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¡Viva la coincidencia!!. |
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Enviado por Nestor el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Los jueves mi esposa atiende en su consultorio, en una ciudad cercana a la nuestra, mañana y tarde, por eso me toca a mi llevar a y traer de la escuela a nuestra hijita Daniela de 7 años, por las tardes. A la hora de entrada, el trámite es expeditivo, se “entregan” los chicos, en la puerta a una encargada que los introduce en el interior. A pesar de lo exiguo del tiempo, en esta instancia, no es infrecuente que uno se encuentre con otros u otras (son mujeres, casi exclusivamente, las que llevan a la escuela a lo chicos) ocupadas en la misma tarea. A la tarde, los encargados de retirar los hijos, llegan con distintas antelaciones. A la hora de salida, el grupo de adultos es numeroso y abundan los saludos (besos) y conversaciones para consumir el tiempo de espera. Yo, como sólo concurro una vez por semana, prácticamente no entablé conversaciones ya que no soy habitué, por lo que las madres no adquirieron la suficiente confianza para compartir sus vivencias. Me dediqué a mirar. Acaparró mi atención una mujer muy bonita: de buena estatura (1,75 mts), cuerpo con todo en su lugar y muy bien logrado, facciones bonitas y cabello rubio largo. Sus hermosos ojos color caramelo, se encontraron en más de una oportunidad con los míos, que la seguían a todas partes cuando coincidíamos en la puerta de la escuela, a la entrada y a la salida. ¿Se sentía observada o ella también estaba interesada como yo por ella? No me atreví a entablar conversación hasta que un día de mediados de noviembre último al llegar a casa encontré a mi hija jugando con dos compañeras de colegio: <….son Vicky y Daniela, las vienen a buscar las madres> comentó mi esposa. Una hora después, me encontraba en el jardín, dándole el alimento a nuestra perra, Lili, cuando sentí sonar el timbre de calle, Al entrar a la casa, ¡Sorpresa!!! <Daniela, la mamá de Vicky,..Nestor mi esposo..> hizo la presentación mi mujer. Era la rubia, blanco de mi persistente escrutinio en la puerta de la escuela. Me retiré, turbado, luego del apretón de mano de práctica. Ahora sabía algo más de ella, el nombre. El jueves de esa semana, llegué con buena anticipación a la hora de salida. Minutos después, llegó Daniela y, luego de saludar a las otras pocas madres, se dirigió donde yo estaba y me saludó, con un beso y una sonrisa que se me antojó embriagadora. <No me atreví a hablarte antes porqué nunca nos han presentado, hasta el otro día en tu casa> comentó. No tuve coraje, ese primer día, de insinuarme y hablarle de la atracción que experimentaba. Pero el jueves siguiente llevé a Daniela más temprano que nunca (quería encontrarme, con Daniela, si o si). Cuando llegó, no me saludó con un beso, estaba con la hija, pero una vez que esta entró me besó en la mejilla, como despidiéndose. <¿Tenés tiempo, Daniela? ¿Vamos a tomar algo? ¿Si?> le propuse. <Tengo el remise esperando...además nos puede ver alguien...> rebatió. <Andá con el remise a la librería que está en Boulevard y la placita Larrea,....allí te recojo y vamos a un lugar tranquilo, ¿dale?>..<No se si es prudente...bueno.... te espero en la puerta, para que no estaciones>. A los 10 minutos se acomodó en la butaca derecha, sin prestar mucha atención a la pollera, que dejó a mi vista buena parte de sus piernas. El ambiente Interior del auto quedó inundado de su rico perfume. La erección dejó de ser incipiente, me puse a mil, pero me controlé y, mientras arrancaba, le dije aparentando naturalidad: <vamos al bar NH...camino a ...> El detalle era que anexo al bar hay un hotel para parejas. No se inmutó, o fingió no inmutarse: <Bueno...pero sólo un rato y volvemos..¡eh!>. Llegamos a destino aproximadamente a las 14 hs. Una hora más tarde, Daniela, argumentaba, ya sin convicción, lo inconveniente que era trasladarse del bar al hotel: <Vamos a complicar nuestras vidas...Nestor> <Tenemos que ir a buscar las nenas a la escuela, en un rato> <Tenemos dos horas largas> Me levanté de la mesa y la tomé de la mano <¿vamos? No sigamos simulando perplejidad, vos, tanto como yo tenés ganas de unos minutos a solas, los dos, sin artificios, sin disfrazar la naturaleza> Se dejó llevar. Ya en el cuarto me acerqué a ella y la besé, quería saciar esa sed que mis labios tenían de sus labios. Mis manos recorrieron lentamente su espalda y suavemente comencé a acariciar la tibieza de su cuerpo. De la boca pasé a su cuello, de su cuello a su oído, susurrándole palabras suaves y dulces. Ella friccionó su cuerpo al mío y sentí como sus manos comenzaron a acariciarme. Mis oídos captaron el grado de excitación al que habíamos llegado. La “arrastré” a la cama y lentamente comencé a acariciar sus senos por encima de la ropa...¡por fin los podía tocar! Desabotoné su ajustada blusa, desabroché el corpiño y sus hermosos senos quedaron libres, libres para mis labios que besaron y chuparon hasta que quedé exhausto. De pronto sentí como sus manos comenzaron a tocar mi sexo que se encontraba tremendamente erecto a causa de la excitación. Me quitó la camisa y me besó ambos pezones, mientras mis dedos temblorosos recorrían sus piernas hasta alcanzar el sexo húmedo. Comprendimos que nuestros cuerpos ya no aguantaban más. Nos desvestimos precipitadamente, abrí sus piernas y me inundé en su cuerpo lentamente; me introduje y salí de su conchita con movimientos rítmicos; su boca no paraba de morderme y mis labios recorrían la superficie de su ardiente cuerpo, que quedaba al alcance sin dejar de cogerla: sus senos erectos, su cuello de porcelana, sus labios húmedos. Nuestros cuerpos siguieron entrelazados, devorándonos mutuamente.., hasta que sentí el orgasmo cerca. Fue tanta nuestra sintonía, que ella llegó al mismo tiempo, como si hubiéramos estado sincronizados y planeado el momento preciso de acabar. Sentí una tormenta muy dentro de mí y sentí como inundaba su cuerpo, al mismo tiempo un profundo gemido de su boca fue la antesala de su orgasmo que compartió conmigo arañándome la espalda. La calma llegó para nosotros. Conversamos largo rato, nos dimos una ducha, nos recompusimos y nos encaminamos a la escuela. Ni las madres que aguardaban la salida de sus hijas o hijos, ni nuestras nenas, tuvieron la menor sospecha del vendaval de sentidos que nos había arrollado. El primer jueves de diciembre volvimos al hotel NH....ya con tiempo para tomar tres duchas juntos: una antes, una entre y la última después de la segunda inmersión de mi carne templada en su entrepiernas. Ahora está, con el marido y Vicky de vacaciones. Tal vez en la segunda mitad de enero podamos tener un encuentro. Si no habrá que aguantarse hasta marzo. |
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