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Mujer Amante. |
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Enviado por Gaston el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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En Argentina, como en casi todo el mundo, tener amante esta mal visto para mujeres y hombres casados. Sin embargo yo no lo veía mal, hasta que descubrí que no sólo yo, sino también mi esposa lo tenía y para colmo para mi ego, superdotado. ¿Que como me enteré de que el H. de P. calza un miembro enorme? NO. No me lo describió ella, lo vi en acción entrándole en la que yo, iluso, pensé hasta esa instancia, que era mi concha, la de mi disfrute exclusivo. ¿Cómo fue que presencié la fiesta de mi mujer cogiendo con el amante? ¡Cómo se que no era un polvo circunstancial, de esos que se dan por calenturas que surgen imprevistas, porque están en la naturaleza de las hembras humanas, que no están sujetas como las restantes de los otros mamíferos, a un estado fisiológico cíclico para aceptar un macho? Nunca, pero nunca, entres en tu casa, abriendo con tu llave, en horario o día que, por el motivo que sea, se supone que estás lejos de la misma. Mejor avisas con prudente anticipación. Es muy sencillo en esta época de telefonía móvil. En julio pasado, aprovechando las vacaciones de invierno, mis suegros se llevaron nuestros dos hijos una semana a San Clemente, a las termas, a Mundo Marino, a Bahía Aventura,....Quedamos solos con Mariela pero me vi obligado a viajar por trabajo al interior, en principio por dos días. Salí el jueves a primera hora con pasaje para volver el viernes en el último vuelo. Llegado a destino, al abrir los embalajes, me encontré con el faltante, por error de envío, de una parte esencial del equipamiento de comunicaciones que debía instalar. De común acuerdo con el cliente, re-programamos el trabajo para cuando llegaran los elementos faltantes, y con no poca de fortuna conseguí tomar el último vuelo, pero del mismo día jueves. Bajé del taxis frente a mi casa pasadas las 21 y, con la intención de darle una sorpresa a mi esposa, abrí y volví a cerrar, cuidando de hacer el menor ruido, la puerta de calle. El living estaba en penumbras, por la luz que llegaba desde la cocina, pero no en silencio: percibía con toda claridad gemidos, exclamaciones y palabras entrecortadas provenientes del dormitorio. Sigilosamente me fui acercando a la puerta del mismo, abierta de par en par, al amparo de la oscuridad del pasillo de acceso. La iluminación del velador era más que suficiente para que, asomado a la puerta, viera con nitidez a Mariela “en cuatro patas” con la cabeza casi apoyada en el colchón, y el culo apuntando al cielorraso y, detrás de ella parado con los pies en el piso un tipo rubio corpulento que le introducía y le sacaba una verga enorme con las venas perfectamente marcadas. Impresionaba el recorrido en retroceso para “sacar” la descomunal poronga, para luego enterrarla con el acompañamiento de un gemido o exclamación de placer de mi mujer. - Uhhhyyyy!! Que buenoooo, ¡ahhhh!.....como me gustaaaa, ¡siiiiiii!....mi amoooor! – aprobaba Mariela - ¡Que biennnn!......a mi tambien me encanta...Marielita, hoy me vas a dar el culito, siii? - exploró el rubio - ¡Nooo!...Ya de dije que nooo!!.... ¡Ahhhh!......olvidate......uhhhyyyyy! que buenooo... – - ....pero nena....no seas turra......hace meses que me lo negás....dame el gusto...¿sii? – - ....ni se te ocurra, ¡ehhh!...sacá ese dedo de ahí......¡asiiiiii,..siiiii....Fede....¡cogeme cogeme...asiiii!........ ¡siiiiii!!...- No podía dar crédito a mis ojos ni a mis oídos: Mariela estaba siendo cogida, en nuestra cama, con alguien que lo hacía con asiduidad (evidente, ni forro usaba) a juzgar por lo que había oido (....hace meses que me lo negás..) y la estaba pasando “bomba” con la enorme poronga del tal Federico, llenándole la concha. El orgasmo fue un concierto de suspiros, gemidos y gritos de placer. El hombre retiró la verga, aun medio erecta, brillosa por los jugos vaginales y chorreando semen. Me hizo pensar en un cañón humeante (chorreante en este caso) después del disparo; el tiro debe haber inundado de leche la cachucha, que yo iluso, hasta esa noche, pensé que era sólo mi blanco. Se acostaron juntos para recuperar fuerzas, con las cabezas fuera de mi visión. Al cabo de unos segundos Mariela, jugueteaba con una de sus manos en los testículos del compañero de cama y exteriorizó lo satisfecha que estaba: - Fede sos un maestro haciendo el amor.....hoy estas con toda la polenta.....me haces disfrutar como nunca antes, desde que salimos.....- - Vos también tenes todas las pilas hoy.....¿será porque estas cogiendo, por izquierda, en tu cama?....me vas a matar....- devolvió el elogio el rubio. - Puede ser.....no me vas a negar que es mucho mejor que el telo.....lástima que, una ocasión como la de hoy, es difícil que se nos vuelva a dar...con los chicos y Gastón fuera de la ciudad.. - agregó mi esposa. - ...será....pero me da cosa...pena por tu marido...le cojo la esposa....en su casa...en su cama.....le uso el baño...y la “pistola” y las bolas me la seco con sus toallas....- considerado, el H. deP. - ....¿perdónnnn?....¿qué es eso de que “me cojo..”?...¿no será que, cuando me da la gana, me doy un gusto con vos...y...vos venís al pié?...¿quien coge a quien, eh?....y dejá “tranquilo” a mi marido...¿estamoss? - - ............- Me retiré en silencio, aplastado, por la revelación: mi mujer tiene un amante y para colmo, con su verga XL, la atiende mejor que yo. Me fui, con mi carga, a un hotel del centro. Con el “embale” que señoreaba en el cuarto de mi casa era previsible que el dúo siguiera dándose el resto de la noche y yo no tenía autoridad moral para impedirlo desde que me estaba acostado en la cama matrimonial de Florencia en reiteradas ocasiones cuando el marido se ausentaba de la ciudad por trabajo. Mariela en nuestra cama con el tal Federico se cobraba mis andanzas en la cama de mi amante, Florencia. El día siguiente volví a casa a la hora prevista al iniciar el viaje al interior. Mariela “como quien vió llover”. Nada, ningún signo o actitud que dejara translucir el festín de la noche anterior. Evidentemente los encuentros con su amante ya tenían antigüedad suficiente para no dejar emerger el estado de ánimo posterior. Con el correr de los días, vine a saber que el “súper equipado” amante de mi esposa es instructor de patín de nuestra hija, Fabiana. Mariela la acompaño desde el comienzo a las clases en el club, ahí es donde se originó la relación. Ella es una hermosa y simpática mujer que fácilmente, despierta la codicia masculina. Lo que no entraba en mis cálculos es que se le despertara el apetito sexual tan acentuado, que había presenciado, en su trenzada con el amante. No se en base a que la suponía refractaria a las calenturas por otros “machos” y a dejarse llevar por ellas; está en su derecho de no privarse. Todo bien, pero a mi me queda una gran duda cuando cogemos: ¿será verdad que el tamaño no importa? ¿Mi verga estándar, popular, de cabotaje tendrá alguna chance contra el grueso calibre que calza el amante? Por ahora Mariela, a juzgar por sus exteriorizaciones cuando hacemos el amor, la pasa requete bien conmigo, disfrutamos un montón los dos. Aunque de tanto en tanto ella se de el gusto de comerse la poronga extrema del “Fede” y yo de ponérsela a Florencia, que me alucina. |
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