Ambos, cansados, transpirados, con la respiración agitada todavía, nos metimos en la bañera bajo la ducha.
Los primeros pasos fueron casi de higiene total. Necesarios luego de tanto esfuerzo y tanto sudor y...
Rápidamente Horacio tomó un jabón y comenzó por pasármelo por la espalda. Con la otra mano la acariciaba y la lavaba...
Luego pasó a adelante, con las dos manos acariciaba mis pechos y mis erectos (otra vez) pezones.
Siguió bajando y se detuvo en la vagina, con el jabón, con las manos, con todo su ser.
Al darme vuelta y enfrentarlo ví su miembro otra vez erecto, firme, duro, apuntándome casi agresivamente.
Enjaboné mis manos y con ambas le lavé primero y acaricié luego su pene. Su reacción fue inmediata y la erección aumentó y aumentó su tamaño y grosor, sorprendente después de lo que habíamos hecho un ratito antes.
Después, bajo el agua caliente de la ducha, nos estábamos abrazando y besando en la boca furiosamente.
Me apoyó contra la pared y con su mano izquierda se metió en mi vagina, para luego, acomodar su pene y penetrarme casi violentamente. Yo grité, y comencé a gemir fuertemente. Levanté mis piernas y lo rodeé a la altura casi de su cintura, la penetración se profundizó, haciéndome sentir mucho placer, con un leve dejo de dolor...
En ese momento, comencé a sentir esa sensación indescriptible, esa lujuria, ese placer intensísimo que proviene de lo más profundo de nuestro ser. Se acercaba un orgasmo que curiosamente se demoraba en una sensación de placer profundo, intenso, interminable. Entonces llegó y otra vez exploté de placer, de goce, de lujuria indescriptible...
Él aceleraba sus movimientos y mis gemidos y mis gritos se multiplicaban. Yo misma me sorprendía de lo que sentía y de la manera en que lo expresaba, gritando, jadeando, abrazándolo fuertemente, pidiéndole que no me deje, que se meta dentro mío para siempre... y muchas cosas más, que no aconsejaría repetir a ninguna Señora que no está con su esposo.
Así, poco después, retiró su pene y pude ver que estaba tan erecto o más que antes. Yo no había sentido su semen dentro mío...
Casi con furia, casi con violencia me dió vuelta, cambió de lugar y me ubicó contra la parte baja de la bañera. Apoyando mis dos manos en el borde y él detrás mío.
Volvió a penetrarme fuertemente en la vagina, lo hizo con una fuerza que se confundía con furia. Otra vez, acelerando sus movimientos me embestía a fondo cuando le dije que ya venía otra vez...
Horacio retiró entonces su pene de mi vagina y de inmediato, lo apoyó en mi cola, en la entrada de ese orificio que hasta ahora, nunca había sido penetrado.
Intentó entrar y me dolió, además del esfuerzo que parecía ofrecerle.
Ambos, a punto de descontrolarnos decidimos salir de la bañera. Él tomó una toalla y torpemente me secó y se secó parcialmente.
Volvió a introducir, desde atrás mío, su pene en mi vagina y minuciosa, suave y firmemente realizaba sus movimientos que me provocaban un placer sublime. De nuevo, estaba yo a punto de tener un nuevo orgasmo, casi al borde de mi pérdida de control, él sacó el pene de mi vagina y con sus dedos arrastró ese flujo que me lubricaba hacia la entrada de mi cola. Luego volvió a poner su enorme pene allí, y forcejeó para penetrarme. Creo que entró muy poquito y me produjo bastante dolor, aunque con una mezcla de tensión, de excitación, de placer.
Siguió penetrando y ahora el dolor era intenso. Se lo dije: Por favor, pará, me duele mucho!!!
Él se detuvo, pero pocos segundos después lo sacó, lo metió nuevamente en la vagina y sacándolo rapidamente lo introdujo de nuevo en la cola, esta vez con más fuerza y provocándome más dolor. Fué violento y lo metió más profundo. Yo gritaba mucho y él jadeaba alocadamente, mientras seguía presionando.
¡Por favor!!! le dije y en ese instante noté que estaba jadeando mucho, que él también gritaba y gemía...
Cuando eyaculó en mi cola, sentí esa tibieza como un bálsamo. Él iba más a fondo todavía en un grito guerrero, pero a mí me había cedido bastante el dolor a causa de la inundación que su semen me provocó en la cola. Siguió bien a fondo y su eyaculación continuaba...(era extraño cuanto semen expulsaba, nunca lo había visto en mi marido, ni parecido).
Ahí, en ese momento, con sus gritos y los míos superpuestos, él terminó de eyacular y suave, lenta y pacientemente comenzaba a retirar el pene de mí.
Eso fue violento y doloroso, pero a la vez extremadamente atractivo para mí.
Nos repusimos otra vez en la ducha y luego salimos, nos secamos y volvimos a mi dormitorio.
Horacio se desplomó desnudo sobre mi cama con un gemido y me hacía señas para que yo, un poco repuesta fuera hacia él.
Lo hice dudando. Pero esta vez él fue dulce y tierno. Me besó, me acarició y me abrazó intensa, suavemente.
Al rato nos despedimos y él iría a visitar a la tal Lili. Prometió volver después de esa visita. Y lo hizo.
Ya les contaré cómo siguó nuestra apasionada aventura que sigue en estos días, todavía, después de mucho tiempo.