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Obreros |
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Enviado por Sierva el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Trabajo a cinco minutos de casa, en las oficinas de la calle Goya, aún así, mi marido me acerca en coche, aprovechando que pasa por delante para ir a su despacho, situado en la periferia de la ciudad. Solo cuando nuestros horarios dejan de coincidir, me voy andando, dando un tranquilo paseo. Me desvié por la calle , donde queda la papelería, para comprar una tarjeta de felicitación para mi marido, pues faltaban pocos días para su cumpleaños, y me gustaba regalarle una de esas que ponen cada vez estás más barrigón o calvo...siempre he disfrutado chinchandole un poco...y él tambien . Cuando caminaba con paso firme, escuché una voz grotesca y desagradable: “¡Eh tú!, guapísima, te comía hasta las bragas!”. Me giré y observé con desagrado a un joven obrero que trabajaba en un edificio en construcción. A su lado, tres compañeros suyos, de distintas edades cada uno, sonreían babosos mientras me miraban con ojos de sátiro. Ruborizada volví la mirada al frente y seguí mi camino como si nada hubiera escuchado. Pero tuve que reconocer que aquella situación me había puesto muy cachonda y a cada paso que daba notaba lo húmeda que estaba y eso hacía que mi excitación aumentara. Pasé todo el día absorta recordando la imagen de aquellos cuatro hombres mirando mi cuerpo con deseo...era algo tan primitivo lo que reflejaban sus ojos... Fueron pasando las horas y así llegó la noche y mi calentura no disminúia, me acerqué a mi marido con claras intenciones, pero sólo recibí un tierno beso de buenas noches y se quedó dormido a mi lado, permanecí un instante comtemplándolo, mi marido era un hombre maravilloso, trabajador, atento y de instintos controlados, justo lo que no necesitaba en ese momento. Y, ¿había necesitado alguna vez eso? , seguramente no, pero es lo que se esperaba de una buena chica, que fuera decente y recatada; y no que mojara las bragas ante cualquier obscenidad dicha por un extraño, por un tipo grosero, sucio, vulgar...Dios! no me creía que pudiera estar tan excitada sólo de pensar en esas manos bastas recorriendo mis muslos, apretando mis nalgas con fuerza separándolas para...no! eso ni siquiera lo había hecho con mi marido. Pasó un par de días hasta que Ramón, asi se llama mi marido, me dijo que tendría que ir paseando a trabajar, era como si mi cuerpo esperara esa noticia respondiendo con un calambre que descendía por mi vientre hasta mi sexo y erizaba cada vello de mi piel. Abrí el armario y sin dudarlo escogí el pantalón más ajustado que tenía, eran unos vaqueros azul oscuro de talle bajo y una camisa blanca entallada. Nuevamente me desvié del camino que va a mi oficina esperando encontrarme con aquellos tipos de la obra, mi paso era firme, decidido y el vaiven de mis caderas elocuente. Al acercarme a ellos disminuí el ritmo y acentué el movimiento de mis caderas, esta vez fue su compañero , un hombre de unos 45 años aproximadamente, el que se levantó para gritarme..."pero qué buenas estás, ven aquí que te voy a echar 7 sin sacarla!!!" Me giré para ver sus rostros, eran tan vulgares, me excitaban aquellas frases tan ordinarias dichas por esos hombres, con esa mirada, eran como animales y me ponía sobremanera sentirme su presa. Al llegar la noche, en la cama, no podía dejar de pensar como me había sentido al ser observada con lujuria por esos hombres, si las miradas penetraran habría tenido un orgasmo en mitad de la calle. Sus palabras resonaron por mi cabeza e imaginaba como se acercaban para lamer mi cuerpo y manosearlo. Deslicé mis dedos bajo el camisón para acariciar mis pechos y pellizcarlos. La otra mano la dirigí hacia mis muslos para masajearlos ascendiendo por ellos hasta que se detuvieron en mi entrepierna , me acaricicié por encima de las bragas y luego llevé la mano atrás, la introduje por debajo de la ropa y agarré con fuerza una nalga, separándola, llevé mi dedo a la entrada de mi sexo sin soltarme y se humedeció al instante,con gran facilidad lo deslicé pocos centímetros hasta la entrada de mi ano y la sensación fue increible, tuve que reprimir un gemido por temor a despertar a mi marido. Pero ya no podía parar, estaba encendida. Descendió mi mano por mi vientre hasta llegar a la entrada donde nacía mi pubis y jugué con los pliegues, notando como se mojaban mis dedos y se resbalaban hundiéndose en mi interior. Con la otra mano separé los labios, para así sentir más mis dedos. La situación, con mi marido al lado y mis fantasías se hacía cada vez más insostenible, necesitaba con urgencia ser penetrada, busqué a tientas la mesita de noche y abrí el segundo cajón, allí tenía una vela para las ocasiones en que se iba la luz, la cojí y la puse entre mis piernas, humedeciéndola con mis jugos y con un movimiento la introduje en mi vagina, me mordí el labio inferior para no emitir ningun sonido y comencé a frotar mi clítoris, en círculos, a pellizcarlo, mientras notaba la vela en mi interior imaginaba que me miraban esos hombres y me decían guarradas que prometían cumplir. Ya no podía más y en silencio exploté en un intenso orgasmo, intentando contener mis espasmos, poco a poco recuperé la respiración, las gotas de sudor caian por mi espalda, mi rostro y mis piernas. Al día siguiente le dije a Ramón que tenía que ir a recoger el abrigo de la tintorería y que iba a ir andando para no hacerle perder tiempo. A pocos metros de llegar al edificio en construccion aminoré el paso, me alisé la falda y adopté un aire solemne, cómo si sus frases no llegaran a mis oidos. "Rubia! ven que te voy a follar el culo!". Me detuve y giré para observarlos, ahí estaban los cuatro, babeando, jactándose de sus ordinarias frases. Me acerqué mientras ellos se miraban entre risas. "Vale, a ver cómo de bien lo haces", le dije al obrero barrigón que me había obsequiado ese dia el piropo, "el resto puede acompañarnos". Me llevó a una especie de cabina en la obra y sin decir una palabra me subió la falda hasta la cintura me sujetó la barbilla y me besó entrelazando su lengua con la mía, me dijo que me diera la vuelta e inclinara hacia delante, tiró de mis bragas hacia arriba haciendo que se me metieran por el culo, sentí unas manos sobándolo, apretándolo y separándolo. El más joven se situó delante de mi y me dijo que ya que estaba en posición me iba a follar la boca, se bajó los pantalones y sacó su miembro de considerable tamaño, lo sujetaba mientras con la otra mano guiaba mi cabeza hacia la de su polla, abrí la boca y me la fue metiendo poco a poco, como si me follara, yo estaba a mil, otro tipo me había desabrochado la camisa y apretaba mis pechos con sus ásperas manos, también se la había sacado: "venga, agarrámela", al instante la tenia en mi mano, acariciándola de arriba abajo con firmeza. A todo esto me habían bajado las bragas y no se cuantas manos manoseaban mi sexo y mi ano, introduciéndome dedos, pellizcándome los muslos. "Joder que cachonda está la zorra, ponte a cuatro patas que te vamos a follar por turnos " dijo uno de ellos, y eso hicieron, esta vez se puso el tipo más mayor de rodillas delante mia, agarró mi cabeza y me la metió hasta la garganta, por turnos me iban follando el coño sin cesar, empezaba a dolerme lo que no evitó que tuviera múltiples orgasmos. Estaba exhausta. "Chicos, esta entrada está rozando el límite, probemos este culito". Mi cuerpo se tensó, eso nunca lo había hecho. "Tranquila princesa, sólo te dolerá al principio" me dijo el barrigón mientras el resto reía. Noté la presión sobre la estrecha entrada de mi ano y cerré los ojos, acto seguido un pequeño empujón, pero nada, era imposible que eso entrara ahi. Otro empujón, esta vez más fuerte y otro. Uno de ellos se tumbo debajo de mi y empezo a penetrarme y a pellizcarme los pezones. "Oh! me van a penetrar dos hombres a la vez" pensé , volví a sentir otro empujón y esta vez entró de golpe, creía que iba a estallar, que no podria soportarlo, notaba las dos pollas entrando y saliendo de mi, creia que me iba a volver loca, nunca había estado tan excitada y jamás me había sentido tan puta, estaba fuera de mi, gemía, pedía más, quería que se corrieran dentro de mi. Los otros dos hombres se situaron delante para que se las chupara, lo hacía ávidamente y sin descanso. Después de intercambiar posiciones entre ellos me dijeron que me pusiera de rodillas y que se las chupara y los pajeara hasta que se corrieran sobre mi, no podía creérmelo, allí estaba yo en plan pelicula porno, ahora si que me sentía la más guarra de todas las putas, pero como estaba disfrutando! Uno a uno fueron derramando su semen sobre mi rostro , mis senos y mi boca. "Bueno chicos, hay que seguir currando, gracias guapa, vuelve cuando quieras". Y allí me quedé sentada sobre mis talones y con ese sabor a semen en mi boca. |
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