriedad y de nuevo luego, con el rostro
relajado, las de que siguiera que me iba, haciendo incluso el ademán de
bajar las escaleras "Y ahora? -decía mi mujer mientras lo pajeaba mirando
hacia arriba, a su rostro- Qué me va hacer mi muñecote?"
-Vos sabés que ahora el muñecón quiere la colita le dijo Sandro mientras me
miraba sonriente y yo bajaba las escaleras
-No te cansa nunca, tu colita? dijo mi esposa -y no se me escapó en lo más
mínimo el sentido del posesivo-, era "su" colita, propiedad de Sandro, no
había dudas. Me quedé todavía un rato abajo escuchando como empezaba de
nuevo todo, unos pocos quejidos y a los cinco minutos Graciela ya pedía más:
¡hasta el fondo papi, hasta el fondo, rompeme el culo! Decía, mientras
Sandro jadeaba y se reía mientras le contestaba: Que bien entra mamita, mirá
como entra! -Si la viera tu esposo-decía fuerte y sabiendo que yo estaba
abajo- tu cola ya parece una boquita, me la chupás con el orto Graciela!
¡Mirá como entra entera y sale todita otra vez, es una boca, un pedacito de
manteca, como me gustaría que vieran como te rompo el orto mi diosa!
-Yo también quiero que vea, que vea ese pijón de verdad en mi culo, que vea
como me hacés acabar, como me chorrea la concha con tu pija en el orto. Mi
cola es tuya, papito, acabame adentro y seguí cogiendo, no me la saques
nunca, por favor, mi amor!
Por suerte el baño de la galería está abajo. Abrí la puerta, entré y ni bien
saqué la pija y me la apreté sobre el inodoro, tuve un nuevo orgasmo de
antología mientras imaginaba esa poronga tremenda taladrando el culo de la
mujer que más quiero en el mundo, llenándolo con su leche espesa, mientras
ella, chorreando de sus orgasmos, entregada y feliz, le pide más.-
Por: PalitoPandolfo
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