Cuernos vs. Cuernos 1 a 1.
Enviado por Javier el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

¿Las vacaciones de verano no son una simulación?

¿No se esconde la edad como si fuera un talismán?

¿No se juega a ser otro por esos pocos días de descanso?

 

Marta, mi mujer, y Cristina son amigas desde la primera infancia. Frecuentaron juntas pre-escolar, primaria y secundaria. Siguieron carreras terciarias diferentes: Marta medicina, es otorrinolaringóloga, Cristina profesorado de historia, pero eso no las separó. El matrimonio y los hijos apenas ralearon el tiempo compartido, durante unos 25 años. Ambas tienen 29 años, hermosas facciones y cuerpos estupendos, a despecho de la maternidad.

Este año, como la mayor parte de los anteriores, arreglaron  las vacaciones, y las dos familias fueron a la costa, en dos casas, próximas entre si y de la playa, a partir del 1 de enero hasta fin de febrero, mes en que Oscar, el esposo de Cristina, y yo tenemos nuestra licencia anual.

Durante enero, ambos, viajamos los fines de semana para estar con la familia, cada uno en su auto para tener autonomía durante la estadía en la costa.

El viernes 20, me liberé temprano de los compromisos de trabajo y decidí salir para la costa sin almorzar. Aproximadamente a las 16:15 estaba estacionado en la calle frente a la casa que alquilamos.  Atravesé el breve jardín del frente y al llegar al porche me detuve en seco. A través de la ventana podía oír el inconfundible gemir de Marta cuando está próxima el orgasmo  y sus balbuceos de aprobación y placer: “¡Siiiii.!!...así ..¡asiiii...!! ¡ayyy!....¡que bueno..Raúl!.....¡uuhi!!!” ...

Gunga, nuestro perro boxer me había sentido llegar y comenzó a raspar la puerta con las patas y a ladrar.

Me alejé precipitadamente, subí al auto y di una vuelta de manzana y me ubiqué a una distancia prudencial para vigilar la puerta de la casa. Unos 40 minutos más tarde, aparecieron en el porche dos hombres altos (y, debo conceder, con físico bien trabajado) de  pantalón de baño y enseguida Marta y Cristina ambas con bikinis y amplias sonrisas. El rubio besó a mi mujer y el morocho a Cristina y subieron a un auto y se alejaron.

Dejé correr 2 o 3 minutos, moví el auto y simulé haber llegado recién.

Eufórica recepción de Gunga, y sorpresa de las chicas:

            -   ¡¡Javierrr!! ¿Qué haces aquí tan temprano?? Llegas casi siempre después de las 11 – exclamó Marta. Se me antojó  levemente sonrojada e intrigada cuando me acerqué para besarla. El aliento era levemente aguardientoso.

En la mesita del living, de reojo, conté cuatro jarras y tres botellas de cerveza, de la artesanal, que elabora un hermano de Marta. Simulé no reparar en el detalle que decía, palmariamente, que el cuarteto se había refrescado generosamente, antes y/o después de..

           -   ¡Hola Cristina!   Bueno,....terminé temprano en la oficina y me vine. Ya vengo. Voy a dejar el bolso en el dormitorio - respondí y me encaminé para el cuarto. Al entrar vi dos bollitos de papel higiénico en el suelo. Marta entró, presurosa, y con un pié los empujó debajo de la cama, Se escuchó ruido de cristalería en el living:

          -    No arreglé la cama aun, los chicos quedaron en la playa con Mamá, y yo me vine a acostar un rato. Cristina también, porque no aguantábamos más el sol tan fuerte...-

En el “rato” acostada no sólo había rehuido el sol, había cogido dos veces con el rubio, Raúl: un preservativo por cada bollito, ahora, debajo de la cama. La miré y no aguantó la mirada, bajó los ojos perturbada.

-          Voy a buscar a Mamá y los chicos, ¿Querés? – propuso.

-          No, dejalos. Vamos un rato a la playa, como tenías planeado – rebatí.

Esa noche me hice el descompuesto para no intimar con Marta. Ella había tenido lo suyo ese día y yo no lo digería mansamente.

Desde la lógica, le reconocía el “derecho” a no reprimir una buena calentura como más de una vez no lo había hecho yo. Sin ir más lejos, el martes anterior, me había acostado con la secretaria de un proveedor de la Empresa. Pero era la primera vez que me encontraba casi “cara a cara” con el hecho de ella disfrutando con otro y, como buen macho argentino, tengo incorporada la creencia de que el amor a y de la esposa conlleva posesión (esta mujer es mía) y no me gusta nada que, conocido o extraño, comparta la almohada con ella.

Necesitaba tiempo para calmar el ego malherido.

A la mañana del sábado, nuestras dos familias se encontraron en la playa en sendas sobrillas contiguas. Yo seguía sin saber muy bien que hacer con relación a lo descubierto  en la tarde anterior, aunque había decidido no hacerle a Marta ningún tipo de planteo. No estaba en condiciones. Había recibido mi misma medicina. Pero el azar, esa misma mañana, me sirvió en bandeja la oportunidad de sacar provecho de lo ocurrido: Oscar estaba dedicado a la práctica de natación, bastante adentrado en el mar; Marta acudió al llamado de Pablo nuestro hijo menor que estaba junto a mi suegra a la orilla del agua. De este modo quedamos solos, Cristina y yo. Omití mencionar antes en el relato que, desde siempre, le tenía ganas a la amiga de mi mujer. Sin pensarlo dos veces abrí el juego:

           -   ¿Qué tal  la “trenzada” de ayer con el moreno amigo de Raúl? –se sobresaltó como quien recibe una descarga imprevista. Giró la cabeza, intensamente ruborizada y me dirigió una mirada, mezcla de sorpresa e interrogación.

          -   Si, nena,.......ayer llegué antes de llegar....y, sin proponérmelo, escuché y vi lo suficiente. ¡Fiesta flor debe haber sido la que armaron las dos “compañeritas” con ese par de XL!!...¿O me equivoco?...No lo creo a juzgar por lo poco que pude oír, de tu amiga, a través de la ventana del dormitorio.... – completé el golpe bajo.

Cristina recuperó la palabra, aunque no la compostura. Las pupilas brillaban al sol, por las lágrimas incipientes:

          -   ¿Qué vas a hacer, Javier?....Te pido por favor que no le digas una palabra a       Oscar. No me lo perdonaría....Te juro que, la nuestra....la de Marta y la mía........ayer... sólo fue una debilidad pasajera... un resbalón.. un desliz,...te juro que no comprendemos que nos pasó.......y ya estamos arrepentidas.....- calló, expectante, angustiada.

Como no dije nada y seguí mirándola fijamente, no aguantó la espera:

-    ¡Javier, por Dios, no le comentes nada a Oscar....¡¡te lo pido por favorrr!!...por  los años de amistad que tenemos... –

-          Decime: ¿por qué pensas que debería callar?...¿eh? –

-   Para no deshacer mi matrimonio ni el tuyo..¿No te das cuenta? ...serían dos catástrofes.. –

-          A tu matrimonio, salvalo vos. ¿Mi silencio no vale nada? –

-          ¿Cómooo?......¿Qué decís?....¿Qué es lo que querés? –

-          Lo mismo que le diste al...lomazo....amigo de Raúl  -

Hizo una larga pausa con sus ojos fijos en los míos.

-    No seas guacho, Javier!! ¡Soy la amiga de toda la vida de Marta!...¡No podes!...¡No podes ser tan...tan....!-

-   Si puedo....¿Vos y tu mejor amiga no pudieron acaso?....¿porque no voy a poder yo? ...siempre me “calentaste”...ahora que se que te das algunos gustos extras, ...más  ganas tengo.... –

            -    ¡No lo puedo creer! ...no es lo mismo, nosotras no....¡callate ahora!....hablamos en otro momento...-

Volvía Marta y la cosa quedó, momentáneamente, trunca.

 

Esa misma tarde Marta fue al centro, para que un oculista revisara a la madre que tenía la vista muy irritada, y se llevó nuestros dos chicos, para probarles unos suéteres “divinos”  que había visto días antes y le quería comprar.

Yo me quedé en casa, tratando de “meterme” en el libro  que estaba leyendo, sin éxito porque acudían a mi mente los sucesos de la últimas horas y mis pensamientos iban a parar, literalmente, al carajo.

Cristina abrió, como habitualmente lo hacía: sin llamar, la puerta, entró y, tras cerrar, apoyó su espalda en la misma y se quedó inmóvil mirándome.

Vestía una blusita y bikini blanca diminuta. Realmente estaba cautivante. Como para cualquier mortal  masculino, mi erección no se hizo esperar. Sólo trolo o muerto, un hombre no tendría esa reacción.

Me incorporé, del sofá, y me aproximé a ella, que siguió mi movimientos con la mirada. No tuvo que esforzarse para darse cuenta de mi intención.

 

-     Quedate quieto y sentémonos. Vine para ver si consigo hacerte razonar para que no seas tan duro y  hagas cosas de las  que después te arrepientas –

-     Ya lo razoné, pero lo que me queda en la cabeza son los...adornos -

-    Callate y escuchá, por favor. Lo que cometimos, las dos, fue una ligereza, que nos hizo caer en una indignidad, es cierto, pero vos podes jurar que no tenés nada de que reprocharte? -

-     Estamos hablando de la “perrada” de Uds. dos no de lo que yo  haya hecho o dejado de hacer -

-      Está bien te cuento: empezó con una inocentada. Estábamos tomando un café en el centro de San Bernardo y los dos muchachos, Raúl y Marcelo, entraron en el bar y se sentaron en la mesa casi pegada a la nuestra. Vos sabes como aprovechan el lugar los locales en estos días. Con Marta coincidimos, bromeando, que los dos estaban “fuertes”  y seguimos con nuestra charla. Al rato uno de ellos, pidió que le pasáramos el azúcar. Al devolverla, sonriendo nos dijo:

            “Chicas, estamos tan cerca que es imposible no escuchar nuestras conversaciones ¿Qué les parece si juntamos las mesas y charlamos los cuatro? “

Sin esperar respuesta, tendió la mano y se presentó y presentó al compañero:

“Raúl, un gusto. Este es Marcelo”

Casi sin pensarlo le di la mano y retribuí las presentaciones.

“Cristina y mi amiga es Marta”

Ellos juntaron las mesas. Fueron muy correctos, y amenos. Al despedirnos nos invitaron a verlos jugar voley, esa tarde en la playa, por un torneo en el que iban muy bien en la puntuación.

Ya en la calle Marta, comentó:

“lindos y simpáticos ¿No te pareció?”

“Si” reconocí y agregué:

“¿vamos a verlos jugar, a la tarde?”

“No creo que sea prudente” dijo Marta.

Pero a la tarde cometimos la imprudencia. Terminado el partido, nos invitaron a tomar unas cervezas, ahí mismo en la playa.

Estuvimos un buen rato charlando de distintas cosas, entre otras, la conversación recayó en la afición de tomar cerveza helada que teníamos los cuatro. Fue ahí que caí, te juro que no intencionadamente, en la imprudencia de decir:

            “No saben que buena cerveza artesanal, tiene Marta. La hace el hermano. ¡Es exquisita!”

No dejaron pasar la oportunidad, los muchachos:

            “tenemos que probarla” dijeron al unísono

Que no, que si, que no, que si, insistieron tanto que yo acepté,  por las dos, que vinieran ayer a tu casa. La cerveza estaba ahí -

Marta, al principio se molestó conmigo:

            “escuchame, ¿vos sos loca? ¿Como se te ocurre…?  Estarán imaginando que..”

La interrumpí y conseguí calmarla asegurándole que no iba a pasar nada malo, que los dos muchachos eran correctos y que nosotras manejaríamos la situación y que sería una tarde diferente y entretenida para romper la rutina de todos los días: desayuno, playa con los nenes, almuerzo, siesta, playa, cena, cama.

 

            -    ¿Qué me queres hacer creer? ¿Qué invitaron a la casa a dos tipos que apenas conocen y que pensaron que ellos, correctos caballeros, iban a una tertulia a mostrar ingenio para la conversación y de paso sólo degustar cerveza?  Hasta Heidi y Blancanieves sabrían que, si no eran putos, las iban a voltear. ¿Por favorrrr? ...lo hicieron a sabiendas porque tuvieron ganas de fifar con los muchachos que las calentaron...No tienen redención Uds......¡Ah!..Sólo por curiosidad: ¿las dos cogieron con los dos o la cosa fue 1 a 1? -  la interrumpí

 

En ese instante se me había ocurrido que, los dos bollitos de papel higiénico en el dormitorio, podían haber contenido condones de distintas vergas.

 

            -       Javier, no seas cínico,.....conmigo, vaya y pase, pero...¿cómo podes pensar que estas casado con una pervertida? ... te estoy contando con sinceridad lo que pasó....habremos sido ingenuas....o sobrestimamos nuestro autocontrol....pero te estoy diciendo la verdad.. -

-    Los nenes se quedaron con tu suegra en la playa y nosotras nos volvimos a la casa. Quizás tomamos cerveza demás, es cierto que los muchachos estaban “fuertes” y sin darnos cuentas nos dejamos llevar, perdimos contacto con la realidad,  nos excitamos y sucedió lo que sucedió. -

            -  Ahora estamos arrepentidas y angustiadas, pero no podemos deshacer lo hecho al no quedarnos con los pies en la Tierra -

 

Dejé transcurrir unos cuantos segundos, en silencio y con la vista al cielorraso.

 

-    Tal vez tengas razón: me duele pero me la banco y no creo que valga la pena hacerle un quilombo a Marta. Se dio un gusto. ¡Ya está? – le dije

-          Que bueno que hayas recapacitado, ¡Javi!  ¡Qué alivio!!– festejó sonriendo.

-          ¿Si? Bueno,...sólo...sólo falta que vos....-

Se le apagó la sonrisa y rebatió, ya en guardia:

-          ¿Qué yo que?-

-          Compres.....digo pagues, lo que ya sabes, por mi silencio...-

-          .....no lo puedo creer.....que seas tan desgraciado....que te tirés conmigo..-

-    no soy un mal nacido....hace tiempo que estoy caliente con vos....sueño con hacerte el amor...vení que hoy es el día -

Le rodee el cuerpo, pasándole el brazo alrededor de la cintura y la atraje hacia mi. Quedamos apretados en una mínima parte del sofá.                         

            -    Javier,...¡no lo hagas!....¡Por favor no lo hagamos!! -

La acaricié en la mejilla, le froté el lóbulo de la oreja entre el pulgar y el índice, fui acercando mis labios a los suyos.

-   Javier...no....no debemos....se bueno...no vamos a... – la callé con el primer beso. El segundo fue prolongado y correspondido. Ya no opuso resistencia a las caricias.  Algunas quejas tibias. Mis manos bajaron a las tetas, las piernas, a la cola y se introdujeron en el calzón de la bikini. Cuando llegué a la concha ya estaba mojada por la calentura que la estaba invadiendo.

-          ¡Por fin la puedo acariciar!!...¡Está genial! ....vamos..-

Se dejó conducir al  dormitorio de los chicos, el más alejado de la calle. Yo no quería que eventuales transeúntes escucharan, como yo el día anterior, las exteriorizaciones vocales que suele arrancar el sexo cuando la excitación es mayúscula. En el trayecto entre el sofá y la cama nos detuvimos para besarnos y acariciarnos íntimamente. Ella también, sopesó el juguete que le iba a regalar.

El trámite de desnudarla fue exiguo y, en un santiamén, mi pito-cantropus erectus  se introdujo en la caverna deseada. Cristina pareció no “acusar” las primeras embestidas, pero se fue soltando y acompañó, con  movimientos agraciados las entradas de mi miembro. Sobrevinieron los gemidos: “ ¡ayyy!l.... ¡uuyy!l..... ¡ahhh!l...“ las dulces exclamaciones de aprobación, “..¡siii!...¡uuyy..que bueno!!...¡cogeme!...¡nooo...no pares!...” Luego las uñas clavadas en mi espalda; en ese punto de alto “voltaje erótico, sin dejar de “bombear” le pasé mi mano derecha por debajo de las nalgas hasta dejar entre los dedos la verga que entraba y salía, la mantuve un rato ahí acariciando luego despacio la fui retirando, con la palma abierta, haciendo presión en la concha, en el culo y  en la zanja del mismo hasta casi la cintura.

Pidió bis:

-          ¡ahhhh!...haceme otra vez esa caricia,...¡Javi!....me alucina...-

 

Todo sumado la cogida era súper agradable para los dos. La culminación fue barullera: cada uno le exteriorizó, fragoroso, al otro el placer que lo inundaba.

Cristina, demoró unos minutos en recuperar el compás normal de respiración. Vistió las dos partes del traje de baño, la blusa y se inclinó sobre mi que seguía acostado:

            -    No debimos ....pero la verdad que me encantó.....sos un dulce vos...lástima que  turro a más no poder.... - 

 

La verdad que a mi también me gustó. Tanto que me hubiera caído bien una segunda vuelta:

 

-           Quedate un rato más...¿si? – le pedí  presintiendo que se negaría.

           -    No puedo. Oscar y los chicos están en la playa y se estarán preguntando porque me demoro –

 

Me besó, brevemente, y se fue. En dos días consecutivos, en la misma cama, se había bebido, por lo menos, dos copas de  “leches extramatrimoniales” y ahora corría presurosa a reunirse con el marido que, como buen engañado, ni se imaginaba lo bien que lo había pasado su mujercita entre dos pares de  otros brazos.

Me quedé pensando en una próxima vez con Cristina. El hielo estaba roto, pero no hubo caso, por meses, a pesar que lo intenté siempre que tuve ocasión. Algo pasó en el mes pasado, tal vez Oscar, queriendo o no, provocó su resentimiento y cuando me esperaba el enésimo ¡NOOO!  Se prendió con un: “ el miércoles voy a estar en el centro y quedo libre mas o menos a las dos, ¿podes a esa hora? “. Pude, por supuesto. Compartimos un turno en un hotel próximo a Puerto Madero. Pero esa es otra historia que tal vez la cuente otro día.

¿Ah! Con Marta todo bien. Nunca aludió a su desliz de este año en la costa, aunque estoy seguro que Cristina la puso al tanto que yo estaba enterado. Por otro lado asumí, como dice el tango que “no es delito haber rodado en las vueltas de la vida”  y que, tampoco lo será si alguien le hace la “croqueta” y se le humedece el entrepiernas,  pero no quiero enterarme cuando y, mucho menos, con quien. Sigo siendo macho argentino.

 

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