CRISTINA
Enviado por Cristina el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Este es otro relato para el rubro Infidelidad que te envío como continuidad del enviado hace unos pocos días.

Horacio tuvo que viajar a Córdoba, porque su esposa internada está ya programando su regreso a Buenos Aires. Ha mejorado según parece y rebajado más de 26 kgs. que era lo que necesitaba como mínimo.

El fin de semana se presentaba muy duro, difícilmente pudiera tener algo que me entusiasmara lo suficiente.

Pensé en ir con Pelusa (mi amiga desde la escuela secundaria) a su quinta de campo en Pilar. Pero mi relación con ella se había deteriorado mucho, por una intromisión que tuvo en cosas muy íntimas mías, abusando muy mal de la confianmza que deposité en ella.

Está bien que ella luego me dió sus explicaciones y ambas procuramos olvidar el incidente, pero yo quedé muy triste por ello y me costó superarlo.

En las innumerables charlas que tuvimos con Pelusa, en estos días, apareció algo extraño y totalmente inesperado para mí. Pelusa, que había sido una gran amiga, de fierro en momentos muy difíciles y a quien yo había tratado igual, comenzó a confesarme que en realidad, ella sentía una atracción especial por mí. En eso justificó su insólita actitud de cancelarme una cuenta mía (yo le dí los datos para que se comunicara con un amigo deconocido) y abusando de mi confianza, le dijo que teníamos que despedirnos y cerró la cuenta e-mail, cortando todo contacto con Carlos, como dije un desconocido, pero querido amigo del ciberespacio.

Todo se complicaba con ella, pero la verdad es que yo necesito de ella. La quiero mucho, porque hasta ese episodio, siempre actuó con fidelidad y con mucho amor.

No entraré en los detalles de cómo fue esta decisión, no comentaré las dudas y los pruritos que tuve que vencer. Pero el viernes pasado a la noche, con Horacio ya viajando a Córdoba, la llamé para que viniera hasta mi casa.

En pocos minutos estaba allí, tocando a la puerta de mi departamento. Le abrí y ella me dió un beso sonoro en la mejilla, yo sentí el deseo de besarla y le respondí lo que pareciera un saludo amigable y afectuoso.

Conversamos un rato y decidimos empacar algunas cosas e ir a la quinta. Llegamos por la noche, tarde, luego de cenar en una cabaña muy íntima y de exquicita comida.

Cuando llegamos a la casa, estaba algo fría, dado que ella no había avisado a los caseros que iría y no habían encendido fuego. Nos pusimos a prenderlo, pero ella de inmediato me dijo: vos no hagas ningún esfuerzo, que no estás bien aún. Andá al dormitorio, dejame que yo me arreglo y también subo.

Entré al cuarto, encendí el calefactor a gas, saqué algunas cosas de mi bolso y entre al baño. Me dí una ducha tibia y leve, que me hizo muy bien. Me sequé y me puse un camisón de satén color celeste y una bombacha haciendo juego. Me metí en la cama, cuando escucho sus pasos por al escalera.
--Quisiera dormir contigo en este cuarto, si no te incomoda, porque así hablamos. Me dijo y yo acepté. Esperame un ratito que me ducho y voy, agregó y se fue al otro cuarto.

Un rato después, ella estaba llegando al cuarto en que estaba yo, que siempre uso cuando voy a la quinta con ella, toco a la puerta y me dijo suevemente: --Estás despierta todavía???
Yo le contesté semidormida, --Si, entrá, por favor.

Ella estaba con un pequeño camisón de satén rosado como el mío y una bata que enseguida se sacó y dejó en el sillón. Sin decir nada, abrió las cobijas y se metió en la cama.

--¡Qué frío hace!! no pensé que haría tanto frío aquí. Como haciéndolo más normal que lo que hubiera sido en otra circunstancia, Pelu se acercó a mí pidiendo que nos diéramos calor mutuamente.

Yo estaba algo nerviosa, pero también muy ansiosa. Ella apoyó su mano sobre mi pierna y de a poco la fue moviendo sobre el camisón, como una caricia. Cuando se acabó el camisón y encontró mi piel, no dejó de acariciarla. Yo sentí algo extraño, un poco de rabia, un poco de fastidio, casi como alguna cuota de odio por aquella situación. Pero a la vez sentía gran ansiedad y un poco de deseo que me avergonzaba y me sumía en un raro sentimiento de culpa.

Ella siguió y pronto su mano se desplazó por zonas de mi cuerpo que me producian sensaciones. Fuertes sensaciones, desde las cosquillas hasta una excitación precoz.

Nunca había estado con otra mujer en situación así. Con Pelusa en 28 años de amistad ininterrumpida, hicimos muchas cosas y, tal vez hayamos estado tan cerca como ahora, tal vez nuestras pieles se hubieran tocado tanto o más que ahora. Eran tiempos en que muy de común dormíamos juntas y eso no había dejado ninguna huella.

Esta vez, era distinto. Yo sabía lo que ella sentía por mí y eso cambiaba la situación.
Sus caricias se convirtieron claramente en caricias eróticas. Ella llegó a mi bombacha y a mi entrepierna, donde con mucho cuidado (no olvidarse que yo llevaba menos de dos semanas de operada, aunque la operación fue por una técnica intravagional, de mucho menor trauma)
Su mano quedó allí detenida en ese lugar que nunca había ofrecido a ninguna mujer y que sólo había sido tocado por mi esposo y por Horacio, nadie más.

Se acercó más a mí y sin darme mucho tiempo a pensar ni a reaccionar, me besó los labios. Fue tan suave, tan dulce, tan amoroso ese beso que, aunque me había sorprendido tremendamente, no pude sino responder a tanta dulzura. La vida nos estaba cambiando a las dos. Nunca supe que Pelusa fuera lesbiana y jamás sospeché que tuviera alguna pareja femenina. Yo, por supuesto, jamás había siquiera imaginado una cosa así, para mí. Demasiado llena de amor y de placer estoy con lo que Horacio me prodiga cada vez que estamos juntos.

Esto produjo un click en las dos. Yo respondí al beso y enseguida nos estábamos besando, abrazando y acariciando como si ese hubiera sido un estado natural de las dos. Increíblemente, gocé de eso.

Yo entonces, extrañamente y como motivada vaya a saberse por qué raro impulso comencé a acariciarla. Metí mi mano entre sus piernas, con esa piel suave, sedosa, blanca y tibia. Llegué al mismo lugar y me sorprendió, aunque no tanto, comprobar que la bombacha estaba húmeda. Sin inhibirme, seguí acariciándola y rápidamente le comencé a sacar la bombacha. Con mis dedos acariciaba su vulva tibia y húmeda y ella gemía de placer. Un placer auténtico, real. Allí fuí, como llevada por una demoníaca fuerza y puse mi boca sobre su vagina. Olía maravillosamente y eso me excitó. Comencé a besarla y a pasar mi lengua por toda su vulva, ya muy mojada y encontré con rapidez su clítoris muy excitado y muy firme. Lo chupé y lo chupé, como a mí me lo había hecho mles de veces Horacio, pero como si yo manejara la cosa con más exactitud aún. A cada lamida, ella se arqueaba en un rictus de placer. Yo le sorbía toda su vulva, y ella gritaba y gemía fuertemente, levantando su pelvis en un movimiento descontrolado y tembloroso.
Ella gozaba y gemía y seguramente sentiría esa sensación de placer que viene desde el infinito lentamente, pero sin dejarte parar de gozar. Y sus gemidos fueron más fuertes y sus gritos más intensos, y sus movimients más potentes y su respiración más entrecortada y agitada y ... la explosión de placer fue brutal para Pelusa y sentí un flujo breve y denso sobre mis labios. Los gritos no se acallaban, y me pedía, Seguí, Seguí, Cris, no te detengas...!!! y yo obedecí y ella volvió a explotar de placer y yo volví a beber su néctar leve y dulzón.
Ella estaba transpirada, agitada y rendida. Yo, ni contarlo.
Fue algo inesprado, inexplicable, pero profundamente sentido y deseado. Algo raro me corrió por todo el cuerpo. Un escalofrío me hizo temblar. Ella, con todo su amor a flor de piel me dijo: ¿Podré hacerte lo mismo, o será peligroso en el estado que estás?? Yo le respondí, con una precisión rara en ese momento: no me toques la vagina ni me metas nada adentro, pero podrás hacer que te sienta de algunaotra manera, verdad??

Por supuesto me dijo y comenzó a acariciarme los pechos que tenían ya los pezones erectos y ultrasensibles....

Les contaré cómo fue eso en otra entrega. Pronto.

Deseo que esto lo pueda leer Carlos, mi amigo desconectado. Quiero compartirlo con él.

Mándenme algún mensaje, me va a encantar y a estimular para seguir contándoles.
Besos.
Cris.

 
Escribile un e-mail al autor:
cristina_alessa@yahoo.com.ar

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