Fotografiándolos 1-
Enviado por Daniel el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

En primer termino me gustaría felicitar sinceramente por la tarea diaria de quienes mantienen esta hermosa web.

Lo que quiero compartir con los visitantes y lectores de esta página no es una de esas historias fantásticas, deslumbrantes ni cuenta de bellezas impactantes o proporciones descomunales, pero lo que si puedo garantizarles es que se trata de hechos reales al cien por ciento.

Soy maduro (45), casado, y particularmente morboso y adicto a todo lo que tenga que ver con sexo, (hombre al fin y al cabo) en todos estos años de matrimonio he intentado infructuosamente convencer a mi mujer de dejarse llevar en lo erótico y sexual un poco mas allá de la típica, rica y abundante intimidad matrimonial, realmente me encantaría formar parte de la extensa lista de esas parejas que se autodenominan “liberales” pero por su educación y costumbres ella manifiesta su conformidad con la sexualidad que compartimos.

Todos estas locas ideas mías me han llevado a intentar en muchísimas oportunidades a lo largo de bastante tiempo el conocer parejas con ese estilo de vida, visitando paginas de intercambio, leyendo cuanto relato del tema encontraba e incluso a pasar largas horas en los chat’s de parejas, tríos o swingers, la verdad.... con poquísimo éxito, dado que casi la totalidad de las parejas buscan siempre similares o chicas solas, cosa entendible y obvia, y dejándome a mi como a muchísimos otros en mis mismas condiciones con dejos de frustración y a veces resignación. Sin tampoco negar que la mayoría de las personas que acceden a esos salones de charla sean cordiales y simpáticas en su totalidad, salvando aquellos casos en los que mienten o se ocultan en apodos engañosos con el fin de obtener al menos un intercambio de frases y nada mas, porque resultan de fácil detección, cosa que ni siquiera intentaría, primero por no ser mi estilo y segundo porque considero que se trata de un “ambiente” muy especial y que nadie podría prestar atención en aquel que comienza mintiendo, pero..... cada uno sabrá sus porques ......

Por suerte tuve varias veces la oportunidad de charlar amistosamente con varias parejas sobre el tema, sin que ello representase ningún tipo de compromiso o incomodidad, fue así que conocí a un matrimonio que como yo viven en una población pequeña del interior de mi país, Argentina, y bastante cercana a la mía, por razones mas que obvias me reservare datos y nombres que puedan comprometerlos y previo a la conformidad de ellos por haber sido los primeros en leer lo que sigue hemos decidido mutuamente esta publicación.

Nuestras “chateadas” se prolongaron por algunos meses, siempre en términos amistosos y de muy buena onda, generalmente charlaba bastante con José (47) productor agropecuario venido a clase media alta gracias a las cosechas de soja que estos últimos años mejoraron ese sector productivo, y en algunas oportunidades estando junto con Adriana(41) docente primaria, inteligente, culta y según su esposo excelente mujer y madre de dos adolescentes; (varón de 21 y niña de 18), así fue como, generalmente a través de él, fui enterándome de sus juegos eróticos, sus formas de amarse, sus fantasías, sus deseos, detalles todos que se asemejan casi a la perfección con los de mi matrimonio, solo que en ellos estaba aceptado el tema de dejar volar la imaginación de ambos y confesarse mutuamente fantasías eróticas o ideas de compartir su intimidad con otras personas, pero no pasaban de allí, tan solo resultaba un detonante para la excitación. En cierta oportunidad en que charlábamos animosamente los tres les comente de mi debilidad por lo voyeur, me gusta mucho “mirar” aunque sea mediante fotos, videos o cosas así, y sumado a ello que uno de mis hobbyes favoritos era la fotografía, todo quedó en la charla sin más, pero al siguiente chateo con José el me cuenta que aquella conversación había tenido muchísimo efecto en Adri, formaba parte de una de sus fantasías, ser espiada u observada por otras personas en la intimidad, pero, solo eso, una fantasía que les había ayudado a recrearla juntos en días sucesivos, desde entonces las charlas rondaban siempre el tema, pero todos éramos concientes de que resultaría casi imposible llevarla a la práctica básicamente por cuestiones de privacidad y discreción, si bien nos considerábamos “amigos” o conocidos, nada es suficiente cuando se trata de un matrimonio totalmente conocido y respetable en su localidad, tan pequeña como la mía y donde todos conocemos a todos, solíamos bromear al respecto e incluso llegábamos a imaginar situaciones que resultaban risueñas y humorísticas.

Hasta que en determinado momento José, estando solo, me pregunto directamente si yo me creía capaz de intentar algo de todo lo hablado sin tener nada más que contacto visual con ellos, lógicamente no solo respondí afirmativamente sino que asegure estar capacitado para soportarlo sin reclamar nada más, así pues, empezamos a pergeniar alguna manera viable, tardamos un par de meses de plantear dudas, inconvenientes, temores, desconfianzas, hasta que por fin llegó aquel día, mediados de Febrero de 2007, pleno verano en Argentina, el colectivo se detiene en aquella humilde estación terminal de un pueblito cercano al de ellos (del que no sabia el nombre, como ellos no conocían el nombre de mi localidad), no habría más de 18 o 20 personas por allí, con lo que no me seria difícil reconocerles por algunas fotos familiares previamente intercambiada, muy a mi pesar ninguno de aquellos parroqueanos me resultaba familiar, debo reconocer una casi decepción y mil conjeturas invadieron mi cabeza, todos comenzaron a retirarse del lugar luego que el autobús se marcho, intente organizar mi desconcierto con una gaseosa fresca en una de las únicas dos mesitas del bar de aquel lugar. Por suerte para mi, pasados unos minutos el rostro inconfundible de José aparece recorriendo la triple plataforma de estacionamiento y al verme dentro, su sonrisa me distendió y tranquilizó, finalmente un abrazo sello nuestra ciber-amistad y por fin lo conocía personalmente, un hombre clásico del interior, simple, amable, de esos que aprietan fuerte tu mano al saludar, piel blanca con ligero sonrojo en los pómulos, estatura media, de cuerpo tirando a robusto seguramente por sus labores, y a modo de no tantos halagos debo decir que evidenciaba lo bien que se come en nuestra Argentina interior, abultado abdomen semi-oculto por la floja camisa a finas rallas, juntos caminamos hacia una de las calles laterales al encuentro del remis o coche de alquiler que esperaba junto a Adriana, todo según lo previamente pactado en ese intento por preservar identidad, al aproximarnos hice aquel primer “contacto” visual con ella, tal como lo suponía o deducía una mujer por demás formal, cutis super blanco, con muy poco o nada de maquillaje, tan solo un toque de rimel que hacia resaltar sus hermosísimos ojos verdes, la sonrisa amplia de parejos diamantes blancos, cabello castaño oscuro, corte carré prolija y profesionalmente peinados para la ocasión y notorio tinte de rubor en su cara tan natural como la incomodidad de su momento, vestida excesivamente clásica con falda color beige por debajo de sus rodillas, saco de medio largo haciendo juego, una camisa blanca cuyo cuello asomaba solo desprendido en su primer botón, medias finas naturales y zapatos clásicos de tacón fino y alto en color a tono con su traje, recreando inequívocamente la docente recién salida de una clase de lengua o literatura, no mucho podía apreciarse de su cuerpo, aunque era evidente que sus caderas eran lo mas llamativo y prominente, dejando traslucir esa inconfundible belleza femenina de la madures, nuestro saludo fue amigable y discreto, beso en la mejilla, nervios de confusión y muy pocas palabras, ambos en el asiento trasero del auto y yo lógicamente adelante con el conductor, el destino seguramente ya anticipado al chofer y rápidamente transitábamos por guadalosos caminos rurales en dirección a ese establecimiento rural de un extranjero que José administraba, el silencio fue tajante, todos estábamos claramente incómodos y las veces que voltee siempre note que Adri mantenía su vista perdida en el campo vaya a saber en que pensamientos. Comenzaba a descreer en parte de los dichos de José sobre la fogosidad de su esposa, no coincidía para nada con aquella tímida y seria mujer, pero, ya estábamos encaminados y había que esperar.

Llegados a la finca y luego de mi intento por abonar el viaje debí ceder ante José quien me explicó que todo estaba ya arreglado incluso para que volviese en nuestra búsqueda a la hora pactada, según escuché, una vez los tres absolutamente solos en el lugar el nerviosismo y silencio podía cortarse tan solo por el ruido emitido por animales y aves varias que por lo temprano de la mañana estaban en plena actividad alimenticia.

El camino hacia esa vieja y enorme casona se hizo extenso, Adriana nos precedía y José a mi lado intentaba alguna broma inocente para cambiar el clima mientras me señalaba la espalda de su mujer en clara disculpa por lo vergonzosa que se veía, haciéndome reír incómodamente, directos a la cocina de una casi mansión perfectamente amueblada sin lujos ni modernidades pero si con muy agradable ambientación de época, en tanto Adriana preparaba y luego cebaba unos exquisitos mates amargos (típica infusión campestre y argentina) la charla comenzó a fluir lentamente, iniciada básicamente por José, siempre tratando de incluirla a ella quien era notablemente la mas cortada, algunos temas muy triviales que fueron tornándose cada vez mas parecidos a las horas de chat compartidas, hecho que permitió a ella lograr un poco de soltura para llegar a confesar que yo le parecía el tipo sencillo que suponía, agradable y confiable, pero que no estaba segura de querer seguir adelante con la fantasía que ellos tanto habían recreado en sus mentes. Respetando lo que con anterioridad  yo les asegurara traté de tranquilizarla diciéndole que estaba en su total derecho, que mi viaje no representaba ningún tipo de obligación ni mucho menos, que el solo hecho de habernos conocido personalmente, justificaba no solo mi viaje sino también el saber que su matrimonio era tal y como lo presentaban y que la amistad que podíamos cultivar iría mas allá de toda cosa erótica. 

Supe que era el momento de dejarlos solos y manifesté mi deseo de salir a tomar un poco de aire puro, me tome una media hora recorriendo todo aquel hermoso parque muy arbolado que conformaba el casco de la hacienda, realmente a pesar de mugidos, validos y cacareos aquello era una verdadera paz y relax, seguro estaba de que ellos necesitaban ese tiempo para replantearse todo lo previamente charlado, y grata fue mi sorpresa al regresar y encontrar a Adriana sentada sobre las piernas de su marido con sus ojos cerrados y fundidos en un beso tan apasionado como el de una parejita de novios adolescentes, mi carraspeo los distrajo y voltearon a mirarme con brillo en los ojos y una particular picardía cómplice, ella se puso de pie nerviosa y anuncio que iría a ponerse una ropa más cómoda para salir a cabalgar antes de que el calor se hiciese insoportable al aire libre, mientras con José planeábamos el almuerzo que no podía ser otro que asado campestre, 15 minutos después y siendo ya casi las 9 de la mañana, quedé boquiabierto y con cara de bobo al ver aparecer a Adriana enfundada en un jeans clásico ajustado con botas de cuero y tacón bajo, rematado con una remera o camiseta blanca de algodón ajustada que marca a la perfección sus generosos pero no desmesurados senos contenidos en un corpiño (sostén) de color natural que mantenían todo en una perfecta posición, la carcajada de José me trajo nuevamente a la tierra haciéndome notar lo abombado que estaba, los tres reímos juntos y salimos hacia el galpón en busca de los enceres de montar, entre comentarios con doble sentido, risas sinceras y amistosas completamos una hora de cabalgata para regresar a la casa, al entrar José me entrego su cámara digital ya preparada dado que esa había sido mi propuesta, todo lo utilizado seria de pertenencia de ellos para evitar cualquier suspicacia de mi parte, su intención primaria era contar con una colección de fotos propias para poder auto-complacerse y si daba la oportunidad poder compartirlas con tantas parejas con las que compartían chateos dado que las que poseían eran tomadas entre ellos mismos y nunca reflejaban una imagen o una pose en su totalidad. Entendiendo que con esa entrega yo sabia cual era mi función a partir de ese momento, luego de chequear la cámara, recibir mínimas instrucciones de manejo y demás les pedí que se abrazaran así, tal y como estaban para probar la primera toma, que lógicamente fue buena y natural. Mientras yo miraba la foto en la pantallita, algo susurró José en el oído de Adri y esta se dirigió a la casa mientras acomodábamos algunas ramas y troncos para encender fuego, rato después volvió Adriana ahora si vestida muy sexy y divertida, zapatillas de lona blanca, pollera muy fina y suelta estampada, camiseta malla blanca con breteles y sin sostén,

Lo que dejaba claramente a la vista la sensual caída de sus tetas y la bien marcada protuberancia de sus amplias areolas y pezones, llevando en sus manos tres vasos y una botella de aperitivo (Gancia), riendo nerviosa y sonrojada por nuestras miradas, motivo suficiente para una segunda fotografía, las llamas ya estaban encendidas y despues de apurar media copa cada uno, mientras José salaba las tiras de costilla, Adriana y yo conversábamos de cosas intrascendentes, en realidad me sorprendía bastante ver como ella se estaba sintiendo mas cómoda con mi presencia al punto de cambiar alguna broma con ambos o tomar frases inocentes con pícaro doble sentido, yo aprovechaba cada aproximación cariñosa que ellos tenían para seguir registrando imágenes en pareja en la máquina, así transcurrió el almuerzo al aire libre y la sobremesa mostró a ese matrimonio muchísimo mas distendido hecho que seguramente incremento el aperitivo y la generosa ración de vino tinto que regó la comida, motivo suficiente para adelantarme a pedirle a Adriana que volviera a sentarse en las piernas de su marido, con la excusa de aprovechar la buena luz que da el exterior, risueñamente accedió a mi pedido sentándose con ambas piernas a cada lado de las de José recostando la espalda sobre el pecho de él, quien rodeo su cintura con los brazos y haciéndole girar su cabeza comenzó a besarla apasionadamente en boca, mentón y cuello, demás esta decir que con poses de improvisado fotógrafo fui registrando una imagen tras otra, conciente de que la tecnología permitiría a ellos hacer luego una selección de las mismas, de solo verlos mi estado de excitación aumentaba casi descontroladamente, tratando de mantener mi mente fría, cosa no muy sencilla de lograr, de pronto José comenzó a pasar suavemente sus manos por los muslos de ella por sobre la falda, haciendo que ésta por lo fino de la tela fuese poco a poco dejando al descubierto unos muslos generosos, totalmente blancos y por demás de bien formados, la respiración de ambos iba acelerándose paulatinamente como el rubor de sus rostros, aunque Adri por momentos intentaba tirar su falda hacia las rodillas y José susurraba a su oído seguramente tratando de tranquilizarla y dejarse llevar, por momentos ella cerraba sus ojos, pero no dejaba de abrirlos para buscarme con la mirada incrédula de que todo aquello sucedía ante los ojos de un casi extraño, como era de suponer su falda finalizó arrullada a modo de cinturón, la mano derecha de José frotando su entrepierna por sobre el tanga no muy pequeño de color blanco que ya evidenciaba un círculo de humedad en su centro, sus piernas se abrían ligeramente para dar lugar a aquella mano conocida, mientras su pecho se elevaba y distendía a un ritmo mas acelerado, la camiseta de tirantes no lograba esconder aquellos endurecidos pezones que bruscamente recibieron el aire caluroso del mediodia al ser descubiertos por su esposo quien quitó rápidamente la camiseta, ahora si yo podía apreciar en su total dimensión su cuerpo, esa piel blanca y pura, seguramente tan suave como la seda, destacando claramente su ancha cadera sus muslos de carne no excesivamente firmes, las tetas de un tamaño casi perfecto con su leve inclinación daban ese toque de especial sensualidad en las mujeres que rondan los cuarenta, así como el leve desarrollo de su abdomen, que por estar sentada marcaban eróticamente dos pequeños pliegues que en lugar de afear su imagen la hacían ver como toda una verdadera mujer madura, seguramente muchos hombres alabaran mucho más el esbelto cuerpo de una adolescente, pero en mi caso en particular mi preferencia por ese estilo de figuras me hacían imposible esconder la dolorosa erección que me oprimía el pantalón, José la ayudo a ponerse de pie, para proceder desde su ubicación a despojarla por completo de su ropa, al tiempo que se desnudaba a si mismo, Adriana con sus pómulos muy enrojecidos se veía inquieta pero muy excitada, José posó sus rodillas en tierra para comenzar lentamente a bajarle la única prenda que ella mantenía, si bien yo seguía gatillando la cámara incansablemente no pude dejar de pasar mi mano por mi pene tratando de darle una imposible mejor ubicación al tener ante mis ojos ese pubis cubierto por un prolijamente recortado bello de color castaño claro y casi lacio, las bragas en sus tobillos se me antojaron como la manea de una potranca inmovilizándola ante cualquier intento de fuga, atadura que ella misma libero en procura de poder separar sus piernas facilitando la intromisión del rostro de su esposo entre sus sensuales muslos, buscando descontroladamente apoyo a sus redondas y erguidas nalgas sobre la pesada mesa de madera que aun conservaba los despojos de la comida, montando un pie sobre ese rústico banco enclavado en el piso, apurando mi aproximación a su sexo para obtener un primerísimo plano de aquella lengua que casi con exageración separaba los labios abultados, rozados, colgantes y bañados en flujo casi espeso, los jadeaos de aquella mujer se habían convertido en gemidos sonoros mostrándose al fin lo fogosa que me habían adelantado era. José abandonó solo por un instante su tarea, tiempo suficiente para literalmente arrojar al piso todos los enceres de la comida y dejar la mesa tan libre como se veía horas antes,  ayudándola posteriormente a elevarse hasta posar sus glúteos sobre las tablas y recostarse hacia atrás sobre sus codos, su marido se sentó en el banco dispuesto a tener ante su cara aquel manjar que reemplazaría a cualquier postre posible, tomando sus tobillos los separo hacia sus flancos dejándola totalmente abierta para hacer desaparecer todo su rostro pegándolo a esa vagina tan apetitosa y palpitante, era imperioso tener que aproximarme en demasía para registrar todo aquello, tanto que hasta podía percibir claramente el particular y embriagante aroma a sexo femenino, la humedad de mis manos me dificultaban el manipuleo de la digital, pero debía mantenerme en mi tarea, no podía defraudarlos y así lo hice, ver aquella hermosa mujer convertida en hembra, notar sus propias manos masajeando y apretando sus excitadas tetas, oír los casi gritos de placer que salían de su boca reseca solo incrementaban mi calentura y mis testículos comenzaban a dolerme, por largo rato siguieron en aquella pose, hasta que sorpresivamente (para mi) la voz de Adriana sonó rotunda mezclado con sus jadeos....” Mi amor, por favor, detente, no doy más, déjame chupártela ahora”.... demostrando inequívocamente que aquella era realmente una hembra en celo, José se monto a la mesa, sentándose casi sobre las tetas de su mujer, teniendo que separar sus rodillas para no afectarla con su peso, dejándole frente a su cara un miembro en su máximo esplendor, de un tamaño mediano y con el glande morado, húmedo y casi humeante, Adriana abría desmesuradamente su boca y estiraba el cuello tratando de alcanzar aquel trofeo, mientras con ambas manos se auto-masajeaba su pubis, muchas mujeres practican fellatio de una manera excepcional, otras lo hacen básicamente para satisfacer los gustos masculinos, algunas quizás solo por una obligación marital, pero esta mujer realmente disfrutaba de esa acción, se notaba claramente que la calentaba tanto mamar que cualquier hombre no necesitaría mas que eso para acabar sin mas, por momentos de manera suave y sensual, recorriéndola toda con su lengua y sus labios, por momento tragándosela casi por completo, girando su cabeza a izquierda y derecha sin dejar de succionar con fuerza, en otros momentos comiéndosela casi con desesperación, con leve toque de brutalidad, el ruido que producía cada vez que se escapaba de su boca recreaba un descorche navideño, la abundancia de saliva con derrames en su cuello y pecho y el ruido característico de la humedad desmesurada, con una concentración única y seguramente obligada por intentar olvidar que un extraño seguía atentamente todos sus actos, nos enteramos de los dos orgasmos que ella logro solo chupando tan solo porque fueron los únicos instantes en que ella abandonó esa pija para poder dar rienda suelta a su garganta profiriendo casi alaridos de placer, hecho que descontrolo a José provocándole un orgasmo inesperado que cubrió un ojo de Adriana, su mentón y sus cabellos de semen abundante y espeso, haciendo que ella con mucho placer buscara infructuosamente con su boca, los dedos del marido fueron recogiendo todo aquel liquido espeso y depositándolo en la ansiosa boca de su mujer así fue limpiando cada zona encharcada, de la manera que ella saboreaba esa crema evidenciaba lo familiar que le resultaba, cuando después de todo aquello, ella volvió a emitir palabras para decir, ..... “por favor, necesito que me la pongas ahora mismo, no aguanto un segundo más ¡ ....” mi verga dolía horrores, sentía la sensación de que se fracturaba en su base ante el dobles que obligaba mi ropa, solo podía cambiarla de posición volteándola a un lado y otro casi constantemente, el miembro de José decrecía paulatinamente luego de la descarga, bajó de la mesa para sentarse en el banco con la espalda apoyada en la mesa, dejando caer laxamente sus brazos a ambos lados en clara señal de agotamiento, pero ella había pedido más, se notaba dispuesta a seguir, olvidándose ya de mi presencia, o simplemente acrecentado su morbo por ello, bajo de la mesa para caer rodillas a tierra frente a su pareja, y ayudándose con ambas manos se dispuso a recobrar las fuerzas de José dándole una chupada aun mas obscena que la anterior, succionando la cabeza del semi-flácido pene, agitando su lengua en la mas grotesca imitación de las alas de una mariposa, masturbándolo con todo el puño ceñido al tronco en una clara rotación de su piel covertora, dejando escapar intencionadamente ahora esa punta de entre sus labios para repetir el estruendo que produce el embase al vacío de su succión, imposible no volver a estar dispuesto ante tamaño “trabajo”, cuando la pija recobro su absoluta rigidez ella se fue sentando y ensartando dejándose caer de espaldas a José, que bufaba como toro embravecido, limitándose solamente a posar sus manos sobre las carnosas caderas de Adriana, quien casi saltando sobre el se dejaba penetrar profundamente para elevarse hasta casi liberarla por completo de esa cueva mojada y caliente, pellizcándose ella misma y estirando sus pezones mientras cabalgaba casi sin control, respirando por la boca abierta y gimiendo como si en ello se estuviese acabando su vida, hasta llegar simultáneamente a un orgasmo que dejo a ambos contendientes relajados como boxeador despertando de un nock out.

Mi calor corporal era impresionante, pero seguía aguantándome como señorito Ingles, de más esta decir que la memoria adicional de la maquina quedo colmada y debimos reemplazarla. Mientras Adriana fue a tomar una ducha y José no podía recuperar fuerzas, en un intento por calmar mi calentura me dedique a recoger todo lo desparramado en la tierra, acomodar el desorden y lavar y guardar utensillos usados en el almuerzo.

Esta anécdota siguió durante toda la tarde, incluso se repitió un par de meses después, pero como el texto se hizo más largo de lo planeado, y para no seguir aburriendo a los pocos que aguantaron la lectura hasta aquí, lo dejaré para un próximo envío, eso, claro esta, si recibe buena puntuación o buenos comentarios a mi correo, prometo responder a todos, mas aun si hay personas o parejas que tengan fantasías parecidas, como para poder charlar sobre el tema.

 
Escribile un e-mail al autor:
Daniel__61@hotmail.com

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