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Viajar en tren |
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Enviado por Debil el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Después de la fiesta pasó algún tiempo antes de que charláramos del tema con Pedro. (ver Una fiesta que fue orgía, en la sección orgías). Para él "no pasó nada" "todo está bien" y ahí quedó la cosa. Pero para mí el tema fue mucho más allá. Me habían re-cogido vaya a saber cuantos tipos, había tragado el semen de no quienes y mi culo lo dejaron como un florero. No podía decir "aquí no pasó nada". Comenté con mi amiga Esther todo lo ocurrido. Ella no podía dar crédito de que todo fuera por culpa de mi debilidad anal. (ver como perdí mi virginidad en sección confesiones) pero así era mi realidad. - ¿Por qué no vas a un psicólogo? El después de analizarte seguro va a dar en la tecla del porque cada vez que te ponen un dedo en la puerta del culo te dejan indefensa. Porque razón se te aflojan las piernas y también porque se agita tu respiración, te mojas toda, etc. Eso tiene que tener una explicación en tu infancia o en tu adolescencia... - ¿Vos crees que esa es la solución? - ¡Por supuesto! Tras mucho meditar las palabras de mi amiga decidí al fin ir a un psicólogo. Busqué en la guía y cuando encontré uno que me pareció bueno llamé y pedí turno. Ese día bien temprano, tenía turno a las 12 horas, me preparé con todo. Después de un buen baño, me puse mi mejor tanguita blanca, medias cortas blancas, una pollerita tenis blanca, un sostén que levantaba y resaltaba mi busto blanco, una remera blanca de las que adhieren al cuerpo y por calzado una hermosas zapatillas tenis blancas. Parecía un "ángel" toda de blanco. A las 9.45 horas baje a la cochera, subí a mi auto, acomodé la carterita en el asiento del acompañante y giré la llave para dar marcha al motor. Nada. Volví a intentarlo. Nada. El maldito motor se había empacado y ni un ruidito hacía. Me tranquilicé. Volví a girar la llave en el encendido y una vez más nada... - Ah no... no van a impedir que vaya... Bajé del coche y desde mi celular lo llamé a Pedro informándole que dejaba el auto en la cochera porque el condenado se había negado a arrancar y que iría "de compras" en tren. Por supuesto no le informaría que iba al psicólogo. - Bueno - fue la lacónica respuesta que recibí Salí de casa y me dirigí a la estación del FFCC a cinco cuadras. Saqué el boleto hasta la terminal e ingrese al andén. A esa hora muchas personas de ambos sexos estaban aguardando la llegada de la formación, de hecho cuando llegó éramos tantos que entramos al vagón mediante empujones dados por quienes venían por detrás. Tanta gente en tan poco espacio fue terrible. Mi rostro quedó contra la espalda de un hombre alto, mientras que otros se apretujaban contra mi espalda. El tren arrancó y tardó casi cuatro o cinco minutos en llegar a la estación siguiente. En la misma en vez de bajar pugnaron por subir muchos más, lo que hizo prácticamente imposible realizar movimiento alguno. El tren inició nuevamente su marcha. Repentinamente sentí el calor de una mano ingresar por debajo de mi pollerita y apoyarse contra mis nalgas. Intenté ver que pasaba pero no podía moverme. La mano acariciaba mi cola y de pronto un dedo ingresó a mi raya y se apretó con suavidad en mi orificio anal. Mis piernas ante la presión se aflojaron. El dueño del dedo al sentir que mi culo se apoyaba contra su dedo habrá interpretado que me gustó por lo cual maniobró con su mano en forma tal que corrió la tirita de la tanga dela raya e introdujo la primer falange de su dedo en mi orificio anal. Apoyé la cabeza contra la espalda del hombre que se encontraba delante de mi. El dedo del intruso comenzó a jugar con mi agujerito y lentamente se fue introduciendo cada vez más. El desconocido me susurró al oído... - En la próxima estación bajamos y vamos a un hotel... ¿Querés? No pude responder. El interpretó entonces que daba consentimiento a su pregunta. Cuando la formación arribó a la estación sacó su dedo de mi agujero y tomándome del brazo me llevó hasta la salida del vagón empujando a todos cuantos se hallaban en el camino hasta que bajamos. Me temblaban las piernas. No conseguía reaccionar. Mi mente estaba como embotellada. Siempre tomándome del brazo me condujo hasta un alojamiento. Pagó. Ingresamos a la habitación. Aún no podía recuperar mi estabilidad emocional. El sin ningún tipo de miramientos comenzó a acariciarme y besarme. Sus manos recorrían mi cuerpo y tocaban en todas partes, así en un par de oportunidades lo hicieron con el orificio anal volviendo a ponerme en indefensión... Me fue desvistiendo progresivamente hasta dejarme totalmente desnuda. Me tiró en la cama y empezó a desvestirse. Trataba de hablar y explicarle lo que me estaba pasando pero no podía coordinar. Terminó de desvestirse de espaldas a mi. Giró su cuerpo para dirigirse hacía donde me encontraba y allí ví el inmenso "ganso" entre sus piernas. Me horroricé. 23 ó 25 centímetros de carne dura y rígida con un grosor aproximado a los 5 centímetros se presentaron ante mis ojos. Traté de hablar y sólo pude decir... - ¿Me vas a coger? - No solo te voy a coger putita... voy a romperte ese hermoso culito... - ¡Por favor... no! - Oh si... Te vas a comer esta "pollita"completa preciosa... Mientras hablaba sus manos recorrían todo el largo de ese mástil de carne. Se acercó a la cama, estiro sus manos a mis piernas dejando mi vagina expuesta y en medio de besos y caricias hundió su trozo en mi cuerpo. Mi conchita sintió la agresión. Yo grité... - ¡Soltame hijo de puta...! Me partís la concha desgraciado... Pará que me duele... uuuuuuyyy...uuyy... aaayyyy... ahhhhh... El pedazo se hundía en mi interior frotando las paredes de la vagina y provocándome olas de placer que subían desde la entrada vaginal rebotando por todo mi interior explotaban en mi cabeza. Luego de unos momentos de frotar consiguió arrancarme elprimer orgasmo. No pude oponer resistencia alguna. - Me estás haciendoooo... acabaaaarrrrrrrr... uaaaahhhhhhhhhhhhhh... me... fui.. uuuhhh - Gozá turrita, gozá Sus movimientos recrudecieron y en breves instantes los orgasmos se sucedieron uno detrás de otro. Lo poco que podría haber opuesto ya estaba acabado y como cualquier puta de la calle estaba gozando como si fuera la primera vez que me cogían. El desconocido me saco la verga de la concha y sin darme tiempo para nada me dio vuelta, levanto mi cuerpo por la cintura, colocó mi culo en pompa y apoyando su terrible falo contra el agujerito presionó para entrar. - Nooo... noooo... esss... muuuyy... grandeeee... - Aguanta, linda... Este culito va a saber lo que es bueno... - Me.. lo vas.. a destrozar... - Un poquito... porque virgen no está... se ve que fue usado... - Siii, pero no con un aparato como ese... - Siempre hay una primera vez rica... Su presión aumentó y mi orificio, totalmente entregado, cedió... - Aaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh yyyyyyyyyyyyyyyiiiiiiiiiiiiiiaaaaaaaaaaahhhhhh Se produjo la rotura y el empuje llevó la cabeza a mi interior. Aún pujando y haciendo caso omiso a mis gritos y suplicas me siguió hundiendo hasta el fondo su terrible pedazo. Durante un prolongado espacio de tiempo él gozó de mi culo. Lo cubrió con su leche y recién entonces se detuvo a descansar pero sin sacarlo de adentro. Recién quedé en libertad de regresara mi domicilio a las 20 horas... Durante todo ese tiempo el desconocido se paseo y regodeó con mi cuerpo. Me llenó la boca, el culo y la concha con su leche y cuando no pudo más decidió que todo había terminado. Luego de ducharnos me acompaño de regreso hasta la estación donde tomé el tren de regreso a casa. La visita al psicólogo quedó para otra ocasión. Mi culo y concha quedaron en terapia intensiva por un par de semanas hasta que pude recuperarme de la cogida que me prodigo ese total y absoluto desconocido que ni el nombre me dijo... Si desea comentar sin ningún tipo de interés extraño sobre este relato escríbame |
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Escribile un e-mail al autor: amordebil@hotmail.com |
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